martes, 16 de marzo de 2010

El mito de Pancho Villa sigue evolucionando: Miguel Ángel Berúmen

Por Margarita Ladrón de Guevara
Fotos Alberto Herrera

Ve y dile que lo estamos esperando para matarlo. Con esta frase que encierra toda una vida, inicia el libro Pancho Villa, la construcción del mito, que miguel Ángel Berumen presentó el jueves en la Vieja Estación de esta ciudad. No se trata de una biografía, sino de la segunda edición ampliada de un libro que recoge las fotografías que le fueron tomadas a Villa entre los años 1913 y 1914, los cuales, a decir del autor, fueron los que consolidaron el mito del llamado Centauro del Norte. “Queremos ser provocadores” dice el autor, por eso el libro inicia así: para que el lector ya tenga una historia incluso si sólo le echa una hojeada al libro. Desde el diseño con un enfoque cinematográfico, a la selección de fotografías con comentarios que explican cómo, por qué y cuándo fue tomada; analiza el método de los fotógrafos en su conjunto y el diseño va colocando la jerarquía e importancia de las imágenes.
El autor, en entrevista, afirma que su intención es mostrar cómo el tiempo ha puesto en su lugar las imágenes de Villa. “No es cierto que toda fotografía sea un documento histórico, el que las convierte en documentos es el historiador” sentencia “tienes que arrancarle ciertas respuestas alrededor de la imagen, es falso que una fotografía diga más que mil palabras, te las dice si tu las sabes leer”.
En su conjunto, la investigación trata de contestar cuatro preguntas centrales: cómo y cuándo se construyó el mito de pancho villa, cuál fue el papel que jugaron las imágenes fotográficas y cinematográficas, así como la tradición oral en ese proceso, dice el prólogo. Además, la segunda edición incluye una selección de fotografías que abarcan las primeras imágenes del revolucionario desde 1922 hasta el día de su muerto, el 20 de julio de 1923.

“Dependiendo en qué parte de México estés, es la imagen que se tiene de los revolucionarios” añade el autor “los imaginarios cambias según la región y las épocas: yo estoy seguro que en Morelos, Tlaxcala y Puebla, el héroe es Zapata”.
¿Pancho villa fue conciente de que creaba un mito alrededor de él?
“Sí creo que Villa tenía conocimiento de que se generaba un mito alrededor de él. Tan es así que después de la batalla de Tierra Blanca, en noviembre de 1913 en la cual derrotó al Ejército Federal, los soldados discutieron con simpatizantes del gobierno federal si esperaban a Villa para defender la plaza y el consenso es que hay que huir: Villa los venció con el miedo, y eso él lo sabe porque se jactó de vencer un ejército con el miedo. Es decir, Villa percibió que había un personaje mítico causado por el rumor, la fotografía y la historia oral que ya tenía impacto”.
Berumen se extiende en narrar cómo cada batalla generaba un impacto en sus propios soldados, en el pueblo y en todos los lugares donde pasaba. “Cuando sus hombres vieron que su jefe era representado en los periódicos del extranjero, en las películas y las fotografías, como un gran hombre, se fue construyendo una imagen en el imaginario social”.

¿Supo Villa controlar el mito que creó?
“Yo creo que sí, hay algunos historiadores que sugieren que Villa es un producto mediático, pero en realidad –y refiere la fotografía en la página 24, donde se ve la portada de la revista Leslie’s, de diciembre de 1913, con un Pancho villa ergido sobre su caballo como si fueran uno, al fin centauro- los periodistas y los medio sólo llegaron a documentar a un personaje que ya estaba hecho y derecho, un hombre guerrero victorioso e invencible, que ya para entonces era gobernador de Chihuahua, que había sido bandolero. Villa lo supo aprovechar, pero no me parece que haya perdido la cabeza”.

El ejemplo, dice el autor, es que al seguir el día a día del general en 1914, uno se da cuenta de que a pesar de que tiene dos contratos en puerta con la Mutual Film Corporation de Nueva York, para filmar películas, él lo que hace es preparar sus campañas militares contra Torreón y Zacatecas; es decir, lo que hace Pancho Villa en estas películas es lo que hace todos los días: montar a caballo, liderar a sus hombres.
El mito se consolidó en 1914, pero a partir de que entra en contacto con los medios masivos, el mito se empieza a transformar a través de fotografías, postales y entradas de cine. “Un hecho histórico que ayuda a construir el mito es la invasión a Columbus en 1916: el hecho de que un Mexicano invada EU, marca una división entre el imaginario sajón en contra de él, pero entre los latinos residentes ahí, es un hombre bondadoso que reivindica las ofensas que EU ha inflingido a México”. En ese sentido, el mito siempre está moviéndose y transformándose.
Aspectos que enriquecieron el mito, son sin duda la historia oral y el rumor. “Los hombres de Villa y los medios son los que agregaron otros elementos al mito”.
Por último, Berumen afirma que la construcción del mito continúa al día de hoy, cuya principal característica es de un guerrero invencible y victorioso, el cual puede vencer a su enemigo sin necesidad de llegar al campo de batalla “los mitos no son positivos ni negativos, son necesarios; cohesionan comunidades que necesitan creer en ellos, sean o no verdaderos”.


Miguel Angel Berumen muestra la página 59, con la foto más famosa de Pancho Villa.


“Los mitos son necesarios porque cohesionan comunidades” afirma el autor.

Cuándo nos nació la necesidad de ser feministas

Comentarios a “Cuatro vertientes del feminismo en México. Diversidad de rutas y cruces de caminos”

Por Yolanda Correa Castro

Por la forma en que nuestra autora narra la historia del feminismo es inevitable posicionarse y hacer remembranzas de las propias experiencias, de los conflictos, de las tensiones, de los logros, de los acuerdos y desacuerdos vividos en este movimiento social. Efectivamente, tal y como lo menciona Espinosa Damián, este movimiento nació con el deseo, con la querencia y con las ganas de luchar por nuestros derechos como mujeres. Nació con la inquietud de empoderarnos como género, con la intención manifiesta de poder hablar, de disfrutar, de ser mencionadas, de ser autónomas, de ser dueñas de nuestro cuerpo, de nuestra sexualidad y de ser transgresoras de un orden genérico patriarcal, jerárquico, tradicional y dominante que nos niega, como mujeres y como ciudadanas.

El libro de Gisela Espinosa nos permite reflexionar sobre estos movimientos de mujeres que a partir de las prohibiciones que pesan sobre nosotras nos llevan al desacato del orden masculino, a la organización política alterna, heterogénea, variopinta y contradictoria. Pero con ejes nodales que nos acercan y nos delatan que tenemos deseos, deseos de vivir en una sociedad justa y con igualdad y que por diferentes vías y estilos estamos listas para emprender la lucha por ser ciudadanas de primer nivel.

Espinosa Damián nos adentra en el discurso de las pioneras del feminismo, bajo el titulo de feminismo histórico. Son las mujeres citadinas, clase medieras, académicas, intelectuales, muchas de las cuales participaron en el movimiento estudiantil y civil del 68. Son paralelamente hijas de la filosofía de la ilustración, de la razón al reivindicar la igualdad de los derechos y la libertad sobre su cuerpo. Sus demandas históricas posteriores se centraron en la maternidad libre y soberana, el derecho al aborto y contra la violencia hacia las mujeres. Su discurso convertido en contexto, en texto, en palabras y en acciones, definió su identidad y su práctica social como feministas.
Una de las críticas que plantea la autora a este feminismo, es el hecho de haber asumido un discurso excluyente y jerarquizante del resto de las agrupaciones de mujeres. Es desde esta posición, que este feminismo, calificó, clasificó y se apropió de lo que consideró debería ser el feminismo. Este es uno de los puntos de debate en la obra de Gisela Espinosa, al conducirnos a la pregunta sobre qué es el feminismo, qué es ser feminista, qué define al movimiento feminista y al movimiento amplio de Mujeres y además de preguntarnos, si todo movimiento de mujeres es feminista y si toda feminista o todo movimiento feminista debe tener una perspectiva de género. Estas interrogantes serían, entre otras, razones por las cuales yo recomendaría leer esta obra, ya que nos invita a la discusión abierta y a la toma de posición.

La autora de este interesante libro nos presenta la importancia que tuvieron estas precursoras en la divulgación del feminismo: su utopía de luchar por una sociedad igualitaria, su acentuada crítica al capitalismo patriarcal y machista y el análisis de los mecanismos y expresiones de la opresión, subordinación e inequidad que vivimos las mujeres en (des)orden social. En consecuencia, el discurso de estas mujeres feministas penetró en todas las instituciones sociales. Ni las mujeres, ni las instituciones, ni la sociedad permanecerían al margen de esta ola de diálogo, interlocución y crítica de las mujeres y de la emergencia del feminismo.
Para los años ochenta, Gisela Espinosa marca la presencia de otras actoras políticas: obreras, empleadas, campesinas, indígenas y mujeres de sectores marginales. En su análisis, las designa como feministas populares. La autora reconoce que este movimiento es una resonancia del movimiento feminista histórico, pero también reconoce la génesis de estas mujeres de sectores populares, cuyas demandas no están limitadas a su condición de género, sino también, a su situación de clase. Sus peticiones están ancladas en la resolución de sus demandas y carencias inmediatas como: vivienda, agua, luz, drenaje, escuelas, etc. La autora nos presenta el contexto económico y político en el cual nace este movimiento en los ochentas. Paralelamente analiza los vínculos que se establecieron entre estos dos movimientos de mujeres, el feminismo histórico y el feminismo popular. Su relación llena de paradojas y veleidades que acercaron, distanciaron y diferenciaron estos feminismos. La complejidad del movimiento nos lleva nuevamente a interrogarnos sobre qué es el feminismo. En sentido estricto ser feminista es defender, promover y detentar exclusivamente demandas de género. Entonces, la pregunta que nos surge es ¿cuál es la relación entre género, clase, etnia, preferencias sexuales, opciones religiosas y grupos generacionales, por ejemplo?
Las feministas de mi generación, nos formamos en la academia con las feministas históricas. En la ENAH, por ejemplo de donde yo soy egresada, yo me inscribí en los seminarios de “Estudios de la mujer” que impartieron Marta Lamas y Martha Acevedo. Pero, además, también nos encontramos con el movimiento feminista civil, primero conocidas como Asociaciones Civiles y después ONG´s. Imposible olvidar al “Grupo de Educación Popular con Mujeres” (GEM) o a CIDHAL, o Mujeres para el Diálogo, o la inspiración que generó en nosotras el CAMVAC (Centro de Apoyo a Mujeres Violadas), o las EMAS (Equipo de Mujeres en Acción Solidaria), o APIS (Acción Popular de Integración Social). Todos estos grupos de apoyo consolidaron nuestra formación, enriquecida con el trabajo con mujeres y las acciones y reivindicaciones que impulsamos como feministas radicadas en Querétaro. Gisela Espinosa es muy cuidadosa en establecer las diferencias y los vínculos entre el feminismo histórico de los setentas y el feminismo civil de los ochentas
El feminismo civil, como lo llama la autora, son un mosaico de mujeres con una visión sustentada, entre otros elementos en la Teología de la Liberación de Gustavo Gutiérrez , en la “Pedagogía de los oprimidos” de orientación freiriana y en vínculos estrechos con organizaciones populares, campesinas, obreras e indígenas. Su utopía, de inicio, fue la liberación de los oprimidos, de los explotados y del pueblo en general.

Asumirse como feministas representó para algunas la condición de su origen, para otras fue un proceso decantado en su trabajo con mujeres, en temas como vivienda, educación, sexualidad, salud, nutrición, violencia doméstica o bien en proyectos productivos. Será en las contradicciones de su trabajo con el movimiento popular de mujeres que estas sienten el deseo de trazar su propia identidad, de pronunciarse y formular un proyecto político y feminista y de abonar de manera clara y propositiva en la organización autónoma de las mujeres de los sectores populares; sin renunciar a su posición de clase (expresada en las demandas de campesinas, indígenas, colonas, sindicalistas, costureras, damnificadas), quienes asumieron una perspectiva de género tampoco estuvieron exentas de debates y ambigüedades.

Las diferencias al interior del movimiento feminista exigían ser reconocidas, junto a las demandas de la igualdad se manifestaban las diferencias. El feminismo de la igualdad que se detento como el discurso dominante y representativo de todas las mujeres, se vio contrariado y complementado. El discurso de la igualdad y la diferencia expreso la complejidad, heterogeneidad y riqueza de los movimientos feministas. Muchos protagonismos, exclusiones y jerarquías tendrán que arrancarse para reconocer las diferencias en la igualdad.

El 6 de mayo de 1996 muchas mujeres y hombres conocimos la Ley Revolucionaria de Mujeres (La Jornada) con esta Ley supimos del deseo y de las necesidades de las mujeres indígenas, muchas de ellas campesinas, que expresaron su discurso, su deseo de ser escuchadas, de ser incluidas, de ser reconocidas, de ser respetadas, cito “Queremos que nos obliguen a casarnos con el que no queremos. Queremos tener los hijos que queramos y que podamos cuidar. Queremos derecho a tener cargo en la comunidad. Queremos derecho a decir nuestra palabra y que se respete” Y así una lista de deseos llenos de sabiduría, de coraje, de exclusiones milenarias, de ganas de luchar por ellos.

Cuando yo leí esta Ley me dije “les llegó ya el feminismo a las mujeres indígenas”. Por eso comparto, con Gisela Espinosa, cuando hace la presentación de lo que ella llama feminismo indígena y nos expone como este movimiento de mujeres indígenas son la expresión, de un largo proceso, de una síntesis, de una diversidad de venas históricas, políticas y socioculturales que muestran, por un lado el cansancio de las mujeres indígenas al decir ¡ basta de discriminarnos¡, ¡basta de excluirnos¡ , pero también de un movimiento étnico que le imprime a estas mujeres su carácter no solo de mujeres, sino además de indígenas, campesinas y pobres. Pero además en este grito de mujeres a los 4 vientos cargado de deseos, definitivamente esta presente todos los feminismos, el histórico, el popular y el civil. Todas, todos fuimos zapatistas. Todos dijimos basta, basta ya. El proyecto político, de mujeres indígenas, como lo señala Gisela fue algo inédito, y nos incluyo a hombres y mujeres.
Las contradicciones, exclusiones, diferencias, miedos y prejuicios se agudizaron al interior de estos feminismos y del movimiento amplio de mujeres, en su interior pululó desde el reconocimiento hasta el desprecio por las feministas.
El libro de Gisela es un excelente libro, pues no solo nos ofrece de manera clara y sencilla un tramo de la historia de los feminismos, su construcción, sus contradicciones, sus aportes a las mujeres y a la sociedad mexicana. Pero además nos permite generar nuestras interrogantes y en ese tono para terminar me pregunto: las mujeres que luchan por sus derechos y por los de otras mujeres son feministas, qué me hace ser feminista?, que yo me reconozca y me asuma como tal, o qué otras me designen, o las dos. Que yo me designe y que los demás me reconozcan.
Gracias Gisela por este libro y felicidades.

Cuatro vertientes del feminismo en México.

Diversidad de rutas y cruce de caminos
Por Ana Cecilia Figueroa

Hasta hace un lustro, las mujeres del mundo popular eran invisibles para las feministas del medio universitario; había una discordancia, por una parte, entre lo que sucedía con las mujeres en el movimiento urbano-popular, en el movimiento sindical, en el movimiento campesino y, por la otra, con lo que estaban escribiendo las feministas del medio urbano. Esto sucedía porque no nos habíamos percatado de las vertientes del feminismo en México, pues hay mujeres que luchan por demandas prácticas de género, o sea, por las necesidades más inmediatas; y otras que son las que luchan por los intereses estratégicos de género.
Pero las acciones de las mujeres del medio popular y campesino también eran luchas feministas al generar cambios en sus labores cotidianas que, no obstante, desde el feminismo académico y urbano no eran advertidos. Estas mujeres relegadas al inframundo por las feministas universitarias también estaban participando en procesos con un contenido claramente subversivo y feminista, al cuestionarse el papel de subordinación de las mujeres, la situación desventajosa, la exclusión, la opresión, y aún así seguían siendo invisibles, incluso para las feministas que siempre hemos dicho que somos invisibles.
Con el propósito de mostrar esta diversidad interna del movimiento feminista, y hacer visibles a las más invisibles, la antropóloga y militante feminista Gisela Espinosa Damián escribió el libro Cuatro vertientes del feminismo en México. Diversidad de rutas y cruce de caminos, editado en 2009 por la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco, institución donde la autora se desempeña como profesora-investigadora.
Los movimientos feministas son de izquierda
Otro punto que se aborda en la obra, dice la autora, es el vínculo con la izquierda, porque los movimientos feministas son de izquierda, pues por su naturaleza son movimientos emancipadores, y sus aliados potenciales están en la izquierda. “Yo no concibo al feminismo como un movimiento conservador o de derecha”. Pero las alianzas con los partidos y organizaciones políticas de izquierda han sido siempre conflictivas, porque la izquierda casi siempre ha sido reticente a las reivindicaciones feministas. O sea, hay un sexismo de izquierda y uno de derecha.

Feminismo e Iglesia

En cuanto a la relación que a partir de la década de los setenta se empezó a gestar con la Iglesia al construirse proyectos feministas desde las comunidades eclesiales de base y desde la teología de la liberación, Gisela Espinosa es muy clara al señalar que, “la alianza entre el feminismo y la Iglesia tiene un límite: el punto donde las mujeres intentan apropiarse del cuerpo, reivindicar sus derechos reproductivos y temas relacionados con la diversidad sexual, y por supuesto con el aborto; ahí no hay manera de conciliar posturas”.

Las universitarias de la Autónoma de Querétaro y militantes en los movimientos feministas celebraron el Día Internacional de la Mujer dando a conocer estas Cuatro vertientes del feminismo: la histórica, la popular, la civil y la indígena. Las comentaristas aportaron cuatro lecturas diferentes de la obra que presentaron por sus formaciones propias: Rosario González Arias de la Facultad de Derecho, Patricia Aguilar Medina de la Facultad de Psicología; así como Lydia González Meza y Gómez Farías y Yolanda Correa Castro del Área de Antropología de la Facultad de Filosofía.

Desde la perspectiva de Rosario González, la apuesta de la autora es vislumbrar “un mundo feminista en el que quepan muchos mundos”, lo que nos llevaría desde la academia a romper con el etnocentrismo que sigue invisibilizando a las mujeres indígenas, que olvida a las olvidadas, hablando en nombre de todas como si entre nosotras no fuéramos diferentes y no reprodujéramos esquemas del capitalismo, del colonialismo, del racismo y del patriarcado. Sociedad capitalista que educa para que una madre y una escuela transmitan valores de patriarca macho y burgués; sociedad patriarcal que pone cada cosa en su lugar: “mamá amasa la masa, papá lee el periódico”; “Ema asea la mesa, papá arma su pipa”.

Y en esta lucha se trata de plantear feminismos con diferentes agendas, como diría Amelia Valcárcel del feminismo en el mundo global, feminismos de múltiples velocidades (“la agenda feminista está abierta por páginas diferentes en cada lugar del mundo”): porque los interesantísimos estudios de Judith Buttler sobre la cultura queer y que responden a un contexto urbano, occidental, primermundista, “académico”, en nada cambian la vida de una mujer, anciana, indígena, pobre, que sale de su aldea a recoger leña porque ni gas tiene, y es violada y asesinada por varios militares, y después el Estado vuelve a matarla, ahora mediante una muerte civil y política despojada de los más mínimos derechos como ciudadana de este país, declarando oficialmente su muerte por gastritis. O para la vida entre rejas de Jacinta, Teresa y Alberta y su hijita de un año, nacida en prisión, por el sólo hecho de ser mujeres, indígenas y pobres. Ni tampoco el trabajo de tantas mujeres desde trincheras indigenistas aporta soluciones a la situación de mujeres musulmanas mutiladas sexualmente, lapidadas en público o encerradas bajo un burka, ejemplificó Rosario González.

Desde una visión antropológica, Lydia González Meza destacó que el libro también relata los desencuentros, exclusión, estrellismo, tentaciones imperiales, trampas del sistema de financiamientos nacional e internacional, que sólo fomentan la fragmentación y debilitamiento del movimiento feminista. Pero claro que también ha habido momentos de unión, avances, dialogo; cierto impacto en la cultura, la política y en diversos grados en las vidas de las mujeres. Aunque en ocasiones sea más fácil hacer el recuento de los fracasos y proyectos no completados, porque una visión que promueva la armonía completa en el marco de procesos de democratización de la multiculturalidad y la equidad de género, será siempre conservadora. Pues los procesos de cambio, dialogo y organización, van acompañados de conflictos, lágrimas, pasiones, emociones, separaciones, posicionamientos diversos, reencuentros y renacimientos, que como un rayo de sol al amanecer, después de lo más oscuro de la noche, nos recuerdan que debemos seguir adelante.

Pero, desde la visión de la psicóloga y activista consolidada en las filas del feminismo, Patricia Aguilar Medina, esta lucha del feminismo ha fluido en lo últimos años por el sendero de la ley y la ciencia, al considerar que hay que usar las estructuras y los instrumentos ya creados para que las reivindicaciones feministas sean una realidad; pues las preguntas sobre la desigualdad, la discriminación, la violencia, la marginación o la exclusión, colocan a la categoría “poder” en el centro.

De soles e infra-soles en la constelación del feminismo mexicano

Una reflexión sobre el libro Cuatro vertientes del feminismo en México. Diversidad de rutas y cruce de caminos de Gisela Espinosa Damian.

Por Lydia González Meza y Gómez Farías,
Facultad de Filosofía UAQ

Perspectiva de una de las que vamos llegando al movimiento en el siglo XXI.

Cierro la obra. Aun quedan puntos suspensivos y me pongo a reflexionar en torno a su contenido ¿Qué puedo decir de ésta desde el lugar en donde me ubico? A mis 25 años, siendo feminista desde los diecisiete, la historia que reconstruye Gisela, y su participación observada como ella la llama me resulta de primera instancia, desconocida. Las experiencias que ella narra, las formas de organización de las mujeres, sus primeros acercamientos al feminismo, son en más de un caso, muy distintos a mi experiencia personal.
Sin embargo, su lectura me ayuda a comprender muchísimas cosas, entre estas, que dicho proceso nos antecede, que la conformación de nuevos colectivos de feministas no se da por generación espontánea, pues resultan nuevos chispazos de una larga historia, que de muchas formas ha influenciado el curso de la cultura y el pensamiento contemporáneos, si se quiere de forma diluida o light, como dice Victoria Sendón de León, o como una categoría profundamente estigmatizada, pero presente desde hace más de 35 años.
La gran contribución de esta obra, reside en la suerte de genealogía dinámica de las vertientes; histórica, popular, civil e indígena, que realiza Gisela, dando lugar a un análisis riquísimo, pues abre una ventana que permite ver desde el presente, una serie de procesos muy complejos que se dan en el pasado, se recapitulan y siguen proyectándose y quedando como referencia y aprendizaje para todas y todos.
La constelación del feminismo en México, sus actrices, sus móviles, los efectos de su movimiento, las problemáticas y los aciertos, conquistas y derrotas, luces y sombras y la descripción de su gran diversidad son materia de este libro, cuya principal aportación desde mi perspectiva, ha sido el reconocimiento de dos infrasoles en la constelación del feminismo mexicana, el feminismo popular y el feminismo indígena y por tanto la constatación de la existencia de estrellas no luminosas en el marco de imbricados procesos sociales nacionales, feministas y mixtos de izquierda, en los cuales mujeres de todos los ámbitos, han contribuido con sus experiencias, trabajo, saberes y conocimientos. A pesar de lo cual y contrastantemente, han sido rostros negados y sancionados en su actuar feminista.
El libro relata una historia poco romántica, no todo ha sido miel sobre hojuelas, han habido desencuentros, desacuerdos, subordinación, exclusión, estrellismo, tentaciones imperiales, trampas sororisidas del sistema de financiamientos nacional e internacional, que solo fomentan la fragmentación y debilitamiento del movimiento y que acredito, se siguen repitiendo hoy.
Pero claro que también ha habido sororidad, momentos de unión, avances, dialogo, crecimiento teórico y metodológico, cierto impacto en la cultura, la política y en diversos grados en las vidas de las mujeres. Aunque en ocasiones sea más fácil hacer el recuento de los fracasos y proyectos no completados, una visión que promueva la armonía completa en el marco de procesos de democratización de la multiculturalidad y la equidad de género, será siempre conservadora. Pues los procesos de cambio, dialogo y organización, van acompañados de conflictos, lagrimas, pasiones, emociones, separaciones definitivas y temporales, posicionamientos diversos, reencuentros y renacimientos, que como un rallo de sol al amanecer, después de lo más oscuro de la noche, nos recuerdan que debemos seguir adelante.
Aun no hay un punto final, el libro “Cuatro vertientes del feminismo en México. Diversidad de rutas y cruce de caminos” nos deja muchas cuestiones para reflexionar como feministas y retomar en la lucha presente ¿Sabremos tomarlas en cuenta?
No queda duda, el feminismo como movimiento político e intelectual tiene hoy una gran vigencia y pertinencia, el feminismo no es propiedad de nadie, el feminismo se reelabora y resignifica en contextos y procesos distintos.
Seguimos en pie de lucha, nuestra historia aun queda en puntos suspensivos.

Feminismo en México, un proceso en permanente construcción

Por Rosario González Arias,
Facultad de Derecho UAQ

El libro de Gisela Espinosa aporta una visión panorámica del feminismo en México, presentándolo como un uni-verso di-verso, plural, en permanente búsqueda y cambio, interconectado, una realidad pluridimensional, lo que nos permite hablar de “los feminismos” en nuestro país.
En primer lugar me resultó muy interesante su planteamiento metodológico, la honesta advertencia de la autora en cuanto a la observación participante y al “conocimiento situado” (subjetivo y parcial) alejado tanto de la verdad única o historia oficial propia de la modernidad, como del peligroso relativismo cultural tan posmoderno, con que afronta el objeto de estudio.
Su apuesta, y la mía que comparto plenamente, es que se podría superar ya la clásica separación entre feminismo de la igualdad y de la diferencia: para la autora la igualdad y la diferencia entre mujeres no deben ser ideas contrapuestas, deben conjugarse a través de la igualdad en la diferencia; las mujeres pueden ser iguales sin dejar de ser diferentes, o lo que es lo mismo: iguales pero no idénticas.
La cabida de la diferencia y la diversidad se podría aplicar no sólo a las mujeres, también a los feminismos, en una frase que la autora cita del zapatismo, y que podría convertirse en: “un mundo feminista en el que quepan muchos mundos”. Creo que esa es parte de la apuesta de Gisela.
Ello nos lleva a romper desde la academia con el etnocentrismo que sigue invisibilizando a las mujeres indígenas, que olvida a las olvidadas, hablando en nombre de todas como si entre nosotras no fuéramos diferentes y no reprodujéramos esquemas del capitalismo, del colonialismo, del racismo y del patriarcado (sociedad capitalista que educa para que una madre y una escuela transmitan valores de patriarca macho y burgués; sociedad patriarcal que pone cada cosa en su lugar: “mamá amasa la masa, papá lee el periódico”; “Ema asea la mesa, papá arma su pipa”.)
Creo que Gisela plantea feminismos con diferentes agendas, como diría Amelia Valcárcel, del feminismo en el mundo global, feminismos de múltiples velocidades (“la agenda feminista está abierta por páginas diferentes en cada lugar del mundo”): porque los interesantísimos estudios de Judith Buttler sobre la cultura queer y que responden a un contexto urbano, occidental, primermundista, “académico” (¿estamos ante la Cuarta Ola del Feminismo?), en nada cambian la vida de una mujer, anciana, indígena, pobre (perdonen esta última redundancia) que sale de su aldea a recoger leña porque ni gas tiene, y es violada y asesinada por varios militares, y después el Estado vuelve a matarla, ahora mediante una muerte civil y política despojada de los más mínimos derechos como ciudadana de este país, declarando oficialmente su muerte por gastritis. O para la vida entre rejas de Jacinta, Teresa y Alberta y su hijita de un año, nacida en prisión, por el sólo hecho de ser mujeres, indígenas y pobres. Ni tampoco el trabajo de tantas mujeres desde trincheras indigenistas aporta soluciones a la situación de mujeres musulmanas mutiladas sexualmente, lapidadas en público o encerradas bajo un burka.
Creo que transitamos aún de la supervivencia (Primera Ola del Feminismo que coincide con las reivindicaciones de la Revolución Francesa), a la paridad (Segunda Ola, coincidente con el movimiento sufragista y la Declaración de Seneca Falls) hasta la rebelión feminista de los años 70 correspondiente a la Tercer Ola; y tal vez el s. XXI sea el de la Cuarta Ola, pero sólo en algunas partes del mundo, en algunos espacios, en algunos momentos.
La lectura del libro me ha revelado que para muchas feministas europeas las indígenas son aún las grandes desconocidas, a pesar de que a partir del Premio Nobel de la Paz en 1992 a Rigoberto Menchú y del 1 de enero de 1994 con el alzamiento zapatista pensábamos que ya podíamos aplicar la perspectiva de género también a la cuestión indígena. Qué equivocadas estábamos; leyendo el libro me doy cuenta de que todavía nos queda mucho por aprender de todo eso, porque es una realidad tan compleja como desconocida aún, permeada de mucho etnocentrismo (p.e. el tema del aborto, de la espiritualidad, la complementariedad, etc.).
Gisela también hace una referencia a eso, a las diferentes agendas y reivindicaciones feministas entre Europa y Latinoamérica: allá sigue vigente el tema de la discriminación laboral (salarios, etc.), la conciliación de la vida familiar y laboral, la participación política, las emprendedoras (o empresarias). Acá siguen siendo actuales dos reivindicaciones del Primer Congreso Feminista de Yucatán 1919: no prueba de embarazo e igual salario. Además, la persecución a periodistas (Lydia Cacho), a abogadas (Digna Ochoa), a activistas asesinadas, y por supuesto los feminicidios en general.
El libro nos revela muchas cosas, la principal que aquí en México el/los feminismos continúan vigentes; no considero ese dato como algo positivo, pues mejor sería para todas que no fuera ya necesario seguir reivindicando cosas tan obvias como las que plantea el feminismo. Ya constituye un lugar común decir que el 8 de marzo no es una celebración, es todavía una reivindicación, una denuncia (en Estado de México quemaban vivas mujeres por brujas, en el siglo XX quemaban obreras textiles por estar en huelga, o el caso de 146 obreras textiles encerradas y quemadas vivas en Nueva York; y en el siglo XXI queman vivas con ácido a mujeres pakistaníes donde incluso existen hospitales especializados sólo para atenderlas).
Contiene además un interesante análisis del contexto histórico y político del país en las últimas décadas, como no podía ser de otro modo, porque el movimiento feminista vertebra la historia y la política de los países (cruza buena parte de las tensiones civilizatorias como dice Valcárcel). Aporta una importante información documental fundamental para que las generaciones más jóvenes puedan conocer la reciente historia del feminismo mexicano. Porque la historia no termina aquí, porque tenemos que seguir escribiéndola. Como decía al inicio que plantea la autora: Estamos ante un proceso en permanente construcción.
En definitiva el libro de Gisela nos ayuda a entender el momento actual y por qué sigue siendo necesario las reivindicaciones del feminismo, por si aún hay escépticas, que sigue siendo actual, necesario y pertinente: Seamos todas subversivas, mujeres y hombres; pongamos las cosas en orden.

Los milagros existen: Luis Eduardo Aute

Entrevista con el cantautor en su paso por Querétaro

Por: Sara María Arana Figueroa.
Fotos: Erika Sánchez Gutiérrez.


Luis Eduardo Aute, “un caso único en España” como lo denominan sus más acuciosos biógrafos está entre nosotros. Acude a una cita pendiente con el público de Querétaro y en una entrevista íntima .Casi téte a téte nos habló de sus tópicos recurrentes en más de cuatro décadas de carrera como autor, intérprete y compositor. Se refirió también a su actual relación con Dios y a ese espejismo llamado libertad sin olvidar una visita a la canción de autor en la Francia de los años 60. “El amor, la muerte, el misticismo y la vida son temas eternos que a todos los artistas de todos los tiempos han despertado la curiosidad. Puede ser que yo le haya dedicado un poco más de tiempo al amor, a la muerte y a Dios. Son motivos que cada vez me merecen mayor reflexión, en el sentido de que ya voy teniendo una edad, unos años y me va quedando menos vida. Entonces me interesa saber por qué estamos aquí, por qué vine aquí, qué es lo que tenía que hacer, qué es lo que tenemos que hacer todos, preguntar un poco por la razón de vida, de ser y del amor y de qué se trata todo esto. Es para mí fundamental reflexionar sobre estos temas y también de cuando en cuando, alguna frivolidad”. Luis Eduardo Aute, inició con sus primeros temas a mediados de los 60 y por aquellos años algunos monstruos de la canción de autor calaron hondo en él: Jacques Brel, Georges Bressans, Léo Ferré, sobre todo. “Eran los primeros autores-intérpretes en Europa. Consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, la época de los existencialistas y por ahí en las cuevas aparecieron una serie de poetas que además eran músicos y cantantes. Fue el primer contacto que tuve con otra manera de entender la canción. Había intencionalidad poética y de contenido en las canciones. La canción podía ser tan bonita, tener tanta dignidad como un buen poema. Me despertó la curiosidad por conocer más artistas en esa onda”.

En este tour verbal Luis Eduardo trae a Los Folcloristas, Atahualpa Yupanqui y Violeta Parra. “Empecé a escuchar sus canciones para ver cómo se expresaban personas de distintas culturas intentando convertir a la canción en expresión poética y además sensible a la realidad que estaban viviendo. En Estados Unidos ya tiempo después llegó Bob Dylan (The times, they are a changing), entre otros poetas muy comprometidos con la situación política de su momento. De ahí surge un poco esa canción poética que deviene en canción de denuncia para expresar la disconformidad de situaciones complejas y represivas. En España también ocurría lo mismo. No había libertad de expresión y únicamente a través de las canciones uno podía convocar a la gente para juntar voluntades. Esencialmente no era la política lo que me acercaba sino el poder convertir el fenómeno canción en una disciplina de tanta categoría como el teatro, la novela o la poesía, porque se le consideraba un subgénero, la hermana pobre de las artes y a los que la escribían ni muy poetas ni muy músicos y eso es un tremendo error. En mi opinión escribir una canción es casi lo más difícil porque en poco tiempo hay que contar bien una historia, con vuelo poético, respetar la métrica y que a quien la escuche le parezca algo normal y sencillo. Creo que de las Bellas Artes, la canción es probablemente la más relevante al contrario de lo que históricamente se le ha considerado”.

Aute ha sido un artista que no realizó giras, ni dio conciertos no obstante grabar discos porque esa condición impuso a la discográfica de su país ya que se dedicaba de lleno a realizar exposiciones de su obra pictográfica. Ahora queremos conocer su sentir respecto de su tan anhelada visita a nuestro país:” Me parece fascinante de verdad. Tuve ocasión de venir a México muchos años atrás cuando escribí Rosas en el mar que se hizo muy popular y Aleluya No.1 no cantadas por mí sino por Massiel. Me proponían venir a dar conciertos en América Latina en general y a México en particular, pero no vine porque me limitaba a trabajar en mi estudio. Lo de hacer canciones era algo que hacía como de segunda mano, grababa discos pero no daba conciertos y así muchos años. La primera vez que salía a un escenario fue en el año 78 y esta canción Rosas en el Mar es del 66. Cuando por fin vine a México fue al Teatro de la Ciudad y me sorprendió ver que hubiera tanta gente que conociera mis canciones, porque no salieron muchos de mis discos, sin sonar en la radio y cuando he ido dando conciertos el primer sorprendido soy yo. Me parece que los milagros existen y ésta es la comprobación”.

Es el momento ahora de hablar de la libertad, de esa que el cantó como un derecho de la humanidad: “Venimos al planeta tierra sin que nadie nos haya consultado. Aquí estás. Yo no he venido libremente. Te puedes ir libremente, eso sí (risas). Es la única potencialidad que Dios Todopoderoso no puede hacer: suicidarse. Ese espejismo que llamamos libertad no deja de ser una utopía y evidentemente el ser humano nunca será libre plenamente. Creo que muchas motivaciones para seguir viviendo y una de ellas es ese espejismo de intentar luchar por la libertad. Rosas en el mar es una canción muy simple, muy ingenua y muy abierta de conceptos”.

Ahora nos refiere Luis Eduardo que el inglés es su lengua materna, “hace ya años que edité el disco Invisible y además se metían conmigo: ¿porqué cantas en la lengua del Imperio?”; yo dije: bueno una cosa es que lamentablemente la hable Bush pero también la hablaba Shakespeare y hay una pequeña diferencia. Estás colonizao ya, me reiteraron” Y luego de las risas, nos acordamos de la musiquita visitante (All I have to do is dream), en su canción Slowly que él bautizó en francés como Doucement y a propósito de la lengua gala añade: “he escrito un par de canciones nada más una de ellas dedicada a los surrealistas en A día de hoy.”

Por fin podré saber si aquel pequeño Aute vive hoy sin Dios, a la solemnidad de mi pregunta: ¿Cómo es su relación con Dios?, me contesta imperturbable al tiempo que nos estalla en carcajadas: “Había que preguntárselo a Él”. Todavía mortificada por la respuesta suplico: Solo que si lo hago ya no lo podría publicar. Entonces inicia una disertación tan fascinante como prohibida: “Podríamos estar hablando de eso el día entero y no llegaríamos a ninguna conclusión. Pero soy creyente. Soy creyente. No en el Dios… soy totalmente anticlerical. Creo que el peor enemigo de Dios es la Iglesia. Una cosa es el concepto de Dios y otra cosa las iglesias en general que son la administración, el negocio, la institución. Eso no tiene nada que ver con lo que yo entiendo que debe ser eso que llamamos Dios. Desde mi punto de vista no difiere mucho del concepto del Yo. Eso se me ocurrió ahora -susurra-“ y reímos. Al punto recupera el ánimo “no soy ateo, no soy ateo”. ¿Ya no es ateo? Porque en su biografía dice qu…”

“¡Sí, fui ateo pero era muy pequeño! Me hacía preguntas sobre la existencia de Dios y las trasladaba a los curas de mi colegio y si era conflictiva me desarmaban y me enviaban a hacer ejercicios espirituales para arrepentirme de mis dudas y mis preguntas. Dije entonces que no vuelvo a ir a la iglesia en mi vida, ¡nunca más en mi vida! Y ahí sí me descargué de cualquier tipo de fe. Hasta que muchos años después, ya con una serie de experiencias, retomé esas dudas otra vez y de una forma no entiendo quién pueda mantener una teoría atea de la realidad, porque la propia palabra teoría lleva implícita “theos” ¡y no me piques porque ya andamos y no acabamos!”

Aute nos deja reflexionando sobre su develación del misterio de La Trinidad y nos advierte: “pero eso no lo pongan porque van a decir: éste está loco”. Pero continúa: “sin el Yo nada existe porque cada uno de nosotros cuando nace crea el universo”. Nos despedimos de Luis Eduardo totalmente “autistas” a la espera de escuchar una selección de canciones y al preguntar, casi exigir Rosas en el mar como parte del repertorio para Querétaro repone: “Rosas en el mar pues… supongo que no… ¡que no puede faltar! ¡gracias! Espero y haré todo lo posible por estar a la altura de vuestro aprecio”.


N. de la R. Con mi gratitud a Margarita, Liz, Erika y Marco.

De alguna manera

Federico de la Vega

Mi encuentro con Luis Eduardo Aute no fue casualidad, si tenemos en cuenta que el lenguaje del arte es una especie de hermandad cuyos adeptos andan regados por el mundo, como buscándose unos a otros, en secreto, y cuando sucede el encuentro hay una larga historia compartida, desde la soledad, que entrelaza a dos personas en una amistad.

Sucedió en los Jardines del Buen Retiro, en Madrid. Fue en el mes de junio del año pasado. En el pasillo principal se expone la feria más importante de la ciudad. Eduardo firmaba Volver al agua, libro que reúne su poesía completa publicado por Sial Ediciones, cuando lo abordé para obsequiarle algunos ejemplares de Separata: −Si te gusta la revista, ¿colaboras con nosotros?− le dije mientras se la extendía, −la hacemos en México, un grupo de escritores y artistas interesados en el diálogo; sería un placer mostrar tu obra plástica, Eduardo−. A penas miró de reojo la portada cuando me dio su teléfono, el cual apunté en el mismo libro: −Encantado de colaborar, háblame para que vengas a casa y nos ponemos de acuerdo.

A la semana siguiente él había salido de viaje, y a la siguiente Diana y yo visitamos a Francisco Cervantes en el estuario del Tajo, así que la cita se retrasó quince días, hasta que por fin pudimos coincidir. Del barrio de Salamanca caminamos en dirección a Torre España, atravesando Alcalá por Goya, hasta que llegamos al Museo Casa de la Moneda, contraesquina con la calle de Jorge Juan. Su casa es linda. Está rodeada por un patio cercado por árboles; a la sombra de uno de ellos, había un caballete y colgado de una rama estaba la paleta con el óleo seco. Nos sentamos en la estancia del patio y conversamos algo acerca de la situación en México, y luego dedicamos la plática a Separata. Eduardo reiteró su gusto por el proyecto, que colaboraba con lo que nosotros deseáramos; hizo un comentario en especial sobre la muestra de obra de Luis Selem, que apareció en aquel primer número de una aventura a la que nos dimos sin sospechar destinos. A Diana y a mí nos obsequió su catálogo Transfiguraciones, que fue publicado por el Museo Nacional de Bellas Artes Cuba; animaLhada, libro publicado por Siruela, que contiene un CD, un DVD y obra gráfica inédita en 3D; y animaLhito, “libro-bicho de Aute”, quien se declara un «indisciplinado de las disciplinas y un degenerado de los géneros», el libro también fue publicado por Siruela, en una bellísima edición a todo lujo, y contiene un disco con treinta canciones inéditas y dibujos. Nos dijo que escogiéramos lo que nos gustara y que le pidiéramos los archivos. Así fue como elegimos su muestra para el número de septiembre, desde luego muchísimo más breve de lo que hubiéramos deseado, por cuestiones de espacio dentro de la revista. La muestra salió publicada con el siguiente texto:

La mirada se hace carne. Cada trazo, en estas obras de Luis Eduardo Aute, es la acumulación: si la mirada es tiempo, su representación concreta debe darse en un cuerpo. Y ese tiempo es el presente, lo que hay: […] cuán presto se va el placer, / cómo, después de acordado, / da dolor; […]. Dolor: sensación molesta de una parte del cuerpo y, más adentro, pesar, congoja: desmayo y, en el fondo, angustia, aflicción. Es lo que está dado en estos cuerpos; por eso sus llagas y miradas: para entrar.

Quien dispone asomar su mirada a la pintura de Aute, acepta cargar con el cuerpo para siempre. Cada trazo es metal vivo, porque Eduardo sabe que el óleo es un lenguaje cuya fuerza expresiva es la acumulación histórica de hechos humanos. Esa carga que producen el pensamiento y las pasiones −lo que dejan− toma la forma del espejo para devolvernos la imagen final, de esa historia mana la energía de la que está hecha esta carne.

Al cabo de algunos meses, pudimos obtener recursos para mandar los ejemplares de Separata a Brasil y España, fue entonces cuando recibió con entusiasmo el trabajo que habíamos hecho con su obra. Eduardo es un hombre afable, sencillo y de trato muy fino; es inteligente y un artista que ha trabajado en diferentes disciplinas del arte como la pintura, el cine, la poesía, o la composición musical aportando siempre propuestas interesantes.

Platico esta anécdota para compartir el entusiasmo que me despierta que Luis Eduardo Aute haya elegido Querétaro, como una de las ciudades mexicanas para celebrar sus cuarenta años de carrera. También para dar cuenta de mi sorpresa al tratar con autores de reconocido prestigio a nivel internacional y constatar que el verdadero artista no pierde de vista lo humano. En mi experiencia como editor de Separata, me he encontrado con que los autores soberbios son los locales, desde luego no todos. Para lanzar aquel primer número de Separata, recibimos el apoyo de autores como Alejandra Alatorre, Pedro Martínez Figueroa, Luis Selem, Carlos Campos, Edgar Vázquez, Carla Patricia Quintanar, Luis Alberto Arellano entre muchos otros, a quienes les debemos su confianza y apoyo; y también contamos con autores de la talla de Aute, quienes nos permiten un diálogo cuya recepción sea el trabajo de los autores, desde su propuesta.

Libros más vendidos

MEXICO
1.- "Arrebatos carnales" - Francisco Martín Moreno
2.- "El museo de la inocencia" - Orhan Pamuk
3.- "El fuego secreto de la Madre Teresa: El encuentro que cambió su vida" - Joseph Langford
4.- "Camisas azules manos negras: Los hombres del presidente en Pemex" - Ana Lilia Perez
5.- "La transición" - Carmen Aristegui
6.- "El símbolo perdido" - Dan Brown
7.- "El cartel de Sinaloa" - Diego Enrique Osorno
8.- "Cain" - José Saramago
9.- "Cien años de soledad" - Gabriel García Márquez
10.- "El sari rojo" - Javier Moro
(Fuente: Librerías Gandhi)

Don Sergio Vázquez, el caballero y pianista

Por José Luis Prudencio

La grandeza de un hombre no sólo se mide por el éxito alcanzado en su trabajo, o por sus conquistas económicas y sociales o quizá por su popularidad. La grandeza, principalmente está ligada al espíritu; y decirlo así, puede parecer un lugar común.
No, en el caso de Sergio Vázquez, extraordinario amigo, leal compañero, pianista virtuoso y ejemplar artista. Dueño de una personalidad única, domina un repertorio de más de dos mil canciones perfectamente almacenadas en su memoria; su pianismo de gran gusto y versatilidad nos envuelve en la magia de distintas épocas del siglo XX. Excelente acompañante, sabe matizar con maestría tanto aciertos como caprichos de los cantantes más exigentes. Complaciente y envidiablemente tolerante con las exigencias de un público que puede ser muy cambiante en los rituales de la música popular. Profundamente respetuoso y admirador del trabajo artístico de sus colegas, ha sabido asimilar con inteligencia, pasión y corazón los cambios que la tecnología actual nos obliga a entender y aprovechar.
Sergio Vázquez –oriundo de San Luis Potosí- es un músico que siempre ha logrado vivir con dignidad de su trabajo gracias a su entereza, a su disciplina y a su desmedida entrega. No es casual que haya logrado permanencia y prestigio a lo largo de muchos años.
Con estos atributos cualquier ser humano externaría el perfil inequívoco de la arrogancia; pero él – pianista y caballero- es un fino y entrañable señor. Su elegante figura lo hacen muy respetable. Sergio Vázquez Baconnier es un ser humano muy querido en su familia, admirado y respetado por sus amigos y colegas, un humilde caballero que ha sabido ganarse el corazón del público con su elocuente maestría.
Con estas palabras rendimos tributo al consagrado trabajo de un artista que dejará de deleitarnos con su música en el Jardín Zenea; dejará de tocar y hacer bailar a esa gente que ha convertido una Plaza en un Salón de Baile gracias a la motivación sonora del gran Sergio Vazquez. Nuevos vientos en la administración política del estado consideran necesario un cambio; esperemos que sea para bien, aunque no dudamos que será muy difícil sustituir la grandeza de espíritu de nuestro entrañable Sergio.

La Plaza del recreo

Blas C. Terán

En relación a mi colaboración del día 7, manifiesto:
Cierto es que la gente que ama el baile y frecuenta los días jueves y domingos el Jardín Zenea no es responsable de cómo anuncien lo que ofrecen a nuestros sentidos.
Cierto es que el señor don Sergio Vázquez Bacconier es un artista con trayectoria, producto de su habilidad y sensibilidad en la ejecución de instrumentos de teclado.
Espero que lo dicho anteriormente sea una satisfacción para aquellos que se hayan sentido ofendidos.

La Plaza del Recreo

Encontré a don Juan, a don Juan Romero, sentado en una de las bancas que rodea la fuente de la diosa Hebe. Son las nueve de la mañana y don Juan viene ya de hacer trámites en algún establecimiento.
Después del saludo y de agradecerle que me regalara unos calendarios donde 17 fotografías dan fe del Querétaro que ya se fue, la exigencia es inevitable: “Don Juan, platíqueme algo de sus vivencias en el jardín”.
Escucho de don Juan que este jardín primero se llamó Plaza del Recreo, que es la segunda vez que lo nombran Zenea, Benito Santos Zenea, y entre estás dos ocasiones, Obregón.
Don Juan recuerda que, en su juventud, los domingos en el jardín también se daba serenata a cargo de la Banda del Estado: los hombres caminaban por los pasillos laterales del jardín en el sentido inverso a las manecillas del reloj y las mujeres a la derecha. Ellas se retiraban a las nueve de la noche, a más tardar, para resguardar el honor de la familia.
Me habla del cine Goya, de los Billares Blanco, de la mordida que ofreció a dos policías, de ese tiempo, quede claro, por la acusación de estar cometiendo faltas a la moral y sólo tenía su mano posada en el hombro de la muchacha.
No es mucho el tiempo de charla, don Juan está inquieto. Se levanta de la banca y me dice: “Ven, mira. ¿Qué notas en la diosa Hebe? Observa su mano izquierda ¿Notas la jarra de su mano derecha? De esa jarra caía un chorro de agua a una copa, la que le falta de la mano izquierda”.
Don Juan se despidió con la promesa de otra charla en la plaza de arriba o en esta, la de abajo.

Para que no se olvide ni siquiera un momento

Gabriel Vega Real

La casa estaba llena de papelitos de colores: Primero de diciembre, Día Mundial de Lucha Contra el SIDA. Diez de la mañana; Secretaría de Salud. Dos meses antes recibí la invitación para la entrega de reconocimientos del concurso que convocó La Secretaría de Salud. Cuando me dijeron que tenía que leer el cuento no supe qué decir; tenía el pretexto ideal para negarme, pues hacía menos de una semana que el doctor me dijo que podía empezar a leer, sin embargo no lo hice. Creí que dos meses eran suficientes para regresar a las actividades que, según mi entender, servían para entrenar la mente.

Hacía seis meses que me habían operado del ojo derecho; tuve doble desprendimiento de retina. La recuperación de las dos operaciones las pasé sentado en un sillón; no podía hacer fuerza ni leer. Algunos de mis amigos me aconsejaron comprar audio libros, otros se ofrecieron a leerme mientras la pasaba sentado en el sillón blanco, donde antes de que descubriera esa gotita que se movía en la mirada, me sentaba a ver La Familia P. Luche. Durante esos seis meses escuché a Ludovico P. Luche y a Federica Dávalos de P. Luche de tres a cuatro de la tarde, al Chavo del Ocho no sé qué días ni a qué horas y las telenovelas de cuatro de la tarde a diez y media de la noche. A esa hora palpaba el control remoto y apagaba la televisión. Al irme a dormir, mejor dicho, acostar... ¿Dormir? ¿Acostar? Ni lo uno ni lo otro: todo el día estaba a medio dormir y a medio acostar. Entre dormido y despierto cantaba la tonadita de la Familia P. Luche; me la aprendí de memoria: Familia peluche somos / toda la familia muy unida está / familia peluche somos / veremos cuánto tiempo van a soportar. Los soporté cinco meses con tres semanas. Una semana antes de que el doctor me diera de alta y me dijera que podía empezar a leer, se me ocurrió una idea brillante: le pedí a mi esposa que bajara el modem de la televisión de paga, lo conectó y se fue al supermercado. Dejó encendida la televisión en Discovery Kids, pero no bajó el control remoto. Hasta que regresó me aventé un programa de unos pajaritos apareándose. Tenía cinco meses con tres semanas célibe. Por indicaciones médicas no podía hacer ningún tipo de esfuerzo. Entre la tonadita del tema de La Familia P. Luche y los chillidos de los pajaritos estuve hasta las dos de la tarde, cuando regresó del supermercado. La última semana de convalecencia fue más relajada, escuché programas que se oían antiguos: La Carabina de Ambrosio, Ensalada de Locos y Los Polivoces, pero en los comerciales empezaba a tararear “Familla peluche somos...” Cuando hacíamos antesala para la última revisión de mi ojo la recepcionista, muy amable, encendió la televisión en El Canal 2. Eran las tres de la tarde. Empecé a tararear “Familla peluche somos...” “¿Te encantan, verdad?” Me dijo mi esposa, no le pude responder. La enfermera me dijo que podía pasar a mi última revisión. Hasta el consultorio se escuchaba la tonadita que oí durante cinco meses y tres semanas de tres a cuatro de la tarde.

Apenas me aparecí en el taller de narrativa, me invitaron a leer el cuanto ganador del concurso de cuento del Día Mundial de Lucha contra el SIDA, los dos meses se fueron tan rápidos como el tiempo que tardé en aprenderme la canción. La cita era a las diez de la mañana. Antes de salir de mi casa hice el ritual que me enseñó mi esposa: Bolsa derecha; las llaves, bolsa izquierda; celular, bolsa trasera izquierda; cartera, bolsa trasera derecha; dinero para el camión. Todo estaba en orden. Antes de salir, busqué las llaves por toda la casa hasta que las encontré; estaban en el sillón blanco, donde pasé sentado los seis meses. Al salir de la casa tuve que regresar, me acordé que no había cerrado la llave del gas. Era buena hora para la cita; las nueve de la mañana. Despegué los papelitos de colores que estaban en la entrada de la casa, en el refrigerador, en el baño, en el monitor de la computadora y en el audio libro que me llevó uno de mis amigos. Ya en la calle me martirizó un pensamiento; no recordaba haber apagado la televisión. No sabía si preocuparme por la estufa o por el televisor. Debía estar en la lectura pública a las nueve con cuarenta y cinco.

Sabía que si no pegaba recordatorios por todos lados jamás me acordaría de la cita. Anote la hora y el lugar. Secretaría de Salud, junto a la librería Sancho Panza; primero de diciembre. Los dos meses estuve pensando en el olvido. Probablemente eso fue lo que me obstinó en analizar qué es el olvido. No sé qué será, puedo ver el diccionario y sacar su definición, platicar con alguien y decirle que me diga qué cosa es. Pero lo importante del olvido es no olvidarse de que existe. El olvido es vivir dos vidas paralelas. Una vida cotidiana y otra que me martiriza en saber que algo se me tiene que olvidar. Siempre se me han olvidado las cosas. A menudo no sé quién soy. Pienso que soy comerciante, pero cuando firmo un contrato pienso que soy administrador y se me ha olvidado que antes fui comerciante. También se me olvida que a ratos juego a que escribo y me da por creer que soy escritor. Todo se me olvida.

Ni siquiera recuerdo cómo es mi cara; ya se me olvidó. Hay veces que me vuelvo responsable, pero cuando veo todos mis papeles regados en mi escritorio, me doy cuenta de que se me ha olvidado lo que siempre he pregonado; que el orden es el concepto fundamental del buen funcionamiento de las cosas, pero diario se me olvida. Me gusta deshacer la palabra olvida. La O, significa otro, la L; lugar, y lo demás es la vida. La palabra olvido la defino como otro lugar en la vida. Otro estado. Un estado que parte mi vida en muchas cosas. Debo olvidarme de mis historias para hacer negocios y de mis negocios para hacer historias. Eso es un estado de conciencia, el estado de inconsciencia es no saber dónde dejé las llaves, no recordar si apagué la luz, o si cerré el gas de la cocina.

Hace Tiempo, antes de mi enfermedad, cuando estaba escribiendo “Yie brel, el niño fantasma”, se me olvidó lo que escribía. Yie Brel me lo recordó. Se salió de la hoja y me platicó su vida. Me dictó letra por letra, palabra por palabra, renglón por reglón, párrafo por párrafo. Me dijo exactamente cómo quería que fuera su historia. Me exigió un final feliz, pero que no fuera de cuento de hadas. Me dijo que la historia debía ser clara, que no quedara lugar a duda. Entonces dudé, creí que era mi imaginación; que Yie Brel no estaba junto a mí. Pero sí estaba, veía con atención su conflicto en la pantalla. Se sentía satisfecho; la historia le gustó. Me dio las gracias y me pidió que cuando leyera su historia no se me olvidara decir que él me la había dictado. Tiempo después, en una lectura pública, dije una mentira. Empecé diciendo: Buenas noches, espero que las horas que he dedicado al taller tengan frutos. Este es un cuento de un niño que se perdió en el bosque; espero que cumpla con las exigencias del taller; si las cumple, seguramente será un texto que funcione. Sólo les pido que no sean muy críticos conmigo. Y empecé la historia. Shhh cállense niños ¿Escuchan? Son unos pasitos en la sombra de la fogata...

Fui mal agradecido. No dije que Yie Brel me dictó su historia; simplemente lo olvidé igual que olvido las llaves o si apagué la luz del baño. A menudo creo que las historias son mías, pero no es cierto; son de sus personajes. Los escritores piensan que tienen el control, que escriben las historias a su imagen y semejanza, como cuando Dios inventó a Adán y Eva, y en poco tiempo se le salieron de control. Los primeros seres pensantes decidieron por sí mismos; se olvidaron de las órdenes de su creador y tomaron de lo que les había prohibido, sin embargo, Dios ya lo sabía. Creó al hombre para que se rebelara en contra de Él. Esa fue la prueba de su existencia; que su creación dudara de Él. Los dejó en El Edén, se fue a darle una última revisada al universo. Cuando regresó, aunque ya sabía que estaban escondidos les dijo: “Donde se meten que no los encuentro.” Le contestaron: “Estamos atrás del árbol, pero espéranos tantito, estamos buscando qué ponernos porque andamos encuerados.” Lo demás ya todos lo sabemos, que si se comieron una manzana, que cómo es que sentían vergüenza, que si tenían que trabajar y que si la serpiente era la culpable. Lo cierto es que Dios inventó al hombre para que pensara, para que dudara y para equivocarse. El pensamiento la duda y la equivocación, serían la prueba contundente de que existía un creador. Algo similar les sucede a los escritores, aquellos que una vez que crean a sus personajes, se les salen de control, pero antes de crearlos, los piensan; dudan de ellos y los dejan vivir para equivocarse; para olvidarse de que existe un creador. En fin, esta cuestión del olvido es bien complicada, en este momento ya no sé qué estoy escribiendo, a lo mejor se me olvidó. Creo que el pretexto fueron las llaves del departamento, o el gas, o la luz del baño, o que a lo mejor dejé conectada la calefacción. No sé, siempre se me olvida. El asunto es que salí a la lectura pública y traté de olvidarme de que no encontraba las llaves. Pedí un taxi por teléfono. En al camino a la Secretaría de Salud me acodé que no había desayunado. Mi atención ya estaba puesta en la lectura. Llegué al local, ya me estaban esperando. En el podium estaban los ganadores del concurso, el Gobernador, el Presidente Municipal, el Secretario de Salud y no sé qué tantos personajes. Decidí olvidar todos mis olvidos. Escuché los discursos entre bostezos, y cuando llegó el momento de mi lectura, busque la carpeta con el cuento ganador. Entonces me acordé que la carpeta estaba en el sillón, junto a las llaves. La noche anterior la coloqué ahí, para que no se me fuera a olvidar. Estaba bien consciente que todo se me olvida. Lo que no pensé es que se me fuera a olvidar la materia prima de mi visita a la presentación de los ganadores de cuento sobre el SIDA. Traté de olvidar el inconveniente y pregunté si alguien traía un escrito para mi lectura. Nadie lo llevaba, todos lo olvidaron. Iniciamos la ceremonia sin el cuento ganador. Espero que no se me haya olvidado qué quería decir, casi todo se me olvida. En fin, este escrito es sólo es un pretexto para acordarme que todo se me olvida, lo que no se me puede olvidar el tema de la Familia P. Luche y de que me tuve que chutar un programa de pajaritos apareándose cuando el doctor me ordenó ser célibe hasta que me recuperara de la vista. Gabriel Vega Real, Querétaro, Querétaro.

Teatro hasta el infarto

Por Oscar Salas

Los teatreros que hacen teatro con títeres velan la víspera del 21 de marzo. No son juaristas trasnochados, no están embobados con el reflorecer primaveral, tampoco se energizarán en ningún promontorio geológico o levantado por el hombre de ocho o nueve siglos atrás. A partir de esta significativa fecha, que también carga con la del Día Mundial del Títere, estos artistas, provenientes de varios puntos de México, Latinoamérica, y Europa se reunirán en Querétaro para analizar la conveniencia y/o pertinencia de la formación profesional y especializada del titiritero. Semejante tema y nivel de tratamiento pocos como Franco Vega para emprender tal empresa. Sea la palabra del artista que ha concertado, entre otras, con instituciones como los institutos de cultura, estatal y municipal, la Universidad Autónoma de Querétaro, y El Baúl, A.C.:

El coloquio del títere tiene como antecesor al Festival de Primavera, que realizamos durante diez años, y ahí entraban la celebración del Libro, del Niño, la Semana Nacional de los Títeres, etcétera… el Festival crecía y crecía durante toda la primavera. Qué bueno que no has organizado un festival de las cuatro estaciones, me decía Manuel Naredo, entonces a la cabeza del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes. Decidí compactarlo, cambiar el formato, y así nació el Coloquio del Día del Títere al Día del Teatro en 2008, conservando el principal objetivo de mostrar al público lo que hacemos quienes nos dedicamos a los títeres y el teatro en Querétaro. Vamos a compartir el espacio con artistas nacionales y extranjeros, e intercambiar experiencias; otros tendrán a su cargo cursos de capacitación en temas muy específicos. En 2009 tuvimos un Taller de Escenografía con Arturo Nava, otro de Comedia dell’arte, con Augusto Albanés. En 2010 el Coloquio tiene como objetivo hacer un diagnóstico, una evaluación de la factibilidad de una escuela formal de títeres, o una licenciatura de las artes del títere, porque en él confluyen todas las artes. Está el artesano que construye juguetes que pasan a ser títeres. Tendremos cuatro mesas. En la primera tendremos las experiencias en el extranjero, con Alain Lecoq, titiritero francés, con el tema de las escuelas en Europa. Rafael Cursi, uruguayo que perteneció a la Escuela de Teatro San Martín, Buenos Aires, Argentina. El Teatro San Martín tiene dos escuelas: la de titiriteros y la de danza. Viene un actor español con el tema de El Actor y la Máscara. Por México contamos con Carlos Converso, que tiene la Escuela de Títeres de Jalapa, y nos hablará de lo que sí y no ha funcionado en el ámbito formativo enfocado a los títeres. Este el grupo Marionetas de la Esquina que algún tiempo echó a andar el Laboratorio La Titería. Viene Baúl Teatro de Monterrey que algún tiempo ha tenido su festival, y organizaron el Encuentro de Títiriteros en Provincia. Otra experiencia es la de Guadalajara con El Festín de los Títeres. En Sinaloa está el festival que ha realizado Pedro Carreón. Está la experiencia de otro festival en Tlaxcala; en Huamantla está el Museo Nacional Títere. La experiencia del Festival de Pascua, en San Miguel Allende (Guanajuato) que realiza otra gran titiritera Mónica Hött. ¿No son suficientes todos estos festivales? Contéstatelo tú. Con este coloquio queremos contestarnos: ¿Hace falta una Escuela de Titiriteros? ¿Para qué hacemos la escuela en Querétaro si ya está la de Jalapa? Si hubiera un festival de títeres en cada entidad federativa ¡qué mejor! El teatro nunca es suficiente. Con el teatro escolar, para cuando todos los niños hayan visto siquiera una función, los de Primaria ya están en Secundaria, y ya no son los mismos. Hace cuatro años hice Hoy Shakespeare, Shakespeare hoy para los estudiantes de Secundaria; con más de doscientas funciones quizá he alcanzado al 10% de ese público que hoy ya no está en ese nivel escolar. ¿Hoy cómo se hace la formación del teatrero que hace teatro con títeres? En Argentina hay tres instituciones que imparten enseñanza para egresar con licenciatura. Queremos que nos vengan a decir cómo sucede esto; cómo está estructurada la plantilla docente. En Francia está el Festival de Charlesville, cada tres años, que ése es el tiempo que dedican a la preparación de cada evento, a la par que a la impartición de enseñanza por maestros provenientes de todo el mundo. ¿En México cómo se ha dado la formación de teatreros que trabajan con títeres? Con los maestros que te he mencionado, como Carlos Converso.

De la muy prolija agenda de este Coloquio destaco para el espectador por lo menos dieciséis espectáculos teatrales con actores de carne y hueso, y de materiales inertes antes de convertirse en títeres. También habrá por lo menos dos espectáculos musicales, además de una Feria del Libro Teatral, y la inauguración de la biblioteca El Globo. Los escenarios principales serán: El Museo de la Ciudad, el Cine-teatro ‘Rosalío Solano’, el Teatro Esperanza Cabrera, el Centro Cultural de La Vieja Estación, el Teatro de Cámara de la Facultad de Bellas Artes, y el Mesón de los Cómicos de la Legua. Esta mastodóntica congregación ya merece un anticipado aplauso para Franco Vega, que habrá que brindarle cuanto antes, por lo menos antes de que se nos infarte. No imagino cómo logrará la difusión de tan basto contenido, por lo tanto apunto la dirección en la red de redes de La Cartelera: lacartelera27@hotmail.com

Miguel Covarrubias

En el artículo de la semana pasada, hablamos de la contribución que José Limón hiciera a la danza mexicana. Tras de la figura del maestro hubieron otras personas, igualmente visionarias, aunque no practicantes de la danza, que apoyaron la llamada Época de oro de la danza mexicana. Uno de ellos fue Miguel Covarrubias, un hombre sinceramente apasionado en esta disciplina artística, si bien su actividad fue la pintura, el dibujo y la etnografía.

Miguel Covarrubias (1904-1957) desempeñó en pro del gremio dancístico una intensa promoción. Cuenta la leyenda que Miguel era muy pequeño cuando vio bailar a Ana Pavlova el Jarabe Tapatío de puntas, un hecho histórico en la danza. Para él fue una experiencia sorprendente desde entonces se convirtió en un arte esencial. Su primera esposa fue Rosa Rolando, bailarina del Morgan Dancers, agrupación que ofrecía presentaciones en Broadway y Europa. En 1930 se casaron en Nueva York, donde Covarrubias era un famoso caricaturistas. Viajaron por Europa, Asia, África y América. En esos viajes, Covarrubias registró, las diferentes danzas de cada región, tanto en sus ilustraciones como en material audiovisual. En 1950, Carlos Chávez Director del INBA en ese entonces, nombró a Covarrubias como director de Danza. A su vez, el artista designó como director de la Academia de la Danza Mexicana al pintor Santos Balmori. Ambos estaban convencidos de la necesidad de la formación técnica y creativa de los bailarines, por lo que contrataron a Xavier Francis y a José Limón para que impartieran cursos de coreografía y teoría de la danza. Limón estrenó en 1951 Tonantzintla, con escenografía y vestuario de Covarrubias. Esta coreografía fue el mayor éxito dancístico de la temporada de 1951. Como titular Covarrubias invitó a los más reconocidos bailarines, pintores, escenógrafos, músicos, escritores y coreógrafos de la época para enriquecer el panorama artístico y la creación de obras nacionalistas. Zapata, coreografía de Guillermo Arriaga con música de José Pablo Moncayo y escenografía y vestuario de Covarrubias. Ésta fue quizá la obra más representativa del nacionalismo de los años cincuenta y una clara muestra de la danza moderna de México. La bailarina de Zapata fue Rocío Sagaón, segunda esposa de Covarrubias, quien ha manifestado en distintas ocasiones que el artista vendía su obra pictórica para mantener vivo al movimiento dancístico nacional. Miguel Covarrubias dejó sus estudios en la Escuela Nacional Preparatoria para dedicarse al dibujo de caricaturas. Recorría los teatros y cafés nocturnos tomando apuntes para desarrollarlos y publicarlos en revistas y periódicos. A los catorce años, Covarrubias publicó sus primeros dibujos a tinta, junto a una reseña de la primera exposición de Roberto Montenegro, en 1920. Ilustró con gouaches y acuarelas el manual de dibujo producido por la Secretaría de Educación Pública, en 1923, para la enseñanza de esa materia en las escuelas primarias de la República. En ese mismo año se fue a Nueva York; sus dibujos tuvieron éxito y se convirtió en el caricaturista oficial de la revista Vanity Fair, en la cual colaboró hasta 1936; también trabajó para Fortune. La Enciclopedia Británica lo incluyó en su lista de "Maravillas del Lápiz".Su labor como dibujante no se limitó, sin embargo al retrato. Desde 1924, se interesó en la vida de los negros del barrio de Harlem y los retrató en sus actividades cotidianas y, sobre todo, en los salones de baile, y contribuyó con sus Negro Drawings (1929) a la difusión y al éxito del jazz, y creó un estilo de dibujo sintético y con aportaciones del arte moderno (en particular del cubismo y del futurismo), que dejó una fuerte huella en lo que se llamó Art-decó o estilo 1925. En 1932, realizó los viajes con su esposa Rosa Rolando, al sureste asiático (fue becado por la institución Guggenheim, viajó a Java, Bali, India, Vietman, África y Europa). Después de ese viaje, Covarrubias abandonó Nueva York y volvió a México para realizar la labor por el gremio dancístico que hoy día tanta falta hace en Querétaro.

La felicidad a travéz del espejo, o el olvido como recuerdo

Por José Martín Hurtado Galves

Estaba a punto de pensar en la felicidad, pero entonces recordé el olvido. Ese olvido que es constante recordatorio de nuestra infinita, pero mortal memoria. No había olvidado algo, lo había recordado a través del olvido. El olvido es un recuerdo punzante. Fatiga inconclusa de una existencia que está condenada a recordar para soñar que nada cambia. La idea de lo constante es una ilusión que no deja de atraparnos. ¿Cómo salir del laberinto que es materia de esta realidad inasequible?
Podría voltear hacia otro lado, para ver si algún objeto viene en mi ayuda. Un objeto que distraiga mi atención, obligándome a recorrer su piel inerte que también es polvo. Pero no, los objetos están ocupados en su propia no-realidad. En todo caso, cada quien debe proveerse de su realidades alternas, suficientes como para poder soportar días como éste, donde la felicidad no acaba de pensarse.
¿Y si fuera la felicidad la que no se puede pensar como fragmento? ¿Si sólo fuera cuestión de una sensación poco desarrollada? ¿Una resistencia de la totalidad a la parte que aniquila la idea como perfección? ¿A qué le llamamos felicidad? ¿Qué tipo de fantasma es la felicidad que siempre acaba por irse de nuestras manos? Las imágenes no dejan de ser palabras hecha de tinta cotidiana. ¿De qué está hecha la felicidad?
Entre una realidad y otra realidad, el pensamiento como felicidad. Todo es posible en la medida de los sueños. Pero soñar cuesta mucho. Se necesita estar consciente de la irrealidad como salvación. Dios mío, soñar para despertar. Despertar para comprender la diferencia que también somos. Soñar, soñar, el olvido huele a papel. Después de todo, la palabra que podría ser la salvación no deja de ser también imagen.
Difuso, todo se vuelve difuso. Provocación ontológica como pérdida de la idea primigenia del ser. No hay existencia sin posibilidades múltiples, la no existencia es una posibilidad más. Constantemente nos estamos confirmando a través de la palabra. En cada receso de la realidad, aparecemos como sujetos literarios, analógicamente literarios. ¿Podríamos ser racionalidad sin el olvido como recurso?
No puedo seguir pensando si no tengo presente al olvido. Tengo que recordar a la palabra que me hace aparecer en este día. Una mirada, un paso, un suspiro, un brinco: movimiento infinito, sensación de no existir. Desde el escondite en que está mi pluma, no existo más allá de la apariencia.
La fenomenología puede ser refrescante cuando se tiene sed de la imagen que no acaba de llegar: la imagen perfecta, la que está y no está; la que nos hace aparecer. La imagen objeto que nos hace ser sujeto de nuestra propia mirada. Ver las cosas a través del espejo. Dejar que su materialidad corra por nuestros pensamientos y nuestros olvidos. Dejar que sea lo que tenga que ser, lo que no existe. Partir del reconocimiento que hemos formado en dudas falsas y verdades a medias. Todo es cuestión del espejo. Vemos a través de él para observarnos. Avanzamos a tientas por los resquicios del ser metafísico. Hoy estamos viéndonos, mañana apenas si podremos imaginarnos.
Enhebrar el hilo no es cosa fácil, hay que atravesar el intelecto que hace a la realidad distante. Podemos ir hasta donde la palabra ha llegado, pero siempre será una ilusión. La condena es estar aquí, en esta otra palabra, detrás del espejo, la que nos trae el olvido y nos arroja a la posibilidad de existir en un mundo por demás existenciario.
Hay muchas formas de irse, el silencio es una de ellas. Pero el silencio también nos trae de vuelta. Nos arroja a la vorágine de la palabra. Entonces quedamos desnudos, ante una luz que irisa. ¿Dónde queda pues la felicidad? ¿Qué tipo de felicidad es la que se construye sólo con absolutos? ¿Acaso podemos dejar de lado la fragmentación que también somos en la palabra y el olvido? Recuerdo que no soy feliz, entonces empiezo una vez más la búsqueda de mi ser, una búsqueda inútil, pero necesaria.
Volví a recordar la luz, pero ya era demasiado tarde, estaba hecho de oscuridad. Las cosas no pueden ser más diferentes de lo que no son. Toda realidad es literaria, y toda literatura es existencial. Las cosas no son como son solamente. La realidad no se subsume en otra realidad. Es el sujeto literario quien alza la voz para aparecer en el olvido. Que aparezca el olvido, que aparezca, que llegue una vez más para no desfallecer en la terrible realidad del absoluto.
Desde la otredad, la mirada se llena de inquietud. ¿Hasta dónde llegan las miradas que son sólo miradas? ¿Hasta dónde llegan las que no tienen esta existencialidad fortuita? Posiblemente en remolinos de ápices, levanten la voz. Pero ¿cuánto puede durar la realidad así?
El olvido es necesario para aprender a recordar. La memoria amenaza la libre imaginación. Una duda puede ser suficiente para levantar de nuevo la torre de Babel. ¿Está ahí el infinito? ¿A dónde nos puede conducir la ida de perfección? ¿Es la felicidad una idea perfecta? ¿Podríamos vivir con esa idea a pesar de vivir en este mundo por demás fragmentario y absurdo? Inquirir por la resurrección de la palabra. Pedir por su restauración continua. Que nunca acabe de llegar. Que siempre esté en el camino que nos hace humanos. Aventurarnos hasta su materialidad continua, hace posible la idea de la felicidad, pero todo recuerdo es un ser sentenciado al olvido. Que la memoria no eche raíces demasiado profundas en nuestra fragmentación de ser felices.

El mundo surrealista de René Magritte



Por primera ocasión en América Latina se presentará una amplia retrospectiva de uno de los artistas más significativos del siglo XX

La muestra, integrada por 152 objetos procedentes de más de 30 colecciones de nueve países, estará abierta al público del 18 de marzo al 11 de julio de 2010 en el Palacio de Bellas Artes

René Magritte (1898-1967) es un artista muy especial. Es un surrealista que se distingue del resto por su finura, su conocimiento del dibujo, su humanismo, su conocimiento de la literatura, la música, la filosofía, la semiótica y la utilización del lenguaje. Todo esto se ve reflejado en su trabajo artístico, el cual podrá ser apreciado ampliamente por primera vez en México a través de la exposición El mundo invisible de René Magritte, que será inaugurada el próximo 17 de marzo en el Museo del Palacio de Bellas Artes.

Esta amplia retrospectiva que comprende casi 40 años del trabajo artístico de René François-Ghislain Magritte está conformada por 152 piezas entre pinturas, dibujos, grabados, partituras y una maqueta, además de fotografías personales y filmes del artista, procedentes de 34 instituciones y colecciones particulares de nueve países.

La exposición, organizada por Conaculta y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), permitirá conocer las distintas propuestas del artista a lo largo de tres etapas, desde sus primeras búsquedas en el entorno de las vanguardias, el surrealismo y sus trabajos como ilustrador, hasta la publicación de Las palabras y las imágenes --auténtico manifiesto de su ideario pictórico--, publicado en 1929 por la revista La revolución surrealista.

Entre las instituciones que participan en la exposición con el préstamo de obra están el Museo de Arte Moderno de Nueva York; Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica y Museo Magritte, Bruselas; Colección Menil, Houston; Galería Tate, Londres; Instituto de Arte de Chicago; Galería Nacional de Arte, Washington; Museo Smithsonian de Arte Americano, Washington; Museo de Arte de Israel, Jerusalén; Centro Pompidou, Museo Nacional de Arte Moderno, París; Museo de Bellas Artes de Charleroi, Bélgica, entre otros.

Al anunciar la exposición, la directora general del INBA, Teresa Vicencio Álvarez, destacó que René Magritte es uno de los artistas más representativos del surrealismo en el mundo por su originalidad al crear relaciones inesperadas entre los objetos y la pintura, lo cual constituyó el eje de su producción.

Acompañada por el embajador de Bélgica en México, Boudewijn E. G. Dereymaeker; Hugo Cervantes, secretario de la Sociedad de Amigos del Museo del Palacio de Bellas Artes; Roxana Velásquez, directora del Museo del Palacio de Bellas Artes; y Sandra Benito, subdirectora técnica del Museo del Palacio de Bellas Artes, Vicencio Álvarez puso énfasis en el número de piezas que contiene la muestra y en la prolífica vida de Magritte, quien construyó una relación enigmática entre los objetos y su representación.

El embajador de Bélgica en México, Boudewijn E. G. Dereymaeker, dijo que Bélgica, al estar ubicada en el corazón de Europa, se ha caracterizado desde el siglo XVI por su pertenencia y participación a los grandes movimientos intelectuales y artísticos europeos. “Nuestro país ha fomentado una expresión artística abierta y ha albergado la riqueza cultural y multicultural que se le conoce, lo cual será ilustrado magníficamente a través del artista que uno podrá admirar en el prestigioso Palacio de Bellas Artes”.

Roxana Velásquez, quien junto con Sandra Benito se encargó de la curaduría de la muestra, adelantó que los visitantes se encontrarán frente al trabajo de un personaje que si bien pareciera simple en sus imágenes, es de una gran complejidad.

“Magritte tiene que ver con el análisis surrealista, pero él elige un camino especial, que es el estudio de los objetos cotidianos, decide que la palabra describe una sola cosa, en cambio una imagen implica muchas otras, esto es resultado de la semiótica y el análisis lingüístico que hace muy asociado a la publicidad, porque en sus inicios trabajó en la publicidad, hacía carteles.

“Lo que nos está diciendo es: Acérquense a ver los objetos que tienen diario enfrente de ustedes. Muchas veces cuando tenemos ciertos objetos frente a nosotros la vista los pierde, nos acostumbramos y no miramos con cuidado. Él hace las yuxtaposiciones, mueve los elementos, los coloca en espacios inesperados y es por eso que es tan especial, es por eso que es muy reconocido por el resto de los surrealistas”, dijo Roxana Velásquez.

Para atender de mejor manera a los diferentes públicos, en esta ocasión el Museo del Palacio de Bellas Artes integrará un espacio lúdico que permitirá a niños y jóvenes aproximarse a la obra del artista de una manera novedosa y didáctica. En esta sala los visitantes podrán involucrarse con los postulados de Magritte por medio del juego y la vivencia estética.

La muestra estará acompañada por un catálogo en color con las piezas exhibidas, junto con textos escritos por especialistas en el tema: Michel Draguet, Pierre Sterckx, Nicole Everaert-Desmedt, Claude Goormans y Teresa del Conde. Además, se llevará a cabo un coloquio el 13 de abril en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, en el que participará el subdirector del Centro Georges Pompidou de París, Didier Ottinger, quien abordará los planteamientos estéticos de Magritte y los aspectos más relevantes de su aportación artística.

El mundo invisible de René Magritte se exhibirá del 18 de marzo al 11 de julio de 2010 en el Museo del Palacio de Bellas Artes, como parte de los festejos por el Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución mexicanas.