lunes, 12 de abril de 2010



AÑO V NO.299, Domingo 11 de abril de 2010

Prosperidad y desgracias que la llegada del ferrocarril representó para Querétaro.



Editorial

El arte, la sociedad y el contexto estan inevitablemetne sumergidas en y para la cultura.
La Cultura atañe los usos, costumbres y tradiciones de una sociedad, de un contexto en especifico de un tiempo y de un espacio.

Barroco, Suplemento Cultural, publicado cada domingo en el Diario de Querétaro tiene como pricipio llevar hasta los queretanos, a traves de la palabra y la investigación , un trabajo que empalme las riquezas culturales de nuestro Estado asi como la vision de nuestra gente, de nuestro pueblo, de nuestra historia y nuestro tiempo.

Comparte con nosostros el fruto del trabajo, la cultura y el arte.

VII Encuentro de diversidades

Por una cultura de respeto,
Desde el 2 de marzo al 11 de abril, Museo de la Ciudad

Por Aníbal Gámez


El día 2 de marzo del presente año comenzamos la realización del 7mo. Encuentro de Diversidades, creando una cultura de respeto, encabezado por su servidor Aníbal Gámez presidente de Círculo de Diversidades Sociales, A. C., con el apoyo del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, Instituto Municipal de Cultura, Universidad Autónoma de Querétaro, Museo Regional, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Museo de la Ciudad, Cineteatro Rosalío Solano, Movimiento Sociedad Participativa, A.C., Cabina Ciudadana, Radio UAQ, organizaciones y personas que se identifican y apoyan, la cultura, la información y la educación en el respeto como en los derechos humanos, con una serie de actividades y temáticas tan diversas: Presentación de libros, paneles o talleres sobre familias homoparentales o familias diversas, teatro y performances sobre la responsabilidad y cuidado de nuestros cuerpos, exposiciones de fotografía, pintura, instalación sobre erotismo, ciclos de cine y documentales sobre paternidad y maternidad con padres gays y lesbianas, conferencias sobre salud mental y física, pasarela de moda alternativa, programas radiales sobre la participación ciudadana organizada y con propuestas, más de cincuenta actividades que durarán hasta el día 11 de abril con el objetivo de reflexionar y sensibilizar a nuestro hogar, nuestra comunidad queretana, nuestra gente, nuestra sociedad, nuestras familias y amigos, en temas que hoy en día, queramos o no, están transformando nuestro mundo, brindando nuevas alternativas para apoyarnos, amarnos, integrarnos como seres humanos; estamos viviendo un momento histórico en nuestra sociedad donde se contraponen generacionalmente nuestras ideas con las pasadas, las políticas públicas del pasado con las presentes, hoy en día las y los jóvenes tenemos en nuestras manos un reto muy importante en Querétaro, en México y en el mundo, el verdadero respeto, la democracia, la equidad, la igualdad de derechos por un mundo más cálido, amable y armonioso, claro, el tiempo que nos de este planeta, donde podamos distinguir la violencia-destrucción de la sexualidad-convivencia, por esto y mucho más trabajamos con estas propuestas en este VII Encuentro de Diversidades.

La participación de una de las cinco primeras parejas del mismo sexo en casarse en la República Mexicana, quiero decir Emma Villanueva y Janise acompañadas de su hija Galatea junto con el Círculo de Familias Diversas de México fue una de las actividades más trascendentales de nuestra jornada de trabajo donde pudimos tener este acercamiento para trabajar nuestros prejuicios, fantasías, dudas e inquietudes.
Estamos cocientes que los cambios deben ser graduales y paulatinos, situación que se ha venido gestando desde hace varios años, que cada quien tiene que vivir sus procesos y lo toleramos. Sin embargo no a causa de la vida de las personas, no sobre los derechos humanos más elementales, no con ignorancia y falta de preparación, no con la “moral y la mente cerrada” sino con el corazón abierto y la educación, la justicia, el derecho, y la paz.

Aprovecho el momento para cuestionar y reflexionar sobre algunos poco fundamentados discursos, ¿Qué es anti natural, que más de 150 especies del reino animal practiquen su sexualidad siendo del mismo sexo, qué es natural, el ingenio del ser humano para violentar, destruir y discriminar lo diferente. Qué es negativo, prohibir las expresiones de amor entre las personas? ¿Qué es propositito?, facilitar las condiciones humanas para que las personas que amamos seamos liberales o conservadores vivamos con respeto en una sociedad integrada y diversa donde todos y todas somos diferentes? ¿Dónde estas, dónde estamos? Aquí la libertad de las personas para escuchar u omitir estas palabras escritas.

Con esto agradecemos los apoyos institucionales, organizacionales, personales, materiales y humanos que nos permiten trabajar dando alternativas a nuestra sociedad para resolver las problemáticas de nuestra comunidad, somos científicos sociales, artistas, activistas, investigadores, académicos, estudiantes, familias, amigos, revolucionarios que generamos movimientos independentistas para generar critica constructiva, reflexión, proyectos, propuestas y trabajo.

Este VII Encuentro de Diversidades con o sin notas periodísticas brinda los espacios y los foros para que poco a poco, paso a paso personas interesadas dialoguemos los contrastantes puntos de vista, nos cultivemos expresando y participando en temáticas y problemáticas a resolver por las y los ciudadanos.
Por una cultura de respeto, gracias a la diversidad que hay en México.

Los ferrocarriles militarizados en las batallas del Bajío en 1915

Los ferrocarriles militarizados en las batallas del Bajío en 1915

Dr. Francisco Javier Meyer Cosío,
Colegio de Historia, Facultad de Filosofía, UAQ

El 7 de abril de 1915 se llevó a cabo la primera batalla en las inmediaciones de Celaya entre los contingentes de Francisco Villa y Álvaro Obregón. El principio de esta batalla lo perdió Obregón y lo perdió en el ferrocarril. Tenía ya la vanguardia destruida, y entonces Obregón habilita un tren y revierte la situación. Fue una batalla envolvente y la estrategia de Obregón fue resistir. Una vez derrotado, convierte la derrota en una retirada organizada y entonces resiste hasta que Villa agota sus elementos, ya que Obregón cree que el enemigo está agotado, pasa a la ofensiva con dos divisiones de caballería, y los villistas primero se retiran y después huyen, eran cuatro divisiones del ejército villista, pues aunque se denominaban división del Norte en realidad eran todo un ejército con varias divisiones.

La segunda batalla de Celaya, la del 16 de abril de 1915, fue catastrófica para la División del Norte de Francisco Villa. Las bajas fueron del orden de 4 mil muertos, 5 mil heridos, 6 mil dispersos, algo así como 15 mil bajas en total del ejército villista. En cambio las bajas en el ejército obregonista fueron de 138 muertos y 276 heridos. Este fue el golpe duro que se llevó el villismo, la derrota fue muy grande.
La estrategia militar por parte de los obregonistas consistió en un movimiento envolvente de la caballería en el Norte, en el Sur de la infantería y ya que estaban retirándose, buena parte de ellos en el ferrocarril, ahí los agarraron, estando los villistas arriba del ferrocarril, por eso son unas bajas tan terribles. Esta fue una victoria muy sonada del ejército Constitucionalista, entre cuyos contingentes se encontraba el obregonista.

En las inmediaciones de León, en la hacienda Santa Ana del Conde fue donde Obregón perdió el brazo en batalla: estaba observando a su enemigo, y lo observó desde que colocaron la pieza de artillería y aunque trato de huir, no alcanzó a correr lo suficiente. Y aunque se le dice el manco de Celaya, en donde perdió el brazo fue en la batalla de León, está en la gotera de León en un lugar que se llama de Trinidad. Aquí lo importante es que el Estado Mayor de Obregón se moviliza hasta la estación del ferrocarril de Trinidad, ahí es donde fue bien atendido Obregón en un vagón del ferrocarril habilitado para servicios sanitarios.

La batalla por León, que le llamamos de Trinidad, representó una derrota grande para el ejército del Norte: 5 mil muertos, heridos, prisioneros, pero sobre todo dispersos porque Villa se está desprestigiando y la gente está abandonando su ejército rápidamente. El ejército obregonista sólo tuvo 700 bajas entre muertos y heridos.

Sin embargo, es en la batalla que sigue, en la de Aguascalientes, donde tengo más oportunidad de calibrar el papel del ferrocarril, porque de León a Aguascalientes la mayoría del desplace de las cuatro divisiones obregonistas es por tierra, no tienen los trenes suficientes para llegar a Aguascalientes. Obregón dice, sí estuvo muy bien que haya yo ganado en las llamadas batallas de Celaya, pero la plaza más importante era Aguascalientes por sus instalaciones ferroviarias, pues de Aguascalientes puede derivarse a varios puntos del Norte.
Estas fueron batallas bien raras: en la segunda batalla de Celaya, está publicado en los periódicos: Villa le dice al periodista, dígale a Obregón que se cuide porque lo voy a atacar otra vez en Celaya y llevo treinta y tantos cañones. Le dice toda su estrategia, y además lo cumple; no me explicó porqué hizo eso. Entonces Obregón señala en su informe que Villa es muy capaz de cumplir sus amenazas y entonces se prepara y le gana contundentemente. Obregón ya no podía montar a caballo y se fue de León a Aguascalientes en tren, pero la mayoría de su ejército se desplazó por tierra.
En cambio la batalla de Aguascalientes fue mucho más pensada por parte de Villa, pues tanto éste como Obregón sabían que aquí se estaban jugando muchísimo. Ya estando sitiado Aguascalientes por los obregonistas, se les escapa una columna villista, la comandada por Rodolfo Fierro que era una bestia, pero tenía toda la confianza de Villa. Fierro evita el contingente obregonista y captura una estación de ferrocarril que se llama Pedrito y obliga al telegrafista a mandar mensajes a León, a Silao, a Irapuato, a Celaya y a Querétaro, ordenando que no presenten resistencia los villistas. Todo ejército tiene un sistema cifrado en su comunicación para identificar si la información efectivamente proviene de su contingente o del enemigo, al parecer aquí no la tenían. Y se le escapa Fierro a los obregonistas por la línea del ferrocarril y la va destruyendo hacia el Sur. La última misión importante que tuvo la División del Norte, y en este caso con Rodolfo Fierro fue en Querétaro, hasta acá llegó; iban buscando reforzarse con los zapatistas.
El ataque a Aguascalientes estuvo así: Villa había recurrido a algo que se utilizaba mucho en el campo de batalla europeo: artilló la entrada a Aguascalientes con trincheras, alambre de puas y bombas, lo convencieron de esta estrategia los militares de carrera que tenía a su servicio, aquellos antiguos oficiales de Porfirio Díaz. Pero Obregón se entera porque tenía un buen servicio de espionaje, y lo ataca por la retaguardia. Por eso también evita el uso del ferrocarril, porque Villa esperaba que Obregón llegara por ferrocarril a Aguascalientes. Esta también fue una victoria muy grande por parte de Obregón, pero habría que aclarar que para este momento lo mejor de la División del Norte había marchado al Sur con Fierro y no estuvieron en Aguascalientes en batalla. Además Obregón manda a un piquete de caballería a capturar a los trenes villistas con dos millones de cartuchos. Obregón termina su informe diciendo que afortunadamente el enemigo estaba dirigido por Villa, porque el ejército del Norte tenía estrategas militares muy capaces.
En los informes sobre estas batallas he encontrado que el ferrocarril se usaba como transporte de la tropa, tanto de la propia como la de prisioneros, y a los desmovilizados, es decir, cuando contingentes grandes se le rendían al enemigo, se les daba un boletito de tren y un dinero, y los mandaban de regreso a sus lugares de origen. El ferrocarril también servía para el transporte de soldaderas y de un montón de servicios logísticos muy variados: se utilizaban carros de ferrocarril especiales para transportar los pertrechos, el ganado en pie que por lo regular constaba de caballos, pero a veces ganado para consumo; también lo usaban para transportar armamento, municiones y servicios sanitarios. Tenían carros enteros para servicios sanitarios, como el que se encontraba en la estación de Trinidad en el que atendieron a Obregón cuando perdió el brazo. También había carros para reparación, en el que contaban con todos los elementos necesarios; llegaron a pasar puentes de madera que se estaban quemando, entonces se bajaba rápido el ferrocarrilero que traía Obregón, y él decía si pasaba el tren o no, y cuando pasaban, se bajaba el último contingente a apagar el incendio. Entonces los trenes militarizados tenían infraestructura para construcción, para sabotaje de vías férreas, para destrucción de ellas, para repararlas, para darles mantenimiento.

Las batallas de 1915 que aquí hemos visto, las de Celaya y Aguascalientes, son un parteaguas en la revolución; ahí se cancela la posibilidad de un gobierno popular y queda la clase media mezclada con la clase rica de Carranza dirigiendo al país. Y en estas batallas del Bajío jugó un papel importante el ferrocarril.

Prosperidad y desgracias que la llegada del ferrocarril representó para Querétaro

Dra. Blanca Gutiérrez Grageda
Dra. Cecilia Landa Fonseca
Dra. Lourdes Somohano Martínez
Facultad de Filosofía, UAQ

Sueño largamente anhelado desde 1837, que se pudo concretar hasta cincuenta años después, fue la introducción de las líneas ferroviarias en México. Se consideró como el cambio más significativo que se vivió en el país durante la década de 1880 cuyas consecuencias perduraron en el tiempo. Fue la panacea para salir del atraso e impulsar el desarrollo económico, símbolo por excelencia del “progreso”. Sea como fuere su importancia resultó fundamental pues: “favoreció la construcción de un espacio económico interno que antes era inexistente…” ya que promovió la formación e impulso de un mercado interno de producción y consumo al acercar regiones que antes se encontraban totalmente aisladas. En el trabajo presente trabajo se observan, tanto los beneficios de carácter económico y social, como los perjuicios que resultaron de la introducción de las líneas férreas en el estado de Querétaro e impactaron a diferentes sectores sociales y productivos desde las últimas décadas del siglo XIX hasta 1917.

En la ponencia que presentamos a continuación, se aborda una serie de eventos relacionados con el ferrocarril pero, por su alta incidencia, particularmente, los accidentes que se suscitaron durante la construcción de las vías férreas y, una vez instaladas, los que tuvieron lugar en el trayecto, estaciones, paso por rancherías y ciudades, etcétera, que afectaron a múltiples protagonistas, lo que nos indica que la “palanca del progreso” generó problemas diversos derivados de la introducción y uso de tecnología innovadora pero, desconocida en el país, a la que, paulatinamente, se fueron adecuando los protagonistas involucrados. Para observar el período del porfiriato y el revolucionario se utilizaron los procesos penales resguardados en el Archivo Histórico de la Casa de la Cultura Jurídica de Querétaro, desde 1908 hasta 1917, en especial, los que tuvieron relación con el Ferrocarril. En ellos podemos observar que las líneas ferroviarias que cruzaban por la ciudad de Querétaro en esos momentos, fueron el Ferrocarril Nacional de México, el Ferrocarril Central y sólo para la última fase de la revolución, el Ferrocarril Constitucionalista del que se hablará, brevemente, más adelante y cómo la población que vivía cerca del ferrocarril o los que lo tenían que utilizar, se vieron afectados por su funcionamiento.

Dos fueron las compañías ferroviarias que protagonizaron esta historia en el estado de Querétaro cuyas vías, en ocasiones, corrieron paralelas y, en las más, distantes una de otra. La compañía del Ferrocarril Central construyó el camino de fierro, entre 1881-1884, desde la ciudad de México hasta ciudad Juárez, por el centro del país hacia el norte y comunicó las ciudades de Querétaro, León, Aguascalientes, Zacatecas, Torreón, Chihuahua y Ciudad Juárez. En la ciudad de Querétaro la estación se encontraba cerca de la Alameda y los trenes de carga y pasajeros pasaban por debajo del acueducto o Los Arcos.
La otra fue el Ferrocarril Nacional de México o mexicano, entre 1901 y 1905, desde la ciudad capital del país hasta Laredo, comunicando Tula, Querétaro, San Luis Potosí, Tampico, Ciudad Victoria, Saltillo, Monterrey y Nuevo Laredo. En la ciudad de Querétaro la estación se localizó en el barrio conocido como “La otra banda” y la construcción hoy en día continua en pié.

“LA PALANCA DEL PROGRESO”
PROYECTO DE CONSTRUCCIÓN

Durante los primeros años del porfiriato, las autoridades locales estuvieron empeñadas en traer a Querétaro la llamada "palanca del progreso", las vías de acero que estaban provocando verdaderas revoluciones económicas en el mundo entero. Un primer dato al respecto se remonta al año de 1870, cuando el Congreso local autorizó al Ejecutivo para "formar compañías dentro y fuera del Estado", con miras a construir un ferrocarril que uniera a Querétaro con las ciudades de México y Guanajuato. El proyecto fracasó y siete años más tarde el gobernador Antonio Gayón, siguiendo el ejemplo de su homólogo guanajuatense, inició las gestiones pertinentes para conformar una compañía que hiciera posible la unión ferroviaria entre Celaya y San Juan del Río. Otorgada la concesión, con una subvención del gobierno federal de ocho mil pesos por kilómetro y ante la presencia del secretario de Fomento, los trabajos para la formación de la compañía iniciaron en marzo de 1878.
A pesar de la entusiasta participación de algunos queretanos —como los miembros de la familia Rubio—, el proyecto no prosperó. Con todo y su impacto selectivo, los proyectos para sembrar nuevas vías de acero continuaron. En este sentido, al finalizar el siglo XIX el gobernador inició diversas gestiones con miras a comunicar los centros productivos mediante el ferrocarril: uno que fuera de San Miguel de Allende o Chamacuero a Querétaro; otro que uniera al estado con San Luis Potosí pasando por Iturbide, Pozos, San Luis de la Paz y Santa María del Río, disminuyendo la distancia entre México y Tampico en más de 300 kilómetros; y otro más que uniera a las poblaciones de San Juan del Río, Tequisquiapan, Cadereyta y Tolimán.
Al finalizar el año de 1880, un nuevo contrato fue autorizado a la Compañía Limitada del Ferrocarril Central Mexicano, de origen norteamericano, para construir una vía entre la capital de la República y la ciudad de León, Guanajuato, pasando por Querétaro y demás ciudades importantes de la región. Con una subvención del gobierno federal de $9,500.00 por kilómetro, exenciones fiscales de 15 a 50 años y una activa participación de inversionistas extranjeros, los trabajos dieron inicio. El “enorme interés” del capital norteamericano en esta vía quedó claramente manifiesto en la respuesta obtenida por la Compañía al convocar a suscriptores en los Estados Unidos para cubrir los once millones de pesos que le correspondían, pues las solicitudes cuadruplicaron el monto original. Así, el "célebre y riquísimo banquero" de apellido Gould tomó tres millones de pesos; el tesorero de la compañía Sullivan medio millón, y un general de apellido Grant cien mil pesos, según reportó la prensa del periodo.
El equipo y el material comenzaron a llegar, procedentes de Estados Unidos e Inglaterra, por la vía de Veracruz. Al mediar el año de 1881, la prensa nacional reportaba: “Continúan con grande actividad los trabajos de [la] vía [del Ferrocarril Central]. De Saldarriaga para San Juan del Río y de esta ciudad para Querétaro, principiaron también”. Para septiembre de 1881 el tramo de casi cien kilómetros entre México y Tula había sido inaugurado; en diciembre de ese año quedaron unidos Tula y San Juan del Río y para febrero del siguiente la vía llegó hasta Querétaro y La Cañada. En mayo fue extendida hasta Irapuato, en julio a León, en septiembre de Paso del Norte a Chihuahua, en noviembre de 1882 quedaron unidas Silao y Guanajuato, en mayo de 1883 León y Lagos, y en septiembre la vía llegó hasta Aguascalientes y Fresnillo, Zacatecas. El primer tren que recorrió toda la línea salió de la Ciudad de México el 22 de marzo de 1884 con dirección a Chicago. Así, en poco menos de cuatro años y con una construcción diaria en promedio de 1.5 kilómetros, quedaron unidos por vías de acero los principales centros poblacionales del centro y norte del país. Una década después la ciudad de Querétaro quedó unida por ferrocarril con las ciudades de Aguascalientes, Saltillo, Chihuahua, Guanajuato, Pachuca, Guadalajara, Toluca, Morelia, Monterrey, Puebla, San Luis Potosí, Hermosillo, Ciudad Victoria, Tlaxcala, Jalapa, Veracruz y Tampico.

Los casos seleccionados para el trabajo:

Como ya se mencionó, se consideraron los procesos penales que se promovieron en Querétaro, entre 1908 y 1917, durante la Revolución Mexicana, relacionados con los ferrocarriles, resguardados en el Archivo Histórico de la Casa de la Cultura Jurídica de Querétaro. Los procesos localizados para esos años dan un total de 210 casos, siendo 82 los relacionados con el ferrocarril. Del total, el 40 % tiene que ver con problemas derivados del tránsito o contacto con el ferrocarril. Para observar si hubo diferencias, en cuanto al número de incidentes y causas, durante el periodo de la Revolución, se tomaron como referencia, los años de 1902 y 1903 y, posteriormente, desde 1908 hasta 1917. Se clasificaron, de acuerdo al tipo de demanda que se realizó, cuyos rubros resultaron los siguientes (Gráfica 1): Monedero falso, Robo, Estampillas y valores fiscales, Problemas electorales, Rebelión y sedición, y los relacionados con los ferrocarriles, que a su vez se subdividen en (Gráfica 2): accidente, accidente de trabajo, robo, descarrilamiento, fraude y ataque a la propiedad privada.

El período 1902-1903

En el período 1902-1903 se incrementa la cantidad de accidentes del Ferrocarril, una de las causas tiene que ver con que en este período, 1901-1905, se tendió en Querétaro la vía del Ferrocarril Nacional, la que incrementó de manera alarmante los accidentes. Durante los meses transcurridos entre septiembre de 1902 y diciembre de 1903 encontramos 15 casos de procesos penales por accidentes sufridos por trabajadores mientras realizaban los trabajos y maniobras de la construcción del tendido de las vía de los Ferrocarriles Nacionales, más los de la ampliación de los ramales a las haciendas y las reparaciones del Ferrocarril Central, en el estado de Querétaro. Las vías del ferrocarril eran la gran esperanza para que llegara el progreso, pero se abrían paso dejando explosiones y lesionados bajo sus cimientos.
A continuación se explicará brevemente en que consistían los accidente, accidente de trabajo, robo, descarrilamiento, fraude y ataque a la propiedad privada de los casos localizados entre 1908 y 1917.

Los accidentes del período de 1908 a 1917

En la categoría de accidentes tenemos una gran diversidad de circunstancias que los provocan. Estando involucrados desde una sola víctima, hasta varios muertos y heridos en un solo evento, como en los descarrilamientos de trenes. Entre los accidentes individuales pueden influir diversas motivaciones para que una persona decida descansar o dormir sobre una vía, atravesarla o caminar junto a ella, sin percatarse del peligro en que se encuentran al acercarse el tren.

Una de las causas: la ebriedad

Algunos de los accidentes sucedían porque las personas estaban encima de las vías en estado de ebriedad lo que les impedía darse cuenta de la aproximación del tren, también tenía que ver con que las personas que se encontraban en estado de embriaguez se colocaron en una curva del tren, lo que impedía al maquinista darse cuenta con anticipación de su presencia. Jesús Rojo y Macedonio González murieron por esta causa.

Por salvar a sus animales

Algunos campesinos fueron embestidos por el tren al tratar de sacar a sus animales de las vías, pudiendo ser cabras, borregos, burros, gallinas, entre otros. Las vías eran caminos públicos que bordeaban las orillas de las haciendas, por lo que quien transitaba por lugares ajenos a sus terrenos prefería este lugar y no meterse en propiedad privada, sobre todo si llevaba a pastar a los animales. O iba en tránsito hacia otro lugar con sus burros o a caballos. Entre los accidentados por esta causa está José Gertrudis y Gavino Hernández, ambos resultando muertos producto del golpe con el tren. Gavino Hernández era un jornalero de la hacienda de Amazcala que fue atropellado cerca de la estación de la Griega cuando trataba de sacar a su burro de la vía del Ferrocarril Nacional, muriendo al momento de recibir un golpe en la cabeza por el tren.

Otros pasajeros murieron porque trataban de viajar sin pagar boleto. Como Arnulfo Quintana, de 20 años, de Mextititlán de Hidalgo, que se quiso subir "de palomita" al tren. Se cogió mal del fierro y la rueda lo arrolló, quedando muy malherido. En otra ocasión, en la estación de Hércules se encontró el cadáver de un desconocido atropellado por el tren que procedía de Guadalajara. Un testigo declaró que eran dos individuos que venían de "mosca" para evitar el pago y cuando se bajaron uno de ellos fue atropellado. Lo mismo le pasó a Agustín que quiso viajar a Celaya, pero el conductor lo vio y lo empujó cayendo sobre las ruedas del tren que le machucó la pierna izquierda.

Motivo de accidentes también fue el llegar dormidos, los pasajeros, a su destino, despertar y de inmediato salir del tren, sin estar totalmente consientes de sus actos. Como León Flores, que llegó a bordo del ferrocarril a la Estación Central, un día en la madrugada. El señor Galván, que venía en el mismo carro, dijo haberlo visto dormido y que se despertó sorpresivamente al llegar a la Estación, bajando de inmediato. Al ir caminando ya fuera del tren se le cayó de la mano una caja que traía y fue a dar a las vías por lo que se bajó para recogerla. En ese momento el tren ya estaba haciendo movimientos y lo agarro entre las ruedas. Cuando el sereno recorría la vía lo encontró hasta el crucero, hecho pedazos. Intentar recoger algo que cayó sobre las vías en las Estaciones era un acto suicida si el tren estaba cerca.

Estos son algunas de las causas por las que la gente resultaba herida de gravedad o de muerte por el tren, otros son los accidentes que tienen que ver con el trabajo.

Los accidentes de trabajo

No obstante que ya no estaba en crecimiento el tendido de la vía del tren, se requería que éstas fueran reparadas, sobre todo por las aguas que arrasaban las laderas de los cerros produciendo deslaves. Además de que iniciada la revolución la utilización de los trenes por parte de los militares y revolucionarios fue usual, así como los ataques a éste. Por lo que, para 1914 fue necesario reparar la vía de los Ferrocarriles Nacionales a la altura del kilómetro 237 a la que se envió a una cuadrilla de peones. Atanacio Centeno y su compañeros se les ordenó que pusieran un barreno con pólvora negra y en lugar de atacarlo con cabos de madera para evitar una explosión, Atanacio lo hizo con una barreta de hierro, la cual produjo una chispa en la barra que de inmediato incendió la pólvora, causando una explosión que le causó al mismo Atanacio quemaduras en la cara y el cuerpo, así como ligeras lesiones a sus compañeros de cuadrilla. De inmediato se notificó al jefe de Estación quien ordenó que fuera trasladado al hospital de la Compañía de Ferrocarriles que estaba en Aguascalientes, en virtud de que así lo ordenaba el reglamento, pues cuando un trabajador de la compañía se lesionara debía trasladarse hacia ese hospital para su recuperación. En las indagatorias de su caso se trató de fincar responsabilidades a quien resultara responsable del accidente, que fue el mismo Atanacio, pues dijo el juez, que el atacar el barreno como lo hizo fue demasiado atrevido, puesto que para evitar la explosión se debía de usar el cabo de madera, por lo que no hubo delito que perseguir.

Descarrilamiento del tren

Los descarrilamientos del tren eran muy escasos, sin embargo, a partir de 1912, se registró uno cada dos años, en 1912, 1914 y 1916. En algunos el problema era que las vías estaban en mal estado, porque fueron atacadas, por derrumbes o por exceso de aguas, por las lluvias, en otras fue, además del mal estado de las vías, por descuido, como el descarrilamiento de 1916.
En julio de 1916 se volvió a descarrilar el tren en el kilómetro 234. El conductor del tren Gregorio Elizondo salió de la ciudad de México rumbo a Querétaro. Al llegar a San Juan del Río le ratificaron al conductor que no se excediera la velocidad de tres kilómetros por hora a partir de la Griega, sobre los puentes, porque estaban en malas condiciones. Todos los trenes tenían que entrar a los límites del patio de La Griega y Hércules bajo completo dominio. Tenían que respetar las señales y tomaran el camino por las vías del Ferrocarril Nacional, a partir de la Griega, por estar caídas las vías del Ferrocarril Central. Le advirtieron al maquinista y al conductor, que no podían usar las vías del Central entre la Griega y Hércules, por estar destruidas por un deslave, porque estaba lloviendo mucho en esos días. Elizondo firmó de enterado en San Juan del Río, sin embargo, al llegar a la Griega en lugar de entrar por la vía del Nacional, entró por la del Central, descarrilándose en el trayecto causando una gran cantidad de heridos y muertos.

Robo

Otros de los casos del ramo Penal, relacionados con el ferrocarril eran los casos de robo. En cuanto a los robos encontramos que se dan de diversos tipos. Algunos de ellos son por personas ajenas a los Ferrocarriles que se roban implementos que dañan las instalaciones, ya sea a las Estaciones o a las vías, por ejemplo robando los clavos con que estaban fijas las vías, los durmientes, gasolina, etc. Otro tipo de robo se da con lo que el tren fletea, por ejemplo harina, varillas, cigarros, petacas, etc., estos robos se realizaban tanto por el propio personal del Ferrocarril como por particulares. Otro tipo de robo es contra lo que el tren resguarda, como Correos, o bienes de la Tesorería de la Federación, estos se dan principalmente por empleados de las mismas oficinas. La mayoría de los robos suceden entre 1915 y 1917 cuando los Constitucionalistas administran los Ferrocarriles. Otros robos de los trenes Constitucionalistas eran patrocinados por los mismos soldados que resguardaban a las personas, los bienes o productos en cuestión.

Fraude

Los pocos casos que se encuentran de procesos Penales por fraude se dan todos ellos con los Ferrocarriles Constitucionalistas. Los casos no son de delitos graves y todos son dejados en libertad por considerar que no existen elementos para perseguir el delito. Como el pintor Juan Melchor que fue atrapado por haberse introducido a la Estación y cobrar el importe de los pasajes y fletes como si fuera empleado del Ferrocarril. O como algunos soldados que vendían sus pases redondos a la ciudad de México.

Del universo seleccionado se observó que, si bien fueron múltiples los beneficios que, a mediano y largo plazo, produjo la introducción del ferrocarril a la entidad, uno de los terribles inconvenientes que provocó fueron los continuos y graves accidentes en los que estuvieron involucradas personas que tenían alguna relación con las vías férreas. Desde los trabajadores de las líneas en construcción, operarios, pasajeros, hombres, mujeres y niños quienes cruzaban las vías o pasaban cerca del camino de fierro mientras realizaban labores de su vida cotidiana y deambulaban en las cercanías. Los accidentes sucedían, muchas veces por la poca precaución o, tal vez, por la falta de costumbre, de convivir con ese monstruo que, no a pocos, asustaba verdaderamente por el ruido estrepitoso y la columna de humo de la máquina. En los múltiples expedientes que existen al respecto se muestra que las autoridades realizaban un sin fin de averiguaciones para determinar cómo, dónde y cuándo habían tenido lugar los accidentes para determinar las causas y descubrir a los culpables.

Los accidentes, en la mayoría de los casos, fueron fatales pues hombres, mujeres y niños fallecieron o quedaron inválidos ante la brutalidad de los golpes recibidos por los trenes, en muy diversas circunstancias. Prácticamente, en todas, la impericia y/o imprudencia fueron las causas fundamentales que provocaron dichos sucesos, por demás dolorosos y dramáticos. Destaca la diversidad de los actores involucrados lo que muestra cómo los ferrocarriles representaron una gran oportunidad para la unificación del mercado interno en el país. Hombres y mercancías se trasladaron con gran facilidad a diversas partes del territorio ahorrando horas preciosas. A la par, la movilidad laboral que se generó, transformó el patrón de ocupación de un buen número de mexicanos quienes, tradicionalmente, se dedicaban a la agricultura pues la construcción de las vías ferroviarias y su mantenimiento representó una posibilidad real y una mejoría en el nivel de vida. Un importante número de peones agrícolas fueron contratados por las empresas ferrocarrileras, quienes de manera improvisada y ningún adiestramiento, fungieron como obreros de las vías, enganchadores de los carros de ferrocarril en los patios de las estaciones y como operarios de los trenes, eran fogoneros y garroteros. Durante el porfiriato los trabajadores mexicanos desempeñaban las tareas más simples pero, a la vez, las más peligrosas, en contraparte, los extranjeros tenían los puestos de maquinista y conductor. Durante la revolución, encontramos que ya todos los trabajadores de los Ferrocarriles eran mexicanos.

Pero con todo y sus inconvenientes, accidentes y descarrilamientos, los habitantes de estas tierras no dejaron de mostrar una actitud de respeto y temor ante el símbolo máximo del progreso.

Los ferrocarrieles Nacionales de México , nacionalismo, invención y creatividad laboral

Los ferrocarriles Nacionales de México,
nacionalismo, invención y creatividad laboral

Mtra. Emma Yanes Rizo,
Departamento de Estudios Históricos, INAH

El Bicentenario de la independencia de México y la Revolución Mexicana ha sido pretexto para una diversidad de tema y reflexiones. Y no es necesario repetir aquí el papel fundamental que jugaron los ferrocarriles durante la revolución. Sin embargo, más allá de canciones y corridos, se ha reflexionado poco sobre qué pasó con los trabajadores ferrocarrileros durante el periodo bélico y cómo alteró el movimiento armado sus luchas específicas y su cotidianidad laboral. Considero entonces que la historia del trabajo obrero debe ser un punto básico de análisis en el mencionado bicentenario. Siendo finalmente el trabajo y la producción lo que sostiene la economía de un país, y por lo tanto los que crean la posibilidad real de su independencia.
El derecho a trabajar en condiciones adecuadas, a producir para el propio país y a la capacitación laboral, parece por demás elemental. Quizás por ello los historiadores reparemos poco en su significado y en la lucha social y cotidiana que esto ha implicado para México. Comúnmente al referirnos a los triunfos de la Revolución Mexicana en materia laboral, nos remitimos sin duda al artículo 123 de la Constitución de 1917, destacando entre las prestaciones laborales el derecho a huelga y a la libre reunión, así como a la jornada de ocho horas. Sin embargo, solemos pasar por alto tres aspectos básicos del propio artículo 123 que son resultado, a su vez, de largos procesos de lucha colectiva e individual, en la que los ferrocarriles ocuparon un papel estelar, a saber:
Artículo 123. Toda persona tiene derecho a un trabajo digno y socialmente útil; al efecto se promoverá la creación de empleos y la organización social para el trabajo, conforme a la ley.

VII. Para trabajo igual debe corresponder salario igual, sin tener en cuenta sexo o nacionalidad.
XIII. Las empresas, cualquiera que sea su actividad, estará obligadas a proporcionar a sus trabajadores capacitación o adiestramiento para el trabajo. La ley reglamentaria determinará los sistemas, métodos y procedimientos conforme a los cuales los patrones deberán cumplir con dicha obligación.

A la luz del México contemporáneo las conquistas anteriores pueden resultar obvias, pero son consecuencia de importantes movimientos sociales, que en el caso de los ferrocarriles en particular, se extendieron a lo largo de la primera mitad del siglo XX, hasta cuestionar abiertamente la política económica del gobierno en lo que se refiere a la reorganización de la empresa Ferrocarriles Nacionales de México y la adquisición de material rodante.

Las organizaciones gremiales de los ferrocarrileros surgieron a la par de la expansión de las líneas férreas durante el porfiriato. La primera de ellas conocida como la Orden Suprema de Empleados Mexicanos, nación en 1890, pero por diversos factores no prosperó; fue sustituida en agosto de 1900 por la Unión Mexicana de Mecánicos, con la destacada participación de Teodoro Larrey. A la que le siguieron la Hermandad de Empleados del Ferrocarril, la Unión de Carpinteros y Similares, la Asociación de Conductores, Maquinistas, Garroteros y Fogoneros y la Gran Liga Mexicana de Empleados del Ferrocarril. Todas, salvo la última, agrupaban a sus agremiados por especialidad, lo que le permitió a la gran Liga incrementar su número de miembros y capacidad de negociación.

Entre 1900 y 1914, desde esas organizaciones los trabajadores ferrocarrileros lucharon por mejores condiciones de trabajo, acceder a la educación, ocupar los puestos de los trabajadores extranjeros, salario igual por trabajo igual, derecho de ascenso de acuerdo con las capacidades y no dependiendo de la nacionalidad, además de patentar inventos y mejoras tanto a las locomotoras como a las máquinas de los talleres para mejorar la producción. Cabe agregar que cuando hablamos de mejoras o de creatividad laboral, nos referimos a propuestas técnicas elaboradas y de largo plazo, muchas de ellas registradas como patentes, no a los remiendos o lo hechizo. Entre estos trabajadores destacan Fernando Alzati, Federico Rendón, Pedro C. Morales, Teodoro Larrey, José Cardoso, Silverio G. Trujano, Luis Gorard y Abelardo Reyes.

En 1907 la Gran Liga, ya con 15 mil socios, sobre todo en el Ferrocarril Central, propone también implantar el idioma español como el oficial en el servicio y buscar a corto plazo la mexicanización del personal. Esta agrupación que contaba con trabajadores experimentados como Servando Alzati, inició escuelas de capacitación en la Ciudad de México, Guadalajara, Chihuahua, Monclova, San Luis Potosí, Silao, Torreón y Acámbaro; donde los trabajadores nacionales más experimentados, como Abelardo Reyes, Enrique Zuzaya, Luis Godard y Manuel Espejo, tradujeron libros sobre las máquinas de vapor del inglés y el francés para ponerlos al servicio de sus compañeros. Se trata de textos complejos que presuponen no sólo la experiencia previa en el taller o el camino, también un grado avanzado de conocimientos técnicos, así como de las matemáticas, química y física, además de los idiomas ya mencionados. Son en realidad verdaderos tratados teórico-prácticos que retoman los conocimientos en materia ferroviaria a nivel mundial para su aplicación práctica en México. Dichos trabajadores, a su vez, se prepararon en las escuelas técnicas del porfiriato, de manera autodidáctica o a través de las logias masónicas y agrupaciones protestantes, que fomentaban la educación y el estudio entre sus miembros y que se extendieron a lo largo de las vías férreas.

La empresa Ferrocarriles Nacionales de México en sus primeros años y la creatividad y capacitación laboral

Con la constitución de la empresa Ferrocarriles Nacionales de México en 1908, como bien indica Arturo Grunstein, se trató de regular para beneficio del país la competencia voraz de los monopolios ferroviarios extranjeros en detrimento del servicio al público y de las tarifas. Se impuso entonces el control financiero del Estado, sin afectar severamente los intereses económicos de las empresas que habían arriesgado su inversión en México. El Estado mexicano pasó a ser el accionista mayoritario de la nueva empresa, con el 51 por ciento de las acciones, el resto de las cuales quedó en manos de las compañías extranjeras. Estas últimas serían responsables de la operatividad ferroviaria (administración y técnica), salvo el control de las tarifas y el destino de la inversión.

Suele prestarse poca atención al breve espacio de tiempo en la que la recientemente constituida empresa Ferrocarriles Nacionales de México funcionó con utilidades y superávit: etapa que corresponde de 1908 a 1913, año en que empiezan a sentirse los estragos de la guerra. Pero entre 1908 y 1913 la nueva empresa disminuyó el coeficiente de explotación, cubrió los intereses de la deuda, acumuló crecientes reservas, pagó dividendos de las acciones preferentes y aumentó sus ingresos brutos nominales. Invirtió además en nuevas vías fomentando su producción en la Fundidora Monterrey. Aceptó la producción de material rodante nacional. Y estableció el derecho de vía en torno al tendido ferroviario, término jurídico sobre el territorio en ambos lados de la vía, propiedad de la línea férrea y el Estado (aproximadamente 20 metros de cada lado). Esta etapa coincide justamente con la de la mexicanización del personal ferroviario con lo que se demuestra que lejos de perjudicar al servicio, la mexicanización de los trabajadores fue un éxito. Pero no se consumaría totalmente hasta 1914 al calor de la revolución.

La constitución de la empresa Ferrocarriles Nacionales de México abrió así para los trabajadores nacionales la oportunidad de ocupar los puestos hasta entonces cubiertos mayoritariamente por extranjeros, lucha que habían iniciado los mexicanos unos años antes. En ese mismo 1908, Felipe Pescador, uno de los pocos despachadores mexicanos (un despachador es el responsable de la organización del movimiento de los trenes en una División) y José de Echegaray, promotor de las escuelas ferroviarias, se entrevistaron con el ministro de Hacienda, José Yves Limantour, para proponer la planta de los trabajadores mexicanos en las distintas áreas y el uso del idioma español como el obligatorio tanto para las órdenes de tren, como para los exámenes.
En julio de 1909 los despachadores extranjeros se van a huelga y son sustituidos por mexicanos. Poco después, motivados por las escuelas de enseñanza técnica formadas por los propios trabajadores para el personal trenista y de talleres, como Teodoro Larrey y Servando D. Canales, la empresa Ferrocarriles Nacionales de México crea el Departamento de Instrucción. Su establecimiento fue pues una conquista obrera, no un obsequio de la empresa, reflejo a su vez de la madurez técnica a la que ya habían llegado los trabajadores mexicanos luego de años de experiencia en los ferrocarriles extranjeros.

El crecimiento de las escuelas de capacitación y el reemplazo de trabajadores americanos por mexicanos, provocó la reacción de los operarios extranjeros. La primera medida tomada fue obstaculizar en los exámenes el ascenso de conductores y maquinistas mexicanos, valiéndose de los superintendentes y jefes de trenes extranjeros. Posteriormente, ya en 1910, las hermandades norteamericanas de trenistas y conductores amenazaron con la huelga. Pedían que sólo se admitiera en la empresa al 50 por ciento del personal mexicano, que los exámenes fueran con sinodales norteamericanos; que las órdenes de trenes fueran en inglés; que el número de escuelas de capacitación fuera menor; que no se retirara del servicio a ningún trenista norteamericano.
Para entonces los Ferrocarriles Nacionales de México contaban ya con 225 garroteros mexicanos examinados, 130 conductores en servicio, 300 maquinistas de camino, 100 fogoneros y 75 maquinistas de patio. Y aunque no eran suficientes para cubrir todo el servicio en caso de huelga, el personal extranjero temió ser desplazado y prefirió no irse a huelga.

De acuerdo con el Plan Limantour de 1898 (que en materia ferroviaria se inclinaba por la sustitución de importaciones) y ya constituida la empresa Ferrocarriles Nacionales de México en 1908 se inicia la producción de material rodante nacional a iniciativa de los propios trabajadores que habían participado en la mexicanización. Entre 1905 y 1914 se produjeron en total en México 313 equipos rodantes (carros, locomotoras, cabuces), cifra que no se volverá a alcanzar hasta 1950. Y se construyó la locomotora 40 de los Nacionales de México para el servicio de patio en Aguascalientes.

La locomotora 40 de Aguascalientes
Desde finales del siglo XIX existían en Aguascalientes las condiciones propicias para la construcción de locomotoras en sus talleres, dado que eran centros importantes de las líneas férreas que corrían hacia el Norte y estaban habilitados con equipo de primera, tanto para construcción de partes de locomotora como para su reparación. Las vías del Ferrocarril Central llegaron por primera vez a esta ciudad en 1883. En 1897 el Central instala sus Talleres Generales de Construcción y Reparación de Máquinas y Material Rodante, con “los últimos adelantos de la época”, en 1900 es inaugurado el Departamento de Mecánica, “uno de los mejores equipados de la República”, en los que en 1903 trabajaban ya mil 073 empleados y operarios. Dichos talleres eran pues viables para la construcción de una máquina pionera en la entidad.
Los planos originales para la locomotora 40 provinieron de la fábrica Baldwin Locomotive Works, establecida en Filadelfia, Pensylvania. Fueron modificados por el Departamento Técnico de Aguascalientes u oficina del Ingeniero Mecánico, para adaptarla a las condiciones geográficas y a las necesidades de tráfico de la línea del Ferrocarril Central de México. Estuvo inicialmente bajo la dirección del ingeniero Fred J. Lass; los croquis fueron concluidos por el ingeniero José Vera, con la ayuda de dibujantes mexicanos. La orden para la construcción partió de la Superintendencia de Fuerza Motriz y los ferrocarriles. Sustituido el personal extranjero, Morales pasó a la Superintendencia y se responsabilizó de concluir la máquina. La primera noticia sobre la misma apareció en 1912 en el periódico Heraldo ferrocarrilero. Participaron en los trabajos de construcción de dicha locomotora los operarios Tirso Oreñana, Evaristo Martínez, Lorenzo Rodríguez, Silverio G. Trujano y Francisco Morán Díaz. La máquina 40 era de vía ancha, clase B-13, de servicio de patio 0-6-0, mecanismo de válvulas Stephenson, frenos de aire y adaptada para el uso de petróleo como combustible. Con excepción de la lámina, llantas y tuberías de calefacción que fueron importadas, el resto de los materiales se construyeron en los propios talleres. Se compró la patente para el uso de los frenos de aire. Salió del taller conducida por el Superintendente mexicano Porfirio Valdés. En 1913 ya estaba en servicio. Se registra como construida en México en el informe anual de FNM de 1914. En 1916 se exhibe en la Magna Exposición de Construcciones Mecánicas Nacionales en la estación de Buenavista. Posteriormente fue readaptada: ocupó el número Nacionales de México 638. Estuvo en servicio hasta 1944.
Cabe aclarar que ésta no fue la primera locomotora construida en nuestro país, sino una mucho más pequeña, tipo Tom Thumb, armada en la Ciudad de México por el norteamericano Jorge Luis Hammeken para el Ferrocarril de Tacubaya, que se inauguró en 1858. Pertenecía a la etapa más temprana de las locomotoras de vapor: un solo cilindro, caldera vertical, bastidor de madera. Pero se perdió entre las balas en la guerra entre liberales y conservadores.
La Revolución Mexicana y los trabajadores ferrocarrileros
Mucho se ha hablado ya sobre la importancia de los ferrocarriles para la Revolución Mexicana que se hizo, como se sabe, sobre rieles. Peco se ha analizado, sin embargo, el papel que jugaron los trabajadores ferroviarios en el periodo. De hecho, la comunidad de trabajadores que logró la mexicanización del personal durante la fundación de la empresa en 1908, estaba pensando en cualquier cosa menos en irse a la guerra. Su vocación era básicamente el servicio ferroviario y su lucha inicial estuvo encausada a continuar con su función como ferrocarrileros.
En 1910, Francisco I. Madero retoma la propuesta de la mexicanización del personal ferroviario y los trabajadores se integran a su movimiento. En julio de 1911 se organiza el Cuerpo de Voluntarios Ferrocarrileros que apoyan a Madero contra la rebelión orozquista. Curiosamente “paz y trabajo” es la demanda principal que enarbolan esos obreros.
Pero después del asesinato de Madero y la toma de la Ciudad de México por Victoriano Huerta (1913), éste otorga a reconocidos ferrocarrileros que habían participado en la mexicanización, como José de Echegaray, Federico Rendón Teodoro Larrey, Alfredo García, Pedro C. Morales, Servando D. Canales y Silviano Rodríguez, la operatividad de las líneas. A ellos correspondió sustituir de los principales cargos operativos y administrativos al personal norteamericano luego de la invasión al puerto de Veracruz en 1914. Su triunfo: la total mexicanización del personal e intentar que continuara el tráfico ferroviario a pesar del conflicto bélico, fue a su vez su condena. Posteriormente serán acusados de reaccionarios, cuestionados muchas veces, sancionados otras, despedidos y eventualmente reintalados.
Otros de los que participaron en la mexicanización se unieron a Villa o a Carranza, como Felipe Pescador, Servando Alzati, José Sedano, Abelardo Reyes y Trinidad Cardoso; y algunos al ejército del Sur, Enrique Zuzaya y Manuel Sosa Pavón, entre otros. Pero en todos los campos ocurriría lo que se denominó derechos de carabina. Es decir, los exámenes para subir de categoría para ocupar los puestos de mayor responsabilidad según la capacidad del trabajador, por lo que tanto se había luchado, dejaron de existir. Fueron los caudillos o jefes de los ejércitos quienes distribuyeron cargos y puestos a su antojo, según sus necesidades militares.
El poder de los militares sobre los trenes se revierte parcialmente con los Ferrocarriles Constitucionalistas. En 1915, durante el gobierno del presidente Venustiano Carranza, el ingeniero Alberto J. Pani, egresado de la Escuela Nacional de Ingeniería, asume el cargo de presidente ejecutivo de los Nacionales de México o Ferrocarriles Constitucionalistas. Éste sustituye de los puestos directivos a los ferrocarrileros nombrados por Huerta y coloca a los que simpatizaban con el carrancismo. Servando Alzati ocupa la Superintendencia de Fuerza Motriz y Maquinaria en sustitución de Pedro C. Morales y Teodoro Larrey.
Habrá que añadir aquí que aunque la revolución dividió sin lugar a dudas a los cuadros técnicos ferroviarios, los rieleros que promovieron la mexicanización siguieron luchando durante el conflicto bélico, en el que se vieron inmersos de un día para otro, por los mismos postulados que antes los unían. Su interés está más bien en el servicio ferroviario y el establecimiento de una industria nacional que en la revolución misma.
Durante la gestión del ingeniero Pani hubo una campaña nacional de rescate del material rodante y de readaptación del mismo. De nueva cuenta se crearon escuelas para ferrocarrileros, se respetaron los exámenes para subir de categoría y se normalizó el tráfico con base en la negociación con los distintos jefes insurgentes. En octubre de ese año se normaliza el servicio de pasajeros de México a Nuevo Laredo. En noviembre el gobierno de Carranza declara por decreto incompatibles los servicios ferrocarrilero y militar, pese a la protesta de estos últimos. En julio de 1916 se adopta la jornada laboral de ocho horas en los talleres (un precedente único) y se otorgan cuotas elevadas por el tiempo extra.
Con los Ferrocarriles Constitucionalistas, además, los trabajadores ferrocarrileros contaron abiertamente con el apoyo de la empresa para probar y desarrollar inventos e innovaciones de utilidad para la industria nacional. Así, las demandas de los ferrocarrileros que lucharon por la mexicanización se convierten en un hecho en los Ferrocarriles Constitucionalistas, e incluso, como ya se señaló, algunos de los cuadros técnicos pasan a ocupar puestos claves dentro de la empresa. Aunque tendrán que continuar con su lucha posteriormente.
Por lo pronto, en agosto de 1916 se estableció en la empresa ferroviaria la Oficina Técnica Experimental con el objetivo de estimular a los trabajadores, bajo la dirección de Romualdo Zamacona, ingeniero mecánico y Mayor del ejército Constitucionalista, que había patentado en 1913 un aparato contra coques de ferrocarril, éste fue probado con éxito en el primer trimestre de 1916 sobre las líneas férreas “habiendo obtenido excelente resultado, pues las máquinas lanzadas una contra otra, se detuvieron a una determinada distancia por acción automática del aparato. En septiembre de ese mismo año se inaugura la Exposición de Construcciones Mecánicas Nacionales, en la estación de Buenavista en la Ciudad de México. Ahí se exhiben, por primera vez, además de la locomotora 40 y carros mexicanos, una diversidad de materiales y máquinas útiles para la industria ferroviaria, construidos por mexicanos: turbinas, cilindros, ejes motrices, flechas y generadores, entre otros.
La Exposición fue reflejo del espíritu creativo de los trabajadores ferrocarrileros que a partir de 1909 empiezan a patentar sus inventos de manera consecutiva, antes de esa fecha la mayor parte de las patentes fueron registradas por ingenieros, uno de ellos, el ingeniero Pascual Ortiz Rubio, coincidentemente será después presidente de la República (1930-32). Del registro de inventores ferrocarrileros con el que contamos, aparecen 23 mecánicos, 7 maquinistas, 2 calderos, 2 trabajadores de vía y un telegrafista. Algunos de ellos pertenecían a los primeros luchadores por la capacitación laboral y la mexicanización, como Teodoro Larrey y Luis Godard. La mayor parte de los inventores se refieren a mecánicos de seguridad para las calderas de las locomotoras, ya que los accidentes ocasionados por las mismas eran cotidianos. Les siguen las novedades ideadas para un mejor aprovechamiento del vapor, para ahorro de combustible y del tiempo de abastecimiento.
A la Exposición, de lo que prometía ser una industria nacional, asistió en octubre de ese mismo 1916, el general Álvaro Obregón, entonces secretario de Guerra y Marina. Luego de la misma, a partir de ese mismo año, hubo un auge en el registro de inventos e innovaciones. Algunos posteriormente patentados y probados en los Ferrocarriles Nacionales de México con resultados satisfactorios. La realidad de la revolución y la destrucción masiva del material rodante impidieron en su momento su aplicación en serie.
Así, antes de que fuera promulgada la Constitución de 1917, los trabajadores ferrocarrileros habían conquistado ya los tres postulados del artículo 123 a los que se hizo referencia al principio de esta ponencia: El derecho al trabajo digno y socialmente útil, participando con inventos y mejoras para la producción y estimulando la construcción de material rodante nacional; para trabajo igual, salario igual sin importar la nacionalidad; consolidándose la mexicanización del personal de la empresa Ferrocarriles Nacionales de México desde 1914; y finalmente logrando que fuera la propia empresa quien financiara y estableciera el Instituto de Capacitación, para sustituir a las escuelas ferrocarrileras antes financiadas y organizadas de manera voluntaria y gratuita por los propios obreros, lo que corresponderá al postulado de la Constitución en el que se indica que las empresas cualquiera que sea su actividad, estarán obligadas a proporcionar a sus trabajadores capacitación o adiestramiento para el trabajo.
Estas conquistas, sin embargo, tuvieron un alto costo para los líderes ferrocarrileros que participaron en la mexicanización. Félix C. Vera dejó el servicio antes de la revolución. Servando D. Canales, Superintendente General de Transportes con Huerta, fue asesinado por los villistas en la Ciudad de México, al igual que Catarino Arreola. Enrique Zozaya se incorporó al ejército Zapatista y murió en campaña en 1914. José Sedano formó parte de la División del Norte, y murió asesinado por los propios villistas en 1915. Alfredo García se integró al ejército regular luego de la revolución, murió en campaña en 1924. Teodoro Larrey, Pedro C. Morales y Servando Alzati fueron despedidos de la empresa Nacionales de México entre 1921 y 1928, los dos primeros por su participación en los ferrocarriles con Victoriano Huerta. El tercero por su injerencia en los Ferrocarriles Constitucionalistas y por cuestionar la política de compra de material rodante de la empresa luego de la revolución. A pesar de ello, tanto Pedro C. Morales como Servando Alzati y otros técnicos sobrevivientes, como Silverio G. Trujano, Trinidad y José Cardoso, no quitaron en los años posteriores el dedo del renglón en su búsqueda por establecer la producción de material rodante nacional.

Ferrocarril Nacional, 1888.

Locomotora 31FC en la frontera, 1892.

Peces de la memoria

Blas C. Terán

Peces de la memoria

Sin Memoria no soy, no hay forma de estructura en la razón que transforme los estímulos externos en mensajes organizados que signen la existencia.
Mis sentidos absorben todos los datos externos para tomar conciencia del mundo que me rodea, y al que pertenezco, organizando esa información por medio del análisis de la percepción, y acorde con la realidad que representan, elaborar el marco de mi experiencia: formas, tamaños y colores; rostros, movimiento, novedad; flores emergiendo de la tierra, un amanecer. La intensidad.
Un poema tiene el poder ante mis ojos, en el momento de su lectura, de arrojarme a la vorágine de sensaciones donde se re-crea el conocimiento.

Los peces de la memoria
Charles Bukowski

He memorizado todos los peces del mar,
he memorizado cada oportunidad estrangulada
y recuerdo despertar una mañana
y encontrar todo teñido del color del amor olvidado
y eso también lo he memorizado.
He memorizado habitaciones verdes
en Saint Louis y Nueva Orleans
en las que lloré porque era consciente de que por mí mismo
no podría superar el terror a ellos y a ello.
He memorizado todos los años infieles
(y los fieles también)
he memorizado cada cigarrillo liado
he memorizado a Beethoven y la ciudad de Nueva York
he memorizado el trayecto de subida en ascensores,
he memorizado Chicago y el requesón,
y las bocas de algunas de las mujeres
y las piernas de algunas de las mujeres que he conocido
y el modo en que llovía a cántaros.
He memorizado el rostro de mi padre en su ataúd,
he memorizado todos los coches que he conducido
y cada una de sus tristes muertes,
he memorizado cada celda,
el rostro de cada nuevo presidente
y los rostros de algunos de los asesinos;
he memorizado las peleas que he tenido
con algunas de las mujeres que he amado.
Ante todo
he memorizado esta noche y ahora
y el modo en que la luz cae sobre mis dedos,
las motas y manchas en la pared,
las persianas bajadas tras las cortinas naranja;
enciendo un pitillo liado y río un poco,
sí, lo he memorizado todo.
Qué valentía tiene mi memoria
.
Mi memoria coincide con la de otros en la literatura, en ese mundo que en cada palabra crea y despierta sensaciones en el cerebro, que aun conocidas, irrumpen novedosas permitiendo coincidir, en la vivencia, con la lectura del texto.

Basura radiofonica

Basura radiofónica

Radio Universidad, como emisora que se reclama a sí misma “un espacio para la cultura” batalla por cultivar un auditorio pensante. El experimentado panel de productores hace milagros con los escasos recursos con que cuenta la emisora universitaria y la dolorosa pérdida de cualquiera de ellos, como acaba de suceder con la prematura muerte de Gustavo Warnhotlz, sacude el ritmo productivo. Radio UAQ es una ejemplar congregación de estilos y proyectos distintos cuya diversidad da riqueza a la programación. Saludamos a Mister Paco Lucas, a Tere Ortiz, a Ricardo Chapa, Raúl Ram, Arturo Vallejo, Raúl Rodríguez Lucio, Mayra Trejo, Fernando Corzantes, Celia Maya, Pedro Martínez, Augusto Cervántes, Lety Jaramillo, Héctor Larios y Alejandra Barrientos; José Luis Roca, al maestro Rafael Blengio, a Vicente López Velarde; por supuesto a Liz González y a muchos otros valiosos colaboradores, todos ellos íntegros intelectuales interesados en que sus propuestas abonen la conciencia del radioescucha en pos de un Querétaro superior. Este esfuerzo colectivo, que la sociedad reconoce en los diversos programas musicales y de diálogo, se empaña cuando en el horario nocturno, Radio UAQ nos castiga con una basura firmada por “Némesis”, cuyo programa es una cosa que mezcla una mala radionovela, por la miseria del guión, con una malísima lectura radiofónica, débil en producción. El tiempo que “Némesis” le quitó a otra realización, lo utilizó para narrar una muy burda historieta al estilo “gore”, con sangre de niñas bonitas y su mucho sufrimiento al ser torturadas durante 16 horas durante las cuales el muchacho galán (claro) que previamente había hecho un pacto satánico para merecer la juventud eterna, (original ¿he?) las mutilaba dedo por dedo con tijeras de jardinero para luego aniquilarlas a punta de llamaradas de soplete, no sin antes engraparles los párpados a la frente para que miraran cómo cocinaba y aderezaba opíparamente sus deditos, los cuales se comía el muy golozo”. En fin, una feria de plagios del imaginario “gore” que “Némesis” ha mirado, seguramente cautivado, rodeado de morbosos psicópatas.

Pero no perdamos más el tiempo con nuestros “nuevos valores de la literatura mexicana”. Mejor tratemos de situar el fenómeno “gore” en la historia del cine, que en la literatura ya Stephen King se encargó de cimentar con sus novelas de terror. Como de terror artístico es mi favorita “Psicosis” de Hitchcock, cinta a la que no se le puede considerar “gore”, en tanto en las escena famosa, cuando el asesino apuñala a la chica en la bañera, nunca vemos el cuchillo penetrando la carne de la mujer; en el cine “gore”, veríamos hasta las entrañas sanguinolientas. El buen cine de terror, se vale de juegos de cámaras, de sonidos, música; en vez de mostrar al mal, vemos el rostro aterrado del actor. Los clásicos de terror se centran en la imaginación del espectador. El cine tipo B actual (así como sus imitadores), subestima al público, y le da todo explícitamente, nada es dejado a la imaginación, y no hay miedo, hay perturbación, asco, inquietud por toparnos con psicópatas, pero no terror. El cine japonés, paradójicamente, está alcanzando sensaciones de miedo en sus cintas “gore” e incluso “animés”, gracias a su recuperación de la imaginación.
La historia del cine es muy parca cuando habla de la inauguración del género “gore”. Durante la década de los sesentas del siglo XX, el género imperante era la comedia que glorificaba el “American way of life” y las cintas musicales, verdaderas bofetadas al ciudadano de un mundo urgido de cambios. “Blood Feast” (1963) es la pionera en este campo. Herschell Gordon Lewis fungió como director y realizador de efectos especiales. La primera muerte que ofrece la cinta, es la de una muchacha en su bañera, con una sangre roja más allá de lo normal, sospechosamente parecida a la Catsup que venden por galón, y unos descuartizamientos de carnicero de rancho. La trama aborda una serie de asesinatos sucedidos en una ciudad, donde muchas jóvenes de buen ver han sido mutiladas por un psicópata, que se lleva de recuerdo miembros del cuerpo muerto. Las investigaciones de un audaz policía le llevan hasta la tienda de un exótico egipcio, que realiza sacrificios para su Diosa y luego vende las partes de los cuerpos.

Se acerca el cumpleaños de una chica, con lo que los servicios del egipcio son solicitados, pero él pretende acabar con la cumpleañera, como sacrificio definitivo. Lewis no tenía mucha idea de narrativa cinematográfica, hoy sería una película corta y pesada, con malos encuadres, muchos diálogos y un guión fallido. Pero a los espectadores de los sesentas les interesaba ver otro cine, distinto al que Hollywood producía, y la alternativa vibrante fueron los asesinatos violentos, bañados en sangre de salsa catsup y desmembramientos nunca vistos.
Un respetuoso saludo a quienes trabajan con honestidad e imaginación en Radio Universidad Autónoma de Querétaro.

Ironia bicentenaria

Ironía bicentenaria

No Franz, no te estamos remedando, ni enmendando la plana, ni serás el marshal –ése trabaja en Disneyworld, aunque las diferencias a veces parezcan imperceptibles— que entierre al Mal Humor, ni coronarás al Rey Feo; el carnaval ya terminó, al menos el de brincoteos, bamboleo de boludeces, y amanerados maquilladas como máscaras de fantasía; no te fintes con nuestra cohetería, es la alegría bicentenaria, el síndrome de la Chimoltrufia sin recato ni pudor.

En el marzo postcarnavalesco terminado hace once días presencié algunos de los extremos de nuestra inquietante y contradictoria realidad cultural, cada vez más rica en cimas y simas, incluso de simas en las cimas. Llegó a mi buzón cibernético un cartel de Aletheia anunciando tres funciones finesemaneras en La Fábrica, centro cultural desprendido del círculo artístico capitalino; el impreso lució logotipos de patrocinadores; él que pareció más ajeno al diseño gráfico fue el del Centro Nacional de Danza Contemporánea, sobre todo por su forzada ubicación central. La víspera del estreno de la temporada “Visitantes” conocimos una entrevista de Margarita Ladrón de Guevara, editora cultural de Diario de Querétaro, a Bárbara Alvarado, directora del Cuerpo escénico de México, ésta declaró que el grupo artístico que dirige presentaba el citado programa sin el apoyo de la institución nacida en Querétaro casi veinte años atrás. Conocí una de las seis funciones el sábado 6, advertí una exquisitez, una elegancia, una delicadeza que sin ser nuevas resultaban más perceptibles, más obviadas, pero no derivadas de una intencionalidad, sino de una evolución, de una compenetración e identificación creativa colectiva. Hubo un agregado plástico en la escenografía, seguramente involuntario: la ladrillada vista de la pared luciendo la instalación eléctrica. Imposible no hacer un apartado para el potencial proyectivo de Irma Monterrubio en un dueto, Si sigues la tortuga se vuela, de Ricardo Flores, con una trama poco complicada en la que cabe preguntarse ¿funcionaría como trabajo unipersonal? Hay personalidades escénicas con temperamentos que reclaman actuaciones solistas, y el de Monterrubio cada vez más resplandece como un caso obvio y claro; faltaría el coreógrafo que le fuera a la par. De Caminantes del polvo blanco ya me ocupé en ciclorama.com.mx. Frente a esta solvencia artística, consistente, incluso creciente desde su nacimiento en el CeNaDaC, casi cinco años atrás, mayor azoro me provocó una ausencia de público como poquísimas veces había visto. Me dijeron que el viernes de estreno no había sido mejor.
Un fin de semana después, Ciudad Interior, otro ensamble dancístico hospedado también en el CeNaDaC, ofreció la temporada “Levedad” en el espacio que lleva el nombre del proyecto que debería existir desde hace seis años en el Museo de la Ciudad: El Foro Múltiple. Todo lo vi estreno, porque hace un año el CeNaDaC prohibió la entrada con cámara fotográfica a las funciones del 21 al 26 de abril. En el programa de mano aparecen los logotipos del ‘dueño’ de la casa, de las dos dependencias superiores, y la propagandística del actual gobierno estatal. Entre siete colaboradores de la compañía está apuntada Guillermina Bravo. Asistí a la segunda de tres funciones con las gradas ocupadas mínimo en tres cuartas partes. Abstrayéndome que estoy sentado en una ancha viga forrada con una esponja cubierta por una desleída tela más sucia que negra, ambas cubiertas amarradas con mecate, y haciéndome el distraído para no ver el entramado al que están amarrados unos fanales de diferentes formas y calidades, me siento trasladado el primer mundo tras la tercera llamada. Alguna referencia, por lo menos en el subconsciente, me ha de quedar del Palacio de Bellas Artes de Montreal; del Radio City Hall, en Nueva York, de la ópera negra “Porgy and Bess” en la correspondiente calle neoyorkina; del Palacio Municipal de Florencia, con el Bolshoi y Marcel Marceau; del Théâtre au Châtelet, con aquella operette western “Les mousquetaires”, de Francis Lopez, en Paris; del palacio medieval en Brujas con un espectáculo fluvial nocturno; de una arena etrusca en Fiesole con “Sueño de una noche de verano” a la spaghétti western; de un teatro madrileño, recién iniciado el destape postfranquista –a veinte años de ingresar al primomundo-- para conocer el despelote de la ópera rock “Hair”, tan exitosa en Londres.
Levedad habría que verla también en el sentido de su diagonal, incluso con esa ‘rampa’ no abajo, sino arriba del plano del escenario, la espectacularidad se antoja más imponente. Solamente buscándole mangas al chaleco resulta concebible poner a bailar a cuatro bailarinas amarradas precisamente de los pies, tres de ellas en un espacio comparable al de un elevador, y además que verdaderamente lo hagan. Mucho contribuye a la percepción de movimiento las agitadas cabelleras. También Alejandro Chávez logra el lucimiento de otro temperamento escénico particularmente diferenciado: le viene bien la ferocidad a Mariajosé Medellín. Esa combinación de elasticidad y movimientos de extrema rapidez en una talla notable, aunado a una expresividad muy respaldada por la gestualidad, hacen de sus interpretaciones algo especial, y Animalx no es excepción. En entrevista promocional radiofónica –Radio UAQ-- el director de la compañía consideró a Homoloidal una composición superior a Triángulo, con la cual ganó en 2008 el premio del VII Certamen Internacional de Coreografía Burgos-New York, sin embargo, por la emotividad in crescendo y la sorpresa temática final, además de la significación protagónica de la escenografía mi preferencia se queda con la premiada. El estreno incluido en “Levedad” lo vi como un súmmum de lucimiento de actuación dancística: coros en transitar quieto mientras se suceden vertiginosas interpretaciones solistas, duetos y tercetos; escenografía construida con y/o desde el elaborado diseño del vestuario. No deja de sugerir una mofa a nuestra precaria ilustración --aquello etiquetado como cultura general-- el darle los créditos de la escenografía a El hades.

¿No te parece kafkiano Franz, tanta verdad artística, y nuestro Centro Nacional de Danza Contemporánea –institución que forma artistas y produciría arte-- carente de un ensamble que lo represente formalmente? Desaparecido el Ballet Nacional de México, ¿ahora Centro y Colegio son la misma cosa; sobra una estructura burocrática? No debo estar haciendo las preguntas correctas. Mientras tanto un enajenado, entre cadáveres de todos los bandos, reclama se hable bien del país que dice gobernar (sic) al tiempo que a quienes sí lo hacen lucir les reduce las posibilidades de subsistencia. Si el CeNaDaC ha dejado de apoyar la producción de cualquier grupo, ¿quién ha dejado de apoyar al CeNaDaC?

El otro eucalipto

El otro eucalipto
Gabriel Vega Real


Cuando el viejo recibió la carta sabía que traía malas noticias. No se atrevió a leerla. Encendió la chimenea y la arrojó al fuego como quien quiere quemar todos los recuerdos.
Fecunda estaba colgada en todas las paredes: en su primera comunión, en su fiesta de quince años, en el bautizo del chamaco, en el pozo y en la última rama del eucalipto.
La carta olía a podrido. Hacía más de diez años que su hija salió de la casa con un propósito bien claro; encontrar la cura para los recuerdos. Decían los caracoles que estaba más allá de la última montaña. Fecunda salió cargando a su chamaco, salió de noche después de acurrucarse por largo rato en el pecho del viejo y lloró tanto tiempo y con un llanto tan menudito que parecía que no se atrevería a salir, pero sí se fue, y se fue para no volver. Esa misma noche encontró la cura para los recuerdos más allá de la última montaña. Fecunda se quedó colgada en todas las paredes.
Decían los caracoles que la vieja estaba poseída por el demonio. Al viejo se le ocurrió que vendiéndole su alma al diablo encontraría la salvación de la vieja, que ya hacia mucho tiempo no era la mujer que encontró en el mismo lugar en donde los caracoles decían que estaba la cura para los recuerdos. La encontró sentada encima de la sombra de un árbol seco. Un eucalipto igualito al que se está muriendo cerca del aljibe, un eucalipto parecido al que se ve desde mi casa, un eucalipto idéntico al que estaba amarrado el chivo, un árbol seco en dónde la vieja le gritaba al diablo que le entregaba su alma a cambio de quedar embarazada.
Cuando el viejo la encontró, el fulano que anda rondando por la casa estaba escondido en la sombra del eucalipto.
La verdad es que a la vieja no la mataron los dolores como el viejo y Fecunda le hicieron creer al señor doctor. A la vieja la matamos todos. Tan luego que Fecundita nació, le empezó a hervir ese hedor igualito a como dicen los santeros que huele el infierno. Después, la pestilencia llegaba a todas partes: llegaba hasta el eucalipto en donde estaba amarrado el chivo, hasta más allá del aljibe y más allá de la última montaña; en donde está el otro eucalipto. El olor era tan denso que si el viejo, la Fecundita y el fulano no matan a la vieja, el olor nos hubiera matado a todos.
Durante muchos años la Fecundita le arrancó varitas al eucalipto para ponerlas a hervir por todas partes, mientras el viejo ordeñaba el pozo tratando de esconderse del olor a podrido que no los dejaba sacar el llanto; porque estar ocupado en otras cosas es como olvidar esos pedazos de carne abierta que de haberse agusanado no lastimarían tanto las narices.
Ni la Fecundita ni el viejo pudieron llorar nunca. Lloraron hasta que enterraron a la vieja y lloraron con un llanto menudito, un llanto tan silencioso como si lloraran sólo con un pedacito del aliento; del poco aire que les quedó en los pulmones después de quince años de esperar que las heridas se agusanaran y se comieran los olores de la vieja, pero la herida no se agusanaba, nomás sacaba esos pequeños ojos de agua que en un ratito se volvían como de cáscara del árbol, como la sangre del eucalipto cuando la Fecundita le arrancaba las varas y se sentaba en cualquier piedra para dejar que la madera se secara y después de muchos días, las quemaba como si quisiera echar a la lumbre todos los días de su vida y olvidarse para siempre de los olores que salían de la panza de su madre.
Me dijo el viejo que vio la carta retorcerse en la lumbre y que sabía que traía malas noticias. Dijo con la poca voz que le quedaba, que era una carta de su hija recordándole que había encontrado la cura para los recuerdos. Yo le leía los caracoles, yo atendí el parto cuando nació la Fecundita, yo fui la primera que supo que la vieja se iba a pudrir para toda la vida, y que no se iba a morir hasta que le arrancaran la última rama al eucalipto. Me lo dijeron los caracoles una noche antes de que naciera la niña y también me dijeron que un día el viejo se iba a quedar tan solo como el olor a carne podrida que se arrastraba por el suelo como víbora de cascabel. Yo fui la única persona que vi cuando la sacaron al aljibe. La dejaron para que se muriera, para poder dormir un día sin la pestilencia que le burbujeaba por abajo de la panza.
La vieja estuvo varios días tirada a un lado del pozo, hasta que de tanto ver que no se moría decidieron matarla ellos. El viejo y la Fecundita se fueron al pueblo para preguntarle al señor doctor sí podía ir a ver que la vieja estuviera muerta.
Una noche, mientras la Fecundita buscaba olvidarse de su madre más allá de la última montaña, en donde se apaciguaba la tristeza por un rato. El viejo me pidió que le dijera si es cierto que el diablo compra almas a cambio de que se espanten los olores. Le tiré los caracoles. Decían que un día Fecundita se iba a ir a buscar la cura para los recuerdos más allá, mucho más allá de la última montaña; en donde se olvidaba de los olores por un rato. Decían los caracoles que para que se apaciguaran las pestilencias era necesario que el viejo le festejara a su hija todas las fiestas que nunca le había hecho. La Fecundita ya estaba esperando a su chamaco cuando le leí los caracoles. Yo recibí al chamaco de Fecunda. El viejo tenía miedo que su hija se pudriera después del parto, pero los caracoles eran muy claros. La vieja se pudrió por venderle su alma al diablo a cambio de quedar embarazada. La Fecundita nació varios días después de que la vieja cumplió sesenta años de edad.
El viejo preparó la fiesta. Guardó el mecate con el que estaba amarrado el chivo; mató al animal y lo puso a hervir toda la noche con las ramas secas del eucalipto. En la mañana salió con su hija rumbo a la iglesia. Iban arropados de domingo: Fecundita con un vestido blanco y el viejo con la guayabera que usó cuando se casó con la vieja. Ese mismo día bautizaron al chamaco, Fecunda hizo su primera comunión y su misa de quince años. Afuera de la iglesia estaba el fulano que se la llevaba para atrás de la última montaña; el mismo que se llevo a la vieja antes de quedar embarazada. Después de la misa, el fotógrafo del quiosco les entregó sesenta y seis fotografías. La Fecundita en su primera comunión, en su fiesta de quince años y en el bautizo del chamaco. El viejo le pidió muchas copias; las necesarias para llenar todas las paredes. Pensaba que las fotografías espantarían los olores de la casa. Mientras las colgaba en las paredes, la pestilencia se apaciguaba por un rato, pero tan luego que la foto estaba en la pared, el olor se empezaba a embarrar por todos lados.
Nadie fue a la fiesta. Tan luego que terminó la misa, el fulano se fue quién sabe a dónde y la verdad es que yo no estaba dispuesta a aguantar la pestilencia de la vieja. Me vine a mi casa. En la noche oí gritar al viejo. Sus gritos se oían hasta allá, hasta más allá de la última montaña. Le gritaba al diablo que le vendía su alma a cambio de que los olores de la vieja desaparecieran, pero el diablo no lo oyó. Se desapareció cuando le concedió a la vieja quedar embarazada.
El viejo se cansó de gritarle al diablo que le quitara las hediondeces a la vieja y la Fecunda cada día pasaba más tiempo arrastrándose con el fulano más allá de la montaña.
Cuando Fecunda salió de la casa cargando a su chamaco me dio la impresión de que los pies del viejo se habían llenado de raíces. Se quedó ahí parado; todo quieto como el tronco del eucalipto. La Fecunda se fue tan luego que mataron a la vieja. La mataron entre los tres: entre el viejo, la Fecunda y el fulano que se la llevaba más allá de las montañas, pero la verdad es que la matamos todos. Yo la maté de tanto desear que se muriera, y ellos viendo que el fulano le apretaba las narices con las manos.
Le dijeron al señor doctor que se murió por los dolores, pero no es cierto, hacía mucho tiempo que a la vieja había dejado de quejarse.
De tanto ver que el viejo no se movía de la entrada de su casa, de tanto saber que la Fecunda no regresaría, se me ocurrió que era bueno regalarle una ilusión. Le escribí una carta y le dije que era de su hija. Le dije que tan luego había llegado más allá de la última montaña, mucho más allá, había encontrado la cura para los recuerdos, y que lo recordaba sin olores. El viejo guardó la carta y se ilusionó un poco sabiendo que su hija había encontrado el remedio para los recuerdos. Durante diez años le entregué una carta cada semana, hasta no hallar qué cosa decirle. La última carta que recibió, yo no se la mandé. Quién sabe cómo carajos le llegó y quién se la traería; a lo mejor fue el fulano que embarazó a la Fecunda, porque lo vi dando de vueltas por el pozo.
Hace un rato que la peste es menos densa. Estoy sentada en el aljibe; cerca de donde enterraron a la vieja. Huele a una pestilencia similar a como dicen los santeros que son los olores del infierno. No me atrevo a mirar hacia el eucalipto en donde está colgado el cuerpo del viejo. Se colgó con la mitad del mecate con el que estaba amarrado el chivo. El cuerpo va a estar meciéndose por un rato, hasta que la rama no aguante su peso. Dicen los caracoles que va a dejar de apestar cuando se caiga la última rama.
El fulano que embarazó a Fecunda está parado más allá, mucho más allá de la última montaña, en donde Fecunda encontró el remedio para los recuerdos después que mató al chamaco y se colgó del otro eucalipto con la otra mitad del mecate con el que estaba amarrado el chivo.
La peste es menos densa, pero va a seguir hediendo mucho tiempo, porque la verdad es que lo que insulta las narices es el alma de la vieja. No me atrevo a decir el nombre de los viejos, porque siempre que los decía, empezaba a hervir ese hedor igualito al que tenía el chamaco de Fecunda, igualito a como dicen los santeros que son los olores del infierno

El Rosario

Sitio localizado a unos siete kilómetros de la ciudad de San Juan del Río, recibe su nombre de la población más cercana, El Rosario. Ubicado sobre una loma cruzada por dos arroyos tiene acceso a tierras fértiles del valle de San Juan del Río. Conserva de su arquitectura una plaza delimitada en la parte oriente por un basamento piramidal de casi diez metros de altura, y al norte, poniente y sur por otros montículos menores. Al parecer el acceso a la plaza es por el lado sur, pues la altura del montículo es la más baja. Para su construcción se aprovechó una plataforma natural de tepetate de dos metros de altura.
En el basamento principal se observan hasta cuatro etapas constructivas con un sistema constructivo muy semejante. Se trata de grupos de cuartos de forma rectangular formando palacios, en donde se uso piedra pegada con lodo para estructurar los muros, los cuales se recubrían con un aplanado de barro, mientras los pisos se hicieron con estuco. En los cuatro casos existe una renovación con gran sentido ritual y simbólico, ya que las siguientes construcciones, del mismo tipo, fueron realizadas sobre las anteriores. Para lo cual se rellenaba el palacio con tierra y se sellaba con un piso de estuco, el cual servía para iniciar el nuevo palacio. Sin embargo en una última etapa de ocupación si se construyó un basamento, pues hasta hace algunos años existía una escalinata en la fachada poniente del basamento.
Las etapas de ocupación antes descritas inician en el año 500 a.C. una ocupación continua que durará hasta el año 800 d.C. Siendo las más intensas las intermedias, correspondientes al período Clásico, momento de ocupación teotihuacana en el valle de San Juan del Río. Si bien esta ocupación de fuerte influencia teotihuacana esta demostrada en los tipos cerámicos de producción local cuyo antecedentes se encuentra en los grupos Anaranjado delgado, Pulido, Mate burdo, pulido inciso y estucado pintado, aparece un elemento más notorio y espectacular, la pintura mural. En El Rosario un muro de la primera etapa de ocupación presenta un fragmento de pintura mural, la cual fue realizada sobre un aplanado de barro, tezontle fino y cal. Las representaciones pintadas incluyen volutas trilobuladas, plumas y cuchillos curvos en colores azul, amarillo, rojo, verde y blanco. De acuerdo con el estilo mural teotihuacano estas representaciones son similares al mural de la diosas de jade o Tláloc verde, del palacio de Tetitla en Teotihuacan.

El Colorado

El Colorado esta formado por un grupo de diez sitios asentados en un lomerío que divide los valles de Querétaro y San Juan del Río, en los actuales municipios de Querétaro y El Marqués. Ubicados a una altura promedio de los 2000 metros, su función fue esencialmente habitacional y ceremonial. Aunque dispersos entre sí en un radio de hasta 3 kilómetros, son contemporáneos entre sí, compartiendo una tradición cultural que perduro del año 500 al 1,000 d.C.
Para describir esta diversidad de sitios, presentamos como muestra dos de ellos.
El Panteón, representativo de los poblados donde vivía la gente común, también llamados unidades habitacionales. Para su construcción se niveló el terreno por medio de terrazas con piedra, sobre las cuales se encontraron cimientos de cuartos o corrales de forma cuadrada y otros de planta circular. En ambos casos fueron encontrados entierros humanos, hasta un total de 14 individuos, la mayoría en las estructuras circulares. Todos fueron enterrados en una posición llamada de decúbito dorsal flexionado, esto es, de lado con los pies flexionados y pegados al cuerpo, entrecruzándose con los brazos. Algunos fueron colocados en fosas ligeramente cóncavas y de poca profundidad hechos de piedra. El ajuar de enterramiento fue simple, en algunos casos un collar de cuentas de concha, en otro una ollita y en otro una figura de perro tallada en obsidiana y un mortero de tezontle.
En la mayoría de los casos se trató de individuos adultos, la mayoría del sexo femenino, solamente uno del sexo masculino. Un análisis osteológico mostró que estas personas en vida padecieron enfermedades como osteoartritis y espondilitis anquilosante. En otro caso se identificaron lesiones, como la fusión de vértebras cervicales, padecimiento que pudo acentuarse por jornadas excesivas de trabajo. También se identificaron frecuentes traumatismos como fracturas de costillas y antebrazos ya soldadas. Se encontraron padecimientos bucales, como la pérdida de dientes y reabsorción de huecos en encías, infecciones y desgaste dental ocasionado por el tipo de dieta y excesivo trabajo.
Podemos concluir que este pueblo fue habitado por gente trabajadora, sometido a un fuerte estrés de trabajo y a una dieta sustentada en granos molidos, además de tener una vida material elemental, necesaria para el sustento diario.
Un caso diferente lo representa el sitio La Glorieta con un patrón arquitectónico y de enterramiento distinto. Donde existe un basamento piramidal de dos metros de altura con un patio al frente, dentro de el se encontró un entierro de una mujer adulta. En la parte exterior del basamento piramidal se enterraron a dos individuos adultos que presentaban deformación craneana, así como a un nonato.
Aunque no presentan ofrenda asociada al entierro, se observa una clara diferencia de tipo social, tanto por el lugar donde se depositaron los muertos como por la deformación misma de estos, a diferencia de los encontrados en El Panteón.

Apapátaro

Apapátaro es el nombre con que se conoce a un sitio arqueológico donde solo existe una concentración de cerámica y algunos entierros, ubicado en la periferia de la llamada unidad El Tepozán. La unidad El Tepozán se localiza entre el cerro La Víbora y el cerro Grande, ocupando ambas márgenes del río Huimilpan, al sur de la serranía que domina El Cimatario. Para su estudio se diferenciaron dos sectores, uno con construcciones monumentales y abundancia de materiales y otro solo concentraciones de cerámica. A este último pertenece la toponimia Apapátaro.
De este doblamiento prehispánico llama la atención sus siete edificaciones, principalmente del tipo plataforma cuadrada con patio interior, así como tres concentraciones de cerámica en los alrededores. Estos vestigios fueron ordenados en el terreno de forma semi dispersa, los espacios dejados entre ellos fueron utilizados para la agricultura. Los arqueólogos consideran que el auge de esta unidad fue entre los años 100 y 450 d.C., sin embargo algunos tipos cerámicos alcanzan el año 900 d.C.
A lo largo de los últimos años se han conocido materiales arqueológicos producto de saqueos y de la actividad agrícola. Los objetos y materiales recuperados pertenecen a las ofrendas de personajes de cierta jerarquía que fueron enterrados hacia principios del siglo XVI, entre estas cuentas de vidrio, botones y objetos de metal. Identificados como de una mezcla de tradiciones mexica, tarasca e hispana.
Recientes investigaciones históricas sobre un documento de Querétaro del año 1536, establecen que Apapátaro era conocido con el nombre de Cincoque, y al igual que Tlachco o Querétaro fueron repoblados desde principios del siglo XVI por grupos de teules chichimecas y colonias de otomíes dependientes del señorío de Xilotepec.
Estableciendo de esta manera la importancia de este asentamiento, equiparado con Querétaro, tanto en cantidad de población como de bienes, entre estos el maíz y el algodón. Por lo que habría de pensarse a El Apapátaro de las fuentes históricas como el equivalente en la Unidad El Tepozán de los arqueólogos.

Los Cerritos

Este sitio se localiza al pié del Cerro El Redentor, en el municipio de Tequisquiapan. Al igual que el cercano sitio de La Trinidad con ocupaciones para los períodos Epiclásico y Posclásico Temprano, son considerados parte de un corredor que comunicó los sitios del valle de Querétaro con Tula, Hidalgo. La arquitectura ceremonial del tipo patio cerrado, característica de la región, presenta plataformas rectangulares de poca elevación, en donde se observan un patio cerrado en uno de sus lados y uno abierto en el otro extremo. Entre ellos se eleva un basamento de poca altura.
Fuera del área de estos conjuntos se encuentra una cancha de juego de pelota, cuyo eje va de oriente a poniente, midiendo 70 metros de largo por seis metros de alto. Los extremos de la cancha presenta la característica forma de doble T, los cuales se observan aun, al igual que una gradería hacia el cabezal oriente.
La cerámica encontrada en el sitio, refuerza la hipótesis de una ocupación hacia el Posclásico Temprano, asociada a la cultura tolteca. Ya que además de existir vasijas monocromas con formas y acabados de tradición regional, se encontraron tepalcates del tipo plumbate o plomiza. Mercancía procedente de la frontera con Guatemala y distribuida a través de redes controladas por comerciantes de Tula.

Conclusiones

El territorio que constituye el sur del estado de Querétaro fue ocupado por diversas culturas durante un período de larga duración, entre los años 500 a.C. y 1632 d.C. La población local, fue influida o estuvo vinculada de diversa forma a las culturas Chupícuaro, Cuicuilco, teotihuacana, tolteca, chichimeca, tarasca y otomí en orden cronológico.
Las diferentes subregiones en que se divide este territorio, mostraron a través del tiempo, una tradición cultural local con desarrollos propios, influidos con diversa intensidad desde el exterior de la región, de ahí que no hayan sido homogéneos. Sin embargo se observa un reconocimiento regional esencialmente a los espacios sagrados, expresados en los centros ceremoniales. Esta cultura material, estudiada por la arqueología, se ha visto enriquecida por el hallazgo de aldeas o pequeños asentamientos, muestra de la vida cotidiana de la población prehispánica. Una parte de estas evidencias, como los enterramientos humanos, nos exponen la dura y pesada forma de vivir del estrato social de los trabajadores de campo.
En contraste los abundantes objetos, artefactos y herramientas encontrados como ofrendas en los centros ceremoniales, expresan la riqueza material de la población prehispánica entregada a las deidades y cultos, como lo más preciado de su existencia. Nos referimos a las vasijas mejor decoradas, figurillas de barro, esculturas en piedra, ornamentos en concha y hueso y cuentas de piedra por citar algunas. Estas piezas pueden ser conocidas y disfrutadas al visitar algunas salas del Museo Regional de Querétaro.
Las investigaciones realizadas por expertos durante los últimos años en los sitios antes descritos, han permitido construir importantes valores históricos, estéticos, monumentales y simbólicos para la historia prehispánica de Querétaro. La suma de estos valores otorga un significado cultural a estos vestigios del pasado, otorgándoles el carácter de “importancia”, requisito requerido social y políticamente para justificar su conservación. Son una herencia cultural que no solamente debe ser conservada sino continuamente debemos identificarnos con ella.

Notas al pie

1 Roxana Enríquez, El Rosario, un sitio en el valle de San Juan del Río, Querétaro, relacionado con Teotihuacan: elementos para su estudio e interpretación, México, Tesis ENAH, 2005, p. 9
2 Ibidem, pp 109-110.
3 Jaime García y Daniel Valencia, “Arqueología y antropología física en Querétaro”, en Jar Ngú conmemorativo, Querétaro, Centro INAH Querétaro, 2000, pp 69-70.
4 Ibidem.
5 Juan Carlos Saint-Charles, El Colorado. Propuesta de un modelo para el estudio del patrón de asentamiento en la región sur de Querétaro, mecano escrito del autor, 2005, p. 11.
6 Rosa Brambila y Carlos Castañeda, “Arqueología del río Huimilpan”, en Querétaro Prehispánico, México, INAH, 1991, p 140.
7 Lourdes Somohano, La versión histórica de la conquista y la evangelización política del pueblo de indios de Querétaro, Querétaro, ITESM, 2003, p. 24.
8 Rosa Brambila, et al, “Juegos de pelota del Bajío”, en Cuadernos de Arquitectura Mesoamericana, México, UNAM, no. 25, 1993, pp 94-95

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La Magdalena

La Magdalena junto con el Tlacote y la Joya es un conjunto de poblados prehispánicos ubicados al poniente del valle de Querétaro, en los límites con el estado de Guanajuato. Las evidencias señalan hasta ocho agrupamientos de centros ceremoniales comunicados entre sí por calzadas y distantes en un radio de 2 a 3 kilómetros. Alrededor de cada centro ceremonial existen terrazas utilizadas para la agricultura y cimientos de habitaciones.

El patrón seguido por los edificios principales, de hasta seis metros de altura, utiliza una amplia plaza central como punto de reunión colectivo. Aunque también existen construcciones menores con un patio cerrado en donde por primera vez se observa un altar al interior y basamentos de dos metros de altura. La fachada o recubrimiento de estos edificios se construyó con sillares de cantera, formando pequeños cuerpos verticales de 60 centímetros de altura.

Sin embargo la población de La Magdalena sobresale respecto a todo el asentamiento, tanto por el tipo de edificios como por los materiales utilizados en su construcción. Formado por un grupo de cuatro edificios, el principal presenta un basamento, dos edificios, uno cuadrado y el otro redondo, así como las huellas de columnas circulares que formaban un pórtico. En el sistema constructivo se utilizó cimientos y núcleos de piedra, recubrimientos con piedras careadas en posición vertical y pisos de estuco.

La Magdalena fue contemporánea a El Cerrito, distante quince kilómetros, aunque con características particulares comparte algunos elementos de arquitectura y sistema constructivo.

Respecto a la cerámica se encontraron ollas del tipo blanco levantado y cuencos rojo sobre bayo con decoración geométrica típica del río Laja, cerámica del valle de San Luis y del Bajío para un período entre el año 600 y 900 d.C. La existencia de cerámica tipo rojo Texcoco es la evidencia de una ocupación muy reciente, hacia principios del siglo XVI.

El Tangano

El pequeño asentamiento prehispánico de El Tángano se localiza hacia el límite sureste de la ciudad de Querétaro. Hace algunos años, la construcción de un camino de acceso a la ladera poniente del cerro, dejó a descubierto en la superficie del terreno abundante material arqueológico, consistente en cerámica decorada, navajillas y lascas de obsidiana, así como restos óseos humanos.
Un análisis de los tepalcates permitió establecer que se trata de tipos cerámicos del período Epiclásico, entre los años 700 y 900 d.C. Fueron identificadas las formas y tipos siguientes: cajetes Ana María rojo/café, cajetes café incisos, cajetes con decoración al negativo, ollas y platos San Bartola rojo/café, rojo/blanco y rojo/bayo, ollas café pulido y restos de un brazo de sahumador del tipo café inciso.

Se pudo observar que estos tipos cerámicos son semejantes a los encontrados en la zona del sitio El Tepozán, en el Municipio de Huimilpan, así como en los sitios Santa Bárbara, Huertas La Joya y Tlacote siguiendo un arco en la franja sur y suroeste del valle de Querétaro. Llegando inclusive a vincularse también con el vecino sentamiento prehispánico de San Bartola Aguacaliente, en el Municipio de Apaseo, Guanajuato.
Respecto a construcciones se puede decir poco, pues solamente se observan algunos muros superficiales elaborados mediante piedra pegada con lodo. Por su ubicación se trata de un asentamiento disperso o semidisperso de los establecidos en las lomas, cimas y laderas altas de los cerros, asentamiento que sumado a otros se vinculan a un centro ceremonial. La repetición de este modelo de poblamiento a lo largo de la franja sur del valle, permitió la formación de unidades territoriales que bien pudieron tener funciones diferenciadas en la explotación de los recursos del medio.

El Cimatario

El cerro Cimatario es la formación natural más emblemática de la parte sur del valle de Querétaro. En la parte alta de su ladera sur se han registrado albarradas o muros de contención del terreno construidos con piedra y tierra. Los materiales arqueológicos en superficie permiten diferenciar dos asentamientos.
Uno ubicado al norte, constituido por una pequeña plataforma y un montículo de piedra en un área de 12 metros por lado, alcanzando una altura de más de un metro. El hallazgo de la cabecita de una figurilla de barro cocido, elaborada bajo la técnica de pastillaje, permitió ubicar cronológicamente a este asentamiento en el período Formativo.
El segundo asentamiento ubicado hacia la parte media y baja de la misma ladera, muestra un estado deplorable de destrucción. Por lo poco que se podía observar hasta hace poco estaba formado por un basamento y patio cerrado. Hacia abajo de esta estructura se localizan varias terrazas construidas con muros de grandes piedras y rellenadas con tierra vegetal. El material cerámico encontrado, particularmente cuencos en una variedad de de decoraciones rojo/bayo, establecen un vínculo a un período regional equiparable al Clásico de Mesoamérica, entre los años 200 a 650 d.C.

Saldarriaga

Saldarriaga es un sitio prehispánico pequeño, localizado sobre la ladera media de un cerro a tres kilómetros de la actual población del mismo nombre. Su arquitectura esta casi destruida, ha podido ser inferida por medio de la diferencia en el color de la tierra más oscura alrededor de lo que ha podido ser definido como un montículo de casi dos metros de altura. De acuerdo con sus dimensiones y ubicación, este asentamiento no fue propicio para la agricultura, más bien su función tendría que ver con el de un puesto de control visual del valle o de control de acceso al mismo valle.
Los tepalcates recuperados en superficie muestran una diversidad de formas y tipos propios del período Formativo, entre los que se encuentran vasos y cajetes rojo/bayo claro, ollas rojo bruñido, apaxtle o cajete abierto café pulido, cajetes trípodes del tipo Xajay. Así como lascas de basalto, navajas prismáticas, raspadores y fragmentos de cuchillo en obsidiana gris, así como lascas y un punzón de sílex.
Al tratarse de un sitio representativo del período Formativo, junto con el encontrado en el Cimatario, pasarían a ser los equivalentes a El Cerro de la Cruz, pero en el valle de Querétaro.

El Cerro de la Cruz

Este sitio se distribuye entre la cima y las faldas del Cerro de la Cruz, al sur de la actual ciudad de San Juan del Río, sobre la márgen del río San Juan. Recibe su nombre de una cruz de piedra asociada a una ermita fechada hacia el siglo XVIII En la cima se construyeron plataformas de piedra y tierra, recubiertas con sillares toba, esta primera etapa constructiva se realizó por grupos procedentes Chupícuaro, entre los años 500 a.C. y 100 d.C. A esta ocupación se asocian los tipos cerámicos Chupícuaro y Rojo San Juan.

Hacia el año 200 d.C. se rellena el terreno y se construyó una plaza con un basamento piramidal escalonado al oriente, así como un pequeño montículo al sur. La fachada del basamento es de piedras careadas pegadas con lodo, con ligero talud, alcanzando una altura de hasta siete metros. Al centro de la plaza fue encontrado un horno para cerámica, en donde al parecer solo se efectuaba la cocción de vasijas posiblemente solo de carácter suntuario.

El basamento fue aumentado nuevamente hacia el año 400 d.C., construyendo una nueva fachada de tipo talud-tablero. Para ello se utilizó sillares de toba volcánica pegados con lodo, recubiertos al igual que los pisos de barro sancochado. El sistema de talud tablero se construyó utilizando grandes lajas para sostener el tablero, invento teotihuacano conocido con el nombre de ixtapaltete. Las dimensiones alcanzadas por este edificio alcanzan los 40 metros por lado en su base.
Las vasijas usadas en este período muestran semejanzas con materiales de Teotihuacan, su decoración era lineal, mostrando una preferencia por el color rojo sobre el bayo agrupados en nueve grandes grupos.
Una última etapa mas bien de utilización que de ocupación del espacio sagrado es el hallazgo de cerámica del tipo Rojo Xajay en superficie, la cual se asocia con el período Posclásico Temprano. Un hallazgo similar fue realizado recientemente, al encontrar también en superficie cerámica de tipo Azteca IV, cuya decoración persiste hasta inicios del período Novohispano.

En relación con el uso de las faldas del Cerro de la Cruz, se han encontrado evidencias de unidades domésticas con usos habitacionales, productivas, rituales y de enterramientos. En donde se descubrieron vasijas en barro cocido asociadas a todos los períodos de ocupación de la cima antes descritas. Así como cuentas de concha, punzones de hueso, puntas de proyectil, raspadores, navajas prismáticas y figurilla de barro. Particularmente se hicieron entierros de individuos adultos, algunos con ofrendas de cajetes trípodes, copas con pedestal y sahumadores con mango. El período al que se asocia estos entierros y ofrendas va del año 700 al 900 d.C.


1 Ana María Crespo, op. cit. P. 123.
2 Daniel Valencia, Informe de inspección arqueológica al cerro El Ermitaño o Tángano, Municipio de Querétaro, Archivo Sección Arqueología, Centro INAH Querétaro, 2003.
3 Juan Carlos Saint-Charles y Ana María Crespo, Cerro Cimatario (granja porcina), Querétaro, Archivo Centro INAH Querétaro, 4 p. 1993.
4 Juan Carlos Saint-Charlesy Ana María Crespo, Saldarriaga, Querétaro, Archivo del Centro INAH Querétaro, 3 p., 21 de mayo de 1993
5 Juan Carlos Sait-Charles y Miguel Argüelles, “Cerro de la Cruz. Persistencia de un centro ceremonial”, en Querétaro Prehispánico, México, INAH, 1991, p 68.