martes, 16 de marzo de 2010

De alguna manera

Federico de la Vega

Mi encuentro con Luis Eduardo Aute no fue casualidad, si tenemos en cuenta que el lenguaje del arte es una especie de hermandad cuyos adeptos andan regados por el mundo, como buscándose unos a otros, en secreto, y cuando sucede el encuentro hay una larga historia compartida, desde la soledad, que entrelaza a dos personas en una amistad.

Sucedió en los Jardines del Buen Retiro, en Madrid. Fue en el mes de junio del año pasado. En el pasillo principal se expone la feria más importante de la ciudad. Eduardo firmaba Volver al agua, libro que reúne su poesía completa publicado por Sial Ediciones, cuando lo abordé para obsequiarle algunos ejemplares de Separata: −Si te gusta la revista, ¿colaboras con nosotros?− le dije mientras se la extendía, −la hacemos en México, un grupo de escritores y artistas interesados en el diálogo; sería un placer mostrar tu obra plástica, Eduardo−. A penas miró de reojo la portada cuando me dio su teléfono, el cual apunté en el mismo libro: −Encantado de colaborar, háblame para que vengas a casa y nos ponemos de acuerdo.

A la semana siguiente él había salido de viaje, y a la siguiente Diana y yo visitamos a Francisco Cervantes en el estuario del Tajo, así que la cita se retrasó quince días, hasta que por fin pudimos coincidir. Del barrio de Salamanca caminamos en dirección a Torre España, atravesando Alcalá por Goya, hasta que llegamos al Museo Casa de la Moneda, contraesquina con la calle de Jorge Juan. Su casa es linda. Está rodeada por un patio cercado por árboles; a la sombra de uno de ellos, había un caballete y colgado de una rama estaba la paleta con el óleo seco. Nos sentamos en la estancia del patio y conversamos algo acerca de la situación en México, y luego dedicamos la plática a Separata. Eduardo reiteró su gusto por el proyecto, que colaboraba con lo que nosotros deseáramos; hizo un comentario en especial sobre la muestra de obra de Luis Selem, que apareció en aquel primer número de una aventura a la que nos dimos sin sospechar destinos. A Diana y a mí nos obsequió su catálogo Transfiguraciones, que fue publicado por el Museo Nacional de Bellas Artes Cuba; animaLhada, libro publicado por Siruela, que contiene un CD, un DVD y obra gráfica inédita en 3D; y animaLhito, “libro-bicho de Aute”, quien se declara un «indisciplinado de las disciplinas y un degenerado de los géneros», el libro también fue publicado por Siruela, en una bellísima edición a todo lujo, y contiene un disco con treinta canciones inéditas y dibujos. Nos dijo que escogiéramos lo que nos gustara y que le pidiéramos los archivos. Así fue como elegimos su muestra para el número de septiembre, desde luego muchísimo más breve de lo que hubiéramos deseado, por cuestiones de espacio dentro de la revista. La muestra salió publicada con el siguiente texto:

La mirada se hace carne. Cada trazo, en estas obras de Luis Eduardo Aute, es la acumulación: si la mirada es tiempo, su representación concreta debe darse en un cuerpo. Y ese tiempo es el presente, lo que hay: […] cuán presto se va el placer, / cómo, después de acordado, / da dolor; […]. Dolor: sensación molesta de una parte del cuerpo y, más adentro, pesar, congoja: desmayo y, en el fondo, angustia, aflicción. Es lo que está dado en estos cuerpos; por eso sus llagas y miradas: para entrar.

Quien dispone asomar su mirada a la pintura de Aute, acepta cargar con el cuerpo para siempre. Cada trazo es metal vivo, porque Eduardo sabe que el óleo es un lenguaje cuya fuerza expresiva es la acumulación histórica de hechos humanos. Esa carga que producen el pensamiento y las pasiones −lo que dejan− toma la forma del espejo para devolvernos la imagen final, de esa historia mana la energía de la que está hecha esta carne.

Al cabo de algunos meses, pudimos obtener recursos para mandar los ejemplares de Separata a Brasil y España, fue entonces cuando recibió con entusiasmo el trabajo que habíamos hecho con su obra. Eduardo es un hombre afable, sencillo y de trato muy fino; es inteligente y un artista que ha trabajado en diferentes disciplinas del arte como la pintura, el cine, la poesía, o la composición musical aportando siempre propuestas interesantes.

Platico esta anécdota para compartir el entusiasmo que me despierta que Luis Eduardo Aute haya elegido Querétaro, como una de las ciudades mexicanas para celebrar sus cuarenta años de carrera. También para dar cuenta de mi sorpresa al tratar con autores de reconocido prestigio a nivel internacional y constatar que el verdadero artista no pierde de vista lo humano. En mi experiencia como editor de Separata, me he encontrado con que los autores soberbios son los locales, desde luego no todos. Para lanzar aquel primer número de Separata, recibimos el apoyo de autores como Alejandra Alatorre, Pedro Martínez Figueroa, Luis Selem, Carlos Campos, Edgar Vázquez, Carla Patricia Quintanar, Luis Alberto Arellano entre muchos otros, a quienes les debemos su confianza y apoyo; y también contamos con autores de la talla de Aute, quienes nos permiten un diálogo cuya recepción sea el trabajo de los autores, desde su propuesta.

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