Por Rosario González Arias,
Facultad de Derecho UAQ
El libro de Gisela Espinosa aporta una visión panorámica del feminismo en México, presentándolo como un uni-verso di-verso, plural, en permanente búsqueda y cambio, interconectado, una realidad pluridimensional, lo que nos permite hablar de “los feminismos” en nuestro país.
En primer lugar me resultó muy interesante su planteamiento metodológico, la honesta advertencia de la autora en cuanto a la observación participante y al “conocimiento situado” (subjetivo y parcial) alejado tanto de la verdad única o historia oficial propia de la modernidad, como del peligroso relativismo cultural tan posmoderno, con que afronta el objeto de estudio.
Su apuesta, y la mía que comparto plenamente, es que se podría superar ya la clásica separación entre feminismo de la igualdad y de la diferencia: para la autora la igualdad y la diferencia entre mujeres no deben ser ideas contrapuestas, deben conjugarse a través de la igualdad en la diferencia; las mujeres pueden ser iguales sin dejar de ser diferentes, o lo que es lo mismo: iguales pero no idénticas.
La cabida de la diferencia y la diversidad se podría aplicar no sólo a las mujeres, también a los feminismos, en una frase que la autora cita del zapatismo, y que podría convertirse en: “un mundo feminista en el que quepan muchos mundos”. Creo que esa es parte de la apuesta de Gisela.
Ello nos lleva a romper desde la academia con el etnocentrismo que sigue invisibilizando a las mujeres indígenas, que olvida a las olvidadas, hablando en nombre de todas como si entre nosotras no fuéramos diferentes y no reprodujéramos esquemas del capitalismo, del colonialismo, del racismo y del patriarcado (sociedad capitalista que educa para que una madre y una escuela transmitan valores de patriarca macho y burgués; sociedad patriarcal que pone cada cosa en su lugar: “mamá amasa la masa, papá lee el periódico”; “Ema asea la mesa, papá arma su pipa”.)
Creo que Gisela plantea feminismos con diferentes agendas, como diría Amelia Valcárcel, del feminismo en el mundo global, feminismos de múltiples velocidades (“la agenda feminista está abierta por páginas diferentes en cada lugar del mundo”): porque los interesantísimos estudios de Judith Buttler sobre la cultura queer y que responden a un contexto urbano, occidental, primermundista, “académico” (¿estamos ante la Cuarta Ola del Feminismo?), en nada cambian la vida de una mujer, anciana, indígena, pobre (perdonen esta última redundancia) que sale de su aldea a recoger leña porque ni gas tiene, y es violada y asesinada por varios militares, y después el Estado vuelve a matarla, ahora mediante una muerte civil y política despojada de los más mínimos derechos como ciudadana de este país, declarando oficialmente su muerte por gastritis. O para la vida entre rejas de Jacinta, Teresa y Alberta y su hijita de un año, nacida en prisión, por el sólo hecho de ser mujeres, indígenas y pobres. Ni tampoco el trabajo de tantas mujeres desde trincheras indigenistas aporta soluciones a la situación de mujeres musulmanas mutiladas sexualmente, lapidadas en público o encerradas bajo un burka.
Creo que transitamos aún de la supervivencia (Primera Ola del Feminismo que coincide con las reivindicaciones de la Revolución Francesa), a la paridad (Segunda Ola, coincidente con el movimiento sufragista y la Declaración de Seneca Falls) hasta la rebelión feminista de los años 70 correspondiente a la Tercer Ola; y tal vez el s. XXI sea el de la Cuarta Ola, pero sólo en algunas partes del mundo, en algunos espacios, en algunos momentos.
La lectura del libro me ha revelado que para muchas feministas europeas las indígenas son aún las grandes desconocidas, a pesar de que a partir del Premio Nobel de la Paz en 1992 a Rigoberto Menchú y del 1 de enero de 1994 con el alzamiento zapatista pensábamos que ya podíamos aplicar la perspectiva de género también a la cuestión indígena. Qué equivocadas estábamos; leyendo el libro me doy cuenta de que todavía nos queda mucho por aprender de todo eso, porque es una realidad tan compleja como desconocida aún, permeada de mucho etnocentrismo (p.e. el tema del aborto, de la espiritualidad, la complementariedad, etc.).
Gisela también hace una referencia a eso, a las diferentes agendas y reivindicaciones feministas entre Europa y Latinoamérica: allá sigue vigente el tema de la discriminación laboral (salarios, etc.), la conciliación de la vida familiar y laboral, la participación política, las emprendedoras (o empresarias). Acá siguen siendo actuales dos reivindicaciones del Primer Congreso Feminista de Yucatán 1919: no prueba de embarazo e igual salario. Además, la persecución a periodistas (Lydia Cacho), a abogadas (Digna Ochoa), a activistas asesinadas, y por supuesto los feminicidios en general.
El libro nos revela muchas cosas, la principal que aquí en México el/los feminismos continúan vigentes; no considero ese dato como algo positivo, pues mejor sería para todas que no fuera ya necesario seguir reivindicando cosas tan obvias como las que plantea el feminismo. Ya constituye un lugar común decir que el 8 de marzo no es una celebración, es todavía una reivindicación, una denuncia (en Estado de México quemaban vivas mujeres por brujas, en el siglo XX quemaban obreras textiles por estar en huelga, o el caso de 146 obreras textiles encerradas y quemadas vivas en Nueva York; y en el siglo XXI queman vivas con ácido a mujeres pakistaníes donde incluso existen hospitales especializados sólo para atenderlas).
Contiene además un interesante análisis del contexto histórico y político del país en las últimas décadas, como no podía ser de otro modo, porque el movimiento feminista vertebra la historia y la política de los países (cruza buena parte de las tensiones civilizatorias como dice Valcárcel). Aporta una importante información documental fundamental para que las generaciones más jóvenes puedan conocer la reciente historia del feminismo mexicano. Porque la historia no termina aquí, porque tenemos que seguir escribiéndola. Como decía al inicio que plantea la autora: Estamos ante un proceso en permanente construcción.
En definitiva el libro de Gisela nos ayuda a entender el momento actual y por qué sigue siendo necesario las reivindicaciones del feminismo, por si aún hay escépticas, que sigue siendo actual, necesario y pertinente: Seamos todas subversivas, mujeres y hombres; pongamos las cosas en orden.
martes, 16 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario