lunes, 24 de mayo de 2010






Editorial

El arte, la sociedad y el contexto estan inevitablemetne sumergidas en y para la cultura.
La Cultura atañe los usos, costumbres y tradiciones de una sociedad, de un contexto en especifico de un tiempo y de un espacio.

Barroco, Suplemento Cultural, publicado cada domingo en el Diario de Querétaro tiene como principio llevar hasta los queretanos, a traves de la palabra y la investigación , un trabajo que empalme las riquezas culturales de nuestro Estado asi como la vision de nuestra gente, de nuestro pueblo, de nuestra historia y nuestro tiempo.

Comparte con nosostros el fruto del trabajo, la cultura y el arte.


Aforismos para el 23 de mayo de 2010
por Martin Hurtado G

Ñahñhú, español, palabras que no dicen nada fuera de su realidad.

La cultura está hecha de líneas imaginarias que unen y separan hombres, objetos, ideas.

¿Desde qué región de la imaginación llegó la realidad absoluta?

Había que proteger a los dioses de los invasores, esconder la palabra en el rito.

La naturaleza no está allá, sino aquí, en medio de la voz que es polvo.

Cuando la lengua ñahñhú alza la voz, la identidad empieza a buscar justificaciones.

¿Cómo podría haber identidad sin los otros?

México, un país de tortugas marinas

por Iris Mayumi Ochoa Herrera

Hoy se celebra el Día Mundial de la Tortuga en Plaza Constitución (22 DE Mayo)

De acuerdo con la norma 059, encargada de proteger la flora y fauna en peligro de extinción, está prohibida la comercialización, tráfico y consumo de tortugas marinas, sin embargo, esta solo se queda en el papel ante la indiferencia que existe hacia estos temas y la poca información que tienen los turistas al respecto.
En este sentido, el director general de la asociación de conservación de las tortugas marinas Ayotzinti, señaló que en nuestro país se tiene poca conciencia sobre la importancia que tienen estas especies, al ser prácticamente “mexicanas”.
“Tenemos una gran responsabilidad por que de las siete especies de tortugas que hay en el mundo, siete anidan en nuestro país, es decir, son mexicanas y eso debería ser importante para nosotros” indicó.
Asimismo señaló que de las siete especies de tortugas, nuestro país cuenta con una endémica: la tortuga “Lora”, la cual anida en costas de tamaulipas y Veracruz y se alimenta en el Golfo de México, siendo la que actualmente se ha visto más afectada por el derrame de petróleo en esta zona, que a la fecha registra 56 tortugas muertas.
Sin embargo, la población no tiene conciencia sobre la importancia de estas especies y la necesidad de protegerlas, por lo que la asociación queretana Ayotzintli se encarga de difundir las características especiales que poseen estas especies.
¿Por qué formar una asociación de tortugas marinas en Querétaro?
“Muchos creen que crear una asociación en un lugar donde no hay playa es una tonteria, pero nuestro objetivo es dar a conocer la importancia de las tortugas marinas en México, además de que creemos que debemos educar no solo a la gente de la costa, sino también al turismo y si vieramos datos de estados como el nuestro, el 30 por ciento de la población vacaciona en las playas” puntualizó Trujillo.
Es por ello que a través de acciones como talleres, conferencias, pláticas y eventos culturales, la asociación busca acercar a niños y jóvenes para que comprendan la importancia de cuidar la flora y fauna de nuestro país.
Día Internacional de laTortuga Marina
Extraoficialmente el 23 de mayo de cada año se celebra el Día Internacional de la Tortuga Marina, fecha que aún no está registrada ante la Unesco, pero que fue implementada por organizaciones de la sociedad civil preocupadas por estas especies.
La idea surgió en 2007 en el Simposium Internacional de Tortugas Marinas que se realizó en Ensenada, donde diferentes organizaciones preocupadas por el medio ambiente vieron la necesidad de hacer visible estas especies.
“Nos pareció que crear un dia internacional era una buena idea, desgraciadamente es una cuestión buróratica y estamos tratando de reunir a más personas que se sumen al proyecto y lo apoyen” comentó Trujillo.
Sin embargo, pese a estos obstáculos la asociación ha venido celebrando esta fecha, a través de la realización de eventos culturales en el que den a conocer la importancia de las tortugas por medio de conferencias, talleres, proyección de videos y música, el cual este año se llevará a cabo hoy en Plaza de Armas.
Para el director general de la asociación, este año ha sido muy importante ya que gracias a diversos apoyos públicos y privados, pudieron implementar campañas de distribución de bolsas reciclables, pláticas y talleres, que al día de hoy suman 200, lo cual “es un logro”.
Convenio con la UAQ
Antonio Trujillo adelantó que para este año se encuentran dando los últimos retoques a un convenio de colaboración con la Universidad Autónoma de Querétaro, en el que trabajarán con alumnos de las licenciaturas en biología y zootecnia para que colaboren a través de voluntariado y servicio social.
“La idea es que los chavos de estas carreras vayan a nuestro campamento y participen en nuestra campaña para que se pueda crear un grupo de protección de tortugas marinas en la UAQ, lo cual sería un logro increible el poder acceder a un poyecto en la playa siendo un estado que no tiene costa” mencionó.
Además señaló la importancia del voluntariado en este año, ya que mientras en fechas anteriores eran personas de otros países quienes colaboraban con este proyecto, en 2010 serán 25 mexicanos quienes se unirán a esta causa.


Cajas de datos

Las siete especies de tortugas que existen son

1. Golfina
2. Lora
3. Caguama o amarilla
4. Carey
5. Laud
6. Verde
7. Plana

Numeralia
Al año mueren 20 mil tortugas en las redes de pescadores mexicanos
Una tortuga vive hasta 80 años
A partir de los 15 años están en edad reproductiva
Una tortuga puede poner hasta 120 huevos
1 de cada 100 tortugas llega a edad adulta
El periodo de incubación varía entre 45 y 60 días, lo cual está determinado por la temperatura.
Si la temperatura de la arena está debajo de los 28 grados, el 90 por ciento de las tortugas son machos.
Si es superior a 32 grados el 90 por ciento son hembras.
Son 6 meses de anidación de la tortuga, periodo en el cual pueden anidar entre 5 y 6 veces.
Una tortuga vive 80 años

Agua, cerros, cruces y antepasados La ritualidad de los pueblos otomí chichimecas del semidesierto queretano

Ya dehe, ya xu, ya jö ne ya meco

“De los cerros vinieron los antepasados, aquellos que no fueron bautizados”

Por Mirza Mendoza Rico, Diego Prieto Hernández, Beatriz Utrilla Sarmiento y Alejandro Vázquez Estrada

La región otomí chichimeca y la configuración del territorio étnico

En este trabajo intentaremos aproximarnos a los procesos rituales que reproducen las comunidades indígenas que habitan en un territorio étnico al que hemos designado como región otomí chichimeca del semidesierto queretano. Se trata de un espacio ocupado preponderantemente por comunidades que, desde el punto de vista etnolingüístico, se reconocen como otomíes, ya que mantienen el uso del ñhañha como lengua materna , pero que en múltiples expresiones de su cultura dejan entrever representaciones colectivas, elementos simbólicos y evocaciones referidas a la cultura y la memoria de grupos culturales aparentemente desaparecidos en la región, conocidos genéricamente como chichimecas .
El semidesierto queretano ha sido un espacio habitado desde hace algunos milenios por diversas poblaciones que, a pesar de la aridez del suelo, han sabido extraer de él bienes suficientes para sobrevivir y permanecer en el territorio. De acuerdo con el arqueólogo Viramontes, las primeras sociedades agrícolas se habrían ubicado en el área hacia el siglo V a.C., en las extensas planicies de San Juan del Río (2005:40). Pero los grupos con mayor presencia en el territorio hasta el siglo XVI, con el inicio de la colonización por parte de españoles y otomíes, fueron recolectores cazadores.
Esta región se caracteriza, desde la época prehispánica, como un espacio de frontera cuyos ocupantes han combinado permanentemente una forma de vida de recolectores cazadores con una agricultura incipiente, y en que a través de los siglos de interacción y convivencia, se fue produciendo una amalgama de elementos culturales resultado del encuentro entre sociedades nómadas y sedentarias.
En el siglo XVI, esta región fue impactada por los procesos de colonización que llevaron a cabo diversos grupos otomíes, con el aval de la corona de España, sobre los territorios dominados por grupos chichimecas. De modo que el poblamiento de esta región en el periodo virreinal, se configuró sobre la base de aquellas tribus chichimecas (pames y jonaces, principalmente) que aceptaron congregarse, mezclándose con los recién llegados otomíes y adoptando paulatinamente la lengua hegemónica impuesta por los gobernantes y caciques que hablaban el otomí; de manera que estamos frente a una amalgama sociocultural entre otomíes y chichimecas ‘otomizados’, como lo destaca Heidi Chemín al observar que “muchos pames se transculturaban en la sociedad otomí, adoptando la lengua y demás rasgos de la cultura de esos indios” (1993:30).
En estas poblaciones, la memoria, plasmada en diversos mitos fundacionales, creencias y relatos, reconoce visiblemente un origen chichimeca, al grado que en diversas comunidades de la región existe una veneración explícita a los ‘abuelitos mecos’, como muchos pueblos de la región denominan cariñosamente a sus antepasados chichimecos (Chemín, 1993; Piña, 2002).
Las comunidades ñañha han construido simbólicamente su territorio, identificando lugares sagrados y significando el espacio desde el punto de vista ritual, mediante peregrinaciones y vías procesionales. Dichas comunidades se reconocen en una memoria común y mantienen vínculos de identificación étnica, en la medida en que comparten una tradición, una cosmovisión y reconocen la vigencia y la veneración de ciertos sitios sagrados, asociados con la presencia de sus ancestros, entre los que sobresalen tres elevaciones, que marcan límites del territorio étnico: el pinal del Zamorano, el cerro del Frontón y la Peña de Bernal. Cada una de estos cerros alberga en su cima una cruz o 'Santa Cruz', considerada por sus devotos de gran poder, o 'muy milagrosa', como ellos aseguran: el 'Divino Salvador', la 'Cruz de Maguey Manso', y la 'Santa Cruz de Bernal'.
Las peregrinaciones a los cerros remiten al culto de los antepasados chichimecas, los ‘abuelitos mecos’, o ya meco, como les llaman sus descendientes de habla otomí, y a los cuales consideran fundadores de sus pueblos. Un habitante de la región afirma que “de los cerros vinieron los antepasados, a los que llamaban ‘mecos’, aquellos que no fueron bautizados”.
Esta región, que por sus expresiones socioculturales preponderantes hemos caracterizado como otomí chichimeca, se integra por comunidades en las que también existe población mestiza, conviviendo y compartiendo los mismos espacios con la población de habla ñhañha ; de modo que encontramos un conjunto de habitantes que, sin hablar ya dicha lengua, comparten diversos rasgos culturales con la población ñañha y se identifican en la tradición otomí chichimeca.

Ya dehe. El agua y los ciclos rituales

En el semidesierto queretano prevalece también un calendario ritual, en que se ponen en manifiesto las diversas actividades que las comunidades realizan a lo largo del año, de acuerdo con una tradición propia, para rendirle culto a la divinidad, a sus santos y sus antepasados, para propiciar un buen temporal, solicitarles protección y ayuda, y agradecerles por la obtención de sus bendiciones, dones y alimentos.
Nuestras observaciones de campo nos permitieron encontrar comunidades que han logrado su reproducción sobre la base de la combinación de la recolección y la agricultura de temporal. Bajo esta premisa, frecuentemente hemos visto estas poblaciones más ligadas a la cultura de grupos culturales del norte del país, que a los grupos identificados más claramente con la matriz mesoamericana, sustentada en el cultivo del maíz. Hay que señalar la riqueza que en esa perspectiva nos ofrecieron los estudios etnográficos recientes sobre grupos norteños, como los trabajos de Johannes Neurath (2003) y Jesús Jaureguí (2003), entre otros.
Cuando llevamos a cabo nuestras observaciones, la gente nos indicaba con frecuencia que, si bien el maíz es significativo y apreciado y para su alimentación, el elemento más trascendente para su sobrevivencia es el agua, líquido que vincula y orienta la esfera de lo simbólico y de lo práctico, mediante una diversidad de actos rituales que se desarrollan a lo largo del año.
Desde las primeras entrevistas, el agua estuvo presente en múltiples formas y en distintas metáforas, teniendo todas ellas una fuerte articulación semántica con otros dos símbolos importantes en su cosmovisión: el cerro y la cruz. En las exégesis locales sobre su propia práctica ritual, estos tres elementos se fueron advirtiendo como inseparables y universales a lo largo del ciclo ritual, cuyos simbolismos, significados, movimientos y prácticas iban mostrando referencias directas e indirectas, explícitas e implícitas, a dichos elementos, y señalando al agua, en sus distintas manifestaciones y connotaciones, como el eje articulador de la rutina anual, ritual y laboral, para estos pueblos del semidesierto.
De acuerdo con las exégesis de los lugareños, el agua se observa como una entidad que vuela, corre o brota, y les resulta claro que la falta de apego a la tradición y a los rituales prescritos por sus antepasados, puede traer como consecuencia la falta de agua o el desorden en su aparición, con todas las calamidades que ello puede implicar. En esta perspectiva, observamos cómo los complejos rituales ligados al ciclo anual tratan, sobre todo, de asegurar que en los distintos momentos o estaciones del año , el agua esté presente como sustento de la vida y fuente fundamental de los alimentos. Dada la enorme importancia que se otorga al agua, los habitantes de la región reconocen, según su origen y modalidades, cuatro tipos de agua, ya dehe: el viento húmedo, el agua que cae, el agua que corre, y el agua que brota.
Para comprender la ritualidad de las poblaciones indígenas de la región otomí chichimeca resulta relevante entender el sistema simbólico en el que se establece y se expresa la simbiosis de varios componentes: el agua, el cerro, los antepasados y las cruces sagradas, símbolos fundamentales de su cosmovisión.

Ya xu. El cerro, los antepasados y las apariciones prodigiosas

En las narrativas de esta región, cobra especial relevancia el significado del cerro como el lugar en que las entidades encargadas del cuidado y dotación del agua tienen su residencia, y también como la casa y el origen de los antepasados. Por eso, en los cerros se articula la petición del agua con el culto a los antepasados y también a las imágenes aparecidas.
Gran parte del sistema de creencias y valores que caracterizan a esta región indígena, se encuentra condensado en la práctica de las peregrinaciones a la cima de los cerros. Estos hitos geográficos aparecen en la cartografía cosmogónica de los otomí chichimecas como el lugar de encuentro entre los vivos, los antepasados y las fuerzas divinas. Constituyen el sitio de convocatoria en que los ritos y símbolos se entremezclan para pedirle a la divinidad su protección y ayuda. Los tres cerros principales en este marcaje territorial: el Zamorano, el Frontón y la Peña de Bernal, son considerados como espacios de culto y de visita obligada dentro del ciclo de vida de las personas, tal y como se afirma en la siguiente expresión: “Desde niños, nuestros padres nos han enseñado a peregrinar… aquí la gente sabe que tiene que irse a caminar, porque somos un pueblo peregrino…”
Como entidades sagradas, los cerros son comprendidos de múltiples maneras. En algunas narraciones aparecen como casa y refugio , en otras como benefactores , y en otras tantas como el padre o la madre de las comunidades. De esta multivocalidad del cerro podemos observar las formas como los significados se entrelazan, se articulan y se afectan mutuamente.
Otra de las entidades que encuentran su lugar en estos cerros son las imágenes que los devotos reconocen como ‘aparecidas’, como es el caso de la Santa Cruz de Maguey Manso y la del Divino Salvador, consistentes en una cruz de madera en cuyo centro se dispone una imagen del rostro de Jesús. En las peregrinaciones a los cerros, estas cruces se utilizan como estandarte y eje de articulación del ritual. En estas imágenes encontramos elementos simbólicos que combinan la figura de Jesucristo crucificado con la representación de los cuatro vientos, jugando un importante papel en las peregrinaciones a los cerros sagrados. Esta mixtura de símbolos a partir del elemento ‘cruz’, posibilitó la creación de un paradigma propio en el orden de lo sagrado, que caracteriza la veneración a estas cruces ‘milagrosas’ que practican los ñañha.
De esta manera, alrededor de la pareja simbólica cerro–agua, que forman un eje de causalidad anclado en la naturaleza, se generan relaciones simbólicas y prácticas que muestran una conexión intensa entre ambas entidades, en función de la cual se habilitan otro tipo de relaciones simbólicas en el ámbito de las entidades sobrenaturales, que habrán de incorporar el culto a los ancestros y a las deidades, en este caso, las cruces milagrosas.
Como entidades sagradas, los cerros son comprendidos en diversos sentidos. En algunas narraciones aparecen como casa y refugio , en otras como benefactores , y en otras tantas como el padre o la madre de las comunidades. De esta multivocalidad del cerro podemos observar las formas como los significados se entrelazan, se articulan y se afectan mutuamente
En la etnografía mexicana existen muchos ejemplos de pueblos mesoamericanos que suelen ligar simbólicamente a los cerros con la morada de los antepasados . En este caso particular, la peculiaridad que se nos presenta es la idea de que los cerros están habitados por dos tipos de antepasados: unos, de origen otomí, llamados xita; y otros, que representan su origen chichimeco, llamados 'abuelitos mecos'. Los primeros son reconocidos como los abuelos, o los antepasados recientes, y los otros, son considerados los antepasados de más antes, o los viejos antepasados. En las exégesis locales, se considera que los abuelitos mecos son los garantes de las tradiciones y las costumbres de sus pueblos; asociación que se articula con un carácter vigilante y castigador; mientras que los xita aparecen más bien como seres que orientan y protegen a su descendencia.
Los antepasados articulan también un intenso trasfondo simbólico y normativo, toda vez que, cuando los miembros de la parentela dejan de atender las fiestas comunitarias y las obligaciones rituales correspondientes a su capilla de linaje, los antepasados se les pueden presentar en sueños para expresar su disgusto y convocar a sus descendientes para que no se aparten de su costumbre.

Los complejos rituales anuales

A lo largo del año podemos distinguir dos clases de complejos rituales que involucran a las comunidades de la región. Por un lado, aquellos que hemos denominado ‘de itinerancia’, incorporando aquí las peregrinaciones que se verifican entre fines de abril y principios de mayo. Éstas tienen como característica la salida de la población de sus localidades hacia los cerros sagrados situados en el exterior. Estos complejos rituales tienen un alcance regional y constituyen un mecanismo simbólico mediante el cual se delimita y se recrea un territorio étnico.
Por otra parte, encontramos un conjunto de complejos rituales, que caracterizamos como 'de congregación', que reúnen a la población dentro de las comunidades y permiten refrendar los vínculos entre pueblos cercanos o barrios de un mismo pueblo, acreditando las redes de intercambio y solidaridad que forman el entramado identitario de esta región étnica. A diferencia de las peregrinaciones, las fiestas comunitarias determinan el espacio interior y definen centros de articulación de la vida social, en los cuales la gente se congrega en un movimiento convergente.
Las fiestas comunitarias se distribuyen a lo largo del año, pero se concentran en dos momentos: el primero, señalado por el inicio de la primavera y la espera de las primeras lluvias (de fines de marzo a principios de mayo); y el segundo, determinado por el fin del tiempo de lluvias, que coincide con las cosechas y el término de la recolección (entre finales de septiembre y principios de noviembre). En el primer período hay que destacar las celebraciones de Dolores y Semana Santa, la Santa Cruz y San Isidro Labrador; en tanto que en el segundo sobresalen la exaltación de la Santa Cruz, la fiesta de San Miguel, el Corpus Cristi de octubre y los días de muertos.

Singularidad de la cultura otomí chichimeca

Las capillas familiares otomí chichimecas constituyen lugares de memoria característicos de los pueblos otomíes, en los que se desarrollan diversas actividades rituales, ajenas al culto católico oficial, que se relacionan con la veneración de los antepasados, la comunicación con los difuntos, la organización familiar, la configuración de barrios y la estructuración de los sistemas de cargos religioso rituales. Sin embargo, aunque las capillas familiares otomianas pueden interpretarse dentro de un modelo más o menos general, es indudable que existe un ámbito de variabilidad que define particularidades en cuanto a su forma, sus características constructivas, su iconografía y su articulación con los espacios y rituales comunitarios.
Pero, más allá de las diferencias formales entre unas capillas y otras, el elemento que nos permite apreciar con mayor claridad la especificidad cultural de los pueblos ñañha del semidesierto, en relación con los otros grupos otomianos, es la memoria de los abuelitos mecos, pues ella determina que, en su concepción, tanto sus capillas familiares como sus cerros sagrados estén habitados por dos tipos de antepasados: Unos, de origen otomí, ya xita; y otros de estirpe chichimeca, ya meco.
Existe un elemento de la mayor elocuencia para comprender la singularidad de los pueblos otomí chichimecas, en lo que se refiere a su mundo ritual y simbólico. Se trata de la presencia del chimal, que además de ser una sugerente ofrenda de abundancia, ligada al agradecimiento por la lluvia y el alimento que proporciona la tierra, constituye un emblema de la resistencia chichimeca, cuya memoria nutre la identidad de estos pueblos indígenas del semidesierto.
Esta consideración se apoya en el hecho de que, en las danzas de conquista de San Miguel Tolimán, encontramos un personaje que, después de la caída de Tenochtitlán a manos de los conquistadores y de la aprehensión del emperador Cuauhtémoc, llama a los indígenas a seguir combatiendo y a resistir; personaje que curiosamente recibe el nombre de ‘Chimal’, igual que la vistosa estructura que se coloca frente a la Iglesia en las vísperas de la fiesta de San Miguel. Si la capilla familiar conecta a estos pueblos con la tradición otomí, el chimal, en sus dos connotaciones, los vincula con la parafernalia chichimeca. Ello se confirma con el hecho de que los núcleos de habla uza o chichimeca jonaz que prevalecen en el municipio de San Luís de la Paz, Guanajuato, suelen montar esta clase de estructuras perecederas, semejantes a las que observamos en el semidesierto queretano.
Es este componente chichimeca el que confiere su singularidad a los ñañha del semidesierto y nos permite ubicarlos, junto con el pequeño núcleo chichimeca jonaz que subsiste en Guanajuato, y con las comunidades pames, o xi’oi, que habitan en la zona media de San Luís Potosí y en la Sierra Gorda de Querétaro, como uno de los tres contingentes étnicos que mantienen la memoria de las antiguas tribus chichimecas, de su pasado seminómada, de su carácter indómito y de su determinación de negarse a desaparecer, como parecía ser su destino inevitable. Eso los hace diferentes a los otros grupos de habla otomí, los distingue de los pueblos propiamente mesoamericanos y los proyecta como el eslabón que une la historia casi extinta de la rebeldía y el orgullo chichimeca, con la sensualidad, la sencillez y la perseverancia de los otomíes, uno de los grupos etnolingüísticas más extendidos y numerosos del México actual.

PIE DE FOTO

El chimal, además de ser una sugerente ofrenda de abundancia, ligada al agradecimiento por la lluvia y el alimento que proporciona la tierra, constituye un emblema de la resistencia chichimeca.


Las capillas oratorio conectan a los pueblos con su tradición otomí.

El poblamiento de Querétaro bajo el gobierno otomí

Presenta Lourdes Somohano nuevas investigaciones sobre los primeros años después de la conquista de Tlachco

“Los otomís fueron los grandes perdedores en la Guerra de Independencia” Lourdes Somohano

Por Margarita Ladrón de Guevara


El territorio de Tlachco, que hoy se llama Querétaro, estuvo poblado por sociedades agrícolas desde el año 500 a.C. Fue luego de la caída de Tula que pobladores chichimecas llegaron a esta región, lo que originó una multiplicidad étnica entre tarascos, otomís y chichimecas que comerciaban entre sí algodón, maíz y animales. Este era el ambiente que se vivía cuando los primeros grupos de españoles llegaron a la zona, después de 1521. Una vez fundado el Pueblo de Indios de Querétaro por los otomís comandados por Conni, se creó el Cabildo Indígena y con ello, la vida comunitaria al lado de la suerte de la familia Tapia; sin haber más herederos Tapia, se instaló la Alcaldía Mayor, con un alcalde español que presidía la administración local además del cabildo indígena, a partir de 1578. Todo esto es descrito y documentado detalladamente en el libro El poblamiento de Querétaro bajo el gobierno otomí. Siglo XVI, de la investigadora Lourdes Somohano Martínez, el cual forma parte de su tesis doctoral y será presentado el próximo jueves 27 a las 19 horas en el Aula Magna de la Faculta de Filosofía de la UAQ.

LOS OTOMÍS Y LA HISTORIA DE QUERETARO

El libro empieza destacando que esta zona no estaba despoblada antes de la llegada de los españoles, al contrario, además de las zonas arqueológicas de El Cerrito en el hoy municipio de Corregidora, El Rosario o el Cerro de la Cruz, ambos en el municipio de San Juan del Río, existían grupos nómadas. “Los arqueólogos han encontrado cerámica tipo Azteca IV, lo cual necesariamente nos dice que los otomís debieron tener relación previa con la Triple Alianza” precisa Lourdes Somohano en entrevista. La Triple Alianza se refiere a la última confederación de estados indígenas del valle de México integrada por Tenochtitlán, Texcoco y Tlacopan, desde 1430. “Antes de que llagaran los españoles a la región de Tlacho/Querétaro había diferentes grupos de chichimecas, en algún momento debió haber una conquista por parte de los otomís que venían a su vez capitaneados por la Triple Alianza, es decir, los aztecas, porque ese es el sistema que se impone”. Estos otomís dominaban el valle de Querétaro y pertenecían a la provincia de Xilotepec que tributaba a Tenochtitlán.
En la introducción de su libro, Lourdes Somohano explica que un grupo de indígenas otomís salió de Xilotepec al enterarse de la caída de Tenochtitlán, sucedida el 13 de agosto de 1521. Dichos otomís se refugiaron fuera de los límites del Imperio Tenochca, en una zona conocida como “la chichimeca”, es decir, zona de pobladores indómitos. Los otomís se alojaron con algunos chichimecas en las cuevas de una cañada aledaña a la actual ciudad de Querétaro. Cuando se iniciaron las incursiones de los españoles en esta área, el indio otomí Conni, líder del grupo, se alió a ellos y juntos, otomís y españoles, eligieron un lugar para fundar el pueblo de Querétaro. Al expandir sus conquistas, los españoles también utilizaron a los caciques indígenas y sus huestes para ampliar el territorio y someter a grupos chichimecas rebeldes, como recompensa los caciques otomís recibieron posiciones políticas y económicas importantes. Por ejemplo, Conni o Fernando de Tapia adquirió el control del pueblo de Querétaro y de sus habitantes.
Lo anterior está documentado; por eso hay que enfatizar que es hasta el siglo XVII que aparece el mito fundacional que afirma que fue el apóstol Santiago quien cedió esta tierra a los españoles, comandados por Nicolás de San Luís Montañés en la batalla del 25 de julio de 1531. Somohano afirma “en los documentos que he encontrado, Nicolás aparece hasta 1602; él hace las congregaciones de San Roque, La Cañada y San Sebastián”. A través del reparto de tierras es que Nicolás de San Luís tuvo poder “cuando reparten la tierra, había pedazos para la comunidad y pedazos para sembrar; en el documento que narra la leyenda de la aparición de Santiago, dice que Nicolás de San Luis Montañés pide se respeten sus tierras, entonces concluyo que lo que buscaba era la defensa de sus tierras para sus descendientes al inventar el mito fundacional”. Este documento describe aquella batalla incruenta y hoy se encuentra en varios lugares, pues ha sido copiado por muchos otros pueblos, como Acámbaro, que comparten la leyenda. El único encomendero que sí está documentado es Hernán Pérez Bocanegra, quien gracias a un pleito por los territorios de Tlacho entablado con Nuño de Guzmán, se definió que esta zona perteneciera a la Nueva España, y no a la Nueva Galicia. Estos documentos constituyen los más antiguos que se tienen registrados sobre la zona queretana en la época de la conquista.

EL TRÁNSITO ENTRE PREHISPÁNICO Y ESPAÑOL

Regresando a los primeros años de conquista, la zona se pobló, según afirma Somohano, en dos etapas. Hubo un primer grupo de otomís que llegó y se asentó antes de la caída de Tenochtitlán; después vino otro, en el que venía Conni cuando hubo el cambio de gobierno en Xilotepec, estos grupos son los que se apropiaron del espacio y desplazaron a los chichimecas que ya vivían aquí, quienes a su vez se fueron a Apapátaro.
El libro busca describir el tránsito que sufrieron los pobladores de Querétaro entre lo prehispánico y lo colonial, y cómo el asentamiento se adaptó al sistema español a través de nombres españoles como Cabildo, Pueblo de Indios, República de Indios, así como la organización “me interesa mostrar cómo los otomís vivieron este tránsito y cómo se organizaron en particular con su cabildo indígena, aunque seguían lineamientos españoles que dictaba el virrey”. Se fundaron conventos, mercados, mesones, etc. en los cuales los indios tenían poder de decisión. “Conni influyó enormemente para que los otomís que ya poblaban la zona le obedecieran por el hecho de ser indio. Una vez fundado Querétaro, la estructura que se montó a raíz de la denominación de Pueblos de Indios continuó en toda la época virreinal y se perdió por completo al eliminarse la Alcaldía Mayor con las Reformas Borbónicas y después con las leyes emanadas de la Guerra de Independencia.
Durante el virreinato “los españoles respetaban a los otomís porque los consideraban una cultura sólida y esto benefició el mestizaje” abunda Somohano. Por ejemplo, en el censo de 1791 se describe cómo los otomís de dividen en dos grupos: por un lado los indios tributarios que son endogámicos, y por otro los caciques, quienes sí estaban dispuestos a aculturarse. Los primeros son los maceguales, nómadas no dispuestos a mezclarse ni casarse con gente que no sea de su mismo grupo; los segundos son los nobles, que sí estaban dispuestos a aculturarse y al mestizaje, con preferencia hacia el blanco: más del 75% de los caciques tienden a casarse con un grupo distinto pero blanco, y los indios tributarios se casan en un 95% con su propio grupo. “Los maceguales continúan con esa tradición y son los que han logrado llegar a la actualidad; los otros somos nosotros: mestizos” explica Somohano.
Para Somohano, la pobreza a la que se ha orillado a los otomís tiene que ver con varios factores. El principal de ellos es el sistema de valores que tiene este grupo étnico, muy diferente al nuestro que se basa en la acumulación de riqueza; otro motivo importante se remonta hasta los primeros días de la Independencia y las leyes promulgadas en el México independiente, que eliminaba todos los gobiernos de indios que hubo durante el virreinato “Los grupos endogámicos no son capitalistas, y sus tradiciones y valores tienen que ver con las fiestas comunitarias y lo que aportan a su pueblo, nosotros queremos que sean como nosotros, no aceptamos sus diferencias y que son otro grupo cultural” añade Somohano.
Actualmente Querétaro está poblado por dos grupos de otomís: los que viven en el semidesierto y los que viven en la región de los valles, en particular en Amealco. Su origen también tiene que ver con las migraciones previas a la conquista y por eso son dos grupos diferentes, según sostiene Somohano.
El libro de divide en seis capítulos que describen este origen y desarrollo urbano entre los prehispánico y colonial que definió a Querétaro en sus primeros años de vida, en particular de 1531 a 1578.

DESPUES DE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA

“No digo que mi libro sea la verdad, es una propuesta hecha a partir de testimonios en los que se construye un discurso histórico” admite la investigadora. Para ella, es importante aprender que hay diferentes hipótesis y que pueden coexistir.
“Me gusta observar las fases en tránsito, la época virreinal, de 1521 a 1821 tiene dos bisagras en tránsito: la Conquista y la Guerra de Independencia” agrega “y hay que aprender a observar cómo un grupo transita hacia otra estructura”. La principal diferencia entre una y otra, sin embargo, es que en la Conquista se eliminó por completo el sistema económico, social, político y religioso que dominaban y con la consumación de la Independencia se mantuvieron en gran parte, si bien de virreinato se pasó a república, los sistemas religiosos y sociales. “Actualmente, en 2010, también estamos en un periodo de tránsito” advierte “es global y nosotros, que lo vivimos, no lo alcanzamos a ver: no sabemos quiénes van a ser los héroes y los villanos de esta época” cuando sea revisada en el futuro, como lo fue Miguel Hidalgo que en su época fue visto como un traidor.
“Los otomís y todos los indígenas entraron fuertísimo a la guerra de 1810 y se mantuvieron luchando los once años” expone “pero fueron los que más perdieron con la Independencia; los criollos sólo querían un cambio político y no querían invitarlos a la lucha pero cuando fue descubierto el movimiento insurgente, Hidalgo se vio obligado a invitar a quien fuera. A su vez, el ejército realista tampoco los invita porque no confía en ellos pero para poderlos controlar tuvieron que llamarlos”. Cuando se levantaron Tequisquiapan y Tolimán su ejército era mayoritariamente indígena. Una vez consumada la Independencia, la ley dictó que sólo había un gobierno, no como antes que había un cabildo indígena y un alcalde. Ahora ya había sólo un gobierno constitucional, se les desplazó de sus tierras y la constitución les otorgaba la calidad de mexicano, sin derechos diferentes a los mestizos. Por ejemplo, antes de las Reformas borbónicas se les perdonaban algunas cosas relacionadas con su cultura y religión. “Ellos son los grandes perdedores de la independencia, los mestizos nos aprovechamos de la idea liberal donde los indígenas deben hacerse como nosotros” que se civilicen “desde entonces nunca se ha hecho la misma inversión en el desarrollo de los indígenas como sí con los mestizos… No hay indígenas en las universidades –y si los hay, no dicen por miedo a la discriminación-, no se invierte la misma cantidad en hospitales en zonas indígenas que en ciudades mestizas” reclama Lourdes.
A doscientos años de este cambio y a cien años de la Revolución, la situación de los grupos endogámicos sigue igual “con el movimiento zapatista –encabezado por el subcomandante Marcos en 1994- los indígenas buscaban volver al sistema virreinal” ejemplifica la doctora en historia “debemos respetarlos o aprender a respetarlos y a aceptar que tienen un desarrollo diferente, ellos aquí van a seguir y nosotros también”, finaliza.

Lo absurdo de la realidad actual en ¿Qué sería…? verde, blanco y sangre

Expone Melina Moisidelis en el Museo de Arte de Querétaro

Por Margarita Ladrón de Guevara

La artista plástica queretana Melina Moisidelis continúa con su compromiso de mostrar los grandes contrastes del mundo. Así lo demuestra en su más reciente exposición, producto del tema que la ha inspirado desde hace al menos 3 años: lo absurdo. Una mujer con abrigo de pieles camina entre casas de cartón; una joven leyendo despreocupadamente en medio de escombros de guerra; una mujer presume su desnudez frente a campesinas guerrilleras; estas son las historias con las que Moisidelis invita a la reflexión sobre la irracionalidad de la vida en el mundo contemporáneo y en nuestro México actual, visualizando y expresando una concepción realista de un universo inexplicable y de la inhumanidad del hombre mismo, transformando la realidad en representación a través de la pintura como medio crítico, con la cual cuestiona la realidad absurda que simulamos no ver. Todo esto se plasma en la serie ¿Qué sería…? Verde, blanco y sangre, que se exhibe desde el pasado 13 de mayo y estará hasta el 13 de junio en el Museo de Arte de Querétaro.
Desde tu serie Imperio de lo Absurdo (2007) hasta hoy ¿cómo se relaciona tu obra con la realidad actual y la realidad que se vivía en 1810 y 1910?
Mi obra se relaciona con la realidad actual plasmando situaciones que representan parte del mundo posmoderno como la devastación generada por el poder imperial, los contrastes entre el primer mundo y los países en vías de desarrollo, los odios que subyacen por la diversidad étnica y religiosa, la debilidad espiritual propiciada por la acumulación desmedida de riqueza a costa de la miseria de las mayorías y la violencia institucional o terrorista.
Respecto al México de 1810 y al de 1910, fueron realidades diferentes, primero fue la emancipación de nuestro pueblo con respecto a España. Después surgió el anhelo de libertad de los mexicanos en busca de democracia, libertad y justicia social.
En los tres casos, aun siendo diferentes épocas, el ser humano siempre ha tenido la sensación de desencanto que se experimenta en un mundo irracional en el que lucha vanamente por encontrar significado y razón a su vida. Esto es precisamente el concepto de lo absurdo, el cual retoma mi obra relacionando al hombre con el mundo que le ha tocado vivir y reflexionando sobre su existencia.
En relación a lo anterior ¿Existe un paralelismo entre la realidad y el absurdo de hoy y hace 200 años?
Creo que siempre ha existido lo absurdo, quien primero habló sobre esto fue Albert Camus y lo desarrolló del mito de Sísifo de la mitología griega. Sísifo fue castigado por los dioses y condenado a subir una roca sobre sus hombros hasta la cima de una montaña sólo para que volviese a caer y tuviera que reiniciar en un ciclo eterno. Así, Camus toma a Sísifo como metáfora del esfuerzo inútil del hombre moderno que se ve a obligado a trabajar toda su vida en algo que no le gusta, enajenado y lleno de angustia, pero cree que el ser humano busca darle sentido a la vida al darse cuenta de su existencia vacía.
Pienso que siempre han existido situaciones irracionales en la historia de la humanidad, aunque vayan cambiando las preocupaciones del hombre, como la crisis ecológica, un tema muy actual, y otros que han existido por siglos como la pobreza o la falta de trabajo.
Haces énfasis en tu condición de artista queretana, ¿Existe un compromiso por parte de los artistas locales respecto a las conmemoraciones?
Por motivo del Centenario y Bicentenario es importante que todos los miembros de la sociedad renovemos los valores nacionales, estimulemos los sentimientos cívicos y que exista un gran nacionalismo entre la población. En este momento no he visto propuestas específicas de los artistas locales relacionadas con las conmemoraciones pero seguramente las habrá.
¿Cuál es tu opinión como artista, mujer joven y queretana sobre la situación actual que vive el país y qué debemos hacer al respecto?
Nuestro país vive una situación de violencia, inseguridad, hambre, desempleo y migración que nos preocupa a todos. La corrupción continúa como reflejo de instituciones débiles producto de prácticas de gobernabilidad deficientes. La educación escolar de calidad se sigue percibiendo como un lujo y no como un derecho al nacer.
En cuanto al arte, es importante utilizar los momentos de ocio para la recreación cultural, la cultura es la que prepara al hombre para poder crear y recrear cosas en los momentos en los que no trabaja.
En este momento creo que los reclamos de auténtica democracia y justicia social del pueblo mexicano no han sido del todo satisfechos después de 100 años de la Revolución y de sucesivos regímenes posrevolucionarios.
Siento que hay que tener esperanza en nuestro país, no me parece bueno desistir. Es importante comprometerse, alzar la voz y generar resistencia, yo lo hago a mi modesta manera, con la pintura.

Las voces de México, en la obra de Elena Poniatowska

Le han influido autores como Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Octavio Paz, Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Elena Garro, Rosario Castellanos

El día de su cumpleaños, que se celebra este 19 de mayo, la escritora Elena Poniatowska (París, 1932) se lo va a pasar trabajando, pues se encuentra en la Universidad de Oregon, en Eugene, Estados Unidos. Viajó allá invitada para hablar sobre las mujeres escritoras en la literatura mexicana.
Hoy que celebra 78 años de su nacimiento, Conaculta hace un reconocimiento a la autora de libros tan significativos como La noche de Tlatelolco, Fuerte es el silencio, Tinísima o La piel del cielo, cuya bibliografía suma ya más de 40 títulos.
Elena Poniatowska se ha ocupado de las escritoras de México y también de muchas mujeres: desde la soldadera Jesusa Palancares, protagonista de la novela testimonial Hasta no verte Jesús mío, la fotógrafa y activista Tina Modotti, la escritora Elena Garro, las pintoras Angelina Beloff y Frida Kahlo y un sin número de mujeres anónimas: estudiantes, campesinas, lavanderas, luchadoras sociales, costureras y obreras, cuyas historias han encontrado cabida en sus afanes literarios.
Antes de su partida para Estados Unidos, Conaculta charló brevemente con la escritora, quien enumeró algunas de las personas que más han influido en su vida. No pensó mucho la pregunta y contestó: “En primer lugar, mi madre Paula Amor, sin ella no estaría aquí, ha sido mi ejemplo”, respondió sin asomo de duda.
Poniatowska es la hija primogénita de Paula (María de los Dolores) Amor-Escandón y el príncipe polaco Jean Evremont Poniatowski Sperry. Nació en París, en 1932, y durante el inicio de la Segunda Guerra Mundial se refugió en la campiña francesa. El nombre completo de la escritora es Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor. Por el título nobiliario de su padre, Elena es la princesa heredera al reino de Polonia, cosa que no parece importarle lo más mínimo. Sin embargo, algunos de sus parientes europeos la conocen como “La Princesa Roja”. Uno de los recuerdos que más impresionó a la escritora fue que su padre se enlistó en el Ejército de Francia para combatir a los alemanes, y que su mamá, Paula Amor, manejó una ambulancia durante la invasión a Francia. Paula, Elena y su hermana Sofía (“Kitzia”, nacida en 1933), abandonan Europa en 1941 y se refugian en México, de donde procede la familia materna. “Mi madre, Paula Amor, abría su ventana sobre el Zócalo y veía al Hombre Araña subir por los muros de Catedral. Mirar esta plaza desde el segundo piso le quitaba el aliento e influyó en su destino. Si mi madre fue un ser poético e inasible, si sobrevoló liviana a todas las calamidades, si tuvo mucho de papalote y de flor al viento, si sus pétalos jamás pesaron ni se ajaron, seguramente es porque vio esta plaza abierta al viento y al agua, esta plaza que nos empaña la vista con sólo mencionarla”, escribió en La Jornada Semanal (2/05/2004).

La ciudad de las voces

Para Elena Poniatowska la ciudad de México de los años 40 fue toda una revelación: “un ancho patio, una puerta abierta”. Los sonidos de la calle la deslumbraron: los pregones de los vendedores ambulantes, de los aboneros, los piropos en la calle, los sones de los mariachis en la Plaza Garibaldi, todo era nuevo, todo se movía. Elena aprende a pronunciar correctamente el español gracias a su nana Magdalena Castillo.
Cuando terminó la gran guerra su padre alcanzó a la familia en México. En 1947 nació Jan, el tercer hijo del matrimonio. El príncipe Poniatowski fundó los laboratorios Linsa, y después otros negocios que no prosperaron. En 1949 Elena y Kitzia son enviadas a estudiar en un internado de monjas cerca de Filadelfia, Estados Unidos. Elena regresa en 1952.
En 1953, Poniatowska empezó a trabajar en el periódico Excélsior escribiendo crónicas de sociales que firmaba como “Hélène”. Publica además entrevistas con la cantante Amália Rodrigues, la mujer de Alfonso Reyes Manuelita Reyes, la pintora María Izquierdo, el escritor Juan Rulfo y la actriz Dolores del Río, entre otras. Durante un año publica una entrevista al día. Comienza su interés por la forma de ser de la mujer mexicana.
En entrevista con Conaculta Poniatowska señala como influencias de aquella época “a todos los escritores de mi generación”: Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Octavio Paz, Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Elena Garro, Rosario Castellanos, y a personajes clave en su desarrollo: Juan José Arreola y Fernando Benítez.
Recuerda Poniatowska que, a su llegada a Excélsior, pidió firmar como “Dumbo”, porque en el periódico había una reportera que firmaba “Bambi” (Ana Cecilia Treviño), entonces el editor, que se llamaba Eduardo Correa, le dijo: “¡No, no, aquí no vamos a tener a todos los personajes de Walt Disney!”
“Empecé en 1953 y hacía yo las entrevistas a partir de mi ignorancia —rememora en entrevista grabada para el periódico poblano Síntesis—, es decir, le preguntaba yo a Diego Rivera, como no conocía su obra, ‘¿verdad que sus dientes son de leche?’, porque veía que tenía unos dientes muy pequeños, y Diego me decía: ‘Sí, con esos dientes me como yo a las polaquitas preguntonas…’ Así me hice de un público lector, que quería enterarse de qué nueva impertinencia iba yo a preguntar?”
Su amiga Elena Urrutia la mandó con el escritor Juan José Arreola, para que mejorara su redacción: “Me dijo que era muy fácil: ‘le llevas una botella de vino de vez en cuando, unas galletas y unos quesos franceses’. Le llevé mis artículos periodísticos a Arreola y él dijo que el periodismo no le interesaba absolutamente nada. ‘¿No tiene usted algo literario?’, dijo. Yo ya había escrito Lilus Kikus, lo tenía en mi casa. Y se lo llevé y a él le gustó y me dijo que con ese libro iba a iniciar una colección”, narró a Síntesis. El libro se publicó en 1955.
De Excélsior pasó a Novedades, que tenía el suplemento cultural México en la Cultura, dirigido por Fernando Benítez. En entrevista, Poniatowska recuerda que “con Fernando Benítez fue diferente, nunca se preocupó por enseñarme nada, lo que hacía era pedirme más y más artículos, claro, me hacía sugerencias de a quién entrevistar, al fin y al cabo, era el editor”.
—¿Pensó alguna vez dejar el periodismo?
—Desafortunadamente no, pero hay que dejarlo…
—¿Por qué?
—Para dedicarse a escribir novelas, libros, otra cosa… Mire, es que me cuesta mucho trabajo pasar del periodismo al cuento o la novela, pero una vez que estoy escribiendo me dejo ir con facilidad.
—¿No ha pensado escribir su autobiografía?
—No, quizá después, por ahora sólo novelas.

La voz de los otros

En realidad mucha de la obra literaria y periodística de Poniatowska es autobiográfica (La Flor de Lis, La piel del Cielo). Su amigo, Carlos Monsiváis ha señalado que gran parte de su literatura surge de “un enamoramiento, un deslumbramiento”. Así fue con Tina Modotti, a quien dedicó 10 años para escribir Tinísima. También se ha empeñado en dar voz a los otros, a los desposeídos.
Uno de los personajes que literalmente le “han quitado el aliento” es Josefina Bórquez, la Jesusa Palancares de Hasta no verte Jesús mío (Era, 1969), a quien Poniatowska descubrió gritando desde una azotea de la calle Revillagigedo, en el Centro de la ciudad de México. Jesusa fue una lavandera y médium que participó en la Revolución Mexicana: “Con ella entré en contacto con la pobreza, la de a de veras, la del agua que se recoge en cubetas y se lleva con cuidado para no tirarla, la de la lavada sobre la tablita de lámina porque no hay lavadero, la de la luz que se roba por medio de diablitos…”, recordó al recibir la Medalla al Mérito Ciudadano.
De los diálogos entre las dos mujeres —la ávida periodista con un oído privilegiado y la mujer ruda, originaria de Oaxaca, curtida por la guerra y el trabajo— nació un libro extraordinario que le trajo a la periodista su primer éxito y también el Premio Mazatlán en 1970. Dicha novela, que ha tenido traducciones al inglés, francés y alemán, así como ediciones en España y Cuba, no ha dejado de reimprimirse.
No obstante, Hasta no verte Jesús mío fue polémica pues a Josefina Bórquez no le gustó la forma en que Poniatowska narró sus vivencias: “A ella no le pareció adecuada, porque me decía siempre que yo era muy tonta, que no entendía, que escribía puros garabatos…”, explica la autora en una entrevista publicada en youtube.com. Y añade: “Yo la fui a ver muchas veces y me contó su vida; (después) yo la armé, como Dios me dio a entender, lo mejor que pude.”
Para Poniatowska, Jesusa Palancares es ejemplo de rebeldía, de independencia de juicio y de libertad de acción porque “es una mujer atípica, no quiere tener hijos, porque dice que no le gustan los niños, aunque se la pasa recogiendo niños y perros perdidos. Es una mujer que dice que no se ha enamorado, que no le gustan los hombres, sin embargo es una mujer muy pasional. Llena de vitalidad. Es una mujer que no quiere ser abnegada, ni cabecita blanca, ni quiere ser sumisa ni dócil. Todas esas virtudes a ella le parecen muy sospechosas. Por eso no se le puede comparar con ninguna mujer de ahora. Es una mujer muy especial”, recalca en entrevista publicada en web en febrero de 2010.

El movimiento estudiantil del 68

El libro que más satisfacciones le ha dado a Elena Poniatowska es La noche de Tlatelolco, en el que narra el Movimiento Estudiantil de 1968 y la masacre en la Plaza de las Tres Culturas ocurrida el 2 de octubre. La escritora se dio a la tarea de reunir los testimonios de estudiantes y maestros presos, soldados, profesionistas, reporteros, padres de familia y vecinos de Tlatelolco.
En 1968, Elena Poniatowska se casó con el astrofísico mexicano Guillermo Haro y estaba embarazada de su segundo hijo, Felipe. También, en diciembre, perderá a su hermano menor Jan, en un accidente de auto. Durante muchos años, Elena le dedicará a él todos su libros.
Comenzó su trabajo de recoger testimonios del 2 de octubre y del Movimiento Estudiantil, por “la indignación por un suceso tan terrible y porque me parecía que el periodismo debía estar ligado a la vida del país”. Sin embargo, Novedades se negó a publicar sus primeros textos sobre el hecho y su entrevista con la periodista Oriana Fallaci, herida en la Plaza de las Tres Culturas.
“La noche de Tlatelolco se publicó en 1971 cuando salió el presidente Díaz Ordaz del poder. Hice este libro yendo a Lecumberri los domingos, yendo al campo militar número uno, pero no me dejaron entrar, pero a mi casa llegaron muchísimos muchachos que habían sufrido, que tenían miedo, que habían estado en la cárcel y me pedían que les cambiara su nombre porque tenían demasiado miedo de que los volvieran a encerrar, entonces cambié todos los nombres al grado de que ya no recuerdo quién es quien. Corrieron rumores que me favorecieron, porque se decía que el Ejército iba a recoger el libro de las librerías y eso fue la mejor propaganda para que se compara el libro”, recordó en entrevista para Síntesis.
Por La noche de Tlatelolco se concedió a Elena Poniatowska el Premio Xavier Villaurrutia, que ella rechazó con una carta abierta dirigida al entonces presidente Luis Echeverría. En 1979, la escritora y periodista fue la primera mujer en recibir el Premio Nacional de Periodismo, por sus entrevistas.

Oficio: escritora

A muchos personajes ha entrevistado y cronicado Poniatowska, por eso sus libros que recogen este trabajo se pueden llamar sin pudor Todo México. Sus retratos van desde el líder sindical ferrocarrilero Demetrio Vallejo a la activista por los derechos humanos y por la presentación de los desaparecidos Rosario Ibarra de Piedra, desde las costureras damnificadas del sismo de 1985 a las soldaderas de la Revolución. También abordó la figura del subcomandante guerrillero Marcos y de Andrés Manuel López Obrador. Ha realizado biografías de Octavio Paz y el pintor Juan Soriano.
En varias ocasiones su trabajo literario ha sido reconocido con premios tan importantes como el Alfaguara de Novela (2001) y el Rómulo Gallegos (2007), así como el Premio Nacional de Ciencias y Artes (2002), en Lingüística y Literatura. Además de un buen número de doctorados Honoris Causa.
Para ella, escribir “es mi profesión y mi vocación”, dijo a Susana Garduño de Club de Lectores y agregó. “La escritura viene de la vida, de la observación de todos los días, de estar escuchando a los demás y de estar tirando mucho al cesto de la basura las cosas que no salen bien. Pero es un trabajo, una disciplina. Escribir es como ser carpintero, un día sale muy bien una mesita o una sillita, y uno se siente muy contento porque ha logrado algo”.
También le comentó a Garduño lo que han significado los libros, la lectura en su vida: “Son parte de la vida interior de cada ser humano. Tener un libro al lado de la cama es tener un amigo, un consejo y un apoyo seguros. Además, leer nos forja un universo que, a su vez, nos ayuda a enfrentar al universo y la vida cotidiana que a veces es muy dura. Los libros nos ayudan a soportar la muerte, porque a otros se les ha muerto, antes que a uno, un ser querido. Ayudan a soportar la enfermedad; son contraveneno, contra… el abandono, el desamor.”
La escritora ha dado conferencias en las universidades de Oxford, Cambridge, Munich, Francfort, Heidelberg, Colonia, París y Lyon, y es profesora invitada en la Universidad de Texas, en Austin; Harvard, Princeton, Yale, Cornell, Berkeley y Stanford, entre otras. Sus Obras reunidas las editó el Fondo de Cultura Económica, en dos volúmenes, en 2005 y 2006.
(JLB/CONACULTA).

La cultura en la era de la desconfianza

Por Luis Alberto Arellano

La democracia es el sistema político que Occidente adoptó, de manera violenta, como alternativa al absolutismo de XVIII. Solemos olvidar que antes de esto existía otra cosa como modelo de vida pública. Y más cuando la actuación de los funcionarios públicos dirige sus esfuerzos para que olvidemos, constantemente, origen y destino de nuestras prácticas públicas como ciudadanos. Desde el inicio de este modelo político la discusión ha discurrido sobre dos objetivos que deben ser garantizados para que tenga efecto y funcione sin simulaciones: la legitimidad y la confianza. La democracia representativa como la que vivimos se norma por el mecanismo electoral que permite a un ciudadano representar a, venir en nombre de, una comunidad. Y ese mecanismo, en constante revisión, ha permitido garantizar un mínimo de legitimidad a casi cualquier gobierno en el mundo. Pero el gran asunto pendiente tiene que ver con la confianza que esta representatividad debe garantizar. Sin duda, el país vive uno de sus momentos más conflictivos por la crisis que una legitimidad cuestionada y una confianza ausente, producen en la relación funcionarios públicos-sociedad.
En este marco de cosas el ámbito cultural local no es ajeno a esta crisis. Como los funcionarios de segundo orden no son elegidos en urnas, la legitimidad de aquel que sí, cubre el actuar de los primeros. Pero la confianza es un asunto que ellos deben trabajar y ganarse. En la actual administración la directora del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes ha usado los 9 meses en el cargo para repetir a la comunidad cultural de que forma parte de ella. Sin embargo, cuando sus acciones deben generar confianza ha fallado. Para afirmar ser parte de la comunidad cultural debe actuar de cara a ella. A 9 meses de haber tomado el cargo no ha presentado un programa o plan de trabajo para los próximos 6 años. No sé que lo esté trabajando con la comunidad: no ha habido consultas públicas o en privado; no ha presentado programas que sean de interés colectivo ni ha comunicado cuál es su objetivo o meta para este sexenio. Más aún, en los dos programas que tradicionalmente han representado una relación firme con la comunidad, Apoyarte y el Programa de Estímulos a la Creación, las cosas han sido cuestionables.
La relación entre el funcionario y los artistas no ha sido tersa, ni aquí ni en ningún otro lugar del país. Los funcionarios por lo regular no tienen ningún vínculo con el arte o la cultura y cuando lo tienen, como en este caso o en el de Sergio Vela en el CONACULTA, muestran una vena autoritaria y mafiosa que siempre provoca cuestionamientos. En esta tensa y no resuelta relación ambos hemos diseñado mecanismos de autorregulación. Los funcionarios han optado por crear programas donde los recursos vayan a los artistas por medio de concurso, para evitar la discrecionalidad o el padrinazgo de otras épocas. Desde 2002, en la entidad y a propuesta de los actores culturales, los Estímulos a la Creación cuentan con un mecanismo de control bastante funcional: los jurados que revisan los proyectos son elegidos por sorteo de la lista vigente del Sistema Nacional de Creadores (SNC) y sólo califican durante un año. No repiten como jurados y el SNC se renueva constantemente lo que permite un umbral de imparcialidad bastante decente. Este 2010 las condiciones aquí descritas no se cumplieron a cabalidad: la lista del SNC usada para la elección de jurados estaba vencida y algunos de los jurados ya no eran miembros del Sistema. Detalle menor, pero que revela descuido y frivolidad en los procedimientos que garantizan transparencia y legitimidad. Es decir, que generan confianza. Este es el proceder de un funcionario al que no le significa nada el juicio ciudadano.
Pero el asunto grave vino con el Programa de Apoyo a la Producción Artística: APOYARTE. Este programa abre tres convocatorias al año, reparte más dinero en total que los Estímulos y tiene peores mecanismos de elección de jurados. Los jurados los elige el titular del Instituto de manera discrecional. En años anteriores Manuel Naredo había sido muy cuidadoso con la imagen que los jurados tenían dentro de la comunidad porque son artistas que forman parte de la vida cultural del estado. Es decir, son jurados locales (lo que en sí mismo no está mal) y por tanto tienen vínculos vivos con actores específicos de la comunidad. Esta ocasión ese cuidado no existió y hay resultados palpables: en el rubro Música el jurado otorgó cinco apoyos y tres fueron para estudiantes de la escuela que dirigió la actual directora del Instituto. El mayor problema fue Literatura, Miguel Aguilar Carrillo fue jurado y le otorgó el único apoyo a Separata, la magnífica revista que dirige Federico de la Vega. ¿Problema?: Miguel es parte del consejo editorial de la revista y las bases de la convocatoria explicitan que no debe presentarse un proyecto en el que los jurados formen parte. Sin duda la revista merece el apoyo, pero no violentando los procedimientos. Cuando consulté a Laura Corvera sobre este asunto me aclaró que la comisión en pleno había aprobado la relación entre Miguel y la revista. Esto me parece aún más grave: el mecanismo por el cual son los mismos artistas los que fallan los proyectos fue implementado para garantizar imparcialidad, conocimiento en la materia y confianza en la decisión. Si toda la Comisión no ve problema en contravenir las bases de la convocatoria entonces toda la Comisión falló. Y la responsable última de las decisiones de la Comisión, porque ella los nombró de acuerdo a criterios que sólo ella conoce, es la titular del Instituto. El problema es grave porque este programa tiene dos convocatorias más este año, y la Comisión que fallará esos proyectos no es confiable, porque no es imparcial y porque no entienden el espíritu del mecanismo ni de las bases de la convocatoria. Los resultados fueron públicos el 30 de abril y no ha pasado nada. La última vez que pregunté sobre el tema me respondió Laura Corvera que era un asunto interno. No comparto esa visión. Si están involucrados dineros públicos y mecanismos de participación ciudadana es un asunto público. Y debe ser resuelto de frente a la comunidad de manera transparente y expedita. No hay disculpa posible para dejar pasar una violación directa a la propia convocatoria. ¿Nadie en su equipo advirtió lo complicado de una decisión como la que adoptó la Comisión? ¿Para qué están ahí cobrando un salario de dineros públicos?
Pierre Rosanvallon tiene un libro dedicado al análisis de la confianza en las democracias occidentales, y define a la primera como “una hipótesis racional sobre una conducta futura”. Un funcionario es confiable en la medida en que podemos formular una imagen proyectada sobre cómo actuará en el futuro. Yo no confío en la directora del IQCA. No confío porque no ha presentado un programa de trabajo; porque ha apostado por la opacidad; porque su equipo es ineficiente y bisoño en la materia; porque toda su actuación en estos 9 meses desprende un tufo a frivolidad y demagogia. No confío en ella porque, basados en su conducta anterior, sería una hipótesis irracional hacerlo.

laertes76@hotmail.com

El virtuosisimo y Francois Frederic Chopin

Por Francisco Núñez Montes

III parte y última

La transformación del antiguo preludio, que como forma musical antecede al estudio, tuvo en Chopin un auge que irradió en todo el siglo XIX. Sus 24 Estudios del Op. 10 y el Op. 25, son un compendio de páginas de una belleza que atrapó el desarrollo y potencialidad alcanzada en los instrumentos y en especial en el piano, que será el amo y señor en todo el siglo XIX, ocupando el lugar que desde inicios de esa centuria y desde el Barroco, había alcanzado el Bel Canto. De hecho será Vincenzo Bellini quien influirá preponderantemente en Chopin, al igual que Bach y Mozart, principalmente. Entre el lenguaje de los Preludios del Clave bien temperado de J. S. Bach y los Estudios de Chopin y Liszt, hay paralelismos y surge ese potencial del virtuosismo exuberante.

Para el virtuosismo, serán vitales los avances en la construcción de los instrumentos, en el violín y en el piano, amén de lo que por medio de la ópera, se hiciera con la voz, desde el Renacimiento y sobre todo en el Barroco, preñado de abusos y excesos por las “Cadencias” durante el clasicismo y en las producciones del Bel Canto de: Rossini, Bellini y Donizetti. Estamos hablando del auge y despliegue de las grandes habilidades de los recreadores. Haendel sufrió tales excesos con muchos cantantes que distorsionaban sus óperas. Las “Cadencias” en los conciertos con instrumentistas y orquesta, eran improvisadas frecuentemente por los solistas, pero los compositores al percatarse de muchas incongruencias fuera de estilo, técnica y estética, ajenas a sus obras, decidieron escribir éstas. El lucimiento de la voz despertó una expectativa única en este periodo, destacándose, precisamente, los castrati y sus abusos.

Los Estudios de Federico Chopin son obras maestras, provistas de un acabado técnico y estético musical de excelencia que recogen estas herencias. Este estudio, “El Revolucionario” y toda la serie del Opus 10, está dedicada a Franz Liszt. Chopin y Liszt son grandes innovadores de la música del siglo XIX, a través del piano, ambos tuvieron influencias del violín de Nicolo Paganini y este “diablo” de las cuerdas frotadas, dejó su marca indeleble en ellos. Los Estudios son prueba de ello.
La melodía surca entre ráfagas sonoras el espacio de la expresividad en los Estudios chopinianos. La creación surge precisamente de ahí; de los opuestos y de su ley de dualidad universal, que se adhiere a los conceptos de macro y micro. La explosión de los estados de ánimo, vivirán en Chopin a través de sus obras. Implícitas están también las leyes del movimiento y por supuesto las de la energía; en suma, las de la vida, recordemos que lo grande concierta con lo pequeño. Adentrándonos de otra manera en estos conceptos le diré que: el Uno, es la base y punto de partida, es el equivalente profundo del ser y del estar que nos privilegia en esa maravilla a la que identificamos como la existencia, sus derivados absolutos son: el dos y, como resultante de éste, el tres; recuerde las gráficas de los artículos, en mi página del CENCREM: www.cencrem.com

Es una sumatoria y combinatoria como la de los armónicos cercanos y lejanos. Es la base de la génesis del arte; la manifestación del Yo. Es éste, otro acercamiento hacia la comprensión del Uno y de la Simultaneidad; acuérdese del Yo y los Otros; que son muchos, ahí nos encontramos todos. Ese Yo supremo es Chopin, en el acorde motivo inicial de este comentado Estudio Op. 10, N° 12 de cuyos desprendimientos surge todo un Sistema.

La fuerza expresiva de los intervalos se encuentra por encima de todo lenguaje, pues no es exclusiva de sistema alguno y es aplicable a la música de cualquier cultura y época, incluida toda la música de la era tecnológica y las voces de la naturaleza.
Los intervalos en la música, son las diferentes distancias que se producen vertical y horizontalmente, hiriendo nuestra percepción auditiva, transformada en Melodía, o en texturas: armónicas, polifónicas, de tejidos con densidades que hoy aglutinan al ruido, a las voces de la naturaleza y a los sonidos producidos electrónicamente sujetándose, todos ellos, al proceso universal de La Simultaneidad.
Antes de decirle en términos musicales, manejos y relaciones, déjeme apuntarle de forma muy sencilla qué, los intervalos son lo único absoluto en la música. La melodía es la depositaria de las ideas sonoras y la esencia de éstas (es una secuencia lineal de sonidos, conjuntos o bloques sonoros de diferente altura, intensidad o timbre) La melodía es el rostro de la música, usted puede identificar al personaje, con solo ver su cara. Las escalas han sido la base de los sistemas musicales de toda organización musical. Hoy se clasifican también en texturas y tejidos sonoros, que son una parte de las herencias de los acordes, que siempre se redujeron a simples colores, sujetos a la Ley de la Simultaneidad. En el siglo XX aparecen los conceptos de la melodía de timbres y hace su irrupción la clasificación de los objetos sonoros o el ruido con la música concreta en Pierre Schaeffer y de Pierre Henry, entre otros.

El concepto de sistema armónico tonal, cambió el del sistema modal, o de escalas antiguas que recuperará Chopin en sus Preludios. Alrededor de toda la música occidental, incluidas las obras de Chopin, se encuentra el binomio que les permitió evolucionar: es el concepto de consonancia y disonancia; la Ley del Ritmo, que no es otra cosa que el principio de dualidad universal; ahí se encuentran las leyes del universo y de la vida.

El sentido descendente en este Estudio, por su alto virtuosismo en la mano izquierda, pareciera enfatizar la caída de Varsovia, la 2ª menor y mayor y sus inversiones, serán protagónicas, al igual que el tritono. El ascenso de los motivos que emanan de ese acorde generador inicial, en la mano derecha, son el espíritu combativo y la lucha, expresados alrededor de una conjunción -interrelación de las partículas de orden superlativo.

No hay inicio en la tónica (tónica= eje de las frecuencias o centro de gravedad al que tradicionalmente confluyen los sonidos de una escala y los acordes o acompañamientos de la Melodía) contrariando los preceptos teóricos que nos hacían ver al tritono, con todas las precauciones posibles. Federico Chopin, inicia justamente, alrededor de este personaje, vetado por los preceptos de casi dieciocho siglos, poniéndolo a la cabeza, con la sensible duplicada, en inversión y sin fundamental, para darle mayor fuerza y expresividad anímica, a esta pequeña estructura de simultaneidad interválica. Se gira sobre el tritono. La sonoridad en bloque, posee una carga emotiva única y ahí radica otro de los aportes magistrales de muchos autores que desde el Barroco, lograron este pathos, que explota en el Romanticismo.

Uno de los antecedentes muy logrados y emotivos dentro de la música vocal, se encuentra en los motivos de las Pasiones de J. S. Bach, que estimulado y apoyándose en los textos y contextos, se deja llevar por la fuerza particular de la animosidad religioso-enunciativa, ahí depositada, como tantos autores barrocos que magistralmente lograron síntesis admirables. La escuela por excelencia es la italiana y por encima de todos, la de la música vocal, particularmente la de la ópera.

La música instrumental se alejó de los preceptos vocales y recogió de las palabras, la translación a los motivos. La música cambió en el siglo XIX con Chopin y con Liszt y se abrió hacia otros derroteros. Otros compositores no influyeron, en todo el ese periodo como estos dos maestros del piano. Scriabin y Debussy harán otro tanto, junto a todo el movimiento universal del Nacionalismo y muchos otros creadores de principios del siglo XX. Insistimos; punto de partida de este Estudio y sus desdoblamientos es el Motivo generador, cuya palpable demostración del Uno, quedará de manifiesto para el resto de muchas de nuestras exposiciones, mostrando varias de sus transformaciones y manejos dentro de la obra, como partículas de unidad y variedad. Formidable es el hecho de la contracción, mirando hacia la esencia de la tesis, de variadas formas. Todo se reduce al Uno y de él emerge el total de la obra.

Este acorde es el Yo, el Uno y así enunciado en este magistral Estudio; es color, simultaneidad, textura y densidad, pues trastoca todos los parámetros tradicionales, abriendo las puertas de la transformación que emerge de la génesis y de las herencias aquí depositadas.

¿Cuándo escucharemos esta obra y ese juego demostrativo de las partículas? Lo haremos en una Conferencia que les anunciaremos por esta vía.

fconunez33@prodigy.net.mx

El país necesita representatividad en la Danza Contemporánea

Por Oscar Salas

Te ves molido y atribulado, le dije a Orlando Scheker, director del Colegio Nacional de Danza Contemporánea, un par de horas antes de la primera de cinco funciones que daría el grupo Epicentro en el Museo de la Ciudad. No he dormido, respondió sin apenas reaccionar. ¿Y eso? La crisis. ¿Tú cuántas no has librado? Ésta ha sido como ninguna de las anteriores. Nunca habíamos dejado de pagarles a los maestros. ¡No?, fingí incrédulo asombro. Les habíamos pagado con retraso, pero esta vez en lo que va del año no han recibido nada.
Las muy recientes temporadas de Aletheia y Ciudad Interior durante marzo, me hicieron advertir una nueva precariedad en el Centro Nacional de Danza Contemporánea, y aproveché la coincidencia para solicitarle la oportunidad de una entrevista.
Al concluir la existencia del Ballet Nacional de México ¿cuenta el Centro Nacional de la Danza Contemporánea con un grupo artístico?
El Centro Nacional de Danza Contemporánea es creado para albergar al Ballet Nacional de México, compañía profesional dedicada a la promoción y difusión de la danza, y que en ese momento da vida al Colegio Nacional de Danza Contemporánea para la formación profesional de bailarines. En la evolución del Centro desaparece el Ballet Nacional, después de 58 años de trayectoria ininterrumpida ofreciendo dentro y fuera de México una propuesta estética importantísima para la danza. Pero no se descarta la posibilidad de que exista una compañía, al contrario, se alienta la constitución de más de una que sean representativas del Centro. Obviamente todo esto está ligado al presupuesto que recibe el CeNaDAC. El Centro tenía asignado un presupuesto por parte de la Federación, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes. Una parte de éste llegaba por conducto de la Coordinación Nacional de Danza, y la otra vía era la Subdirección de Educación e Investigación Artísticas. Al mismo tiempo, el Colegio recibía una parte de su presupuesto del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, a través de la Dirección General de Vinculación Cultural. Finalmente, en menor medida, está la aportación del Gobierno de Querétaro.
Con la reestructuración que se inicia en 2006, a partir de la desaparición de la compañía Ballet Nacional de México, la formación empieza a tener más atención que la difusión. Mientras tanto se organiza un nuevo grupo artístico profesional planteado por la maestra Guillermina Bravo. En este documento, reproducido en varios medios, refiere una compañía de jóvenes egresados del Colegio que represente la corriente estética del S XXI. La primera compañía en formarse ha sido Aletheia, que dirige Bárbara Alvarado Marín. Paralelamente, Alejandro Chávez Zavala inicia la conformación de la compañía Ciudad Interior. Estas dos compañías empiezan a ser las representativas, con carácter semiprofesional, del CeNaDAC, trabajando así año y medio, aproximadamente.
Para poderles dar un esquema de funcionamiento a estas dos compañías y poder recibir un apoyo económico, a finales del 2008, se les convoca a presentar un proyecto anual de trabajo , por lo cual el Centro haría una aportación mínima destinada únicamente al sostenimiento de los bailarines, mientras inician su desarrollo y despegue como compañías profesionales. Además cuentan con los servicios que les representan el uso de las instalaciones del Centro, bailarines entrenados, con la posibilidad única de convocar estudiantes de alto nivel del Colegio. A cambio, se comprometen a dar un número anual de temporadas para el CeNaDAC, y los coreógrafos de dichas compañías montar obras para Epicentro, el grupo experimental representativo del Colegio.
A raíz del recorte presupuestal que ha tenido el Centro por parte de la Federación, a partir del 2009, las cosas han cambiado… tuvieron apoyo hasta diciembre de ese año. En 2010 Aletheia y Ciudad Interior no han contado con un solo centavo de apoyo, porque en el Centro no lo hay, todo está enfocado a la formación profesional.
Por supuesto que estamos buscando vías para la obtención de recursos, para la consolidación del Centro en el Estado; es una exigencia de la Federación con base en la descentralización de Ballet Nacional hacia Querétaro. ¿Qué pasa en 2010?, se pregunta y responde el director del Colegio. El Centro dice a las compañías: te sigo dando los servicios, mas no dinero para el sostenimiento de los bailarines. Sin embargo el trabajo no lo han suspendido, ahora con la más aguda necesidad de buscar recursos. Ésta es la razón por la que no encontraste en sus más recientes presentaciones una liga directa con el CeNaDAC. En 2009 nosotros habíamos gestionado en el Museo de la Ciudad fechas para las compañías, con toda la logística y tramitación que implica; paralelamente Aletheia lo había hecho en el centro cultural La fábrica. Los ingresos de las funciones que las compañías daban para el Centro a éste le corresponden, pero con la finalidad de no interferir en sus posibilidades de ingresos, todo lo avanzado se dejó en sus manos, y así fue que tuvieron temporadas en lugares separados, y afortunadamente en fechas separadas. Siguen siendo compañías representativas del CeNaDAC, no nos interesa deshacernos de ellos. En esta transición administrativa no los vamos a tirar a la calle. No lo dice el Decreto de Creación, pero sí es propósito del Centro, el día de hoy, la procreación de grupos de danza contemporánea que alcancen el desarrollo suficiente para desligarse del mismo.
¿Dónde queda lo nacional del Centro cuando la Federación pone un mayor acento en la descentralización del Centro?
La descentralización no implica que la Federación va a dejar de dar su apoyo, durante dieciocho años ha apoyado fuertemente el proyecto de descentralización, y no en igual medida las administraciones estatales. En esta presión y resistencia gubernativas el Centro sigue adelante con la firme convicción de sobrevivir. A nosotros nos urge –y se desprende del respaldo del sillón de escritorio-- propiciar una concreción. El Centro tiene recorrido un camino marcando pautas contundentes en el Estado por las cuales le debe interesar esta institución. La Federación sabe también que no es una institución cualquiera la que están desamparando. Quiero pensar que está en el interés de ellos que la institución salga adelante. Queremos concentrar nuestra energía y nuestros esfuerzos en una consolidación formativa y la efectividad creativa, en lugar de estar a la expectativa de oportunidades y/o propuestas de ocasión que incluso no coinciden con nuestro esquema jurídico y administrativo. En lo general, no reprobaremos las acciones que redunden en fuentes de trabajo; en la competitividad que incremente las exigencias de nuestro crecimiento por lo que hace a la formación de profesionales de la danza contemporánea; en un programa con el cual el gobierno estatal mire el desarrollo de las Artes Escénicas en la entidad.
PIES DE FOTO

"El juego", de Bárbara Alvarado, con el grupo Epicentro al celebrar el Día Internacional de la Danza, 2010.

"El juego" danza remontada por su autora, B. Alvarado, a casi cinco años de su estreno.

¿Cómo se suma la realidad?

Por José Martín Hurtado Galves

Sumar es cotidiano. Se aprende a sumar viviendo, teniendo y dejando de tener. Con días que se acumulan en balanzas que se inclinan casi siempre hacia el olvido; con recuerdos imprecisos que no son lo suficientemente pesados como para hacer el contrapeso necesario. Hoy, la suma; mañana, la incertidumbre de saber si se sumó lo que se tenía que sumar. Sobre todo, dudar si se es parte de la suma.

En el poema “la suma”, Jorge Luis Borges (Los conjurados, Emecé, 1996) habla de una suma infinita. No se trata de ordenar objetos de acuerdo a realidades semánticas o morfológicas; ni de ordenar en una fila a todas las ideas para pasarlas a pequeños o grandes receptáculos mnemotécnicos. Se trata de ver de golpe una cantidad indescifrable de objetos e ideas que se agolpan en la mirada.

“Ante la cal de una pared que nada / nos veda imaginar como infinita / un hombre se ha sentado y premedita / trazar con rigurosa pincelada / en la blanca pared el mundo entero”. ¿Quién no es ese hombre de quien habla Borges? Que lance la primera duda quien se crea libre de cualquier posibilidad o escapatoria. Estamos ante el pincel, a punto de sentir la caricia de sus cerdas. No hay un punto de apoyo para sostener el brazo, la mano se deja llevar por el peso del objeto, las líneas que deja la pintura surgen imprevistas al contacto de la tela. La pared con su blancura es infinita. A ella corresponde una mirada igual. La simbiosis surge de la mirada que inquiere, de la pared que susurra. La realidad está aquí, ¡sumémosla para tenerla! Saber hasta dónde llega nos hace tenerla en más de una forma.

Desde la oquedad, la pared llena de imágenes sus resquicios. A ella corresponden los vericuetos de la razón. Sin su desconcierto, todo sería angustiosamente ordenado y justificatorio. ¿Dónde podría quedar, en esas circunstancias, el ser humano que imagina? ¿A qué realidad podría acudirse para huir de la masificación humana?
Durante la suma, el caos extiende su imperio. El cansancio de la palabra no cesa de moverse. Se distribuye por todo el cuerpo que se ve sin fragmentar. Sumar es constante, no se puede evitar. Se juntan pedazos de realidad de aquí y de allá, de todas partes. La fatiga es necesaria, hace sentir que el esfuerzo vale la pena. Los extremos desaparecen al contacto de una mano que los recoge y ordena para sumarlos.
Borges continúa, insiste desde la voz que hace poesía: “puertas, balanzas, tártaros, jacintos, / ángeles, bibliotecas, laberintos, / anclas, Uxmal, el infinito, el cero”. Los objetos, se anudan de ideas; las ideas, se llenan de imágenes objetuales; la realidad es un objeto infinito; el infinito es cualquier objeto. ¿Qué forma imprecisa es la mirada, que se nutre de la piel de una realidad que no acaba de existir?

Sumar objetos no tiene fin. Los términos constantemente se mueven. El movimiento mismo es una quimera de la que ya habló Parménides. ¿Cómo sumar al infinito con el cero? ¿Cómo reconocer los límites del infinito, al grado de creer que es diferente a una biblioteca? Todo puede suceder, es cierto, incluso el absurdo a la hora de sumar.
“Puebla de formas la pared. La suerte, / que de curiosos dones no es avara, / le permite dar fin a su porfía”, continúa Borges su poema. La realidad empieza a tomar forma, la imaginación deja de ser sensación de espejos. La diferencia se amolda en nuestros ojos. Un ápice se llena de inmensidad. El todo desaparece en los fragmentos. La inquietud no deja de guiar las manos.

¿Qué es sumar si no vivir? Aprender a tener como premisa. Amontonar horas y horas de recuerdos. Poseer espacios llenos de vacíos. Hablar de esas horas que son minutos en los que uno espera. Requerir de sensaciones en las que la palabra es polisemia. Buscar los sorbos del silencio que quema en soledad. Atizar el fogón, para que el humo acabe de enrarecer la realidad. Sumar la realidad porque en ello nos va la vida.
Pero ¿qué poema no sigue su camino? El de Borges va y viene, una y otra vez en la realidad de la posibilidad. Hoy soy yo quien me veo en este espejo, mañana, no sé, tal vez sea otro tipo de espejo. “En el preciso instante de la muerte / descubre que esa vasta algarabía / de líneas es la imagen de su cara”. Fatalidad es darse cuenta que se habla cuando todo es silencio. O callar cuando es momento de gritar. El poema dijo lo que tenía que decir. Los oídos son diferentes. El mensaje puede ser incierto. Cuando se suma en pedazos de papel humano. Darse cuenta que uno es el rostro que se observa. Esforzarse en sumar, sin saber que sólo se sobrevive a cualquier proceso sumatorio.

¿Cómo sumar las cosas que imagino? ¿Cómo acomodar las cosas que he olvidado? ¿En qué balanza puede caber la tristeza y el desasosiego? ¿Junto a qué objeto o idea deben ir la alegría y la satisfacción? ¿Puedo juntar todos los instantes amorosos en un mismo sitio? ¿Podría sumar todas las palabras que me han formado? ¿En qué clasificación estaría la moral y la dignidad? ¿Podrían excluirse? ¿Deberían añadirse? ¿Y las preguntas que afilaron lo que me queda de mirada, a dónde dirigirlas? ¿Qué eco contendría las voces de mi padre, de mis tías, de mi hermano, de mis primos? Cansancio, quizá sólo el cansancio sea el camino. Con él se pierde la posibilidad de ser exigente. El caos se vuelve misericordia con tal de seguir sumando para vivir. Después de la suma, el alba; después de la realidad, la imaginación.

Caótico reposo

Por: Silvia Lira León

Ausencia fugaz. Estar quieto, mudo, sordo, ciego… y la mente no se detiene. La imaginación no pide permiso, irrumpe de golpe en la pasividad del reposo corporal nocturno transformándose en hechos inexplicables e incoherentes, sucediéndose unos a otros vertiginosamente, uno tras otro. No hay tiempo para reaccionar, no hay conciencia, estamos dormidos. Aún así nos vemos correr, a veces rodar por acantilados, caer por precipicios sin fondo, estallar en pedazos, o la angustia aterradora de la inmovilidad ante el peligro, de no tener la capacidad para mover ni un dedo, y sentir que el grito no sale de la garganta, un grito de auxilio desesperado que nadie oye porque jamás se emite.

Cuántas cosas pueden suceder cuando aparentemente no sucede nada, cuando el silencio absoluto envuelve el tiempo más apacible de toda nuestra existencia: el sueño. Al despertar recordamos algunos pasajes que vimos proyectados en la pantalla de la mente. No sabemos precisarlos porque recordamos imágenes aisladas, sin embargo, el recuerdo de algún personaje o de algún hecho particular nos horroriza como si lo hubiéramos visto en realidad, nos da miedo. Y es que en los sueños las cosas parecen tan reales, que a veces nos invaden con violencia en plena madrugada y ya no nos permiten conciliar el sueño interrumpido.

Dicen que cada uno carga con sus monstruos. Nuestras preocupaciones en abstracto toman forma de peligro, de angustia, de desesperación, y crecen y crecen y nos tragan la razón. Pero hay algunos seres que tienen la posibilidad de transformar esa situación en magia, en el don del arte. Esos a los que llamamos nuestros monstruos, que nos han acompañado desde siempre, fueron trazados por algún dibujante, pintor, ilustrador; fueron concebidos por algún escritor; fueron interpretados por algún actor. Son invención humana. Si lo vemos un poquito así, tal vez nos resulten menos terroríficos y hasta lleguemos a entendernos con ellos. Aunque en las noches de angustia tengan que cumplir con su misión.
Imaginemos un lienzo cuadrado atiborrado de peces sonrientes, cerdos irónicos, pollos enojados, humanoides encendidos en colores fuertes, rosas, azules, amarillos, morados inquietantes; tan angustiosamente pegados unos a otros, que no cabe ni uno más. Todos esos colores fuertes son logrados con pedazos de papel de china, trazados en acrílico sobre tela. Estos, y muchos seres oníricos más, pueden verse en la exposición pictórica “Plácida contemplación del sueño” de Rafael Ontiveros. El Museo de la Ciudad está abierto a las peores pesadillas convertidas en trazo y color. Visítala.

cronistadelportal@gmail.com

Una mujer Villista

La nauyaca
Blas C. Téran



La mujer nunca dejó las armas. Todavía en el último tercio del siglo pasado los vecinos de la cuadra le respetaban. La memoria había rebasado el dato histórico y su presencia era leyenda viva.
A su esposo se lo llevó la leva, los “pelones”, y ya no hubo de otra más que echar bala. En el año trece del novecientos, el Secretario de Guerra y Marina, por acuerdo del presidente de la república y en atención al valor y abnegación demostrados en hechos de armas, le entregan un diploma en el Palacio del Poder Federal, con firma del Gral. Mondragón al calce. El documento dice que se le confiere el uso de la barra distintiva de Cabo a Jesús Páramo, que le será canjeada por la condecoración creada para premiar sus virtudes.
La hija mayor recuerda que jugaba a las muñecas con los casquillos quemados. El Cabo del ejército, en algún momento, se liberó por propia decisión. Se juntó con las huestes de Villa y se fue al norte con toda la familia. Fue entonces cuando doña Jesús Galván, mamá chucha, tomó las armas. Anduvo en pleno campo de batalla echando bala por la causa.
De ella se cuentan muchas cosas. Ella misma las contaba, como aquella madrugada en que, después de la batalla, entre cuerpos muertos y agonizantes recogió “parque” y armas para acopio del batallón. Ella decía que entre los agonizantes se había gente que ya no tenía remedio y que debía ayudarlos para su descanso, por humanidad. Tampoco habría que usar un “tiro”, las balas escasean.
Entre sollozos mostraba la foto mortuoria de su hermano. Encima de una mesa, altar dedicado a san Martín de Porres, la fotografía del cuerpo, vestido de paisano, descansa con su sombrero revolucionario entre las manos y su pecho cruzado por cananas. El la sala de casa, colgado en espera, un rifle aùn en servicio. De vez en vez le da mantenimiento.
De propia voz se escuchaba que, cerca de Celaya, en Saravia, un grupo de levantados Villistas trataban de tomar un posicionamiento de “federicos”. Se le ocurrió una idea. A fuego cruzado ella, junto con otras pocas mujeres, se agenciaron una mula. En su lomo le cargaron dinamita, calcularon el tamaño de la mecha, la encendieron y azuzaron a la bestia. Para suerte de la causa, la mula explotó justo en el fortín permitiendo que la “bola” pudiera seguir hasta Celaya.
También los vecinos, los señores grandes de la cuadra, murieron. De sus hijos sólo queda la menor y ella prefiere mantenerse en silencio. Entonces, sólo el timbre de su voz en la memoria de quienes la escuchamos inaugura la leyenda.

Juan Rulfo

Por Armando Arias

No fue dueño de caudales materiales, pero es incalculable la fortuna cultural con que nos enriqueció ante los pueblos del mundo. Fue un mexicano honesto de quien lamentamos la ausencia de su huella. El fotógrafo y escritor Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, nació en Apulco, Jalisco, el 16 de mayo de 1917. Vivió en la pequeña población de San Gabriel, para ser inscrito en un internado de Guadalajara. Según datos de la Fundación que lleva su nombre, durante sus años en San Gabriel entró en contacto con la biblioteca de un cura, amigo de la familia. Una huelga de la Universidad de Guadalajara le impidió inscribirse en ella y decidió trasladarse a la ciudad de México. La imposibilidad de revalidar los estudios hechos en Jalisco le impidieron ingresar a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional, pero como oyente asistió a los cursos de historia del arte de la Facultad de Filosofía y Letras. Se convirtió así en un conocedor de la bibliografía histórica, antropológica y geográfica de México.

Durante las décadas de 1930 y 1940 viajó extensamente por el país en su calidad de agente de inmigración de la Secretaría de Gobernación. Desempeñó primero sus funciones en la capital para trabajar luego en Tampico y Guadalajara y recorrer durante dos o tres años extensas zonas del país, entrando así en contacto con el habla popular, los peculiares dialectos, el comportamiento y el carácter de distintos grupos de población.

Esta vida viajera, este contacto con la múltiple realidad mexicana, fue fundamental en la elaboración de su obra literaria. Más tarde y siempre en la misma Secretaría de Gobernación, fue trasladado al Archivo de Migración. Rulfo se ganó la vida en trabajos muy diversos: estuvo empleado en la compañía Goodrich, fabricante de llantas de hule y también en algunas empresas privadas, tanto nacionales como extranjeras. Trabajó en Guadalajara y en la ciudad de México y a partir de 1945 comenzó a publicar en dos revistas: América, de la capital, y Pan, de Guadalajara, dirigida por Juan José Arreola. La primera de ellas significó su confirmación como escritor, gracias al apoyo de su gran amigo Efrén Hernández. Publicó sus fotografías por primera vez, también en América, en 1949.

Se casó con Clara Aparicio en 1948 y en 1952 obtuvo la primera de dos becas consecutivas (1952-1953 y 1953-1954) que le otorgó el Centro Mexicano de Escritores, fundado por la estadounidense Margaret Shedd, quien fue la persona determinante para que Rulfo publicase en 1953 El Llano en llamas, y en 1955 Pedro Páramo. En 1958 terminó de escribir su segunda novela, El gallo de oro, que no se publicaría sino hasta 1980, y que es más conocida como guión para cine.

Encuestas hechas en México, España, Alemania, Noruega y otros sitios ubican los títulos de Juan Rulfo en un lugar prominente de la literatura universal. Sus lectores en las más diversas lenguas se renuevan continuamente y las nuevas traducciones no cesan de aparecer. Juan Rulfo es el escritor mexicano más leído y estudiado en su país y en el extranjero. En 2003, con motivo de los cincuenta años de la publicación de El Llano en llamas, apareció Noticias sobre Juan Rulfo, del reconocido especialista en Rulfo, Alberto Vital. Se trata de un libro de gran formato y calidad, profusamente ilustrado y constituye la biografía más completa dedicada al escritor y fotógrafo mexicano.

Las dos últimas décadas de su vida las dedicó Rulfo a su trabajo en el Instituto Nacional Indigenista de México, donde se encargó de la edición de una de las colecciones más importantes de antropología contemporánea y antigua de México. Rulfo, que había sido un atento lector de la historia, la geografía y la antropología de México a lo largo de toda su vida, colmaría con este trabajo una de sus vocaciones más duraderas.

La obra fotográfica que se conoce de Juan Rulfo, data de los años treinta, cuando adquirió una Rolleiflex. Su acervo consta de 7 mil negativos de construcciones arquitectónicas, como templos, casas, pirámides, estaciones de tren, pueblos y ciudades con gente niños, mujeres, músicos.

Rulfo publicó fotografías suyas por primera vez en 1949, en la revista América, como ya se dijo, y en 1960 expuso en Guadalajara una pequeña colección de sus fotos, pero fue la exposición de 1980 en el Palacio de Bellas Artes la que abrió al público más amplio el conocimiento de esta parte de su creación; desde entonces el interés por el fotógrafo Juan Rulfo no ha cesado de incrementarse y con él las exposiciones y los libros dedicados a sus imágenes.

En 2001 apareció México: Juan Rulfo fotógrafo, libro-catálogo de la exposición del mismo nombre, traducido ya al inglés, francés, italiano y alemán. La exposición se ha presentado en España, Italia, Francia, Grecia, Brasil, Argentina, Perú, los Estados Unidos, Marruecos, Portugal y México.

En 2002 apareció el libro Juan Rulfo, letras e imágenes, con textos suyos sobre la historia y la arquitectura de México y una selección de sus fotografías de edificios mexicanos de diversas épocas. A principios de 2006 se presentó el libro de pequeño formato Juan Rulfo, fotógrafo (Conaculta, 2005-INAH, 2007), con una selección de fotos y estudio preliminar de Andrew Dempsey.

En 2007 se dio a conocer el libro Tríptico para Juan Rulfo: poesía, fotografía, crítica, coordinado por Víctor Jiménez, Alberto Vital y Jorge Zepeda, con ensayos sobre la fotografía de Rulfo por Carlos González Boixo, Daniele De Luigi y Lon Pearson. Éste último autor presenta la exposición de 1960, recuperada gracias a su testimonio, y se reproducen las 23 fotografías que la integraron. Igualmente se hizo en este libro una edición facsimilar del encarte que apareció en 1949 en la revista América con once fotografías de Rulfo, las primeras que alguna vez publicara.

En 2009 ha aparecido otro libro de pequeño formato, Juan Rulfo: Oaxaca, con cincuenta imágenes tomadas por Rulfo en el estado mexicano de Oaxaca en la década de 1950. La selección de las fotos estuvo a cargo de Andrew Dempsey y Francisco Toledo.
Las fotografías de Rulfo se han exhibido en los principales museos y galerías de México, y en el extranjero en países como Francia, Estados Unidos, China, Rusia, Grecia, España, Bélgica, Austria, Reino Unido, Brasil y Alemania, entre otros. Juan Rulfo falleció en la ciudad de México el 7 de enero de 1986.

armandoariaslopez@yahoo.com.mx

Metáfora en la pintura de Guillermo Arreola

Por Carmen Rioja


“Las piedras jamás, paloma / ¿qué van a saber de amores?”
Tomás Méndez en Cucurucucú Paloma (Canción ranchera)

Heidegger dice que a las significaciones les brotan palabras , pero en la pintura de Guillermo Arreola las palabras se resisten. Las imágenes que se materializaron en el cuerpo de trabajo de la exposición No Volveré existieron mucho antes que sus significaciones y es por esto que hay que sacarles las palabras con tirabuzones. Mientras contemplo esta exposición itinerante recuerdo algo muy cierto que dijo Juan Villoro: los cuentos no quieren ser contados; y como una analogía podríamos decir que hay significados que no quieren ser revelados. Hay imágenes en los óleos de Guillermo Arreola que reposaban en el lecho del inconsciente y que sólo a través de su exhaustivo ejercicio de introspección y de autoexposición ha logrado traer a lo manifiesto para que después podamos apostar por un significado. Aunque apostar aquí por palabras no es del todo necesario.
De este carácter huidizo e inasible es ejemplo la pintura “Las piedras, jamás”. En ella se revelan significados para los que las palabras parecen no maleables. Hay un conflicto que ha sido sorprendido en el acto: en esta pintura vemos el retrato de la imagen en el instante mismo en que la imagen emerge a fuerza de presión. Y aún vemos el clímax: la imagen que tiende a desaparecer, se debate entre revelarse groseramente –en un expresionismo figurativo crudo– o sumergirse definitivamente en lo abstracto.
“Las piedras, jamás” es un óleo en el que un hombre flota en decúbito lateral, pero sólo alcanzamos a ver medio rostro, un ojo ciclópeo. Apenas comprendemos media mirada y ella se dispara hacia el espectador. No sabemos si emerge o se hunde; las pinceladas horizontales de texturas violentas se van difuminando; cubren la mitad inferior del rostro sugiriendo agua de río por sus colores claros, azules y grises en movimiento siempre veloz. El brazo izquierdo de este personaje sobresale de la superficie de agua y se encuentra flexionado sobre el pecho. La mano se insinúa dibujada a la altura del corazón.
Hay dos elementos de alto tono en esta composición que ineludiblemente el espectador se ve obligado a conjugar internamente. El primero es la mirada que está acentuada por cejas pobladas de oscuros brochazos; quien conozca a Arreola sabrá que su mirada es la de un poeta incansable que mira más de lo que muchos podemos, quisiéramos ver, o nos sentimos cómodos con ver, y que sus gruesas cejas son apenas la sombrilla necesaria para las pupilas. Un descanso de la luz cegadora emitida por todas las cosas de este mundo. El segundo elemento son los rojos y carnosos labios llenos de vida, fuerza creadora del eros, rodeados por una barba oscura y muy cerrada. Este negro contra rojo sobresale de la claridad y sutileza del fondo de agua gris azulada, nada explosivo y sin embargo violento en su velocidad. No vemos nada más de la figura de este hombre sino aquello para lo que aún no hemos inventado nombres y que está bajo el agua o bajo niebla y en el aire. El título de este óleo es un tanto críptico. Que aunque bien podríamos preguntar al pintor por la razón y significado de estas palabras, me aventuro a reclamar el derecho de la obra de ser autónoma y de ofrecer otros significados per se, aún aquéllos que el autor no había contemplado. Imaginemos por ejemplo la teoría de Heidegger que dice que el ser puede también manifestarse como lo que no es. ¿Qué es y qué no es “Las piedras, jamás”? Es mirada acentuada y labios rojos que emergen enmarcados por una negra barba.
Quisiera aventurarme más allá y decir que Arreola, al estar adscrito a la cultura mexicana, hubo de asumir que a partir de este título, habría una resonancia directa con el verso de la popular canción ranchera Cucurrucucú Paloma: “Dicen que por las noches nomás se le iba en puro llorar / dicen que no dormía nomás se le iba en puro tomar / dicen que el mismo cielo se estremecía al oír su llanto / cómo sufrió por ella que hasta en la muerte la fue llamando / Cucurrucucú, paloma, cucurrucucú, no llores / Las piedras jamás paloma / qué van a saber de amores/” El tono de la canción hace congruencia con la emotividad contenida en la pintura. En su blog, Guillermo incluye un diálogo poético acerca de una piedra y cómo las piedras son pensamientos que están en el fondo: “Que sólo había estado sacando las piedras de su memoria, había estado escombrando y había vuelto de allá, con piedras, las piedras de mi memoria, las piedras de mi pensamiento, dijo.”
Las piedras de las que trata esta obra no pueden flotar o no quieren, son piedras jamás inasibles. ¿Qué significa toda esta agua? Quizás un río, quizás las piedras del fondo que no vemos: Las piedras, jamás.