lunes, 31 de mayo de 2010


Editorial

El arte, la sociedad y el contexto estan inevitablemetne sumergidas en y para la cultura.
La Cultura atañe los usos, costumbres y tradiciones de una sociedad, de un contexto en especifico de un tiempo y de un espacio.

Barroco, Suplemento Cultural, publicado cada domingo en el Diario de Querétaro tiene como principio llevar hasta los queretanos, a traves de la palabra y la investigación , un trabajo que empalme las riquezas culturales de nuestro Estado asi como la vision de nuestra gente, de nuestro pueblo, de nuestra historia y nuestro tiempo.

Comparte con nosostros el fruto del trabajo, la cultura y el arte.


El río pasa, pasa:
nunca cesa.
El viento pasa, pasa:
nunca cesa.
La vida pasa, pasa:
no regresa.
Canto otomí





Aforismos para el 30 de mayo de 2010


Entre la tierra húmeda del campo, la huella se hace polvo; no se puede escapar para siempre del infierno que esconden los paraísos.

La realidad aparece con la palabra: los otomíes me recuerdan la aridez de la vida.

La vida como símbolo sagrado aparece en la distancia, entre la neblina de Amealco.

La tierra negra confundida con la roja, se vuelve huella: un insistir en caminar hacia el recuerdo.

Sembrar palabras en otomí, para cosechar historias de silencios.

Cuántas cosas no comprendo de la cultura otomí; es decir, cuántas cosas no comprendo de la historia de mi estado.


Canto Otomi

El río pasa, pasa:
nunca cesa.
El viento pasa, pasa:
nunca cesa.
La vida pasa, pasa:
no regresa.
Canto otomí

Otomís de San Ildefonso, Voces desde los valles queretanos

Por Margarita Ladrón de Guevara*

La reforma realizada en 2001 al artículo segundo de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos eleva a nivel constitucional la conciencia de la identidad indígena al asentar que:
La Nación Mexicana es única e indivisible. La Nación tiene una composición pluricultural sustentada originalmente en sus pueblos indígenas que son aquellos que descienden de poblaciones que habitaban en el territorio actual del país al iniciarse la colonización y que conservan sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y políticas, o parte de ellas. La conciencia de su identidad indígena deberá ser criterio fundamental para determinar a quiénes se aplican las disposiciones sobre pueblos indígenas.
Gracias a lo anterior, finalmente se reconoce que en México no existe una mayoría mestiza y una minoría indígena, sino muchos grupos con culturas y formas de vida diferentes, algunos indígenas y otros no” , según concluye el investigador y doctor por la UNAM Federico Navarrete Linares.
En Querétaro, según el censo de 2005, de 1,598,139 habitantes, 43,852 son indígenas y se concentran principalmente en los municipios de Amealco, Cadereyta, Tolimán, aunque es el primero el que mayor presencia otomí tiene en todo el estado. Aunque la ley distinga las diferencias culturales y defienda la igualdad, hoy en día nuestros pueblos originarios sufren discriminación y abusos por parte de los mestizos; a pesar de ello, los otomís que viven en el sur y semidesierto queretanos mantienen sus tradiciones ancestrales adaptándolas a los tiempos.
Los pueblos indígenas han sobrevivido durante los últimos cinco siglos porque han sabido adaptarse a las nuevas realidades. Ser indígena no ha significado aferrarse al pasado, sino saber armonizar el cambio con la continuidad, la fidelidad a las tradiciones con la capacidad de adaptación .
Cabe enfatizar que los otomís que viven en la región de los valles, es decir, Amealco, San Juan del Río y Querétaro, se caracterizan, por un lado, por su vestimenta tradicional; por otro, la lengua que hablan tiene variantes.
En el municipio de Amealco, son tres las delegaciones de San Miguel Tlaxcaltepec, Santiago Mexquititlán y San Ildefonso las que concentran el mayor número de otomís mismos que llegaron a la zona a través de migraciones en épocas prehispánicas y durante la conquista.
La zona ha sufrido la sobreexplotación de sus bosques y hoy en día, la economía subsiste entre las sillareras, la alfarería y la venta de muñequitas, servilletas o manteles tejidas por las mujeres de la zona; la cosecha de maíz y frijol es sólo para el autoconsumo.
La delegación de San Ildefonso Tultepec, en los límites del Estado de México, está formada por once barrios, incluido el Centro, y es uno de los principales bastiones otomís en el estado, con sus fiestas, tradiciones, colorido y lindas casas de sillar y teja. Ocupado por 8912 habitantes repartidos en 2047 viviendas, San Ildefonso Tultepec es un enclave otomí: del 97% bilingüe, el 82.56% de la población de 5 años y más habla otomí; el resto es población monolingüe que sólo habla otomí . Se tiene registro de que el templo empezó a construirse en 1711, aunque los restos de una iglesia más antigua (llamada “iglesia viejita”) sugieran que desde el siglo XVII ya se había evangelizado la región .
La delegación cuenta con tres centros de salud aunque un mínimo porcentaje, solo el 1.27% está afiliado al IMSS y la falta de empleo ha producido una migración hacia las ciudades y Estados Unidos, lo que también les ha obligado a aprender español. Además, un gran número de familias se ve beneficiada por apoyos gubernamentales federales, ya sea becas o despensas, lo que desahoga un poco la situación económica .
Los números y las estadísticas pueden dibujar un panorama frío de lo que sucede en las comunidades otomís de Querétaro; al hablar con la gente que ahí vive es esclarecedor. Las estadísticas nos marcan que si bien la migración es muy grande, los habitantes de San Ildefonso siempre tienden a regresar a su terruño, motivados por la calidez de las tradiciones ancestrales que todavía se realizan con la misma religiosidad desde hace siglos.
La fiesta más importante de San Ildefonso es el 23 de enero, día en que celebran a su santo patrón. Si bien todo el año hay fiesta y los maestros tamboreros o las danzantes deben ir a otros barrios vecinos, todas las actividades del pueblo se centran en el 23 de enero.
Los pobladores de San Ildefonso se encomiendan a sus santos según los meses y es tradición en los otomís tener en cada casa, una capilla oratorio donde la familia centra su fe, la cual comparte comunitariamente en la fiesta patronal.
“Las capillas oratorio parecen ser la marca cultural distintiva de los pueblos otomianos que habitan hoy en el centro de México. Las capillas familiares desempeñan un papel fundamental en la vida religiosa, simbólica y organizativa de las comunidades, a pesar de haber enfrentado diversas transformaciones que han dado origen a múltiples formas rituales. Tradicionalmente, en la capilla reciben a las ánimas, ofrendan a los muertos, velan a los santos y llegan los cargueros entrantes” .
Celia Cruz Jacinto y su esposo Jerónimo Margarito Pascual, son propietarios de una tienda de abarrotes, telas y artesanías. Tienen cuatro hijos, el mayor de 12 años. Celia y Jacinto comparten el buen humor de la gente humilde, y son orgullosamente otomís de San Ildefonso. De muy bien humor aceptan hablar de sus tradiciones; ella actualmente tiene cargo: debe cuidar una de las siete imágenes del templo. También vende telas, gracias a lo cual ella cuenta con gran cantidad de vestidos. Ser carguero es importante y es una responsabilidad que asumió el día de la Candelaria, el 2 de febrero, cuando también se bendijeron las semillas.

LOS VESTIDOS, LAS MUÑECAS Y LAS FIESTAS

“Tengo muchos vestidos, yo misma me hago los bordados y mis trajes” comparte en su casa Celia, de 32 años “me acomodo con las faldas no tan largas, aunque a veces sí me las pongo. La moda de las jovencitas ahora es usar la falda muy larga y el delantal cortito”.
Celia también es danzante, aunque lamenta que casi no le da tiempo de ir a las fiestas pues sus hijos ya van a la escuela y no hay quien se quede a atender a la tienda. El ser danzante implica que, ataviada con su traje, vaya a bailarle al santo de algún pueblo o barrio vecino en todo Amealco. Los colores y flores del traje, sombrero, bastón y arco son una ofrenda al santo “nuestro santo patrón tiene varios colores, por eso nuestros trajes, el sombrero, sus listones y arcos son de colores” explica Celia.
“Los diseños son tradiciones antiguas, ya desde que me acuerdo mi mamá así se vestía; ella dice que antes no se vestían de colores porque no había tantas telas, sólo de manta, entonces la bordaban con lana de borrego porque no había estambre, la pintaban y así adornaban; ahora que hay estambre se pueden hacer los bordados de colores”.
Las telas que vende Celia son importadas de Corea del Sur y las compra en el Centro Histórico de la ciudad de México. “Nos ponemos nuestros vestidos bordados y la gente nos dice: qué bonitos bordados; a nosotros nos gusta que nos miren nuestros vestidos y adornos”. Celia tiene muchos trajes diferentes y el color blanco lo usa cuando hay fiesta “por ejemplo, la Víspera uso un traje, en la Fiesta me pongo el traje que se me vea mejor, y en la Tornafiesta me pongo otro; pero la gente que no tiene tantos vestidos, el día de la Fiesta se viste de blanco, por el bordado”.
El traje incluye una blusa plisada; falda larga, faja, delantal, sobrero con listones y flores y bastón con cascabeles; aunque en época de calor, las mujeres prefieren usar sólo la blusa y delantal. Los hombres no visten el traje de manta porque se ha perdido la costumbre, aunque en la Fiesta sí lo usan con una gran faja roja “la tradición así es: los hombres deben usar rojo, normalmente se usa pantalón negro pero antes se usaba manta bordada”. Ahora, a muchos ya les da vengüenza “mi niña, Paty, ya no quiere ponerse el traje, dice que prefiere sus pantalones; le hice un traje en enero y nada más se lo puso una vez”, además, no quieren hablar otomí. Los hombres pueden ser moros, cargueros, mayordomos, fiscales o músicos.
El arco es uno de los elementos que acompañan a los hombres, así como el sombrero de picos y espejos. Los arcos en la danza de hombres, se usa todo el año, se hace de vara correosa y su fabricación es totalmente artesanal, como los sombreros. Así lo testifica Lucas Hernández, de 42 años, a quien su papá le enseñó a fabricarlos y él le enseña a su sobrino; entre los dos, se tardan un par de horas en realizar cada uno.
Lucas tiene 42 años y dos hijos, pero su hermana murió dejando ocho niños huérfanos, que él adoptó; su esposa, Lorenza Simón, también de 42 años, hace muñequitas y las va a vender a la caseta de cobro de Palmillas. Tienen su casa sobre uno de los muchos montes que circundan la carretera estatal que atraviesa a San Ildefonso; junto a su casa, está la siembra y un amplio valle oloroso a hierba. Su casa consta de varios cuartos de tabique y piedra y al centro un patio amplio; en uno de los cuartos, está su capilla donde también guardan los instrumentos.
Lucas ya sólo se dedica a tocar el tambor en fiestas de otros barrios; a cambio le dan comida y no dinero, pero no puede tener otro empleo. “La muñeca es lo único que nos da dinero” dice Lorenza, mientras teje a mano las piernas y brazos de la muñequita trenzada otomí, en su casa. El taller es en una habitación contigua que tiene una cama y una televisión grande; ahí, toda la familia realiza los trabajos manuales. En las vigas del techo de teja cuelgan las bolsas con el estambre para el cabello de la muñequita, en otra están los brazos, las piernas, los pedazos de tela para la falda y en el suelo, dentro de una enorme bolsa negra, están las flores para el arco que confecciona Lucas. Lorenza, sobre la cama, viste un hermoso traje floreado amarillo con falda verde limón. Ambos son muy amables y le abren la puerta de su casa a Diario de Querétaro. Nos acompaña Celia, quien de cuando en cuando intercambia frases en otomí con Lorenza.
“Antes vendíamos la muñeca india” precisa Lorenza “pero ahora tenemos que hacer la que es tradicional de Santiago Mexquititlán”, es decir, la de cabeza redonda. Ahora tienen que ponerle el cabello amarillo o rojo, pues gracias a las telenovelas, las jovencitas quieren tener el pelo de esos colores y así, se identifican con las muñequitas “ya casi no se vende la del pelo negro, nos piden más las rojas o güeras y pos tenemos que hacerlos así” aclara Lorenza.
Cuando van a vender ya sea flores, muñequitas, manteles o alfarería a la caseta de Palmillas, no siempre tienen suerte “le sacamos cuatro pesos por cada muñeca; y la policía no nos deja vender… tenemos que esperar hasta que se suben a la torre de control o se van para aprovechar a ver si tenemos suerte y se vende algo”. O en Querétaro, los inspectores les tiran sus flores y se las pisan, tercia Celia. Su sembradío es lo que les da de comer, el dinero escasea.
Lucas es maestro tamborero “nadie me enseñó, de puro oído escuchando cómo tocan” afirma. En su capilla tiene un violín y tambores que él compró “nadie nos ha dado nada, hemos solicitado apoyo del gobierno municipal y nunca nos han hecho caso”. Para que las tradiciones sobrevivan, tienen que vérselas solos.
Los apoyos que tienen algunas familias son por parte del gobierno federal, pero como el caso de Nicacia Santiago, tiene que gastar 150 pesos en venir a la Plaza de Armas de Querétaro para poder recibir cada mes una caja de despensa que contiene medio kilo de arroz, medio kilo de fríjol, medio litro de aceite…

HABLAR OTOMÍ O ESPAÑOL

Los investigadores Questa y Utrilla afirman que un elemento importante que propició que muchos habitantes de la zona dejaran de hablar la lengua fue la migración de la población indígena a las ciudades, pues los obligó a hablar español con el fin de vender sus productos y lograr comunicarse con la población mestiza que los empleaba. Por ello, algunos padres de familia prefirieron que sus hijos hablaran únicamente el español . La migración en el municipio de Amealco es principalmente a las ciudades de Querétaro y San Juan del Río, pero también a los Estados Unidos; en el tránsito hacia el país del norte, los hablantes de otomí encuentran más obstáculos idiomáticos “Hay gente que no quieren que su niño aprenda el otomí porque es muy difícil, por ejemplo, la gente que sale del pueblo y se va al norte, no saben ni pedir de comer”, continúa Celia.
Las escuelas primarias enseñan sólo en castellano; es hasta la secundaria que el alumno debe aprender a leer y escribir en otomí. Celia sabe leer en español, pero no en otomí (“tiene muchas haches”, se queja ella). Dentro de casa, los adultos se hablan en su lengua nativa y los pequeños entienden, pero prefieren hablar en castellano. Lo mismo pasa en la familia de Nicacia Santiago, Lorenza y Lucas
Aunado a lo anterior están las diferentes variantes de la lengua incluso en comunidades vecinas; dicha situación se da en esta región otomí, donde se pueden identificar, por lo menos, tres variantes del hñäñho: el de San Ildefonso Tultepec, el de Santiago Mezquititlán y el de las comunidades del sureste de esta región .“En Santiago Mezquitilán se habla diferente, es el mismo idioma pero hay palabras que tienen influencias de otras lenguas” como Náhuatl “nuestra lengua otomí es más pura”, dice Celia. “Es muy difícil mantener que los niños hablan otomí porque si salen del pueblo, ellos no entienden el español y nadie les entiende el otomí; igual pasa si viene un inglés (hablante del inglés), ellos no nos entienden ni nosotros tampoco… ellos nos pueden humillar si no hablamos el inglés, pero te aseguro que nosotros primero aprendemos el inglés que ellos el otomí porque es más difícil” reconoce Jerónimo. “Aquí prefieren que haya tiendas con gente que habla otomí, como yo, porque nos entendemos; las abuelitas y la gente de antes habla puro otomí y vienen a la tienda pidiendo en otomí, si mi niño no sabe hablar otomí ¿cómo le va a despachar?” dice Celia.

NO HAY DINERO

Tradicionalmente la región ha sido sobreexplotada, en particular en sus recursos forestales; si bien la economía de muchas familias se sostiene a base de bancos de sillar, el sociólogo Mario Monroy, codirector del Instituto Intercultural Ñöñho, A.C. sostiene que a este recurso natural sólo le quedan ocho años de vida. Todas las mujeres de San Ildefonso saben tejer y bordar, por lo que deben dedicarse a la venta de muñequitas, morrales y servilletas, los hombres, a la alfarería en la que fabrican cántaros, macetas y recientemente, calabazas para el Día de Muertos (con influencia del Halloween); lo que cosechan de sus tierras sólo es para consumo personal. “Antes trabajábamos en el sillar pero nos va mejor en la tienda porque hay mucha competencia y por necesidad tienes que vender muy barato”, dice Jerónimo “hasta 5.5 rebajan el sillar, y hay que invertirle: comprar el banco, comprar la máquina labradora o picos… no sacas la inversión, nada más te sirve para tener trabajo, pero no ganas”.
También son víctimas de abusos. Por un lado, personajes con credenciales falsas se hacen pasar por inspectores de Hacienda, del municipio o de cámaras de comercio, les piden dinero a cambio de asociarse, les piden más impuestos o simplemente les enseñan papeles firmados por autoridades exigiéndoles pagos; a raíz de que algunos ancianos no saben castellano o leer, caen en la trampa y les entregan dinero.

DISCRIMINACION

Todos ellos viven muy a gusto junto al campo, en su pueblo con sus tradiciones. “Yo vivo más a gusto aquí, mi hermana tiene su casa en San Juan pero nada más está encerrado, nada de campo” afirma Celia. Pero cuando vienen a las ciudades, todo cambia “la gente nos dice: ahí van esas viejas indias. Siempre nos dicen algo, por nuestros zapatos de plástico o por cómo nos vestimos”. Lorenza dice “los inspectores nos quitan nuestra mercancía, si llevamos flores nos las pisan”.
Por eso, mejor estar en el campo, junto a su santos, la música, la comida y la tradición. “Un vestido comoel mío puede costar hasta 250 pesos, es fácil hacerlo: nomás es cosa de hilvanar y pasarle la máquina, lo que cuesta más trabajo es el bordado” finaliza Celia.

*Agradezco infinitamente la ayuda que Marisa Gómez y Diego Prieto me proporcionaron para realizar este trabajo.

Universidad Intercultural Nähnü en busca de inculcar, enseñar, aprender y crear nuevas alternativas económicas.

Eréndira Lumbreras González

La Universidad Intercultural Nähnü, ubicada en la comunidad de San Idelfonso Tultepec, Amealco, abrió, desde enero, la Licenciatura en Economía Solidaria, la cual se basa en el estudio económico alternativo a partir de la solidaridad, la equidad, la dignidad así como el concepto del buen vivir para fomentar proyectos productivos que sean retribuibles para las comunidades, para las empresas “ es buscar nuevas alternativas económicamente hablando para el desarrollo de la comunidad o de las regiones” para así aprender a trabajar colectivamente y en forma cooperativa .
El proyecto universitario, que se ha gestionado desde diez años atrás, es un trabajo donde se han puesto andar otros proyectos para poder reunir recursos, apoyos, para brindar estudios, de forma profesional, de economía. Aunque en primera instancia, el proyecto se enfocó en detallar las potencialidades y necesidades de la región fue que el trabajo fue creciendo, hasta llegar, a plantar desde un enfoque social y cooperativo una economía donde todos estén involucrados.
Así mismo mencionan, que aunque el desarrollo del proyecto tiene un carácter social y privado, este es de carácter intercultural, es decir, es un Instituto en donde la cultura y la pluriculturalidad esta sujeta al dialogo y la relación entre una cultura y otra. Por otro lado se hizo énfasis en que el instituto funciona como si fuera una incubadora “tu de aquí puedes salir con los conocimientos suficientes para que puedas instalar tu propio negocio; es para idear tu propio emprendimiento, lo haces y lo administras” especificó Mario Monroy maestro en Sociología.
Gracias a los socios y a los apoyos de otras instituciones, tales como la ITESO, la Universidad Iberoamericana, la Asunción, la Universidad Autónoma de Querétaro, la Unión Regional de unión al campo (URUC) así como cooperativas, asociaciones civiles entre otros es que la universidad ha abierto sus puertas. La carrera que tiene un total de diez semestres, cuatrimestres, se cursa en un total de tres años y medio.
El punto de partida como recalcan es desde una perspectiva Intercultural, donde el objetivo es pensar en otras alternativas, ya no tradicionales, para fomentar la economía. Tanto Donata Vásquez, quien comparte con Mario Monroy la dirección del Instituto y Oscar Segura, docente de la Universidad e Ingeniero Forestal es que tienen el propósito de fomentar una economía solidaria alternativa .

Ewald Hekking y el rescate de la lengua otomí

Eréndira Lumbreras González

El arduo trabajo en el estudio del Otomí, comentó Ewald Hekking Sloof lingüista Holandés e impulsor de la lengua otomí en el Estado de Querétaro, comenzó desde 1981 cuando la Universidad Autónoma de Querétaro le ofrece un trabajo como investigador en el Centro de Estudios Ligústicos y Literarios, y es entonces que escoge el proyecto de rescate y rehabilitación de la lengua ñäñho en el Estado “ me di cuenta que no se había hecho nada de descripciones” y era preciso , explicó, rescatar y difundir la lengua” que es una de las principales dentro de las lenguas indígenas de México.
“Ya sabía de la existencia de lenguas indígenas; en la Universidad del Aire, en Holanda, estudie dos lenguas indígenas: el náhuatl y el quechua; ahí fue mi primer contacto con lenguas amerindias” recalcó. Cuando llegó a México, gracias a una beca dada por el gobierno para terminar su tesis, es que Hekking da cursos de verano sobre lengua nahualt en la UAQ, hecho que lo induce a seguir estudiando lingüísticamente las lenguas indígenas, en especifico el ñäñho, la cual es la más importante en Querétaro.
“En general me importan todas las lenguas, en éste mundo cualquier lengua es importantísima, no se puede decir que una lengua es mejor que otra” refirió. En cuanto al aprendizaje de la lengua otomí, Hekking comentó que le fue tardado aprender la lengua, sobre todo cuando no hay material escrito “yo lo aprendí haciendo la investigación y con métodos de rescate que me enseñaron en la Universidad; las preguntas, por ejemplo, me permitieron ir escribiendo, junto con un hablante nativo, la gramática de la lengua”.
Así mismo, explicó que en el Municipio de Amealco hay 3 variantes del otomí, el de San Idelfonso, El de Santiago Mexquititlan y Amealco; las diferencias entre uno y otro radican en el léxico y la fonología, es decir, en el uso de las palabras así como el tono o entonación. De los seis estados que hablan otomí, las variaciones más grandes son entre el otomí de Hidalgo, San Luis Potosí y Puebla “aunque la lengua varia una de otra, los otomís pueden comunicarse”.
“Es importante que los mestizos también se esfuercen en aprenderlo, pues es muy bueno para la actitud entre los mismos hablantes” comentó , además de enriquecer la identidad y la cultura; infiere Ewald que la actitud de los mestizos, de aceptación hacia la lengua, hace de la problemática algo totalmente diferente, “la rehabilitación y reforzamiento de esas lenguas depende del interés del los otros, del quien no habla la lengua” pues como explicó , la discriminación y el racismo han hecho que la lengua este en peligro de extinción.
Tanto el lingüista Ewald Hekking, el ingeniero Pedro Cardona Fuentes, diseñador del sitio Web, junto con el biólogo Aurelio Núñez quien pública dentro de la revista online del Sistema en línea para la enseñanza y difusión de la lengua otomí de Querétaro, Yakk, proponen, a través de este proyecto, difundir la lengua a partir de una serie de herramientas que permiten conocer la pronunciación de las palabras, el significado, la gramática, así como la literatura, poesía, de ésta lengua indígena “de ésta manera se pretende acercar la ciencia y la cultura a las comunidades indígenas y sociedad en general pero sobre todo se busca generar material escrito que preserve e impulse la continuidad de la lengua Otomí”.
El nombre del proyecto, Yakk, explica Cardona, que significa nuestra lengua o lengua de nuestros padres en lengua mixe popoluca, proveniente del suroeste de Veracruz, surge de la idea de situar un nombre que identifique el esfuerzo por salvaguardar nuestras raíces “la palabra surge en la época de la conquista, cuando lo españoles llegan a la nueva España; el primer pueblo con el que tienen contacto son los mixe- popoluca , el cual fue el primero en ser evangelizado ; cuando sucede eso los pueblos no permitían la evangelización, de manera que hacían actos de rebeldía y usaban esa palabra como un grito de batalla” puntualizó.

La fiesta de San Ildefonso, un santo muy consentido

Por Eréndira Lumbreras González y Margarita Ladrón de Guevara

Nicacia Santiago, de 51 años, está muy contenta porque acaba de regresar su hijo de Estados Unidos. Hacía cinco años que no venía. Pero eso no cambia sus actividades del día. Ella, como todas las mujeres de San Ildefonso Tultepec, desde muy temprano se levanta, se persiga, termina junto a sus hijas algunos quehaceres de la casa y camina hacia su siembra para, según la temporada del año, recoger o sembrar, maíz, fríjol y trigo. Ella cuida también de su casa, hecha de piedra, tabique y tejas; el suelo es de cemento, no de tierra, y su casa se divide en varios cuartos con un gran patio al centro desde donde se puede ver el valle y los árboles, sobrevivientes de los amplios bosques que antes colmaban la región.
Para Nicacia como para su hija Felipa, de 28 años, sin duda el evento en el que más atención pone es la fiesta de su santo patrono, San Idelfonso, que a decir de Felipa, de 28 años, cuando los pobladores le construían su templo en un valle, éste se aparecía como diciendo: no me gusta el lugar. También cuenta la leyenda que mientras construían ese templo, llovió torrencialmente formándose el cauce de un río que los pobladores habían olvidado, justo donde estaba la iglesia. Sea por que por ahí pasaba un río o porque al zanto no le gustó el lugar, la iglesia no fue terminada. Sin embargo, el pueblo tiene dos iglesias: los restos de la llamada “iglesia viejita”, construida, según una inscripción en una de sus puertas, en 1616 y cuyos restos se mantienen casi intactos; y la iglesia del Barrio Centro, que se empezó a construir en 1711 y se terminó hasta 1817.
Como en la mayoría de nuestros pueblos, el calendario festivo está asociado con el ciclo agrícola; la fiesta más importante de San Ildefonso Tultepec se lleva acabo del 22 al 24 de enero de cada año, vísperas de la Candelaria que es cuando incia el ciclo agrícola festivo; el ciclo de fiestas temina con el día de muertos, en noviembre. La celebración mayor está dividida en tres grandes sucesos: la primera llamada Víspera, donde toda la gente del pueblo hace cantos y rezos dentro del templo y hasta se puede escuchar al rezandero, don Chilo, rezar en latín; en la noche, se disfruta de los juegos pirotécnicos elaborados por los artesanos del lugar. La segunda, llamada Fiesta, conmemoración del santo patrono, en la que se hace una misa y al término de ésta se hacen bautizos o primeras comuniones; y la tercera, la Tornafiesta, el día 24, se hace una misa y la procesión del Santísimo. Destaca por supuesto el intercambio de suculentos platillos.
Antes de la procesión, los Moros, hombres a caballo que portan un gorro puntiagudo con espejos en forma de triangulo, son los encargados de representar un sacrificio. Nicacia lo cuenta así “los moros escogen entre la gente a la persona que se va a sacrificar; la persona elegida sale corriendo entre la gente hasta y el Moro la alcanza, una vez que la alcanzó la pone en el suelo, sobre una manta y la mata. Cuando terminan de matarla, avientan hartos cacahuates, ¡que esas son las tripas del difunto! o sea con un cuchillo de esos de palo o de la misma caña, pareciera que abren el estómago para después aventar las tripas: los cacahuates. Después se lo llevan cargando dando vueltas alrededor del templo hasta introducirse en él. Una vez dentro, lo ponen en el suelo, y al Moro se le cobra una multa por el difunto. Se vuelve, así, como si fuera una obra de teatro; del que mata, lo corretean y lo persiguen y lo encarcelan… tú lo mataste, tú lo levantas, tú lo cargas”.
Nicasia y Felipa afirman que esta escenificación es un sacrificio que se le hace a San Idelfonso cada año, entre las muchas que hay en el año. El Una semana antes del miércoles de ceniza, después de la fiesta del Santo Patrón, es que se hace el Carnaval, en el cual se decide, vía votación, en el caso de los Fiscales, encargados de representar a la Iglesia, los nuevos puestos o cargos dentro de las festividades religiosas. El día domingo del Carnaval quedan de acuerdo quiénes serán los cargueros, el mayordomo y el fiscal, y es hasta el lunes que reunidos en la iglesia, se reparte el pan, el cual simboliza el compromiso que tienen tanto con la comunidad y la iglesia; el pan llamado Gancho es símbolo de intercambio; los cargueros y mayordomos anteriores deben de ir con su pan para entregarlo a los nuevos cargos.
En el caso de las mujeres Cargueras, su encomienda es poner flores típicas del lugar como alcatraz, gladiolas, azucenas o crisantemos a la Virgen de Guadalupe, a San Isidro, a San Idelfonso, a las Benditas Ánimas, a la Santísima Trinidad, al Santo Entierro y/o la Virgen María, depende quién les toque; los hombres, los cargueros, son quienes quitan los jarrones del Altar.
Al cierre e inicio de los nuevos cargos los encomendados se intercambian comida “cuando se hace el cambio de puestos o cargos, el Mayordomo o carguero viejo debe de dar al mayordomo o carguero nuevo una ofrenda así como el nuevo al viejo, es decir comida, tortillas, arroz, mole, guajolote, su refresco o su cerveza… como uno pueda, ora, si usted puede menos, pus da menos y si uste puede más, usted dele más a su cambio” explica puntualmente Nicacia, quien es bilingüe y habla la lengua de sus antepasados: otomí, al aigual que Felipa.
Aunque sus costumbres están muy llenas de creencias, misticismo, fe, festividad; la cotidianidad no deja de estar cerca de la naturaleza. La comunidad, da cuenta, desde sus tradiciones, de gran solidaridad y compromiso con sus costumbres. Por eso los que migran siempre regresan, como el hijo de Nicacia.

La fiesta de San Ildefonso, un santo muy consentido

Por Eréndira Lumbreras González y Margarita Ladrón de Guevara

Nicacia Santiago, de 51 años, está muy contenta porque acaba de regresar su hijo de Estados Unidos. Hacía cinco años que no venía. Pero eso no cambia sus actividades del día. Ella, como todas las mujeres de San Ildefonso Tultepec, desde muy temprano se levanta, se persiga, termina junto a sus hijas algunos quehaceres de la casa y camina hacia su siembra para, según la temporada del año, recoger o sembrar, maíz, fríjol y trigo. Ella cuida también de su casa, hecha de piedra, tabique y tejas; el suelo es de cemento, no de tierra, y su casa se divide en varios cuartos con un gran patio al centro desde donde se puede ver el valle y los árboles, sobrevivientes de los amplios bosques que antes colmaban la región.
Para Nicacia como para su hija Felipa, de 28 años, sin duda el evento en el que más atención pone es la fiesta de su santo patrono, San Idelfonso, que a decir de Felipa, de 28 años, cuando los pobladores le construían su templo en un valle, éste se aparecía como diciendo: no me gusta el lugar. También cuenta la leyenda que mientras construían ese templo, llovió torrencialmente formándose el cauce de un río que los pobladores habían olvidado, justo donde estaba la iglesia. Sea por que por ahí pasaba un río o porque al zanto no le gustó el lugar, la iglesia no fue terminada. Sin embargo, el pueblo tiene dos iglesias: los restos de la llamada “iglesia viejita”, construida, según una inscripción en una de sus puertas, en 1616 y cuyos restos se mantienen casi intactos; y la iglesia del Barrio Centro, que se empezó a construir en 1711 y se terminó hasta 1817.
Como en la mayoría de nuestros pueblos, el calendario festivo está asociado con el ciclo agrícola; la fiesta más importante de San Ildefonso Tultepec se lleva acabo del 22 al 24 de enero de cada año, vísperas de la Candelaria que es cuando incia el ciclo agrícola festivo; el ciclo de fiestas temina con el día de muertos, en noviembre. La celebración mayor está dividida en tres grandes sucesos: la primera llamada Víspera, donde toda la gente del pueblo hace cantos y rezos dentro del templo y hasta se puede escuchar al rezandero, don Chilo, rezar en latín; en la noche, se disfruta de los juegos pirotécnicos elaborados por los artesanos del lugar. La segunda, llamada Fiesta, conmemoración del santo patrono, en la que se hace una misa y al término de ésta se hacen bautizos o primeras comuniones; y la tercera, la Tornafiesta, el día 24, se hace una misa y la procesión del Santísimo. Destaca por supuesto el intercambio de suculentos platillos.
Antes de la procesión, los Moros, hombres a caballo que portan un gorro puntiagudo con espejos en forma de triangulo, son los encargados de representar un sacrificio. Nicacia lo cuenta así “los moros escogen entre la gente a la persona que se va a sacrificar; la persona elegida sale corriendo entre la gente hasta y el Moro la alcanza, una vez que la alcanzó la pone en el suelo, sobre una manta y la mata. Cuando terminan de matarla, avientan hartos cacahuates, ¡que esas son las tripas del difunto! o sea con un cuchillo de esos de palo o de la misma caña, pareciera que abren el estómago para después aventar las tripas: los cacahuates. Después se lo llevan cargando dando vueltas alrededor del templo hasta introducirse en él. Una vez dentro, lo ponen en el suelo, y al Moro se le cobra una multa por el difunto. Se vuelve, así, como si fuera una obra de teatro; del que mata, lo corretean y lo persiguen y lo encarcelan… tú lo mataste, tú lo levantas, tú lo cargas”.
Nicasia y Felipa afirman que esta escenificación es un sacrificio que se le hace a San Idelfonso cada año, entre las muchas que hay en el año. El Una semana antes del miércoles de ceniza, después de la fiesta del Santo Patrón, es que se hace el Carnaval, en el cual se decide, vía votación, en el caso de los Fiscales, encargados de representar a la Iglesia, los nuevos puestos o cargos dentro de las festividades religiosas. El día domingo del Carnaval quedan de acuerdo quiénes serán los cargueros, el mayordomo y el fiscal, y es hasta el lunes que reunidos en la iglesia, se reparte el pan, el cual simboliza el compromiso que tienen tanto con la comunidad y la iglesia; el pan llamado Gancho es símbolo de intercambio; los cargueros y mayordomos anteriores deben de ir con su pan para entregarlo a los nuevos cargos.
En el caso de las mujeres Cargueras, su encomienda es poner flores típicas del lugar como alcatraz, gladiolas, azucenas o crisantemos a la Virgen de Guadalupe, a San Isidro, a San Idelfonso, a las Benditas Ánimas, a la Santísima Trinidad, al Santo Entierro y/o la Virgen María, depende quién les toque; los hombres, los cargueros, son quienes quitan los jarrones del Altar.
Al cierre e inicio de los nuevos cargos los encomendados se intercambian comida “cuando se hace el cambio de puestos o cargos, el Mayordomo o carguero viejo debe de dar al mayordomo o carguero nuevo una ofrenda así como el nuevo al viejo, es decir comida, tortillas, arroz, mole, guajolote, su refresco o su cerveza… como uno pueda, ora, si usted puede menos, pus da menos y si uste puede más, usted dele más a su cambio” explica puntualmente Nicacia, quien es bilingüe y habla la lengua de sus antepasados: otomí, al aigual que Felipa.
Aunque sus costumbres están muy llenas de creencias, misticismo, fe, festividad; la cotidianidad no deja de estar cerca de la naturaleza. La comunidad, da cuenta, desde sus tradiciones, de gran solidaridad y compromiso con sus costumbres. Por eso los que migran siempre regresan, como el hijo de Nicacia.

2010 promete… más Jazz

Por Alfonso Ornicoleman

Una constante de la presencia del jazz en nuestro medio siempre es de agradecerse, en aras de lograr una cultura del género. Un buen comienzo con los conciertos de los jueves a principios del año con figuras importantes de Europa, ahora se retoma en junio con el ciclo Miércoles de jazz, pero no sólo eso, sino que los conciertos vienen acompañados de conferencias, todo esto en coordinación y auspiciado por el Instituto Queretano de la Cultura y las Artes.

La actividades inician el martes 1º con la conferencia Panorama mundial del jazz en la Galería Libertad a las 19:00 hrs, donde se pretende dar un vistazo general a las condiciones en las que se encuentra el género, con videos, música y múltiples conceptos, y con la finalidad de lograr una gran interacción con el público para lograr más adeptos a la música creativa.

El miércoles 2 en Plaza de Armas a las 20:00 hrs, nuevamente hace su aparición Proyecto WEF y el concierto temático La creación espontánea y la sonoridad del rock y precisamente bajo la premisa de la búsqueda de nuevas sonoridades y el no repetirse, a partir del presente año, el grupo tiene la característica de la movilidad de sus integrantes, es decir, integrar nuevos elementos en cada presentación, por lo que este concierto permitirá a los integrantes de WEF, tener como invitado especial a Leonardo Requejo en la guitarra, quien aportará su particular concepción sonora como alumno de Robert Fripp, uno de los artífices del rock progresivo, de la experimentación guitarrística electrónica, de un particular concepto armónico-filosófico musical, y líder de la formación histórica King Crimson. La aportación guitar craft de Leonardo se unirá al contexto de la creación espontánea, improvisación colectiva y al free jazz, por lo que se espera un sonido abrasivo, duro y sin concesiones.

Leonardo menciona que esta oportunidad de participar con Proyecto WEF le resulta motivante y atrevida, porque es difícil hacer música bajo estos preceptos en México y menos aun en provincia, además atractiva al no revisitar los acostumbrados y comunes stándares del jazz, ni el uso del lenguaje convencional del género, por supuesto cualquier flirteo con el smooth está descartado.

Se debe poner gran interés en la presentación de Germán Bringas una de las figuras más representativas del underground musical mexicano, con la aportación y lenguaje en el marco del free jazz, acompañado del “Thank Drum”, instrumento elaborado por el mismo Bringas con tanquecitos de gas, logrando un sonido similar al steel drum o al hang drum, el cual puede ser escuchado en el primer disco “La creación espontánea” de Proyecto WEF. La cita es en Plaza de Armas, miércoles 9 a las 20:00 hrs.

El sábado 26 de junio a las 19:00 hrs., nuevamente abre sus puertas la Galería Libertad a una segunda conferencia titulada El jazz está muerto, una mirada crítica a los lastres del jazz que algunos aseveran han ocasionado su muerte. Tema polémico, pero necesario.
En julio se programará una tercera conferencia con el título El coraje creativo en el jazz, estén pendientes.

Para agosto se programará en la Galería Libertad la muestra pictórica El Cosmos y el jazz en un trabajo producido con el Prof. Jesús Oñate, pionero de las artes plásticas en nuestro país, presentando su particular cosmovisión del jazz, con una propuesta original e innovadora, sumándose el concierto de “Creación espontánea”.
Roberto Magris de Italia, Richie Cole de EU, Luis Gasca, Gabriel Hernández, Sociedad Acústica de Capital Variable, Mitote Jazz son los nombres de músicos de talla nacional e internacional que estarán ligados a estos foros e inclusive algunos de ellos con Proyecto WEF en los próximos meses.

El trabajo continúa, esperando que ante la apertura de la Ciudad de las Artes se reviva la oportunidad de ver y escuchar al top del jazz europeo con la Vienna Art Orchestra, Django Bates o LLibert Fortuny, ya se tiene un camino recorrido por su servidor, de ustedes se necesita el apoyo de su presencia en eventos de tal magnitud y trascendencia artística, lo necesita nuestro entorno. Así mismo estén al pendiente de la programación de presentaciones de artistas locales en el ciclo de los Miércoles de Jazz.

Salud a la música creativa.

Oda a Borola Tacuche de Burrón

Por Hugo Gutiérrez Vega
a Carlos Monsiváis en su chorrocientos cumpleaños

Forzada, sí, por lo inmisericorde y por los años de la tripa mala,
maestra en al arte de ir tirando, santa señora del descuajaringue,
buscando la fortuna o, por lo menos, un magro desayuno,
tu vida y tu escenario comunal forman la desazón regocijada
de la diaria miseria y de su desastrosa escapatoria
(“aquí nos tocó” y otras periclitadas transparencias).

Debías burlar la estricta vigilancia de las moralidades burronianas,
tan sin matices, ay, siempre tan planas
sin el aire gracioso de la imaginación.
Don Regino, ejemplar, tan apocado por propia voluntad,
censuraba tus planes, frenaba tu aventura, aunque sabía
que al final, una bondad profunda e involuntaria
negaba tu discurso malandrín, y hundía tus pasos
en las obligaciones solidarias.
Sucede igual a veces con la errática y siempre impredecible sociedad vecindaria.

Llamo en mi auxilio para encomiar tu vida y tus trabajos
al mismo Don Regino con todo su civismo conformista,
a Regino chico, Macuca y Foforito; a Wilson, el amigo del hombre, el compañero de sus estrecheces;
a Avelino Pilongano, destacado colega
(el Fonca de la santa Gamucita lavaba ajeno
para patrocinar sus odas inmortales,
más chipocludas, ay, lo reconozco con rencor enconado,
que éstas que usted, lector querido, tiene
ante esos sus oclayos soñadores);
al Tractor pretencioso
y a Chagoya, rijoso y vulgarón diputadazo,
tan parecido, ay, a los gobernadores
buscando los regresos del pasado.

A lo lejos, allá ¡en San Cirindango, Briagoberto Memelas y Juanón Teporochas
levantan las banderas del sistema,
mientras Dick Epifanio O’Connor y Audrey Petra Chagoya
lanzan los de apipizca rumbo al norte.

Esta ciudad desparramada y rota, tiene en usted, Borola,
la cumbre de la risa exasperada;
los chorromillonarios (veo a Cristeta, Boba Licona y al sofocado Pierre)
evitan que el encomio boroliano se vista de colores maniqueos.

Van más allá sus pasos, mi señora,
pues el humor más hondo cala y pinta
el turbio panorama que revela la aurora de Nonoalco.

El que esto canta ha visto sus cantares incrementar la producción del huevo,
tal lo hizo Sinfónico Fonseca, compositor de pro;
el que esto canta piensa en Satán Carroña y sus fracasos;
piensa, en fin, en la noche de noviembre y en esa vecindad
que ha renovado hambres, humillaciones y formas solidarias.

Para acabar, regreso a usted, Borola, y pienso en don Gabriel y en su comedia humana.
Con humor candoroso y vengativo, ya casi derrotada la ilusión
nos aferramos a esta furris vidorria
tan poderosa, sí, que sigue y sigue a pesar de morirnos.
Sigue en esta ciudad, fuerte señora, pues pase lo que pase
la vecindad enorme, México-Tenochtitlan, seguirá en pie
y este su sueño ilustre seguirá bailoteando el Cuchichí.

“Mecanismos de apropiación”.

La obra de Marja Godoy, en el Centro de Arte Bernardo Quintana

Por Gerardo Esquivel


En el Centro Cultural Bernardo Quintana Arrioja de la Universidad Autónoma de Querétaro, se exhibe desde el pasado viernes 21 de mayo de este 2011, el trabajo de Marja Godoy.
Es una exposición por el término de sus estudios de licenciatura en artes visuales. Generalmente las muestras de próximos egresados de un centro de formación profesional no tienen otro fin que el de cumplir lo mejor posible con las expectativas académicas que de ellos tienen los profesores y la institución que los licencia.
No es el caso de esta muestra.
Además de reconocer en algunos trabajos ese momento de egreso, la obra va más allá. El diálogo de la autora es con los maestros y las tradiciones que habitan sus preocupaciones académicas y artísticas no sólo en la Facultad y el aula, sino en el diálogo universal de las artes. Ella demuestra el oficio adquirido y los conocimientos académicos, pero su trabajo es propositito; va más allá de la demostración escolar. La autora se arriesga a mostrarnos los asuntos más personales que tiene con el arte y además nos propone sus soluciones. Es así una muestra, una exposición artística.
Lo es también ya que su preocupación no es el reproducir los encuentros que otros tuvieron con las artes; no es reiterar las propuestas de alguna corriente o escuela artística, de un autor o de alguna tradición; es la preocupación personalísima de enterarnos de sus encuentros auténticos, propios, con las artes.
Así su trabajo escapa a la retórica de la academia, pero también del lugar común, muy actual, de ver en las artes una industria del entretenimiento, vulgarizando la experiencia espiritual de buscar lo otro. La de Marja, es una obra que busca la poética, en el sentido amplio que maneja en El Arco y la Lira, Octavio Paz; que dignifica las artes proponiendo ante todo ese cuestionamiento fértil del autor con las tradiciones, los autores; el lenguaje que las artes y los artistas se forjan lejanos al interés oportuno y pueril de la moda, el buen gusto o el mercado.
También es una obra genuina, auténtica, ya que en ese diálogo personal no se pierde en la copia de otros. Se adivina su conocimiento de autores, escuelas, etc., pero su punto de vista no se confunde con el de otros que son su objeto de estudio y de crítica.
También es una obra original, por los temas, los materiales, el discurso, las soluciones y las propuestas.
Son una serie de ensambles, no encuentro otra mejor manera de llamarlos, que nos propone en formatos diversos, no aparatosos ni grandilocuentes. Son objetos de dimensiones breves, pero son propuestas que muestran caminos diversos para las artes. Desde el objeto, hasta la solución de espacios arquitectónicos, escénicos o escultóricos.
Nos recibe con una obra resuelta en resina epóxica que son 3 gelatinas en un plato, una cuchara y una moneda. No se trata de un ready made como los que Duchamp nos brindara con el fin de atrapar al mirón. La preocupación de Duchamp no era hacer de sus críticas hilarantes y metairónicas, un objeto a reverenciar, ni un culto, ni concepto incomprensible. Era el juego de un artista por atrapar al mirón y evidenciar al arte retiniano.
Tampoco es un homenaje a Beuys que recupera el espíritu de Duchamp en los años ochenta, de atrapar al mirón, él lo hace más hiriente, teatral y absurdo; en una sociedad envuelta en la agonía absurda de la modernidad. O el de Gabriel Orozco que nos hace reflexionar sobre lo realmente absurdo de la modernidad y sus creaciones. Este primer trabajo de Marja nos propone un regreso, un repensar la experiencia cotidiana y sus cosas, sin tratar de evidenciar su realidad hilarante, es una mirada mas reflexiva, íntima e intelectual.
También nos recibe su “lata de sardinas”, que sigue otra tradición, otra preocupación, la de los ensambles, objetos sacros y los retablos en la cual son maestros Gironella y Enrique Hernández, los dos ya fallecidos y uno, Enrique, era el azote de los pintores de la generación llamada de “Fin de siglo”. Ambos liberaron con su obra al retablo y el objeto sacro de su utilidad, de la misma manera que Miquel Barceló lo hace en sus bellísimos murales-retablos de la catedral de Mallorca, haciéndolos sacrílegos y artísticos nuevamente. Ese pequeño objeto, suficiente en sí mismo, muestra el camino que conduce al retablo como forma de arte. Las obras que Marja logre por ese camino, serán maravillosas.
Hay otro trabajo que nos muestra 2 dibujos con grafito sobre papel estraza, de un toro, mismo que está propuesto entre ambos dibujos, toro colgado, tensado por hilos que lo sujetan y tienen pendiente de un espacio imaginario que creamos entre esa tensión cautiva e intelectual que dibujamos, sin remedio. Es una propuesta de instalación que va más allá y se convierte en espacio escultórico. Lo imagino resuelto en dimensiones y materiales contundentes. Escapa a las soluciones de Orozco, o a los refritos que sobre él se hacen tanto y tan tardíamente en la metrópoli y las aldeas, o las aldeas metropolitanas.
Un siguiente trabajo es una pequeña caja de madera con un grupo de corchos apilados, una serie de etiquetas con el nombre de personalidades que pueden ser las preocupaciones intelectuales de la autora o una simple elección por azar; y un pequeño autobús de juguete, anegado en la caja. Es un trabajo que sigue el más puro espíritu surreal, sin caer en su onirismo provocado, sino buscando en la tradición de las ferias mexicanas esa realidad poética; esa experiencia libertaria.
De ahí pasamos a “hilando fino”, que es una delicia de trabajo, un espacio que Marja crea entre dos aros de costura con tela y una serie de hilos que bajan o suben de un aro al otro y nos brindan un espacio escultórico, arquitectónico o escenográfico. Ésta es una obra emparentada con Alexander Calder y su maravillosos circos que realizó en su estancia en París y fueron el fundamento de su asombrosa obra posterior. También eran de pequeño formato como las obras de Marja. Este espacio propuesto por Marja es una obra en sí misma, pero puede convertirse en otra obra muy diferente al cambiar sus dimensiones y su propuesta.
Continuamos con una pequeñita cámara oscura que es una trampa para el mirón y nos muestra una escena que el placer de los juegos de feria, “jugar por jugar”, nos conmocionaba; que lo pone a salvo de la evocación de aquel ensamble de Duchamp en el que por una mirilla en una puerta envejecida, nos asomamos y descubrimos la escena de una mujer desnuda en un paisaje con una lámpara de gas en la mano. “Dados, la lámpara de gas…”
Seguimos con una pequeña cajita entre dos cristales que podemos tomar entre las manos, y que es de un lado un laberinto personal resuelto con clavos y de la otra cara un juego personal, también solucionado en clavos; un destino entre ambos, como la lectura de la palma de la mano; cintas de medir, etc. Es otra cita a la tradición de la fiesta, de la feria, muy afortunada y que me lleva también a pensarla en otras dimensiones y propuestas.
Llegamos a otra caja que nos narra los instrumentos de Faetón, como una caja de costurera, de teixidor, que en sus cajones dispuestos en la parte inferior, nos muestra esos instrumentos que con el paso de los años se vuelen cicatrices de un destino; sobre estos cajones una representación de un mapa cósmico medido, que es recorrido ritualmente por los caballos dorados de Apolo dibujando el recorrido del sol y que algún día, en un momento de arrojo juvenil y temerario, Faetón se atreviera a conducir el carro divino. Como obra intelectual, es una recreación de un mito de conocimiento personal y del mundo. Es una referencia a Sor Juana y su “Primero Sueño”. Como obra artística, me recordó a Calder, a algunos asuntos del arte conceptual sin la pretensión de arte total, a la tradición de las ferias, a algunas pocas buenas obras de Adolfo Patiño; pero escapa otra vez a todos y consigue una obra personalísima que puede funcionar como escenografía o como espacio escultórico, de juego y vivencial.
Hay algo en toda su muestra que me recuerda a Julio Castillo en sus trabajos con objetos, instalaciones, fiestas y “Numeritos”, como él los bautizó. También me lo recuerda esa alegría de trabajar y realizar objetos que cuestionan al observador, trampas para el mirón, espacios de reflexión, para comulgar. Ese gusto por la fiesta como fenómeno artístico donde se reúnen las artes, de las ferias y el azar; que son momentos donde el arte puede recuperar su espacio propio, sus significaciones y contenidos.
Pero también escapa de Castillo, a quien conoció y que después de ver un Quetzatcoatl resuelto en papel engomado que marjta en ese entonces, a sus 15 años, realizara me dijo con la mano en la cintura a pesar de su avanzada enfermedad, “¡Uy compadre!, esta niñita si te va a chingar tu carita”.
Las preocupaciones de Castillo eran por asombrar, por irritar, ese era su plan; lo conseguía y de paso encantaba. Marja su asunto es mas íntimo, intelectual. No quiere destazar para redibujar el mundo y firmarlo; tampoco quitar a alguien para ponerse ella; su método es sutil, personal, discreto, juguetón, profundamente intelectual. No es una fiera sino un domador.
Los dos Castillo y Marja, abren caminos novedosos entre la tradición y la modernidad. Solo que Marja tiene mas claro el horizonte en esta agonía moderna y es parte de lo que seguirá a la modernidad y le tocará a ella y muchos mas, nombrar.
Me pregunto si tantos encuentros de la autora, tan joven, son sólo coincidencia. No, no es así. Nos dan fe de una personalidad muy enterada, con gran noticia de diferentes cosas, con una curiosidad viva, un talento especial, una capacidad de realización muy versátil y una formación basada en la libertad.
Un momento así lo viví otra vez hace muchos años, en el 76, cuando Julio Castillo llegó al taller de nuestro maestro a mostrarnos sus trabajos personales, que eran una compilación de lo que sería su obra y sus preocupaciones por el resto de su vida; ese momento en el cual se asumió como artista, en el que por primera vez se exhibía tal cual era, en el que nos decía “este soy yo”.
Tengo una gran alegría de vivir esto dos veces, ahora con Marja Godoy. Su obra es objeto de gran optimismo porque el diálogo en las artes continúe; porque con todos los años en que desarrolle su obra nos logre contar la manera en que somos, vivificar las tradiciones artísticas que nos pueblan y darles un idioma, una traducción de ahora.
Felicidades a Marja por sus encuentros, que son los nuestros también; felicidades a todos por ver nacer un talento original, universal en esta aldea; felicidades a sus maestros porque de alguna manera la han dejado crecer en la libertad y brindarnos estos “mecanismos de apropiación”.

Ya con esta me despido

Por Leslie Dolejal

Comenzaré por decir que Querétaro es un círculo tan pequeño que se me antoja curioso que alguien lo vea como un todo significante. La realidad de sus preguntas y respuestas me parece tan clara que nunca he necesitado circunscribirla ni edificarla para hacer literatura, pues es de una constancia formidable. A veces, claro, me maravillo al contemplar San Agustín y la cúpula con los Musicantes. Pienso que toda la ciudad queda ahí representada, elevada y detenida. Y comprendo que ahora más que nunca quien viva dependiente ha generado compromiso. Y quien hable de “comunidad” ha adquirido la obligación de mostrar los asuntos en común. Como si hubiera adquirido un sitio para construirlo.
Por supuesto, el arte no es ninguna competencia ni la carrera por llegar a un puesto determinado. Las posturas de un mundo que se cree tan importante, y que es tan importante que ya no hablamos de atropello, son los 5 minutos de gloria cueste lo que cueste. Y el final de las reuniones, lamentable. Cierto. ¿Dónde son las chelas? El fondo de todo esto puede describirse como la búsqueda de la legitimidad. Qué legitimidad tiene tal o cual para llevar la voz cantante. A quién legitimamos para buscar unas monedas. A quién para otra jerarquía inútil. Hasta que todo esto deviene en descubrir que hay quienes viven de sus recuerdos y tienen mala memoria. Motivo suficiente para mandar la basura al reciclaje.
Por fortuna, el pequeño círculo en el cual se desenvuelve la ciudad no es el mundo. Querétaro, señoras y señores, no es el mundo. A nadie en el mundo le interesa lo que pase en Querétaro a no ser asunto del clima por cuestión viaje. Por ello cuando la máscara pide a gritos legitimidad lo único que queda por hacer el legitimarla. Actuar de modo que la vean como algo verdaderamente importante. Ejemplar. Porque el asunto de ser es cuestión institucional. Porque ser es, ante todo, un estar para los otros, avalado y único, con un millar de ideas adoptadas que nadie carajos se atreve a cuestionar ni a decir por qué son, aunque la pura interpretación de una mirada nos muestre complejo de bruto iridiscente.
¿Diagnóstico? Claro. Cualquiera que considere importante tener unas monedas del erario no sólo es un ser magnífico, sobre todo si las logra. Cualquiera que obtenga unas monedas del erario por vía de los cuates conserva una obligación con los cuates. Aunque sea la de “hablar con la verdad”. La de interpretar una “verdad”. O incluso, la de ser un atorrante tolerado, subsidiado, pero por supuesto, presupuesto, avanti, atorrante al fin. Pues lo que importa “es nunca dejar de ser quien eres”. Lo que importa “es distinguirte sobre los demás”. Lo que importa, aunque ya nadie sepa qué carajos importa, es importar, y para importar hay que convencer de que somos importantes.
¿Demolición de más? ¿Demolición de menos? ¿Habrá alguna promesa que no sea detestable? ¿Alguien nos dirá que el clima en la ciudad no apesta, sobre todo con tal calor y semejante alcantarillado? Legitimidad, señores, preocúpense por la legitimidad. Legitimémonos todos. Todos somos legítimos cuando el discurso y la oportunidad se nos presentan. Entonces, ¿lo escribes tú y nosotros lo firmamos? Claro, veladamente. ¿Disidencia? ¿Cuál? ¿Dónde? ¿El discurso de hace años por un pobre asesinado? ¿Una lista interminable de destinatarios en la Internet? ¿Los dictámenes de becas, premios literarios, afinidades en desuso, el yo quiero ser grande y soy más grande porque lo digo yo?
La vida, como tal, es el único arte. Adoptar ideas es llegar a la propia consumación. Los subsidios para el arte se vienen arrastrando desde la Ilustración. (El arte hacía mejores a las personas, nadie se preguntaba entonces si eran buenas personas los artistas). La Revolución francesa permitió en Querétaro que todos fueran artista hasta que demostraran lo contrario. El Positivismo llevó a que tuviéramos muchos poetas pero pocos astronautas, (esto último debido a una delicada formación). Y el Romanticismo intermedio hoy nos garantiza que Miguel Aguilar Carrillo y Francisco Núñez son una buena decisión, qué importa que contravengan el detalle de una convocatoria, si para ello está Contraloría.
Por supuesto, Nadie mató a dios, pero si nadie lo mató, entonces fueron los judíos. Ayer, mientras cagaba, hubo una perfecta máquina de cagar cagando. Y en fin, cierto estoy de que yo firmo lo que sea en aras de obtener cualquier subsidio. ¿La quieres roja, o colorada? ¿Letras? Ni me digas. Ese culero de Manuel Cruz. Pero yo, yo, yo: qué grande soy, qué bonito soy… cómo me quiero, aaaaa, aaaa, sin mí me muero, jamás me podré olvidar.

Cierra “El rizo de oro”

Armando Arias


Rete tristes, anunciamos a nuestros amigos lectores que la peluquería “El rizo de oro”, cierra de manera permanente sus puertas. El maestro de la navaja y la tijera Don Regino Burrón ha muerto, su hijo adoptivo el pequeño Foforito murió también y con ellos marchó a la otra vidorria “Wilson” el perrito de la casa domiciliada en la vecindad del Callejón del Cuajo número chorrocientos chochenta y chocho, su hogar honrado donde habitaron al lado de la ilustre Borola Tacuche de Burrón con sus educados hijos Macuca y Regino, también perdidos para siempre.

No fue la crisis económica la que bajó tan de porrazo la cortina del “Rizo de oro” porque la crisis le hacía los mandados a la familia Burrón, acostumbrada a subsistir como millones de familias pobres en este México tragicómico donde se sobrevive de milagro, ingeniándoselas día con día, dándole vueltas a ideas que como foquitos de taquería se encienden en la de pensar cuando ya las últimas esperanzas se creían perdidas. Doña Borola Tacuche no necesitaba que don Regino Burrón la llevara a las playas de Acapulco para tomar el sol. Eran muy pobres. Ella ideó el “Acapulco en la azotea” y en traje de rana mostraba sus sensuales formas junto al tinaco de la vecindad, cosa que enloquecía de deseos al sexo horrible para escándalo de Macuqita quien reprendía a su mamá por semejantes extravagancias.

La pobreza fue el estado natural de la Familia Burrón. Siempre positivo, don Regino entregaba íntegros al presupuesto familiar los pocos centavitos que ganaba y se enteraba de los precios del mercado por los datos que doña Borola le proporcionaba: El kilo de hueso con pellejo estaba en $750.000 pesos; el jitomate amaneció a $8000 pesos el kilo; más barato el limón costaba $50 pesos la pieza y el kilo de tortilla transgénica se cotizó en la Bolsa de Valores. Borola nunca se resignó a ver morir de hambre a sus tres hijos, y fíjense que digo tres porque a Foforito nunca lo hizo menos. Entonces desesperada por el dolor en la tripa los sentaba a la mesa y muy correcta les servía un delicioso consomé de trapo de cocina hervido acompañado de unos deliciosos chilaquiles de periódico recortado. Estirando el dedo meñique, Borola Tacuche de Burrón bebía para el desempance un aromático té de hojas de árbol de la calle.

No fue la crisis, fue el deceso del escritor y dibujante Gabriel Vargas, lo que nos condena a la pena de nunca más solazarnos con las filosas ocurrencias de Borolita, ni de atender a las bondadosas reflexiones de don Regino quien en “El rizo de oro”, hablaba con rabia contenida, pero sin ofender, de los malos políticos, de los malos gobernantes, de los malos comerciantes, de los malos maestros, de los malos funcionarios, de los malos policías en fin, de toda la plaga de buitres carroñeros que le chupan la sangre a los chorromillones de familias Burrón de este apocado país.

Desde la década de los 70, se consideró a don Gabriel Vargas (Tulancingo, Hidalgo 1915-México D.F. 2010) como el cronista urbano de la capital mexicana del siglo XX. Su visión de la realidad mexicana fue una caricatura de la crueldad a la que el cinismo de los ricos somete a los pobres, marginados en vecindades, amontonados en transportes urbanos y limitados en sus capacidades humanas por una sociedad exponencialmente injusta.

Su historieta apareció por primera vez en 1938, con el nombre de “Vida de perro”, más adelante se transformó en “El señor Burrón”, y en 1940 apareció como “La Familia Burrón”, que fue publicada cada martes por la Editorial G y G, la cual llegó a los 1616 números el 25 de agosto de 2009 y en la actualidad, la Editorial Porrúa sigue publicando compilaciones de ellas, donde habitan sus 57 personajes donde predominan Borola Tacuche, Macuca, Don Regino, Don Briagoberto Memelas, Doña Gamucita, Boba Licona, Foforito, Avelino Pilongano, el Conde Satán Carroña, entre otros nombres.

Don Gabriel Vargas fue reconocido en 1983 con el Premio Nacional de Periodismo; en 1993 con el Premio Nacional de Ciencias y Artes por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; y el año 2009, recibió el doctorado honoris causa de la Universidad de Hidalgo, entre otros merecidos reconocimientos.

Un transporte para estudiar

Por: Silvia Lira León

Cuando yo era estudiante existía el Abono de Transporte. Era un boleto del tamaño de una tarjeta bancaria, un poco más ancha pero sin llegar a un formato cuadrado. Tenía al centro un número grande que indicaba la quincena a la que correspondía y cada quince días cambiaba de color; así el operador del transporte público lo identificaba sin problema. Este boleto venía acompañado de un boleto más pequeño, del mismo tamaño que cualquier boleto del Metro, pero hecho de un material plástico flexible de color azul, éste boleto se introducía en el torniquete y al accionarse el mecanismo para acceder al andén, el torniquete devolvía el boleto y el usuario lo tomaba mientras cruzaba al otro lado. De esta manera, el usuario podía hacer cualquier cantidad de viajes en el Metro en un mismo día, durante toda la quincena, sin tener que comprar más boletos.
Este Abono de Transporte permitía hacer viajes ilimitados en los sistemas de transporte público del Departamento del Distrito Federal, estos eran el Metro, el trolebús, los autobuses urbanos y el tren ligero. Con todas estas ventajas de movilidad, el Abono de Transporte era muy demandado por la ciudadanía, así que había que comprarlo muy temprano porque se agotaba el mismo día que salía. Lo vendían en las taquillas del Metro. Ese día las filas en las taquillas eran interminables, hasta salían a la calle, y cuando por mala suerte no alcanzábamos a comprarlo, andábamos de estación en estación buscando desesperadamente algún huerfanito que haya quedado por ahí.
Era tan apreciado que vendían una mica protectora con portada transparente para mostrarlo al operador sin tener que sacarlo y correr el riesgo de extraviarlo. Hubo gente que hasta los coleccionaba una vez que había terminado su vida útil. De verdad le tomaba uno cariño. Era el compañero imprescindible de todos los días. Y es que facilitaba tanto la movilidad que llegaba uno a acostumbrarse. Ya no era necesario hacer colas en las taquillas del Metro, ni del tren ligero, ni andar desembolsando más dinero para el trolebús o el camión; con sólo mostrar el Abono se accedía fácil y rápido. Y qué gran ayuda fue para los estudiantes. Era económico y práctico cruzar toda la ciudad para ir a la escuela con un solo boleto. De otra manera, yo habría tenido que pagar cada medio de transporte por separado, y quién sabe si hubiera conseguido terminar mis estudios.
Con todos los problemas que se le puedan achacar y que en verdad los tenía, el transporte público de aquel entonces fue accesible para muchos sectores de la población capitalina gracias al Abono de Transporte. Lo recuerdo y lo extraño cada vez que tengo que pagar los seis cincuenta de cada viaje, y me da una especie de nostalgia, y a la vez me da tristeza porque muchos jóvenes queretanos no tendrán la misma suerte que tuve yo.

¿Evolución o espontaneidad?

Oscar Salas

Una fábrica donde ningún producto es manufacturado, donde abundan los fierros pero no hay ningún implemento fabril, palpita la vida y se recibe el delicioso aroma desde un horno de pan. Hay quienes pasan llevando en la mano un lienzo montado en un marco y en la otra mano cargan o jalan una caja muy parecida a la que suele identificar a un fontanero y/o un electricista. Otras personas se cuelgan de telas y se sostienen en el aire. Alguien hace interpretaciones pianísticas. En unas mesitas con sombrilla están instalados algunos platicadores mientras picotean un platito o sorben brebajes cuyo volumen oculta sobrada espuma. Allá un par de jóvenes descalzas mueven sus cuerpos como para comunicar alguna emoción o sentimiento, sentado en una banca de jardín un hombre joven, mayor que ellas, parece supervisarlas. No faltan quienes instalan lámparas trepados en larguísimas escaleras, mientras otros alteran o modifican estructuras. Cuando los hay, prevalecen los colores muy sólidos, generalmente rojos encendidos y negros brillantes entre materiales que lucen las tonalidades que les son propias. Dos son las muy contrastantes grafías prevalentes, o únicas: la muy geométrica, con delgadez gótica, que sería propia del adiestrado en la elaboración de planos arquitectónicos; y la manuscrita, pero ese trazo con identidad geográfica: que si Francia o Italia, que si Estados Unidos. Ningún letrero nos dice dónde estamos, pero en la papelería y publicidad de sus espectáculos, la cita es convocada en el Centro Cultural La Fábrica. La congruencia del simplismo es irrefutable, también la conjunción de opuestos.
Adentro de una asoleada salota metálica, cuya funcionalidad primordial es escénica, zumba, como masa de moscardones, una gran hélice encerrada en una jaula de alambrón, como fiera que no logra atemperar la feroz temperatura. Aquí hemos sido convocados por un intolerante de la indolencia y la apatía al 1er Encuentro de Directores Jóvenes de Escena (¿Qué tal Jóvenes directores de escena?). Tanta es su tozuda intolerancia que, medianamente superada su torpeza informática que acusa su desfasamiento generacional, si no se propone mi redención, sí avizora alguna compostura, siquiera temporal, y pasa por alto mi incompetencia para dirigir nada y mi carencia de poca edad, para atizarme la convincente invitación. De hecho soy el único canoso, exceptuando los virtuales proyectados con una intensa lucecita, en esta antigua nave industrial.
Con una parafernalia informática que fuera de La Fábrica sería alardosa, Alonso Barrera, director del establecimiento, y también escénico, nos ha presentado en la primera de tres jornadas, a quien parece ser su personaje inspiracional, muy envidiable por su capacidad para la captación de mastodónticos patrocinios, apenas igualados por sus producciones y montajes: el tejano Bob Wilson. Retiene mi atención el cumplimiento de la causalidad sobre la casualidad. Este enorme arquitecto fue tartamudo hasta que cayó en manos de Byrd Hoffman, una maestra de danza que le aplicó y/o recetó la lentitud como remedio. Mi asombro crece al recordar una clase de ejercicios de ballet en la que los alumnos se quejaban de la rapidez del ritmo: Más lento es más difícil, les respondió el maestro ejemplificando con la retención de la suspensión, tendrían que ser Superman. Todavía muy joven, Wilson topó con un joven negro autista rodeado del aislamiento que había conocido durante su tartamudez. Así acrecentó su convencimiento, implícito hasta llegar a explícito, que la palabra es prescindible en la comunicación. Ideó la manera de poner a este autista en el mundo y éste transcurriera tomando en cuenta la existencia de aquél. Wilson presenció el aporreamiento de un joven y al interponerse/ inmiscuirse, entre el golpeado y el policía, conoció la imposibilidad de comunicación que vivía el sordomudo victimado. Las ideas y manifestaciones de Wilson para establecer interacción con estas personas sin el uso de la palabra, de manera esencialmente visual, fue conocida por Louis Aragon y reconoció en su trabajo elementos esenciales del surrealismo. Bob Wilson fue visto como un surrealista que no estaba enterado de la existencia del surrealismo en Francia. Aragon instó y propugnó por la acogida y promoción de este estadounidense, hoy dolido por la apreciación estrictamente empresarial del quehacer intelectual y artístico. El arte saca al creador de prolongadísimos espectáculos del aislamiento, con el arte establece vías comunicantes, las comunicaciones incitan/excitan más expresiones artísticas que, para quienes necesitan resultados contables, redundan en generación de ocupación para el sustento.
También desde la Arquitectura la escena vanguardista de México fue marcada por Juan José Gurrola, según nos lo mostró en la segunda jornada del Ciclo: Los grandes creadores escénicos del s XX, Angélica García, del Centro para la Investigación Teatral Rodolfo Usigli. No tan solo esta disciplina constructiva acerca al tejano educado en Nueva York con el mexicano fallecido en 2007, también el provenir de familias con formaciones superiores a la media de su entorno, su diverso y constante aculturamiento extranjero, su visión multidisciplinaria y polifacética del suceder artístico y cultural. Los puntos de confluencia no excluyen la docencia, también muy practicada por Alejandro Jorodowsky, el chileno discípulo del maestro de la mima Marcel Marceau, que también ha marcado el escenario mexicano con su vanguardismo de fuerte influencia francesa.
Estos creadores, no obstante la singularidad de su intervención en el suceder de la vida cultural del país, no representan ni provienen de un surgimiento espontáneo. Más nos conviene tomarlos como una derivación evolutiva individual y social, con una perspectiva opuesta a la vertiginosa inspiración súbita de quien amanece alentado por designios zodiacales, por la fervorosa recitación de bienaventuranzas, o lemas autovalorativos; sumergidos en la prontitud y/o inmediatez, contaminados por el facilismo divorciado de la constancia y la preparación. La aceptación evolutiva implica asumir que habremos quienes muy poco, o nada, cosecharemos del terreno que abonemos. Los optimistas pueden albergar la esperanza de una vigorosa longevidad. Qué bueno que el Encuentro los días 24, 25 y 26 de mayo se ha dado entre jóvenes para jóvenes. Hay expectativas de cosecha y resiembra, antes de que los fraccionadores de vidas y espacios nos releguen a espectadores de alucinantes montajes y edificaciones machaconamente glorificadas.

Otra vez el barullo


Blas C. Terán


De nueva cuenta una parte de la fraccionada comunidad cultural local se reúne, con base en la razón, para evaluar, en ejercicio ciudadano, el trabajo de la actual administración del Instituto Queretano para la Cultura y las Artes. Lo que motivó a esta reunión es la inquietud que ha despertado la aplicación y decisión en los programas Apoyarte y Estímulos a la Creación.

El nombramiento de la actual dirección del instituto fue recibida con beneplácito por quienes dirigen la Orquesta Filarmónica del Estado, el INHA, el Museo Regional, el Colegio Nacional de Danza, la Extensión Universitaria. Los funcionarios respaldaron en nombre de la institución, al menos eso creo; sus comentarios al respecto se leyeron en la prensa local.

La mejor en el ramo: ha demostrado tener conocimiento amplio de la promoción cultural, está presente en la vida cultural y conoce las estrategias de gestión y creación. Así presentó a su colaborador el actual Gobernador del estado.

Ante tal expectativa, la base, la infantería de cultura y las artes, espera una actuación vinculada con la ciudadanía. A siete meses de la actual administración en la dirección de Instituto, a ese nivel, la base, ha llegado poco o nada de ese factor necesario, la vinculación.

El caso de otorgamiento del beneficio del programa Apoyarte, en la primera emisión de este año, y motivo de convocatoria a la reunión de personas, en ejercicio ciudadano, ocupadas en la legitimidad, dignidad y evolución en la cultura y las artes, es sólo una de las inquietudes que ha despertado el actuar de la vigente dirección del Instituto, eso quedó de manifiesto sobre la mesa, las interrogantes expresadas fueron varias.

Esto, lo que sucede en la administración de las artes y la cultura, obliga a interesar al público en general para que también exponga sus inquietudes. Toda la ciudadanía merece, por constitucionalidad, información por parte de los funcionarios públicos, que son quienes nos representan.

Si hace dos o tres años la comunidad cultural se mostraba fraccionada, cada fracción igual tenía presencia, ahora, lo que se muestra es una total falta de interés, aventuro que esto es provocado por la distancia marcada por la actual administración.

Hasta ahora, salvo los artículos: Apoyarte, de su servidor, y La Cultura en la era de la desconfianza, escrito por Luis Alberto Arellano, publicados en este suplemento cultural, son una muestra de lo provocado. Lo demás, hasta el momento, sigue siendo imagen auditiva.

Hubo una vez un rey, lo leí en un cuento, que se disfrazo de pueblo para mezclarse entre las voces y enterarse de como lo perciben.