lunes, 1 de marzo de 2010

Los indigenas insurgentes en el imaginario de los queretanos

Los indígenas insurgentes en el imaginario de los queretanos

Querétaro ha sido recordada como uno de los lugares donde se gestó la independencia. Sin embargo, el papel que tuvo esta ciudad como insurgente durante la independencia duró muy poco tiempo, casi sólo durante la conspiración, ya que de inmediato, a los pocos días de levantarse Hidalgo en Dolores, Querétaro se declaró realista.

Dra. Lourdes Somohano Martínez
Facultad de Filosofía
Universidad Autónoma de Querétaro

La ciudad de Querétaro durante la guerra de independencia, entre 1810-1821, fue identificada como un bastión realista. Las dos únicas batallas que registra contra los insurgentes fueron durante el mes de octubre de 1810, mientras las tropas realistas, acantonadas en la ciudad, estaban en una misión. La ciudad fue ocupada militarmente por el gobierno colonial para tener un punto de paz y un puerto seguro para abrir el incendiario Bajío, dominado por la insurgencia. La imagen de Hidalgo y Allende en la ciudad es relacionada con la herejía, el robo y la traición. Mientras el Bajío fue el foco de atención se registró la mayor tensión en la ciudad, posteriormente bajó, pero la ciudad continuó siendo un lugar de paso y de descanso para las tropas realistas, que abandonaron definitivamente la ciudad hasta la entrada del ejercito de Itrubide en junio de 1821. El movimiento insurgente en la ciudad fue extinguido por diversos métodos, que incluyeron la persecución policial, militar y religiosa. Los dos ataques recibidos fueron producidos por tropas insurgentes mayoritariamente formadas por indígenas, considerados como hombres valientes y arrojados, no obstante su inferioridad en armamento.

Estos mismos eventos registrados en Querétaro durante la guerra de independencia, a finales del siglo XIX fueron evocados en el imaginario social mediante leyendas en donde nos dibujan a unos indios ingenuos, sin capacidad de ataques efectivos. A Hidalgo se le incorpora en el panteón de los héroes, pero el más grande de todos ellos, el magnánimo será Iturbide. Este imaginario corresponde con el proyecto nacional triunfante criollo, que deja de lado las aspiraciones de la población indígena, y con la antigua identidad realista de la ciudad. En este trabajo abordaremos el período intermedio registrado entre la conspiración y la insurgencia, para después convertirse Querétaro en una ciudad realista, con sus dos batallas emblemáticas, la del 6 y el 30 de octubre. Posteriormente se compararán estos eventos con las leyendas y tradiciones que fueron registradas por don Valentín Frias a finales del siglo XIX.

Querétaro ha sido recordada como uno de los lugares donde se gestó la independencia. Sin embargo, el papel que tuvo esta ciudad como insurgente durante la independencia duró muy poco tiempo, casi sólo durante la conspiración, ya que de inmediato, a los pocos días de levantarse Hidalgo en Dolores, Querétaro se declaró realista. El gobierno colonial tomó militarmente la ciudad para tener un lugar seguro para moverse desde la ciudad de México hacia el conflictivo Bajío y hacia el norte. Tener el control de esta ciudad era estratégico. Para lograrlo se utilizaron varias estrategias. Durante los once años del conflicto la ciudad únicamente registró dos batallas con los insurgentes, éstas dos en el mes de octubre de 1810. Estas batallas han sido emblemáticas, y a ellas y como fueron recordadas en el siglo XIX nos referiremos.

Hipótesis: Lo que se pretende mostrar es a los diferentes grupos que participaron en la independencia, y cómo durante el siglo XIX y principios del XX, son recordados. Entre ellos, los indios son ubicados con una carga negativa, mientras que Hidalgo y sobre todo Iturbide son rescatados en la memoria. Lo que nos habla del proyecto criollo que triunfó.

Para observar lo siguiente iniciaremos dando una perspectiva de los momentos álgidos en Querétaro, del inicio del movimiento, hasta que se estabiliza la ciudad, con el control de las milicias.

Entre las llamadas Reformas Borbónicas, la conocida como Consolidación de los Vales Reales aplicada desde finales de 1804 fue la que más alteró el orden colonial. En 1805 Don Miguel Domínguez notificaba al virrey de las nefastas consecuencias que traería su aplicación para todos, especialmente para la clase propietaria. Ciertamente, los grupos de la elite fueron los que se vieron más afectados y comenzaron a pensar en su autonomía. Un enemigo en común, ubicado como un “mal gobierno” se estaba perfilando para muchos grupos, especialmente para los criollos. La invasión francesa a la península Ibérica en 1808 brindó la oportunidad para agilizar los planes de emancipación.

De la conspiración a la insurgencia

Diversas reuniones conspiradoras, encubiertas en tertulias literarias, tenían lugar en Querétaro, con una participación de militares, religiosos, empleados del gobierno, comerciantes, etc. Al parecer, la esposa del corregidor, doña Josefa parecía tener un papel destacado. Las autoridades tuvieron noticias del levantamiento desde el día 11 de septiembre. Don José Mariano Galván levantó una denuncia ante el comandante don Ignacio García Rebollo, notificándole lo que se estaba fraguando, organizado por el capitán Allende y el cura de Dolores, y demás implicados. Unos días después, Araujo, un preso involucrado en el movimiento, denuncia a sus compañeros. Por esta denuncia apresan a don Epigmenio González y otras personas que estaban en su casa el 14 de septiembre en la noche. Al día siguiente fueron detenidos el corregidor, su esposa y otros “vecinos letrados” y militares. En 16 llegaron las noticias a Querétaro de que el capitán Allende y el cura Hidalgo comenzaron las revoluciones, tenían sitiada la villa de San Miguel el Grande y el pueblo de Dolores un gran número de personas lo habían asaltado. La lucha se había iniciado.

La ciudad de Querétaro se prepara para la defensa

En Querétaro todos estaban alarmados por las dimensiones que tomaba la revolución, ya que se incorporaban rápidamente más gente a las tropas de Hidalgo y Allende. La ciudad no estaba tan desprotegida, ya que recientemente se había organizado nuevamente un Batallón Urbano, al mando del comandante García Rebollo, quien junto con los peninsulares y la los hombres más distinguidos, organizaron un plan de defensa. También estaba en la ciudad el batallón del regimiento de Celaya y la compañía de voluntarios de Fernando VII. El día 17 de septiembre comenzó a correr el rumor de que Allende se acercaba a Querétaro para liberar a los presos. Por lo que se reunieron a las tropas y se trajeron además a 400 hombres de las haciendas inmediatas, armados con lanzas, y a unos 3 000 indios, con sus hondas y garrotes, que estuvieron patrullando la ciudad.

Al día siguiente, 18 de septiembre, llegaron noticias de la entrada de los insurgentes a Celaya, donde se habían cometido toda tipo de atrocidades contra los europeos. El miedo cundió, sobre todo entre los peninsulares. Esa misma noche se comenzaron a cavar fosos y levantar trincheras para cortar cualquier entrada a la ciudad. Estas cortaduras o sanjas se hicieron en las bocacalles al contorno de la ciudad, tenían 6 varas de ancho y 4 varas de profundidad. En las cortaduras pusieron de día dos vigas de madera para atravesar, si alguien quería entrar o salir, y en las noches las quitaban, dejando a dos centinelas vigilando. Las tropas siguieron llegando, el 19 de septiembre entró a la ciudad el cuerpo de caballería de Sierra Gorda y unos 500 hombres de campo montado. El cuartel de la Alameda no daba abasto para hospedar a los milicianos, por lo que se comenzaron a ocupar los conventos. El convento de San Francisco se convirtió en el cuartel general de estas tropas.

Ante todo el ambiente de sospecha el cabildo indígena lanzó un manifiesto. En él se decía que la república de naturales de Querétaro eran fieles al rey y a España, como lo habían sido en el auxilio que prestaron a los españoles durante la conquista. La referencia a Hidalgo era: “ese párroco hereje que niega las verdades más auténticas de nuestra religión … [cree que iremos] en pos de la loca fortuna que promete”. Le dice también “¡Mentecato!”. A los insurgentes los califican de: “ebrios lascivos, ladrones, homicidas, sacrílegos, herejes”. En el manifiesto expresan todos los beneficios que ellos creen tener con el gobierno español, y también agradecen que el Supremo Consejo de Regencia les quitara el pago de tributo. No sabemos hasta donde sea lo que realmente pensaba el común de los indios, o sólo sus representantes, o si éstos también actuaban con precaución ante el ambiente tan turbio.

Mientras tanto, dentro de la ciudad, las detenciones de vecinos involucrados en la insurgencia, o sospechosos, continuaron. Todo aquel que mostrara cualquier indicio de simpatía por la insurgencia era vigilado. Los conventos, la cárcel y el cuartel recibieron a este tipo de presos. El corregidor y doña Josefa, además de otros distinguidos presos, continuaban detenidos en el convento del Carmen y el colegio de la Santa Cruz. No solo las fuerzas policíacas y militares inmovilizaron a los cientos de aliados y vecinos de Querétaro, otra arma ideológica se echó a andar. Los franciscanos del convento de la Santa Cruz colaboraron activamente. El colegio de Propaganda Fide, fundado desde 1682, en el colegio de la Santa Cruz, albergaba frailes dedicados a predicar a los fieles católicos. Sus sermones y prédicas enmarcados en el dolor de la pasión y muerte de Cristo fueron famosos, casi todos terminaban espontáneamente en una procesión de penitencia, en donde era usual que los penitentes se azotaran por el remordimiento. El impacto causado por estos sacerdotes incluso alarmó a los miembros de otras órdenes religiosas. Una característica de estos padres, era que mayoritariamente eran españoles peninsulares, y durante todo el siglo XVIII, continuaron llegando.

Para el día 20 de septiembre, nos dice el autor de los Acuerdos Curiosos, que estaba vinculado con el colegio de Propaganda Fide, salieron los religiosos de la Santa Cruz a predicar contra la insurrección. Reconoce el autor, que conmovieron mucho al pueblo, por lo que se organizó una ronda de 12 sermones por semana para los pobladores. Esto hizo, que, según nos dice don Epigmenio, más de la mitad hicieran causa común con España. Los padres crucíferos tenían mucho trabajo, predicando a las tropas realistas y a la población en plazas, cuarteles e iglesias. Salían a las calles con una corona de espinas, una soga en el cuello, y el Santo Cristo en las manos moviendo voluntades para estar listos para atacar a los insurgentes. El argumento era que se estaba defendiendo “la causa justa”, la religión, que se supone los insurgentes exterminarían, ya que eran malos cristianos. Predicaban la guerra a muerte contra ellos, el freile José Ximeno argumentaba: “algunas personas timoratas creen hacer pecado deseándoles mal a los insurgentes, y yo, para seguridad de sus conciencias les digo, que no pecan con desearles, sino que pueden sin pecado hacerles todo el mal posible, porque no lo hacen a los enemigos de Dios, del Rey y de la Patria”. La inquisición y la confesión hicieron el resto. Querétaro era ya un fuerte realista. Para incrementar su defensa se mandó traer a la Virgen del Pueblito, de su santuario.

El virrey, tratando de fortalecer el frente realista, en el incendiario Bajío, envió al coronel don Manuel Flon, conde de la Cadena, gobernador de Puebla, para que tomara el mando de las tropas en el cuartel de Querétaro. El día 29 y 30 de septiembre entraron sus tropas a la ciudad. Junto con él enviaron al alcalde de corte, don Juan Collado, para que juzgara las muchas causas de infidencia, de todos los presos sospechosos de conspiradores e insurrectos. Para el día 1 de octubre llegaron la división del Regimiento de los Amarillos, el día 3 el Regimiento de la caballería de Puebla, el 4 el regimiento de Infantería de la Corona, con cuatro cañones y dos carros de municiones, el 5 la artillería de México, con otros cuatro cañones y pertrechos de guerra. No obstante están tan protegidos, las únicas dos batallas que registró Querétaro durante los 11 años de la guerra de independencia, se dieron en este mes de octubre de 1810, de las que orgullosos declaran haber ganado los realistas.

La batalla del puerto de Carrozas del 6 de octubre

Tenemos por lo menos dos versiones conocidas de esta batalla, la de Argomaniz, un peninsular con un alto puesto en la Real Fábrica de Tabacos de Querétaro, que escribió un diario, y el diario del autor de Acuerdos Curiosos, que por ser fraile crucífero [del convento de la Santa Cruz] tenía información privilegiada. El fraile crucífero nos dice que el 6 de octubre salió del cuartel general una partida de 500 hombres, entre ellos de los regimientos de Celaya, el Príncipe, Sierra Gorda, y los Lanceros, al mando del sargento mayor de Sierra Gorda, don Bernardo Tello. Llegaron al Puerto de Carrozas, donde encontraron aposentados al capitán insurgente Manuel Montañez, con unas cuadrillas de indios y gente del campo, para impedir el paso hacia el norte. Las tropas realistas los encontraron casi al atardecer, por lo que prefirió el sargento mayor Tello retirarse para atacar al amanecer del día siguiente. Los insurgentes consideraron esto una huída por lo que les dieron alcance y comenzó la lucha, que duró dos horas. En la batalla murieron casi todos los Lanceros y varios de los soldados de Sierra Gorda, sin embargo, el regimiento de Celaya, los del príncipe y la artillería, pelearon valientemente logrando causar una carnicería y poniendo a los insurgentes en fuga. De los indios insurgentes murieron más de 200. De las tropas realistas un solo soldado de Celaya.

Cuando el comandante Rebollo tuvo noticia, envió una partida de 200 hombres para ayudarlos, de los regimientos de la Corona y Dragones de España, para proteger la retirada de las fuerzas realistas. Pero cuando regresaron, a las cinco de la tarde del día siguiente, supieron del gran triunfo logrado. El soldado muerto de Celaya, el único muerto de la batalla, fue enterrado con honores en la iglesia de San Francisco.

La versión de Argomaniz de la batalla de las Carrozas difiere en varios aspectos. Él nos relata que salió para Puerto de Nieto una partida de 600 hombres de infantería, caballeria, voluntarios y gente del campo, con dos cañones de artillería. Al atardecer vieron en el Puerto de Carrozas una multitud de indios, el autor infiere que eran de San Luis de la Paz y del pueblo de Xichú, apostados en ese sitio por orden de Allende para resguardar ese paso. De la batalla dice que desertaron la mayor parte de realistas, cuando los indios comenzaron a lanzar sus flechas y las piedras con las hondas. Los que se quedaron a pelear, y no desertaron, los voluntarios, la infantería del regimiento de Celaya y otros, que se mantuvieron firmes y con la artillería mantuvieron un fuego intenso contra los insurgentes. La batalla terminó ganando los realistas. De los insurgentes, 300 murieron y los demás huyeron. De los realistas únicamente murió un soldado “que por casualidad le cogió descuidado el cañón de artillería” y unos cuantos heridos. Cuando llegó la noticia a Querétaro, fueron enviados 400 hombres de caballería e infantería para reforzarlos.
Un tercer relato, no tan conocido, es el de fray Miguel Enchía y Soriano, radicado en esos momentos en Querétaro, quien envió una carta a su hermano, radicado en Puebla, y le contaba esta batalla. Fray Miguel le informaba que vivían en estos días en Querétaro en un continuo sobresalto, por tanto derramamiento de sangre, de los parientes, de los amigos y de las tropas. Comenta que los insurgentes tenían como a 25 mil hombres armados y como 12 mil indios de flecha, y para resguardarlos tenían unos puestos de avanzada alrededor de Querétaro. Con un puesto de estos se habían ya enfrentado. Esto fue en el Puerto de Carrozas. Y de esta batalla refiere que los soldados de Celaya se enfrentaron como a tres mil indios insurgentes, de los que lograron matar como a 300. Pero aclara, “de puro milagro”, porque durante la batalla todo el Regimiento se dispersó, porque flecharon los indios al tambor y ya no pudieron volver al orden los soldados. De los soldados realistas dice, “quien sabe el número de muertos que habría”, porque uno por uno fueron entrando al otro día al Cuartel que es el convento de San Francisco; y estos no pudieron traer mas que a uno de los soldados muertos, y eso medio cuerpo, porque lo hizo pedazos un fuerte cañonazo de metralla. A la una de la noche del día siguiente salió el Regimiento de Dragones de España y medio batallón de Provinciales y el Regimiento de la Corona, para ver si podían ayudar a los soldados de Celaya. Pero ya fue en vano, porque no trajeron más que sartas de orejas de los indios muertos, que trajeron colgadas de las bayonetas. Los soldados que escaparon con vida de esa batalla nos contaron que ni los leones son más bravos que estos indios. Porque los indios cuando se vieron sin armas, se echaron sobre la artillería con tanta braveza que morían asidos a los cañones. A algunos soldados ahí les quitaban las cabezas a machetazos, por que se habían apoderado de las cureñas de los cañones; que ni cargar podían los soldados la artillería.

Este último relato nos da una imagen de los indios insurgentes de mucha valentía y coraje; comparado con una derrota del Regimiento de Celaya, que no obstante la terrible situación, lograron “ganar” de puro milagro. En los relatos triunfalistas se habla de un solo muerte de los relistas, pero fray Miguelito nos comenta los pormenores de este soldado. Lo que podemos saber de esta batalla, es que fue contra los indios de San Luis de la Paz y Xichú, comandado por el capitán insurgente Manuel Montañéz, posicionados en los alrededores de Querétaro. La información de este fraile es confiable ya que su carta es una comunicación privada, que únicamente busca saber de la familia e informar de cómo se encuentra. Cuando fray Miguelito saluda a su hermano, que también es fraile, José Joaquín Soriano, le dice “chivatito, Indinote culón, saco feo pilmeme de la Panchota, hermano de Napoleón”, y se despide diciéndole a su hermano: A la Panchota onde quiera que la encuentres le echas un gargajo en mi nombre… y luego … A dios alcaguetitio, tu hermano que te ama y verte desea. Fr. Miguelito Enchia y Soriano, quien seguramente es un criollo. Seguramente si se vieron terriblemente afectados los soldados de Celaya, ya que Argomaniz nos cuenta que el 8 de octubre, luego que fue sepultado el soldado que trajeron muerto, un comerciante, don Juan María Marquez, organizó que todos contribuyeran voluntariamente para dar una cantidad de dinero solamente a los soldados de Celaya, y les tocaron 6 pesos a cada uno.

Ese mismo 9 de octubre se dejó saber el rumor de que las tropas de Allende estaban muy cerca y atacarían la ciudad. Se creó un gran alboroto, la tropa tomó las armas y estuvieron toda la noche muy atentos resguardando los principales puntos de entrada. A las diez de la noche, el cura de Santiago, el doctor Gil, y el de Santa Ana, don Félix Osores, fueron a interceptar a Allende en Apaseo, para hablar con él y con Hidalgo, pero no los encontraron, era una falsa alarma y se regresaron. De la gran cantidad de topas que se ha mencionado que entraron a Querétaro, parece ser que no estaban permanentemente fijas, sino que muchas de ellas estaban de paso, o únicamente, esperando reunirse con otros ejércitos.

El ambiente que nos relata fray Miguelito, de zozobra y miedo en Querétaro, sobre todo el que padecían los hombres de la elite y algunos religiosos, esa muy intenso todavía para el día 12 de octubre. Los hombres pudientes, como don Tomas Fermín y don Manuel Antonio Lopez de Ecala, depositaron una cantidad de reales, 33 mil pesos, que tenían de la herencia de su padre, don Tomas, en el Cuartel General de San Francisco, para su seguridad, por si había alguna invasión. También los dineros producto de la lotería, 4 617 pesos, con 6 reales, fueron depositados en el Convento, o Cuartel General de San Francisco. Otros hombres, como don Roque de Mier habían preferido enviado su dinero a México para protegerlo, con los convoys de militares que transitaban de esa ciudad a esta. Esto nos habla, de que realmente esperaban un ataque, y se sentían muy vulnerables. Pero no todos en Querétaro eran realistas, no obstante el asedio. Argomaniz nos relata que continuaban apresando a mucha gente y entre ellos a algunos que se tenían por espías de los insurgentes. También relata de 7 u 8 soldados que habían estado en Querétaro, y en las inmediaciones de Celaya los habían ahorcado por esta sospecha. Para evitar problemas por personas desconocidas, en Querétaro se tomó la resolución de lanzar a los forasteros, porque podrían ser potenciales espías.

Las tropas seguían entrando y saliendo de Querétaro. El 15 de octubre fue trasladado el Regimiento de caballería de Puebla, para que se acuartelara en los mesones de don Bartolo y de Guadalupe, desocupando el cuartel de la Alameda, donde estaban, para que en el cuartel hospedaran al regimiento de los Amarillos, que estaban por llegar. Y los soldados que estaban en los mesones de don Bartolo y Guadalupe fueron trasladados a los patios y portales del Colegio de Santa Cruz. Luego llegó la columna de granaderos, que eran como mil, y a ellos los hospedaron en el convento de Santo Domingo. Todas las tropas reunidas, precedidas por el comandante general conde de la Cadena, el Capitán Manuel Flon, nombraron a la Virgen del Pueblito, la Generala del ejército del centro, para tan digna ceremonia, toda la oficialidad se condujo en una procesión, con una multitud de luces encendidas. Fueron de San Francisco a Santa Clara, marchando detrás de la virgen una compañía de granaderos.
El 22 de octubre salió casi todo el ejército que estaba reforzando esta ciudad, tres mil hombres aproximadamente, y ochocientas mulas cargadas de provisiones, rumbo a la villa de San Miguel, que fue tomada, el día 25, sin resistencia, ya que los insurgentes salieron un día antes. Sacaron de la cárcel a los presos, muchos de ellos europeos que habían encerrado los insurgentes, entre ellos también se encontraron al capitán insurgente Miguel Montañés, culpable de la desastrosa batalla del Puerto de Carrozas.
El general Flón, desde su llegada a Querétaro, el 30 de septiembre no había abandonado la ciudad, hasta este momento, según Epigmenio González, como la mayoría de sus tropas eran de criollos, y no estaba seguro de su lealtad, hasta que lo pudo constatar, ayudado por las prédicas de los frailes de la Santa Cruz, es que comenzó a desplazarse. Las únicas tropas que quedaron en Querétaro fueron el regimiento de Celaya y el de Sierra Gorda. Este mismo día salía libre doña Josefa Ortiz, de su prisión en el convento de Santa Clara y una gran cantidad de los acusados de infidencia que fueron arrestados en los primeros días de la insurrección.

Sabiendo que la ciudad de Querétaro se había quedado desprotegida fue blanco de diversos grupos insurgentes. El 26 de octubre hubo gran alarma entre la población, porque se supo que por los llano del Pueblito. Inmediatamente se alistaron las tropas, reuniendo a una cantidad de voluntarios y gente del pueblo, que tomaron las armas y estuvieron haciendo guardia por las cortaduras o posos de las bocacalles. Cada cortadura estaba armada con un cañón y sus guardias. Otros grupos patrullaron los caminos, donde vieron algunos indios rebeldes, que desaparecieron. Luego se supo que la gavilla se había dirigido para el rumbo de Xerecuaron, destrozando las haciendas a su paso, como la de Estansuela. Los insurgentes siguieron merodeando y para el 28 de octubre se supo que más de 300 habían tomado el pueblo de San Juan del Río. Al día siguiente llegó otra noticia en donde se informaba que quien había atacado San Juan era el capitán insurgente Miguel Sánchez, y se corrió el rumor de que iba para Querétaro. Nuevamente se organizó la defensa de la ciudad y se dobló la vigilancia en las cortaduras de las bocacalles. Otra noticia que les llegó ese mismo día y causó muy buena impresión entre la población, fue que el Primer General Calleja, que estaba al mando de todas las tropas del centro, se reuniría con Flon en San Miguel.

La batalla del 30 de octubre

Los insurgentes debían aprovechar la oportunidad, ya que las tropas de Flon se encontraban en San Miguel, y debían actuar antes de que pudieran regresar, fortalecidas con las del General Calleja. Ante esto una gavilla de insurgentes, encabezados por el brigadier Miguel Sánchez, un ranchero de Ixmiquilpan levantado en armas desde mediados de septiembre, y asociados con las gavillas de Julián Villagrán decidió atacar Querétaro. El relato de esta recordada batalla nos lo cuentan Argomániz y el fraile de los Acuerdos curiosos, pero también encontramos referencias de ella en otros documentos. Argomaniz nos cuenta que el día 30 de octubre, como a las siete de la mañana se dejaron ver por la parte del oriente de Querétaro a una gran cantidad de indios insurgentes a pie y algunos en caballo. Poco a poco se fueron acercando hasta llegar a los arcos por donde se trae el agua, pasando por la hacienda de Carretas. Iban haciendo mofa y burlándose de los pobladores que corrían asustados. Como a las 11:30 de la mañana entraron por la bocacalle de la plazuela de la Santa Cruz, aumentando su intrepidez. Las pocas fuerzas armadas, pues apenas eran dos o tres compañías del regimiento de Celaya, y algunos soldados de Sierra Gorda, voluntarios y paisanos, hicieron una valerosa defensa iniciando el fuego con la descarga de sus fusiles y un cañón. La batalla duró como dos horas. Muchos de los insurgentes salieron huyendo. Se tomaron prisioneros y heridos, llegando a unos trescientos, y como doscientos cayeron muertos. Del ejército realista hubo algunos heridos por las piedras que los indios con sus hondas lanzaban. Fue notoria la labor de los religiosos de la Santa Cruz, de San Francisco y de San Diego, que andaban a caballo ayudando y absolviendo a los realistas. La población, a la que llama “la plebe”, dice que se comportó con “mucha bizarría y entusiasmo”, haciendo lo que podían, apresando a los indios que se escaparon de las metrallas. Por su parte, el autor de los Acuerdos curiosos nos dice que los indios insurgentes eran más de 2000, y 400 hombres de a caballo, todos armados con lanza y machete, a las ordenes de don Miguel Sánchez. Para él el fuego duró más de tres horas, tras lo cual quedaron muertos como 45 insurgentes, y prisioneros fueron más de 400.

Este autor asegura que quién los hizo huir fue “la plebe” que los atacó afuera de las cortaduras de las calles. Entre la “plebe” se contaban muchachos y mujeres. Entre los realistas heridos, cuenta a dos o tres paisanos, un soldado de Celaya, y un europeo voluntario. Desde su perspectiva, los militares y los paisanos pelearon parejos. En la Gazeta extraordinaria del Gobierno de México también salió publicada esta victoria realista. La información fue aportada por el comandante de brigada don Ignacio García Rebollo. Nos dice que como a las siete de la mañana se vieron como a 4000 o 5000 por la loma de las Carretas, tratando de entrar por el punto del colegio de la Santa Cruz, entrando por las dos cortaduras que dan a él, ahí comenzó el fuego, que fue sostenido por un cañón y la fusilería. Como a las 7:30 de la tarde comenzaron su precipitada fuga. La caballería los salió a alcanzar matando a más de 300 hombres, más los prisioneros que se tomaron. Por la parte de los realistas solo hubo un herido de gravedad, el voluntarios de los europeos. De la defensa realizada por los pobladores dice, que “la fidelidad y valor de los Queretanos ha acreditado su noble fidelidad y patriotismo, que han sostenido los sagrados derechos de la justicia, ultrajada vilmente por una tropa de vandidos alucinados que llevan el horror y la desolación por los pueblos inermes y desarmados.” Compara la conducta de las tropas en la batalla del Monte de las Cruces con la brillante actuación del la guarnición de Querétaro y llama a los insurgentes unos “monstruos del libertinaje y el crimen”. En un Plan de defensa de la ciudad de Querétaro, que fue presentado el 14 y 22 de marzo de 1811 se dice que en la batalla del 30 de octubre las fuerzas insurgentes eran más de 8000, acaudilladas por el malvado brigadier Sánchez. Tras la batalla quedaron 500 insurgentes muertos y tomaron a 300 prisioneros. Al día siguiente, 31 de octubre, comenzaron a entrar los ejércitos de Querétaro, que fueron movilizados de San Miguel, para proteger la ciudad.

Querétaro se convierte en un fuerte realista hasta junio de 1821

En la ciudad, las noticias de los triunfos de los realistas sobre los insurgentes eran muy celebradas. Como en la batalla de Puente de Calderón, trágica para Hidalgo, que fue celebrada con una salva de artillería, el repique general de las campanas de todas las iglesias y una misa de acción de gracias a la Virgen del Pueblito. O como cuando llegó la noticia de que habían caído presos el cura Hidalgo, Aldama, Abasolo, Iriarte, etc., para lo cual se celebró también con salva de artillería, cohetes y repiques de campana. Tres días después, se cantó una misa muy solemne dedicada a la Virgen del Pueblito agradeciendo el apresamiento de estos cabecillas insurgentes. La caída de Allende y Morelos, así como de muchos otros más no se dejó pasar sin la alegría general de la población.

A partir del 1 de noviembre de 1810 entró el ejército ya reunido del señor brigadier don Félix María Calleja del rey, con más de 12 mil hombres. Mientras el Bajío fue el foco del conflicto insurgente, las tropas de Calleja se mantuvieron cerca de Querétaro. Tiempo después sólo se quedaron las tropas del coronel Flon. Pero continuó por muchos años siendo un lugar de paso para las tropas realistas y un sitio de resguardo. Esto propició que la ciudad no volviera a ser atacada por los insurgentes. Las tropas realistas abandonaron Querétaro hasta que Agustín de Iturbide entró a la ciudad, el 27 de junio de 1821, con sus tropas.

La entrega de la plaza por parte de los realistas fue inevitable, sin embargo se dieron algunos enfrentamientos, Argomaniz nos lo relata así:

La mañana de este día hizo su entrada el Coronel don Agustín de Iturbide y se hospedó en la casa de la fábrica o estanco del Tabaco. Desde el medio día ha comenzado el tiroteo de fusiles desde el punto de la Alameda por parte de las tropas de Independencia y por la nuestra desde la esquina o parapeto de la Academia y no han faltado tiros de cañón, aunque no nos han ofendido. Desde la noche anterior se abandonó la primera línea de fortificación de esta ciudad a causa de no haber tropa con que cubrir sus puntos y se mantiene la guarnición en la segunda.

Como a las seis de la tarde de dicho día 27, se avanzaron al expresado parapeto las tropas de la independencia haciendo un fuego vivísimo en términos que se vieron precisadas las de nuestra parte a abandonar aquel punto, con cuyo motivo entraron al centro de esta ciudad con un numeroso ejército de plebe, tanto de esta ciudad como de muchos lugares del Bajío. La poca tropa nuestra se replegó al punto de la Santa Cruz, como a último auxilio de resguardo.

El Ilustre Ayuntamiento de esta ciudad parlamentó con el Jefe de la Independencia por lo respectivo al pueblo y se trató de capitular por lo militar con el señor Brigadier Lauces, por cuyo motivo se suspendió el fuego por una y otra parte. Se efectuó la capitulación en términos que se dirá después a fojas 43 y entre tanto se verificaron los tratados, se pusieron banderas blancas por una y otra parte.

La llegada de Iturbide y el anuncio de la Independencia causaron mucha alegría en Querétaro. Para celebrarlo se realizó una solemne misa y un Te Deum a la Virgen del Pueblito, por la entrada feliz de la Independencia. Para lo cual se adornó la iglesia de manera especial, repicaron las campanas de todas las iglesias. En la misa predicaron varios prelados: “Cantó la misa el doctor Ozores, diaconándole el licenciado el licenciado Berazaluce y el señor cura Ochoa, predicó el doctor Oteyza y se desdijo en el púlpito de lo que antes había predicado contra la Independencia. En la misa hubo tres descargas que hizo el regimiento”. Todos estaban felices y no parecían acordarse, salvo Oteyza, de sus once años de férreo realismo.
Apenas pasados dos años de terminada la lucha de la Independencia, cuando por orden de Iturbide, fueron llevados los restos de los antiguos cabecillas insurgentes, rumbo a México, ahora celebrados como héroes. En unas urnas fueron trasladadas las calaveras del cura Hidalgo, Ignacio Allende, Ignacio Jiménez y Aldama. Por Querétaro pasaron el 5 de septiembre de 1823, para recibirlos se hicieron grandes celebraciones, misas y procesiones, que duraron hasta el día siguiente.

La independencia en el imaginario social a finales del siglo XIX

Los sucesos relacionados con el período de la guerra de independencia se fueron contando de padres a hijos, formándose una serie de relatos que fueron los que permanecieron y seguían recordándose al finalizar el siglo XIX. Don Valentín F. Frías fue un queretano ilustre con dotes de historiador y literato que recolectó una gran cantidad de información sobre la historia de Querétaro, de la misma manera que fue recolectando leyendas y relatos de las tradiciones más representativas del Querétaro que le tocó vivir. Don Valentín nació en 1862 y comentaba que muchos de los relatos que publicó les fueron platicados por diversas personas, eran pues, los relatos más tradicionales los que él recolectaba, mismos que fueron publicados en 1900. Él aclara en algunos de sus relatos que fueron tomados de alguna documentación, no es muy precisa la fuente, pero al describirlos es notorio que están mediados por su concepción de la realidad. Por tal motivo, propongo que estos relatos pueden ser ilustrativos del imaginario social queretano de finales del siglo XIX.

Los temas de las leyendas y tradiciones de don Valentín tocan diversos temas, sin embargo, entre ellos se pueden contar 16 dedicados a sucesos relacionados con la Independencia. Es notoria la exaltación que hace de los héroes de la independencia, de las dos batallas, la del 6 y del 30 de octubre de 1810, y de los relatos relacionados con los indios insurgentes. Entre los héroes cuenta a don Miguel Hidalgo, a la Corregidora y principalmente Iturbide.

Don Valentín recuerda gloriosamente a Hidalgo en el momento en que sus restos pasan por la ciudad de Querétaro, en 1823. Dice que justo era recoger las cenizas de los que ofrecieron sus vidas por la libertad de la nueva nación, por ello, cuando pasan en su viaje a México son recibidos con mucha solemnidad. En el relato de las celebraciones que se hicieron ese día 6 de septiembre nos dice que las urnas en donde fueron trasladados los héroes, iban custodiadas por una gran escolta militar, que se movía en medio de miles de personas que los iban acompañando. Primero comenzaron a sonar las campanas del cementero de San Sebastián, luego los de la propia parroquia y después las de todas las iglesias. El ilustre Ayuntamiento fue a recibirlos y toda la plana mayor de Querétaro, el Cura de San Sebastián bajó con Cruz Alta encabezando la procesión. Las campanas de los templos no cesaban de tocar, pasaron por la iglesia del Carmen, luego los recibió el cura y juez eclesiástico Dn. Joaquín de Oteyza, y los demás curas y comunidad religiosa. Pasaron al templo de San Antonio, de la Congregación. En la noche fueron velados en comisiones de cuatro personas de pie con cirios encendidos, por el Ayuntamiento, la oficialidad de la Guarnición y por altos empleados y clerecía. Al día siguiente continuaron las celebraciones y las urnas fueron conducidas por las primeras autoridades y las personas más distinguidas de la ciudad, quienes se disputaban el honor de cargar las urnas. Después de otras actividades, salieron los restos para México, e Hidalgo ya no fue recordado como un Mentecato.

A Iturbide se le recordaba como el Libertador. Relata don Valentín la entrada del Libertador a la ciudad de Querétaro, en donde se comporta con mucha gallardía y generosidad, ya que acude con sus ayudantes al tempo de Teresitas en donde estaba alojada la esposa del comandante Lauces, en una visita de cortesía para informarse de de la salud de su marido, que yacía enfermo en el convento de la Cruz. Relata también la visita del libertador al convento de la Cruz y la reverencia que le hicieron los propios soldados realistas. De las fiestas recuerda que se adornaron todas las calles, y que en medio de repiques, salvas, música, flores y vivas, el ejército trigarante recorrió las calles “en medio de las aclamaciones del pueblo redimido, que lloraba de gratitud”. Al otro día por orden de Iturbide se celebró una misa muy solemne de acción de gracias en el templo de San Francisco a la patrona de la ciudad, la Virgen del Pueblito. “Alli se reunió lo más selecto de las sociedad, las autoridades eclesiásticas, civiles y militares, poniéndosele a Iturbide dosel al lado del Evangelio”. Menciona que la ciudad presencio algo extraordinario, que no se había vivido y no creía que se repitiera, aunque esta última parte se la atribuye a Argomaniz. En otra leyenda nos dice que Lauces agradecido por permitirle permanecer en Querétaro hasta que se aliviara de su enfermedad decía de Iturbide: “… Iturbide…. Siempre magnánimo. Siempre generoso…”. Frías reconoce de Iturbide: “He aquí el fundamento de la consumación de nuestra independencia sin derramamiento de sangre: la generosidad y magnanimidad del Libertador, confesada a voz en cuello por sus mismos enemigos”.

De la batalla del 6 de octubre en Puerto de Carrozas, nos dice que el ejército realista, al mando del capitán Antonio Linares había enfrentado al ejército insurgente con 200 hombres, ya que habían desertado antes del combate 2 800. Por el valor de los que quedaron y su artillería habían logrado el triunfo. De los aguerridos indios insurgentes que el fraile Miguelito refiere que “ni los leones eran más bravos que esos indios” don Valentín señala: “contaban que en esta acción fue donde los insurgentes corrían a tapar las bocas de los cañones realistas con el sombrero para que no saliese la bala; cosa imposible, pero que los historiadores refieren en todo anecdótico”. No se dice que los insurgentes eran indígenas, sin embargo, por datos históricos lo sabemos. En este mismo relato añade que don Félix Calleja para agradecer este triunfo, que se dio gracias a la intersección de la Virgen del Pueblito, la nombró con el solemne título de Generala del Ejército, en la iglesia de San Francisco. Añade que luego que terminó la celebración:

Los indios del Pueblito, insurgentes hasta la médula de los huesos, viendo aquellas demostraciones por parte del enemigo para su Protectora y celosos por el triunfo que aquél había alcanzado sobre ellos por su mediación, se sintieron con Ella, decreciendo su culto y devoción.
La tradición nos ha legado una anécdota histórica originada de estos acontecimientos, y es como sigue: Cuéntese que uno de los caciques de aquel pueblo y devoto ferviente de la célebre imagen que nos ocupa, terminada la ceremonia de la investidura de Generala hecha por Calleja, fuese luego lleno de pena al templo de la Santa Cruz, y postándose lloroso ante la no menos célebre imagen de Jesús Crusificado, llamado de Esquipulas, decíale derramando lágrimas y lleno de ternura, con las manos en ademán de súplica: “Quipula, Quipulador… No te Calleje como mi siñora del Pueblito, porque ansina si la perdemo…”.
Quería decirle que él (el Santo Cristo de Esquipulas) no fuese a pasarse al bando de Calleja porque sin duda se perdería la causa de la independencia.

En el relato histórico los bravos indios de la batalla del 6 de octubre provienen de San Luis de la Paz y de Xichú y no se establece la relación con los indios del Pueblito. Sin embargo, aquí se les reúne en el relato alrededor del mismo evento. De los primeros no se dice que son indígenas, pero de los segundos sí. La imagen de los indios de ambos lugares es de unos hombres ingenuos, que difícilmente podrían enfrentar a las topas realistas, algo totalmente diferente de lo que se vivió en el campo de batalla.

De la batalla del 30 de octubre nos cuenta que fue realizada por el coronel insurgente don Miguel Sánchez, que merodeaba por Huichapan y San Juan del Río. Que al tomar esta ciudad entró la caballería por la Cuesta China y por el camino de la Cañada, con dirección al convento de la Cruz. Pero gracias a la guarnición del coronel don Pedro Telmo Primo, ayudado por el intendente García Rebollo y la policía, defendieron valientemente la ciudad logrando un triunfo arrollador. Luego de tres horas de combate el enemigo salió huyendo dejando 500 hombres muertos, y 300 que fueron capturados. Esta información parece provenir del Plan de defensa presentado en 1811, ya que las cantidades de muertos y heridos coinciden. No obstante que el autor conoció la información de Argomaniz, por lo menos, eligió las cuentas de prisioneros y muertos más grandes, sin mencionar que eran indios.

Como vimos en la primer parte de este trabajo, y de acuerdo con los datos históricos, la batalla del 6 de octubre, así como la del 30 tienen en común que los integrantes de los ejércitos insurgentes estaban compuestos en su mayoría por indios. La del 6 de octubre provenían de San Luis de la Paz y de Xichú, antiguos asentamientos de indios chichimecos. Y las del 30 de octubre con indios provenientes de la Sierra y de Hidalgo, pertenecientes a esos grandísimos grupos de gavillas asociadas o a los Villagrán y al capitán Sánchez. Sin embargo, en las tropas de los realistas también participaron, en algunas ocasiones grupos indígenas.

En estudios recientes sobre el movimiento de Independencia se ha encontrado que los indios tuvieron un papel importante entre las tropas insurgentes. El historiador Eric Van Young, estudió una muestra muy amplia de participantes en dicho movimiento y encontró que el 55.2% de ellos eran indios, un 20% provenían de castas mixtas y un 24.8% blancos; coincidente con el porcentaje de población que se ha reconocido para esa misma época y con lo encontrado para el caso de Querétaro. Sin embargo, el proyecto de nación que se impuso en el siglo XIX provenía de las élites criollas, las aspiraciones de la gente común, especialmente de los campesinos indios, que constituyeron la mayoría de estas tropas insurgentes, quedó relegado y en el olvido. Esto puede estar relacionado con la imagen que se generó sobre ellos al finalizar el siglo XIX. El papel de los indios en las tropas insurgentes fue considerado en su tiempo valiente y arrojado, sin embargo, en el imaginario social del siglo XIX son recordados de una manera marginal y peyorativa, considerados como hombres ingenuos. Mientras Hidalgo es merecedor de respeto, e Iturbide es reconocido como el gran Libertador.

La organizacion de rituales agrícolas

La organización de rituales agrícolas

Por Aurora Castillo Escalona (+)
In memoriam*

Hoy día, hay variedad de formas en que los otomíes expresan su cultura: en la vida diaria, individual o colectiva, como parte de un proceso de transformación y readaptación causado por múltiples factores que los afectan permanentemente.

Los otomíes, como parte del campesinado, muestran en sus prácticas religiosas una interpretación propia de la religión católica.

En torno al santo patrono de la población San Miguel Arcángel, se han originado una serie de festividades que reproducen elementos de origen mesoamericano y europeo, que sumados y refuncionalizados dan su particular estructura.

El impulso de los trabajos de Wolf tiene como efecto dejar a un lado el enfoque culturalista y reubicar la tradición indígena en el contexto de las sociedades campesinas. Estos estudios ponen de relieve el carácter dinámico de la tradición como una realidad sociológica y política. Al respecto, Wolf asienta que la primera característica fundamental de la economía campesina consiste en que es una economía familiar, que toda organización está determinada por la composición de la familia, el número de personas que la integran, la coordinación que haya al interior familiar, sus demandas de consumo y el número de trabajadores con que cuenta entre parientes, amigos y personas ajenas a su entorno social inmediato. Y que esta composición y organización explica porqué “la concepción de beneficio en la economía del campesino difiere de la que tiene en la economía capitalista”.

Los campesinos, en su mayoría, le dan un valor distinto al capital, para ellos el ahorro tiene otro significado y aplicación; la acumulación de capital para la inversión tiene otra perspectiva y alcance. Las circunstancias vividas durante 500 años como grupos étnicamente identificables, reducidos al ejercicio de ciertas actividades económicas, forjó en ellos, en el interior de sus comunidades, instituciones sociales para la preservación de su ideología. Hoy día, hay variedad de formas en que los otomíes expresan su cultura: en la vida diaria, individual o colectiva, como parte de un proceso de transformación y readaptación causado por múltiples factores que los afectan permanentemente.

Los otomíes continúan con algunas ideas de origen mesoamericano acerca de la divinidad y sus atribuciones, e incorporaron otras a partir del proceso de evangelización en el siglo XVI. Estas dos formas de concebir la vida han generado un sincretismo del que se produce otro componente, el de la reinterpretación de los elementos que se incorporan a su cultura, que al momento de entrar en contacto con la gente son innovaciones, y al ser aceptados, los asimilan mediante un proceso de reinterpretación en función de su propia cosmovisión del mundo y de su percepción de la religión católica. Los otomíes, como parte del campesinado, muestran en sus prácticas religiosas una interpretación propia de la religión católica. La respuesta que los otomíes de Tolimán han dado, en el contexto religioso, los ha mantenido vinculados étnica y culturalmente. Aunque como campesinos comparten aspectos culturales con el resto de la población rural, su religiosidad y su condición de indios les confiere especificidad, que expresan en el idioma, la indumentaria ritual y en la organización tradicional con respecto a la realización de sus fiestas. Los estudios que se realizan sobre rituales agrícolas y cosmovisión campesina permiten conocer y explicar la estructura comunitaria que los sostiene y las funciones de sus integrantes, que conlleva una reelaboración particular del pensamiento social. El proceso de reproducción de significados parte de distintos aspectos de la cultura y de las relaciones sociales, que dan lugar a multiplicidad de ideas determinadas por factores económicos, políticos y étnicos; y dentro de un mismo grupo social a la multiplicidad de niveles de identidad. Con base en María Ana Portal, cuando se estudian las tradiciones o las costumbres de una población se hace referencia al cúmulo ordenado de experiencias y vivencias que todos sus miembros conocen, experiencias y vivencias que no ven, y que no saben cómo ni cuándo las aprendieron, pero que les son útiles para organizar su vida sin tener la necesidad de definirlas.
La vida religiosa es organizada mediante un sistema en el que los miembros de la comunidad otomí participan alguna vez en su vida con la responsabilidad de un cargo. Esto los lleva a mantenerse ligados más allá de su organización económica o social, identificados con su pasado, responsables de su presente y dispuestos conscientemente a seguir siendo quienes son. Étnicamente, los otomíes de Tolimán con la pervivencia y pertinencia de su sistema de cargos se mantienen con la conciencia de seguir manifestando su religiosidad y, más aún, con la voluntad de algunos de ellos de fortalecerla, dándole mayor difusión y expandiendo su proyección a nivel regional.

Si se parte de que sistema es sinónimo de regla, norma, procedimiento y régimen aplicable a un mismo móvil, el sistema de cargos es el conjunto de elementos estructurales y normativos que rige a los miembros de una colectividad. Desde la antropología se define como un paradigma de análisis teórico y metodológico que se aplica a la organización y estructuración de las festividades comunales.
El sistema de cargos es sólido porque es parte del proceso de vida de los pueblos al ser el resultado del sincretismo religioso que se generó en la época novohispana y, por la reinterpretación que hacen de ciertas prácticas religiosas de la Iglesia católica, dado por la convivencia diaria de dos formas de concebir la fiesta y la divinidad. Desde el siglo XVIII, se inculcó a la población otomí la participación en las fiestas al santo patrono a partir de agrupaciones cívico religiosas, a las que se incorpora, en el siglo XX, gente no otomí de la región, devota de San Miguel Arcángel.

En torno al santo patrono de la población San Miguel Arcángel, se han originado una serie de festividades que reproducen elementos de origen mesoamericano y europeo, que sumados y refuncionalizados dan su particular estructura. El análisis del sistema de cargos se hace a partir del funcionalismo, que se enriquece con el estudio del proceso histórico que le confiere particularidades a la comunidad y con la interpretación de la simbología contenida en las ceremonias. En primera instancia se produce un proceso de adecuación entre componentes de la cultura mesoamericana y la incorporación de la religión católica de los colonizadores y, por otra, la resistencia que presentan los colonizados, que se sintetiza en la especificidad cultural actual que manifiestan los grupos indígenas.

Durante la Colonia se controlaron las ceremonias religiosas de los indios, fundamentalmente las agrarias, para acabar con el politeísmo que los religiosos calificaban de idolatría, cambiando el culto a un solo Dios, a los santos y a las advocaciones de la Virgen María, cuyo ritual dependía de los frailes y ministros en el marco del calendario cristiano. La población de San Miguel Tolimán, a partir de la fundación española, quedó bajo la advocación de San Miguel Arcángel y eligió para su conmemoración el 29 de septiembre como fecha para la fiesta patronal. Los otomíes aprendieron a adaptar sus ceremonias al ritual católico vinculándolas al ciclo anual agrícola, que conlleva la práctica de varias festividades relacionadas a las diferentes etapas del crecimiento del maíz.

Durante los recorridos de campo realizados en las comunidades otomíes del municipio de Tolimán se observan ceremonias cívico religiosas a lo largo del año, que se celebran cíclicamente en fechas fijas o móviles y se sostienen por medio de un sistema de organización interna. Este sistema lleva implícita una organización específica en la que sus integrantes tienen funciones especiales a partir de una jerarquía. Cada una de las fiestas tiene una serie de símbolos, signos y espacios sagrados, por medio de los cuales los otomíes manifiestan su particular cosmovisión, que además son fuentes de información sobre su contexto geográfico, histórico, social, económico y religioso, que aplicando para su análisis, palabras de Geertz , conllevan formulaciones generales de orden con respecto a la naturaleza y a la sociedad.

El sistema de cargos articula las fiestas tradicionales de los otomíes de Tolimán. Éste funciona a base de cuadrillas que presentan una estructura fuerte, definida y cimentada, que permite la continuidad de las fiestas tradicionales de la población otomí, al mantener la organización que las sustenta. Cada cuadrilla está compuesta por un número de personas a quienes se les llama cargueros, con funciones específicas determinadas por la costumbre. Mientras más grande sea la cuadrilla, su complejidad es mayor por la cantidad de integrantes, y a menor número de personas su complejidad es menor. Están organizados en cinco cuadrillas responsables de llevar a cabo las fiestas en honor al santo patrono durante el año, cuentan con réplicas del Arcángel San Miguel, a las que llaman San Miguel Peregrino o San Miguelito.
Las ceremonias cívico religiosas que realizan en el pueblo de San Miguel Tolimán comienzan el 2 de febrero con la fiesta de La Candelaria. En esta fiesta se presentan a la iglesia los Niños Dios del nacimiento católico que se levantan ese día, después de haber estado expuestos en las casas, en las capillas familiares y/o en la iglesia, desde el 16 de diciembre (al inicio de las Posadas) hasta esta fecha. La fiesta tradicionalmente se llevaba a cabo con la presentación de animales y semillas como ofrendas para solicitar una buena cosecha durante el año, tradición que se transformó mediante la evangelización constante que ejercieron y ejercen los sacerdotes católicos sobre los otomíes a partir del Obispado, introduciendo la imagen del Niño Dios para vincular la festividad agrícola al calendario cristiano.
A finales de abril llevan a cabo dos ceremonias de suma importancia religiosa, social y cultural. Una es: la peregrinación al Cerro Zamorano en la que participan otomíes de la región de Tolimán y, en especial, la agrupación Los Cargueros de la Santa Cruz del barrio Don Lucas de la delegación de San Miguel. Esta ceremonia es a finales de abril, consiste en subir a la cima del cerro, durante dos días, ahí llevan a cabo una velación ofrendando a la Santa Cruz, y pidiendo a través de cantos y oraciones por un buen temporal para la cosecha de ese año. Y la otra ceremonia se realiza días después, en fecha móvil en el mes de mayo. Las cinco cuadrillas de danza se congregan en la iglesia para realizar una ceremonia peculiar por su naturaleza étnica y comunitaria, caracterizada por efectuarse dentro del recinto de la iglesia sin presencia del sacerdote. Los integrantes de las cinco cuadrillas de danza salen del templo y en peregrinación recorren las principales calles de la población orando y cantando, guiados por el rezandero de la comunidad de San Miguel Tolimán. Esta ceremonia precede a las velaciones que se llevarán a cabo, al mismo tiempo, en diferentes comunidades otomíes, en las que participa gente otomí, sobre todo de las poblaciones cercanas al municipio y los integrantes de las cuadrillas de danza.

Las velaciones se llevan a cabo de junio a septiembre de cada año, empiezan a las 7 de la noche y terminan a las 8 de la mañana del día siguiente, durante ellas se entregan ofrendas de flores, ceras, velas y veladoras que sahúman con copal. Los fieles devotos rezan y cantan bajo la dirección del rezandero y la música de los pífanos que amenizan toda la noche.

Los San Miguel Peregrinos tienen establecido un recorrido por las casas de algunas familias otomíes con base en un calendario, en el que participa la mayor parte de la población. La primera y la última de las velaciones se llevan a cabo en la casa de los mayores, en las que todas las personas, de alguna forma, están presentes cumpliendo con alguna función determinada del ritual, como repartir atole y pan durante la mañana, rezar y sahumar. El resto de las velaciones se lleva a cabo en las casas de los cargueros que toman un número, nombre del cargo socialmente reconocido. Hay algunos números que tienen mayor responsabilidad y gasto económico porque reciben a San Miguelito los fines de semana, y otros tienen menor exigencia porque lo reciben entre semana, de un día a otro.

Durante las velaciones que se realizan los fines de semana se ofrece a los cargueros la comida con carne de pollo, puerco, res o chivo en mole, frijoles y garbanzos, considerados como alimentos rituales; el segundo y el tercer día ofrecen sólo desayuno. Para el tercero se despide a los danzantes y a los números que recibieron al San Miguel, quienes se dirigen con la imagen a la casa del siguiente número donde va a quedar depositado el siguiente día.

A través de la repetición del ceremonial, año con año, durante los recorridos de los San Miguel Peregrinos de las cinco cuadrillas de danza por varias comunidades otomíes de la región, se conservan las formas tradicionales en el recibimiento de la gente, en el acto de depositar las ofrendas en el altar, en los cantos y en los rezos, así como en el respeto que manifiestan a quienes llevan el cargo por la jerarquía que representa. Estos elementos confieren un estilo particular a las velaciones otomíes, donde se conjugan la fe de los fieles devotos manifiesta en su religiosidad, la responsabilidad social que implica el desempeño del cargo y el fortalecimiento de la cohesión social. Las velaciones reúnen a personas otomíes y no otomíes de varias comunidades, quienes llegan para celebrar conjuntamente las fiestas a su santo patrono, en muchas ocasiones después de recorrer un camino largo, lo que les permite pervivir como grupo étnico y culturalmente diferenciado.
Las velaciones proporcionan una nueva dimensión al estudio de la organización religiosa, como complemento al vasto campo del sistema de cargos. Son ceremonias ligadas a la época de siembra, consideradas también como ritos propiciatorios de buen temporal, por medio de los cuales los otomíes vinculan estrechamente su vida religiosa y social. En ellas intervienen motivaciones ideológicas y económicas, al confiar que su petición les proporcionará mejores condiciones en el medio ambiente para el trabajo agrícola; sociales porque refuerza la identidad de la gente a través de la convivencia; e históricos porque repiten cíclicamente ceremonias que les heredaron sus antepasados. La pervivencia ideológica está contenida en su cosmovisión y constituye una respuesta readaptativa a su propia experiencia de vida, ligada a lo terrestre y a lo celeste, a la naturaleza y a la sociedad. Son parte de la expresión de la ideología de la comunidad conformada por su cultura, evidencias ideológicas que expresan en espacios, signos y símbolos sagrados cuya eficacia radica en su pertinencia socio cultural e histórica.

Las velaciones han permanecido, a través del tiempo, más allá de sus variaciones y adaptaciones, y están sostenidas por una estructura y dinámica interna vinculadas al conjunto de prácticas agrícolas. En este contexto general, representan para los otomíes un medio por el que subsisten étnica y culturalmente, y les proporciona un espacio y tiempo para fortalecer su identidad social por medio de la persistencia de prácticas religiosas que hablan de la pertinencia de la ideología que conllevan.
La fiesta mayor, en honor al santo patrono San Miguel Arcángel, se prepara con anticipación durante tres meses, desde julio hasta septiembre, en que se llevan a cabo las velaciones. El día de la celebración de la gran fiesta, la iglesia se llena de feligreses devotos que entran a orar y a dar limosna. El movimiento es continuo, las veladoras en la iglesia se encienden constantemente y se depositan flores e incienso al pie del altar. Los devotos a San Miguel entran durante toda la mañana, algunos de ellos lo hacen de rodillas en pago de una manda o favor recibido por intercesión de San Miguelito.

En el atrio de la iglesia colocan un altar provisional para celebrar la Santa Misa, al centro de éste se deposita a San Miguel Arcángel, a los lados, dándoles la jerarquía que tienen, a la derecha la cruz del Divino Redentor y a la izquierda la imagen de Nuestra Señora del Pueblito, ambas procedentes de San Pablo Tolimán, junto al San Miguel del Casquito de Oro, la figura más antigua. Sobre el altar se colocan, adornadas con listones de colores y cuelgas, las imágenes de los San Miguel Peregrinos de las cuadrillas de danza, que han precedido las fiestas preparatorias a la del santo patrono. El altar lo engalanan con nardos y crisantemos y, en el barandal, los fieles depositan flores y veladoras. Se celebra la Misa con la atención de todos los feligreses, quienes parados o sentados asisten a ella. La celebración es amenizada con la música de un órgano y las voces de un coro, mientras los fieles rezan Salve y los cuetes suenan haciendo más solemne el final de la Misa.
En la escalinata de acceso al atrio se colocan desde temprano varios puestos de comida y de diversos artículos. La gente que ha venido de otros lugares, tanto del municipio como del estado, entra a la Iglesia, saluda y reza al santo patrono. Más tarde se queda en el atrio viendo bailar a los grupos de danza: Apaches, Conquista y Concheros, participando de la fiesta durante todo el día.

La danza de los Apaches es representada por niños vestidos en color café que muestran el contacto cultural entre apaches del norte y chichimecas del centro de México en alguna época de la historia. La Danza de Conquista es presentada por niños en el atrio de la iglesia al son del violín y del tambor. Está integrada por dos ejércitos, el indígena y el español, y por la muerte representada por varios muchachos vestidos de negro o de blanco con el esqueleto pintado. Durante la danza se desencadena la lucha entre los dos bandos, que termina con la muerte del jefe indio. La danza de los Concheros es representada por un grupo venido de Querétaro que, con un estandarte como emblema, entra cantando a la iglesia y tocando sus instrumentos musicales: guitarra, tambor y sonajas. El grupo es numeroso y está formado por hombres y mujeres: adultos, jóvenes y niños, bajo el mando del capitán, quién encabeza los cantos y rezos. Al terminar su saludo al santo patrono se retiran en orden y sin dar la espalda al altar, en señal de respeto.

Después de concluida la fiesta de San Miguel, al día siguiente, el 30 de septiembre, los cargueros descuelgan, esto significa colgar o entregar los cargos a las personas que van a ser los responsables de organizar la fiesta del siguiente año. Durante la ceremonia los integrantes salientes y entrantes lloran, se abrazan y se comparten roscas de pan, aguardiente y fruta.

A inicios de octubre llevan a cabo la descuelga que consiste en el cambio de los responsables para el siguiente ciclo anual, que iniciará otra vez en el mes de febrero, el día de La Candelaria. Después de la descuelga, en octubre, se realiza la cosecha del maíz tierno y para principios de noviembre, después de la fiesta a los muertos, se da inicio la etapa de la cosecha del maíz maduro. Durante las fiestas de Navidad, en algunas de las capillas familiares de las comunidades otomíes de San Miguel Tolimán levantan un Nacimiento en el altar, distinguiéndose la del barrio Centro de la descendencia de los Luna, ceremonias ligadas al ofrecimiento del maíz maduro.

Las fiestas tienen la peculiaridad de congregar a la población otomí, quien manifiesta su lengua en el saludo, en las relaciones sociales y en las transacciones comerciales; reúnen a diferentes sectores de la población que, aunque no comparten todos los rasgos culturales de los otomíes, son gente que continúa con la costumbre de participar en el ceremonial de San Miguelito, como cargueros o simples observadores; y además, congregan a los fieles devotos de San Miguel Arcángel y a periodistas e investigadores interesados en el rescate de la cultura otomí.
Paralelamente a la pervivencia cultural que se ha mantenido hasta la actualidad está la identidad, otro elemento importante de análisis. La identidad es la toma de conciencia de la cultura de una colectividad que se define en contraste y en oposición a otros, más allá de la propia descripción. Estos rasgos culturales, que, en primera instancia pueden parecer descriptivos e inmóviles, son elementos constitutivos de una sociedad, el derecho y el ejercicio de la identidad es un aspecto puntual en la reproducción cultural de los pueblos.

En este marco general de la dimensión de la cultura, la identidad particular del otomí de Tolimán, Querétaro, conlleva un ordenamiento de vida individual y colectiva. En relación con la Nación es mexicano, en relación con otros grupos indígenas es otomí, pero en relación con otros grupos otomíes, sobre todo si estos son de Querétaro, es de determinada región o comunidad; lo que nos lleva a analizar su identidad con base en la vinculación de las propias representaciones culturales que ha creado en contraposición con otros grupos sociales. Esta ubicación metodológica es relevante para analizar cada nivel de identidad en condiciones específicas y poder asentar si existe toma de conciencia, consciente o inconsciente, de las diferencias que tienen en relación con otros grupos.

La identidad no es inmutable, es un proceso activo y complejo con profundidad histórica, resultado de adopciones y adaptaciones, que tiene capacidad de regularización interna. Las identidades emergen, varían y desaparecen en el tiempo, lo mismo se retraen o se expanden según las circunstancias y en ocasiones reaparecen y se reacomodan. El surgimiento de la identidad como elemento de análisis presupone una continuidad de las relaciones sociales en la vida del grupo o del individuo, no sólo con sus interlocutores próximos con base en las redes de la sociabilidad cotidiana, sino también con otros grupos o individuos más lejanos y desconocidos.
La identificación con prácticas religiosas ancestrales se ve reforzada por el prestigio social que adquieren quienes han tenido o tienen un cargo en cualquiera de las celebraciones. El buen desempeño de sus responsabilidades es de vital importancia para la colectividad y repercute en el tratamiento y reconocimiento que recibirá la persona por el resto de la población, a lo largo de toda su vida. Por medio de las fiestas se puede conocer la vida de la colectividad en el más amplio sentido de la expresión, a través de las experiencias lúdicas por las que trasciende, donde los rituales resultan ser una combinación entre normas y emotividad en que el indígena expresa su sensibilidad. Asimismo, es un escudo espiritual contra la adversidad económica en la que viven.

Con base en el planteamiento de que las instituciones son las que prevalecen y no los individuos, se estudia el funcionamiento de las fiestas y la estructura que las sustenta, por ser ésta una fuente valiosa de explicación de su continuidad cultural. Hay quienes consideran que la vida cultural de los indígenas es un impedimento para su progreso económico, pero hay que hacer hincapié en que ellos se rigen por otro tipo de normas. Sea cual sea la posición que mantengamos frente a esta situación, las fiestas religiosas desempeñan un papel significativo en la vida de los campesinos del país y en la cultura nacional. El sistema de cargos que las sostiene es de considerable interés para los etnólogos mesoamericanistas interesados en la vida política, económica, social y espiritual de los indios de México.
La identidad tiene una dimensión espacial que define sus propias fronteras, referentes móviles en el tiempo; el individuo, una vez que ha definido su propio tiempo y espacio, asume un sistema relevante con el que ordena su vida social y religiosa. Durante este ordenamiento está en condiciones de optar por alternativas, descartar otras y entrelazar sus experiencias pasadas con su presente.
La mayor parte de la población otomí participa alguna vez en su vida en el desempeño de un cargo específico o como apoyo de un pariente o amigo que lo tenga. El sistema organizativo les da la oportunidad de mantenerse unidos socialmente y reforzados a través de la convivencia que mantienen con toda la población otomí de la región que se reúne en torno a las ceremonias. La relación de parentesco, vecindad o compadrazgo son alianzas compartidas por las familias otomíes de Tolimán vinculadas a la celebración de la fiesta del santo patrono, símbolo espiritual de la comunidad, que los mantiene identificados étnica y culturalmente.

Bajo esta perspectiva inicial, el sistema de cargos que opera entre los otomíes de San Miguel Tolimán, se explica como un mecanismo de identidad, de cohesión social y de pervivencia cultural, que los mantiene como grupo frente al contexto en el que están inmersos a nivel regional y nacional. Y, desde el punto de vista cultural, refuerza su ideología, que reinterpreta las fiestas católicas a través de prácticas religiosas propias.

Los otomíes de Tolimán han vivido en el mismo espacio geográfico a partir de su fundación en el año 1722, sin embargo la idea de zonas de refugio de Aguirre Beltrán es aplicable, por ser los otomíes un grupo indígena que se ha replegado a sí mismo, como medida de defensa social y cultural a las condiciones externas que lo afectan en sentido negativo. Y si bien no presentan aislamiento físico, las condiciones del suelo, la falta de posibilidades de apoyo para inversión y la necesidad de infraestructura agrícola y pecuaria los mantienen débiles, económicamente hablando, lo que repercute en sus niveles de vida.

Como campesinos están inmersos en una dinámica económica que les afecta no sólo en términos laborales, sino que de alguna manera, esta inserción dentro de la dinámica nacional, trastoca su ideología y las formas concretas de manifestarla. Su condición económica les lleva a tomar decisiones laborales importantes a nivel individual y grupal, que provoca un proceso de cambio, entre cuyas causas destaca el fenómeno socio-económico de la migración temporal ocupacional que afecta sus estructuras, empujándolos a buscar fuentes de trabajo lejos de su comunidad de origen. Como instrumento nivelador está la organización interna comunal del sistema de cargos que es un elemento que refuerza la autoidentificación y cohesión socio-cultural.
Los otomíes de Tolimán se encuentran en un franco proceso de cambio debido a factores sociales, políticos, culturales y económicos que no significa la extinción del grupo, su contrapeso radica en la identidad cultural que los grupos indígenas manifiestan permanentemente a través de conductas y normas familiares, sociales y religiosas. Además, expresan resistencia cultural a las innovaciones culturales impuestas del exterior, que asimilan poco a poco mediante un proceso de selección, que les permite seguir siendo otomíes, en forma consciente e inconsciente, individual y colectiva. Sin embargo, se da una confrontación del sistema de cargos frente a la estructura global social por la intervención, en algunos casos, de las autoridades oficiales y religiosas que no tratan con respeto su perfil cultural pretendiendo provocar modificaciones a sus tradiciones, lo que acarrea desconcierto psicológico, alejamiento social y aislamiento cultural en algunas personas.
Las culturas indígenas han sobrevivido gracias a su universo comunal; sus hábitos, sus prácticas religiosas y su idioma, han conformado una cosmovisión propia y una serie de creencias, que les ha permitido mantenerse y perpetuarse aun dentro de los parámetros de la sociedad urbana. Su concepción del hombre, del mundo y de la naturaleza es acorde entre sí, de las tres, la última tiene un lugar especial, debido a que el indígena mantiene una relación armoniosa con la naturaleza; sus conocimientos, sus habilidades y su trabajo, todo, está en función de una necesidad ineludible, la de obtener el sustento. Esta relación con la naturaleza no es puramente material, es imposible separar el conocimiento humano del mundo, del orden religioso. La cosmovisión otomí con sus ideas acerca de las relaciones del hombre con el universo y la divinidad tiene su propia esencia y razón de ser, ubica al hombre en relación con el cosmos como parte de él.

Con base en Montoya , entre los indígenas existe un gran respeto por la naturaleza y tienen la idea que ésta los puede perjudicar o mantener con vida. Si los seres que viven en el mundo que les rodea los ayudan a vivir, ellos sienten la obligación de corresponderles y, en esta relación, presentan un principio de reciprocidad. Los otomíes de Tolimán consideran que la lluvia, el fuego, la tierra, los ríos y el viento son elementos buenos y malos a la vez; buenos porque de ellos reciben los beneficios, por lo que consideran necesario brindarles tributos, ofreciendo música, danzas y alimentos en las fiestas anuales correspondientes, que se dan cíclicamente, de generación en generación. Paralelamente, son malos porque en ocasiones acarrean catástrofes, como inundaciones, sequías y epidemias, entre otras. En suma, todo por sencillo que parezca a nuestros ojos para los otomíes posee fuerzas mágicas, buenas o malas para el hombre.

En otro sentido de análisis, la proyección de la cultura es obra de la creatividad humana, los modelos más sencillos son las formas de comportamiento que se expresan en la indumentaria, la alimentación, el trabajo, los objetos domésticos y ceremoniales, así como los modelos más complejos implícitos en la organización social, económica, política, sistemas de religión, arte, etc. La teoría de los modelos o formas culturales da por sentado que la cultura es creada por individuos que interactúan con el medio y entre ellos, y que estas interacciones con la geografía, la psicología y la biología son puntos de partida para el desarrollo cultural, sin ser determinantes. Las aplicaciones de modelos teóricos se enfrentan a lo intrincado, múltiple y acumulativo de las culturas, lo que lleva a pensar y a considerar también útil la búsqueda de causas externas en formas culturales específicas.

La antropología establece que cultura es el conjunto de manifestaciones materiales e intelectuales de un grupo humano, y con base en este concepto se maneja la información sin encajonarla en gradaciones que indiquen superioridad o inferioridad cultural, que pudiera clasificar a los pueblos en cultos e incultos. Las manifestaciones culturales no se producen de acuerdo a principios fijos de reglas determinadas, son de carácter relativo, que permiten distinguir y diferenciar entre sí a las agrupaciones humanas al connotar su perfil cultural.

La cultura de un pueblo abarca elementos diversos, por un lado el territorio y los recursos naturales que contiene, por otro la obra humana que se manifiesta en los edificios públicos, las casas habitación, los símbolos y los espacios sagrados, los objetos y los bienes domésticos, todo lo que han sumado a través de los años; una organización social que define los derechos y deberes que tienen que observar los miembros de la colectividad; y una ideología que se refiere a la representación mental del mundo, formada por ideas claras y organizadas lógicamente. Con esta premisa, podemos analizar de un grupo, un aspecto cultural o su totalidad, en función de sí mismo o en función de la sociedad en su conjunto. Asimismo, hay que tener presente que la cultura es transmitida a cada generación por su predecesora y en parte modificada por la nueva generación, que prescribe sus propias condiciones de vida y le impone un desarrollo y carácter propio.

En cuanto a la transmisión cultural, decimos que una generación transmite a otra los códigos establecidos, los que se manifiestan en todos los órdenes de su vida: el idioma que expresa la peculiar visión que se tiene del mundo, el pensamiento acumulado a lo largo de su historia, expresado en gestos, tono de voz, valores y actitudes, la estructura familiar, las técnicas agropecuarias, entre otros muchos elementos que tienen significado para el grupo, que reciben las nuevas generaciones, quienes los enriquecen y transforman. El indígena se define, por pertenecer a una colectividad organizada, con una herencia cultural propia, por lo que en relación con su cultura se sabe otomí o nahua. Dentro del vasto ámbito cultural, la religión es una institución a través de la que los grupos humanos perviven, en torno a la cual se crea una serie de relaciones sociales y elementos simbólicos y rituales.
El antropólogo al hacer la etnografía de una cultura, registra múltiples estructuras conceptuales complejas, muchas de las cuales están superpuestas o enlazadas entre sí, no explícitas, a las que les da una explicación, por lo que se prestan a ser interpretaciones de interpretaciones de otros autores. La comprensión de sucesos particulares como son: una ceremonia, una procesión o una idea de un grupo determinado, expresa la forma particular de interpretación de la cultura que va a permitir desentrañar el significado de sus símbolos y determinar el alcance de su campo social. Cada sistema simbólico es una unidad funcional cuyos elementos contribuyen de manera armoniosa a su existencia y continuidad. La cultura es pública, contiene ideas, es conductual, simbólica y está compuesta de estructuras psicológicas mediante las que los individuos o grupos de individuos guían su conducta.

Durante la observación de la celebración de la fiesta patronal, de las velaciones que la anteceden, de la participación de las cuadrillas de danza, de la velación de la Santa Cruz, de la peregrinación al Cerro Zamorano, de la conmemoración de los difuntos en las capillas familiares y de las festividades a otras imágenes de santos católicos de menor impacto en la región, se han encontrado símbolos sagrados y localizado sitios de significación religiosa que tienen su origen en la época prehispánica y en la colonial, que reflejan la continuidad cultural del grupo otomí hasta la actualidad.

El amor y la diversidad

Por Margarita Ladrón de Guevara


Según el Breviario Demográfico 2009 publicado por el Gobierno del Estado de Querétaro y el Consejo Estatal de la Población, el estado conyugal se define demográficamente como “la condición de unión o matrimonio de la población de 12 años o más de acuerdo con las leyes o costumbres del país”. En el estado de Querétaro, los adultos de 25 a 59 años están en un 71.85% casados, seguidos por el 14.56% que están solteros y los que viven en unión libre, que constituyen el 7.14% según encuestas hechas en 2005. De estas cifras, cabe señalar que en 2005, el 18% de los matrimonios acabó en divorcio, con tendencia ascendente y con mayor incidencia entre el primero y quinto año.

Ninguna institución que recaba datos estadísticos sobre la población menciona a las parejas homosexuales; la Comisión Estatal de Derechos Humanos e instituciones como AQUESEX argumentan que no se tiene contabilizado el número de parejas homosexuales que viven en la misma casa porque atenta contra los derechos humanos preguntar acerca de la orientación sexual de un individuo.

A raíz de la aprobación de la Ley de Sociedades de Convivencia en el Distrito Federal en noviembre de 2006, se ha abierto el tema en los medios de comunicación más que nunca en la historia, si bien desde 1993 Dinamarca las uniones entre homosexuales son legales. Cabe señalar que México es el primer país de América latina que abriga legalmente a las parejas del mismo sexo.

En Querétaro no ha habido conflictos mayores ni enfrentamientos entre las diferentes opiniones. El tema, de suyo complejo, se puede reducir en una sencilla idea: dos personas que se aman desean vivir juntas, haya ley que las ampare o no. Y así ha sucedido con muchas parejas homosexuales que viven felices en Querétaro y que su relación está abalada por el compromiso que se hicieron ante sí y ante su familia, con ley y sin ella.

Entrevistados en el marco del día del amor y de la amistad, parejas homosexuales queretanas aceptaron hablar sobre su relación para DIARIO DE QUERETARO alentadas por la idea de que entre más información se difunda en la población mejor, pues la discriminación hacia ellas es producto de la ignorancia.

Ulises, Marcelo, María, Elena, Alejandro, Mateo, Antonio y Fernando, así como el testimonio de Karla y Marcos ejemplifican que se puede vivir feliz en un marco de respeto mutuo, en una sociedad en la que hay cabida para todos.

ULISES 20, MARCELO 19

“Nos conocimos por Internet. Un amigo en común nos agregó en la conversación del Messenger, platicamos, salimos y nos gustamos”, narran al alimón. Empezaron a salir creyendo que cada uno estaba enamorado del amigo que los presentó, pero con el paso de los días y luego de varias citas, se dieron cuenta que no y empezaron a andar. La próxima semana cumplen diez meses. Ambos son estudiantes de la UAQ, aunque en diferentes facultades y en carreras totalmente opuestas: uno en química, otro en psicología; “tenemos un carácter tan diferente que muchos amigos nos preguntan cómo es que hemos durado tanto” dice Marcelo. No planean vivir juntos, por el momento, pues aún son estudiantes y no tendrían cómo mantener una casa “es un gran paso” dice Ulises “implica conocer los defectos que aún no quieres conocer del otro, poner reglas que aún no quieres aceptar y por supuesto lo del dinero” abunda. Ambos ya habían salido del closet antes de conocerse.

Ulises y Marcelo decidieron conocer a las familias mutuas pues la relación entre ellos es seria “al principio a mi mamá le dio risa” cuenta Marcelo “nunca le había presentado una pareja porque no había tenido una relación tan seria como esta”. El caso de Ulises fue diferente, pues ella esperaba que él le diera nietos: es hijo único. El primer paso fue decirle a su mamá acerca de su orientación sexual, a los 18 años, después presentó a Marcelo con su familia. Hoy, la señora estima a su yerno y se preocupa por él, como cualquier suegra.

Para Marcelo fue más fácil salir del closet: “mi mamá un día, después de desayunar, se me quedó viendo y me preguntó ¿eres gay?, pensé en las opciones de respuesta y al final le dije que sí, era más fácil que ella me lo preguntara”, él tenía 17 años. Ninguno de los dos ha tenido problemas con sus familias. “Somos felices juntos, creemos en la fidelidad, porque en una relación adulta y madura no cabe la promiscuidad y lo normal es que, si nos queremos, queramos estar juntos toda la vida”.

Mateo 33, Alejandro 36

Se conocieron cuando ambos estudiaban en la preparatoria San Javier, hace veinte años y se hicieron mejores amigos. Pero un día, cuando ambos ya habían terminado la carrera en la UVM, Mateo se fue a vivir a Cancún y Alejandro se dio cuenta que el dolor que sentía por la ausencia no era nada más de amigos. Decidió tomar terapia que le ayudó a salir del closet, no sin pasar por un proceso largo y difícil, gracias al cual hoy es muy feliz como es y como vive. Es empresario dueño de su propio negocio y vive muy bien.

Habló con su familia y decidió conquistar a Mateo. Pero éste aún no tenía claros sus sentimientos; cuando Alejandro le confesó su amor, abrió un cajón que Mateo había mantenido cerrado en su interior con sus preferencias homosexuales; lo intentaron y fracasaron porque Mateo aún no vivía su proceso de aceptar la homosexualidad y sentía paranoia; dos intentos más y Mateo aún no podía. Tardó varios años en aceptar sus sentimientos y tras terapia psicológica, se asumió, habló con sus papás, se sintió en paz con él mismo y fue en busca de Alejandro. Un año después de noviazgo, Alejandro le pidió comprometerse viviendo juntos; desde hace cuatro años tienen una casa preciosa, cada quien tiene un trabajo que los satisface profesionalmente y comparten los gastos del hogar como cualquier pareja joven. Las familias se conocen mutuamente y todos viven en un ambiente de respeto.

Antonio 33, Fernando 37

Cumplieron trece años en noviembre y hace dos años viven juntos. Se conocieron en Querétaro, un día se vieron en el andador Libertad y se gustaron. Ambos tenían una tienda en la misma calle así que pudieron hablarse, salieron durante tres meses hasta que la relación se formalizó y se hicieron novios; casi de inmediato conocieron a las familias mutuas. Toño ya había salido del closet hacía cinco años y había tenido una pareja antes con la cual duró dos años. Pero Fernando, aunque había tenido varias parejas, no había hablado con su mamá hasta que conoció a Toño “mi mamá lo tomó tranquilamente y desde ese momento siempre ha tenido un brillo en sus ojos porque sabe que estoy bien y feliz con mi pareja” cuenta él, quien es el único varón de una familia con dos hijas “la decisión de cómo anunciarle a tus papás se toma después de darle muchas vueltas y mi manera de hablar el tema con mi mamá fue preguntándole si ella sabía por qué no tenía novia, en su mirada hubo miedo pero le dije que soy homosexual” él afirma que le costó trabajo definir su orientación sexual porque durante la adolescencia le gustaban hombres y mujeres, pero después de la plática con su mamá ya había enfrentado la realidad “y le conté quién era mi pareja, pues ya se conocían; ella sabía que Toño es una persona decente así que lo aceptó”.

Toño y Fernando afirman que el secreto para durar tantos años juntos es la confianza y la comunicación “en todas las parejas debe haber confianza y comunicación; somos muy buenos cuates y nos decimos todo, lo que nos gusta y lo que no” asegura Toño; además, dice Fernando “debemos admirar al otro, sea cual sea la actividad, por eso la ecuación es admiración, respeto y confianza”.

María y Elena, 49

Miembro de una reconocida familia de abogados queretanos, María tiene actualmente 49 años y después de mucho buscarlo, ha encontrado el amor en Elena, con quien comparte un hogar desde hace dos años. María es abogada y Elena cosmetóloga.

Cuando María tenía 20 años, conoció a quien fuera su primer amor. Enfrentó a su familia y a la gente cercana a ella y recibió rechazo; su papá había fallecido hace años, por lo que a excepción de su madre, todos satanizaron su conducta “yo simplemente fui congruente con los valores de honestidad que me dieron mis padres; las consecuencias fueron muy dolorosas pero triunfó el amor de madre y me aceptaron; tengo derecho de vivir y ser feliz, la persona que yo había escogido era de bien así que los propios argumentos con los que me educaron mis padres fueron los que yo esgrimí en mi defensa: la honestidad y la igualdad de derechos”. María reconoce que fue doloroso para su mamá sobre todo el encarar a la familia.

La relación solo duró tres años y después de otro fracaso, hoy María ve en Elena a la persona con quien quiere pasar el resto de su vida. “Yo solo le pido a Dios que me de oportunidad de disfrutar del amor que vivo ahora, porque a estas alturas de mi vida, empezar una relación después de todo lo que sufrí, pido que por favor tenga tiempo de hacer feliz a Elena”, dice con emoción.

LOS PAPAS, LOS HIJOS, LOS SOBRINOS

Antonio tiene dos sobrinos, uno de 4 y otro de 8. “A lo s niños no hay que darles la información que no te piden, ellos solitos te irán preguntando a medida que tengan dudas, por eso en el caso de mis sobrinos todo ha sido muy natural. Cuando llegan a la casa lo primero que preguntan es ¿dónde está Fernando? Ellos saben que él vive conmigo y a medida que vayan preguntando yo les contestaré”.

Fernando tiene dos sobrinos más grandes que saben de su condición y tampoco han tenido conflictos. “Uno tiene 13 y la otra 17, y aunque yo los veo poco porque viven en el extranjero, mi hermana me cuenta que mi sobrina está muy orgullosa de mi porque soy trabajador y me tiene como un modelo a seguir para su vida, por supuesto para mi es un gran compromiso”. Para Fernando, el hecho de que vivan en el extranjero no implica que tengan una postura más abierta hacia el homosexualismo, pues la educación en casa es lo que cuenta “seguramente el vivir en una ciudad que tiene una comunidad gay-lésbica muy grande, como en la que ellos viven, reafirmó su apoyo a la diversidad pero no lo motivó”.

¿Cómo piensan que van a reaccionar los niños cuando sepan que su tío Toño es homosexual y vive con su pareja?

“Los niños toman las cosas como las toman los padres, en este caso, nos llevamos muy bien con mi hermano y su esposa, así que cuando llegue el momento de hablar con los niños esa información será una más dentro del cúmulo de información que un niño debe procesar en su vida. Ellos tienen información y educación en su casa”.

Karla tiene 16 años, llegó a vivir a Querétaro proveniente de Celaya, estudia en una preparatoria de monjas y desde hace 7 años, sabe que su mamá tiene una pareja femenina. Vivió con sus abuelos hasta que tuvo 9 años pues su mamá, soltera, no había terminado la carrera para poder mantener a su bebé, producto de una relación fugaz. La mamá asumió su sexualidad pocos meses después de que Karla naciera y decidió que si era buena madre, tendría derecho a ser feliz. Karla dice “al principio, cuando mi mamá me dijo que es lesbiana, fue difícil porque se me borró toda esperanza de tener un papá, pero esa tristeza duró muy poco porque conocí a la pareja de mi mamá y ella suplió la mitad que me faltaba de la relación que tengo con mi mamá”.

Karla reconoce que habla del tema sólo con sus amigos muy cercanos, pues notó cómo muchas amistades de su mamá se alejaron de ella cuando vivió sola con su hija y tuvo una pareja formal. “Creo que hay mucha ignorancia, sobre todo en las personas mayores porque entre mis amigos el tema no es si eres homosexual o no, sino qué tan buena persona eres… y yo creo que a mi mamá hay que darle un premio por su honestidad” y finaliza “yo acepto a mi mamá como es, me dio una infancia muy feliz y ella es una persona decente, la verdad es que a nadie debería importarle cómo viva ella, sólo a mi y como su hija, me da gusto que esté feliz con su pareja estable”.
Marcos tiene 28 años y fue criado por su mamá y una tía pues su papá confesó su sexualidad a la familia y ésta alejó al bebé. Cuando Marcos tuvo 18 años quiso conocerlo, la relación se estrechó cuando Marco tuvo a su primer hijo.

El señor murió hace dos años de cáncer, pero a Marcos le alegra que su hijo conociera a su abuelo “yo siempre pongo un ejemplo que podría ofender a muchos pero es mi manera de explicarlo” relata Marco “cuando un perrito y un gatito se crían juntos, aprenden a quererse y respetarse, cuando crecen son amigos y no se pelean. Si el gatito sale a la calle y es atacado por un perro que no está acostumbrado a los gatos, obviamente el gato sacará las uñas para defenderse o se alejará; lo mismo pasa con los homosexuales: a mi me alejaron de mi padre y me hablaron mal de él en mi casa, pero mi hijo hoy sabe que su abuelo era una persona llena de amor para él” finaliza.

Uno de los puntos dolorosos para los padres, según el testimonio de nuestros entrevistados, es romper las expectativas sobre los nietos. En el caso de Alejandro, su papá le dijo “esa expectativa te la creaste tu, porque mi expectativa es que seas feliz”. Todos coinciden en que México no está preparado para aprobar una ley que les permita adoptar, sobre todo porque el niño podría ser víctima de burlas, rechazo y discriminación, independientemente de que ellos deseen tener hijos o no.

LA LEY

Dentro de la comunidad homosexual las opiniones en torno a la Ley de Sociedades de Convivencia están divididas, así lo reflejan los puntos de vista vertidos por los entrevistados, quienes a pesar de ser pareja, tienen posturas contrarias. Sin embargo, todos coinciden en que se necesita educación e información.

“Soy optimista”, dice Ulises, “yo y los que vienen detrás de mi vamos a tener la oportunidad de vivir como queremos, libre y de acuerdo a nuestros deseos. Y no como muchos han tenido que hacer: vivir como heterosexuales e infelices toda su vida”.
“Más que nuevas leyes se necesita educación” sostiene Marcelo. “Mi manera de aportar un cambio es dar la cara y decir: aquí estoy y tengo novio; no creo que hacer marchas, salir bailando y vestido de mujer sea la forma para cambiar una sociedad, eso contribuye al desconocimiento”. Para ambos, es muy importante que la gente pregunte, que resuelvan sus dudas y que se atrevan a preguntar. “La homosexualidad se construye a base de mitos: que somos degenerados, que queremos ser mujeres, pero lo importante es que la gente se acerque a preguntar, yo he derribado varios mitos empezando con mi mamá, que ha resuelto muchas dudas al respecto, preguntándome… si mi mamá se atrevió, por qué los demás no: hay que perder el temor de conocer lo que está pasando”.

“Es necesario en ciertos aspectos legales, pero en cuanto a lo emocional no lo es. Es necesario para asegurarlo o para heredarlo, pero lo que opine la sociedad no me afecta” dice Antonio; Fernando opina lo contrario “para mí es importante porque significa que sí cuento como individuo en una sociedad en donde yo puedo desenvolverme” y añade “los gobernantes siempre han manejado que Querétaro va hacia la modernidad de pensamiento en la que podemos vivir todos, ¿por qué no tener también leyes comprometidas con toda su sociedad?”. Ante la falta de una ley que los proteja como pareja, ya sea para seguridad social o cuestiones de herencia, Fernando acepta “nuestro compromiso ya está legalizado ante mi y ante él, gracias a eso hemos durado tanto”.

“Nunca me ha importado lo que piense la gente” dice Alejandro “pero sí hay cosas importantes que no podemos tener por que no hay una ley que nos ampare, por ejemplo, no podemos sacar un crédito y juntar nuestros sueldos o darle seguro porque legalmente Mateo no es nada mío”. Pero respecto a la Ley de Sociedades de Convivencia aprobada en el Distrito Federal, los dos consideran que es una argucia política que solo busca ganar votos “México no está preparado y es el colmo que los políticos usen como bandera esta Ley y no es real, solo la usan para ganar votos; va mucho más allá: es un asunto de cultura, de educación”.

Mateo es más optimista “creo que de eso a nada, es mejor que se hable del tema porque es una semillita que puede provocar poco a poco cambios; pero sí aclaro que en mi opinión, la única ciudad mexicana en la cual se podría dar una ley así en el Distrito Federal porque Querétaro no está preparado aún”. Y, al igual que Fernando y Antonio, para ellos dos su relación es igual de válida ante su familia como la de sus hermanas casadas.

A María, por su parte, le encantaría casarse. “El logro de la ley es que hay personas que sí están hablando por todos los que no lo hacemos. La gente teme que al votar por el respeto de los demás, sea señalada como partidario y se vuelva vulnerable a los ataques como lo somos nosotros. Por fortuna la mayoría de nuestro país está conformada por jóvenes que tienen el poder de cambiar. Para mi, es un logro tan grande comparado con la llegada del hombre a la luna. Cada vez hay más gente valiente que asume su condición, por lo que yo creo que hay que esperar y confiar en la juventud” sostiene.

HONESTIDAD

La decisión crucial en la vida de todos ellos ha sido cuando asumieron vivir de acuerdo a su orientación sexual. Afortunados todos al contar con el apoyo de su familia, reconocen que la sociedad ha avanzado pero aún hay mucha ignorancia y señalamiento. Karla y Marcos vieron cómo sus padres sufrieron por ser homosexuales.
Tanto Alejandro, Mateo, Antonio, Fernando, Ulises y Marcelo coinciden en que desgraciadamente, las vías que parte de la comunidad gay toman no son las adecuadas, como el caso de los desfiles en los que van homosexuales vestidos de mujer y con formas exageradas, lo cual, dicen, contribuye a la desinformación y confusión sobre la comunidad lésbico-gay, transexual, bisexual y transgenero.

Para María, es más difícil ser aceptada en la sociedad en su condición de mujer homosexual. Pero ha sabido apechugar la situación “creo que he tenido más coraje y más agallas, aunque sí me costó muchos años de maledicencia, rechazo y que cuestionaran mis capacidades” y reconoce con tristeza “he sido víctima de mi propia honestidad y de la decisión de vida que tomé”.

“La gente no conoce del tema, les da miedo saber y su concepto acerca de la homosexualidad es irreal” considera Alejandro “la solución no es que se pelee el PRD con el PAN, sino que se informe a la sociedad” y agrega “habemos profesionistas responsables que hacemos nuestra vida, somos hijos de un matrimonio sólido, tenemos hermanos, sobrinos y pagamos nuestros impuestos: no hay problema, el problema es la falta de educación e información del tema”.

Mateo afirma “me parece muy importante que donde quiera que estamos nos presentamos como somos, con honestidad no hacemos mal a nadie, creemos que esa es una buena forma de participar en los cambios”.

“Somos afortunados” dice Toño “porque nuestras familias nos aceptan y no hemos tenido una vida violenta o agresiva” y agrega “como resultado somos buenos hijos, somos transparentes y en nuestra casa nunca hubo agresiones. Nos hemos desenvuelto en la sociedad de una forma muy abierta y respetuosa hacia todas las personas, porque la sociedad se enfoca en la parte sexual pero eso no es el todo: está la familia, el trabajo, tus amigos, la casa en la que vives, etc. y gracias a que nosotros nos movemos con respeto es que no tenemos resentimientos”.

“Yo he cambiado perspectivas y he derribado mitos”, dice Ulises. Marcelo confronta a los homosexuales que no han salido del closet: “quieres que cambie la sociedad, quieres que se cambien las leyes, pero ¿tu qué estás haciendo? Podemos ser agentes de cambio nosotros, pero si la comunidad gay no camina por el rumbo correcto y continúan desfilando vestidos de novias gritando su promiscuidad, no se derribarán mitos nunca”.

Todos ellos disfrutarán del Día del amor y la amistad con su familia, en la ciudad que aman: Querétaro.

Luis Enrique Gutérrez Ortiz Monasterio

Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio

Un dramaturgo en Querétaro

Por Leonardo Kosta


PROEMIO

Este es un proemio (así de mamón) porque el presente artículo fue publicado en la revista “Paso de gato”, números 16 – 17 de abril –junio 2004. Para entonces las nuevas obras de Luis Enrique o no habían sido escritas o el del teclado no las conocía. Con el paso del tiempo Las chicas del tres y medio floppies subió a escena y ganó premios en Europa, Edi y Rudy* han cumplido varias temporadas en esta ciudad, Civilización volvió a ganar uno de los premios Manuel Herrera y nosotros, ahora, con la producción de ÁBACO -el proyecto cultural de la Facultad de Contaduría y Administración- estamos a punto de estrenar Sensacional de maricones. Sobra decir que todas estas obras se han montado con notable éxito en el DF, en otras ciudades del país y en Europa.
En las primeras tres obras mencionadas los personajes son voces en cuyas resonancias se escuchan las palabras absurdas, cínicas, en algunos casos ingenuas y desesperadas de nosotros, los espectadores. En las parejas del reparto de Edy y Rudi, o en Civilización las voces corresponden a los personajes porque no hay de otra, pero en Sensacional de maricones las voces son de los personajes nombrados, de otros que están ahí porque Legom es grande, y del o de los narradores que conducen la historia. Esas voces, en una amalgama afortunada, son del autor, de los personajes y de los espectadores. Son voces gruexas porque en algunas situaciones anímicas y sociales así hablamos, y de eso no hay que escandalizarse.

Las voces de los sin nombre, las voces sin nombres propios son una conquista del teatro contemporáneo, terreno en el cual Legom se mueve como pez en el agua. Este quizás sea el único motivo por el cual se reproduce el viejo artículo con el proemio, y también la única razón por la que nos hemos dado a la tarea de poner en escena Sensacional de maricones.

Empezamos.

EL ARTÍCULO

En una de las últimas obras de Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio, De bestias, criaturas y perras, los personajes son un él y ella que ni siquiera tienen derecho al pronombre personal. En el papel son una marca que señala la voz que en ese momento habla. La obra misma está señalada como una “pieza para cuatro manos”. Sin señas particulares, los personajes no tienen ni historia ni esperanzas. No vienen de ninguna parte ni van hacia ningún lado. Simplemente están en algún lugar. El hombre gana dinero escuchando a otro que le cuenta historias, o al menos eso es lo que dice el personaje; la mujer parece que se prostituye y es posible que termine trabajando en una maquiladora. La criatura, entre la bestia y la perra, en la primera escena se llama Alberto y en la última Sebastián, aunque el hombre prefiera llamarla Producto, y aunque siempre está ausente de la escena está presente con su acción –fruto del humor negro del autor-: meterse el dedo en el culo a todas horas. Con este acto pareciera determinar el deterioro del comportamiento de la pareja.
Los personajes de Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio –Legom de aquí en adelante, para economizar espacio- solamente viven para maltratarse unos a otros, así forman parte de las situaciones en las cuales los coloca el autor. En De bestias, criaturas y perras no hay acotaciones y la anécdota es débil, tanto como lo es en una de sus primeras obras Sólo un día de trabajo, ganadora del Premio Iberoamericano de Teatro “José Peón Contreras” en Mérida, Yucatán. Cuatro personajes extravagantes son retratados en un día cualquiera de trabajo, dos de ellos ven ángeles en los videos, otro es alcohólico, otro apostador, la jefa de todos ellos es malhablada y lesbiana, y todos –eso sí- se dedican a dar cursos de superación personal.
Los contrastes y las circunstancias extremas son el esqueleto del humor negro con el que Legom construye sus obras, y es probable que del mismo humor negro salga la negación de la anécdota, aunque tiene algunas obras en las que sí cuenta una historia.
En Los restos de la nectarina, Premio “Manuel Herrera” 2000 un trío de gordas se dedica a engordar y provocar a la hermana flaca para que perdiendo al novio también se ponga a engordar. A su debido tiempo la flaca les llevará un novio gordo y asqueroso y la madre gorda aprenderá una de las pocas lecciones explícitas que aparecen en las obras de Legom.
En Diatriba rústica para faraones muertos, Premio “Manuel Herrera” 2001, una pequeña familia de fracasados vive en un camper abandonado a las afueras de Ciudad Juárez. El marido huevón pasa el tiempo soñando en negocios torpes, y su amigo Edy Torquemada engatusando a todo aquel que se deje. La obra es la historia del emputecimiento de Lerita, la hija tonta de quien se aprovechan capataces y compañeros de una fábrica. Al colocar a la hija en un prostíbulo, el padre realiza el primer buen negocio de su vida. El detonante del proceso es un tal Beto Canario, vendedor de joyas falsas que son verdaderas.
Las anécdotas que imagina Legom deben ser tomadas con pinzas, pues siendo extrañas, extravagantes, insólitas, son espejos deformantes que nos hacen ver anchos, flacos, enanos o gigantes; de esa manera el dramaturgo se coloca en las antípodas del realismo socialista, y desde esa posición levanta el discurso de la crítica, no como un predicador sino como un hombre que juega a esgrimir un látigo virtual para zaherir la monstruosidad de las personas reales. Juega, pero el látigo es de ortigas y saca ronchas.
En Si una noche o algo así, un fulano de tal arma el tinglado de los celos con un prostituto, y cuando llega la hora de encarar a la mengana la pelea es por el tamaño del pene de Beny, a quien ella denomina Pepe. De noviembre de 2003 hasta marzo de 2004 esta pequeña obra estuvo en cartelera en el espectáculo “Legom, la historia de tres historias inconexcas”. En el cartel del mismo espectáculo había un letrero que rezaba: “¡Atención! Uso de lenguaje muy explícito”. Es que Legom no tiene pelos en la lengua y al escuchar sus textos uno se queda con la duda de no saber si en la vida real, detrás de las cortinas de nuestras casas, no hablaremos igual o peor que los personajes del dramaturgo. En todo caso Legom es un poeta del maltrato.
En Deus ex pórquina, una pareja ha tenido un hijo lechoncito y están a punto de venderlo cuando llega Dios ha reclamar a su hijo. Aquí el maltrato entre los personajes, y del autor hacia sus creaturas, llega con la mano en la cintura a la blasfemia que horroriza a las buenas conciencias.
De una muestra de siete obras –pues el autor es tan prolífico que guarda en sus archivos más de 40 obras- la que más deja ver la indignación social de Legom es Cualquiera que duele y nada. Tres niños indígenas –Ullito, Xobé y Tomás- hambrientos, con frío y presos, cuentan historias para espantar el miedo. En esas historias ellos mismos se han prohibido mencionar la muerte, el llanto y la memoria de otro niño muerto. Al otro lado de la prisión se adivina el paisaje chiapaneco y las circunstancias, sin lugar a dudas, son las de la matanza de Acteal. Las voces de los niños son auténticas y destilan ternura. Cualquiera que duele y nada es quizás la única obra en la cual los personajes no se maltratan, y aunque hablan con su propia voz, es la indignación del autor lo que se escucha. Además, en otras obras el autor disimuladamente aparece de cuerpo entero entre los textos. El hombre de De bestias, criaturas y perras va a diálisis, como el autor; y en algún rincón que ahora se me escapa aparece un Luis Enrique, nombre propio de Legom. Las voces de encuentro y desencuentro son de los personajes, son nuestras y del autor.
Legom prefiere en sus obras la palabra por encima de la acción, y en algunas, incluso, como en el caso de A la vuelta del día, el monólogo interior llega a instalarse en la narración. El teatro de Legom, en consecuencia, es teatro de palabras que nos retratan de cuerpo entero.
Para finalizar, aquí están sus propias palabras:

“Mi teatro no es naturalista, no responde a aquello de ‘personaje es a la ficción lo que persona es a la sociedad’. Mis personajes son construcciones retóricas ancladas a una realidad lumpenizada a través de rasgos muy humanos. Mis personajes no son encarnaciones de una persona; son como el actor, una construcción formal”.