martes, 16 de marzo de 2010

Miguel Covarrubias

En el artículo de la semana pasada, hablamos de la contribución que José Limón hiciera a la danza mexicana. Tras de la figura del maestro hubieron otras personas, igualmente visionarias, aunque no practicantes de la danza, que apoyaron la llamada Época de oro de la danza mexicana. Uno de ellos fue Miguel Covarrubias, un hombre sinceramente apasionado en esta disciplina artística, si bien su actividad fue la pintura, el dibujo y la etnografía.

Miguel Covarrubias (1904-1957) desempeñó en pro del gremio dancístico una intensa promoción. Cuenta la leyenda que Miguel era muy pequeño cuando vio bailar a Ana Pavlova el Jarabe Tapatío de puntas, un hecho histórico en la danza. Para él fue una experiencia sorprendente desde entonces se convirtió en un arte esencial. Su primera esposa fue Rosa Rolando, bailarina del Morgan Dancers, agrupación que ofrecía presentaciones en Broadway y Europa. En 1930 se casaron en Nueva York, donde Covarrubias era un famoso caricaturistas. Viajaron por Europa, Asia, África y América. En esos viajes, Covarrubias registró, las diferentes danzas de cada región, tanto en sus ilustraciones como en material audiovisual. En 1950, Carlos Chávez Director del INBA en ese entonces, nombró a Covarrubias como director de Danza. A su vez, el artista designó como director de la Academia de la Danza Mexicana al pintor Santos Balmori. Ambos estaban convencidos de la necesidad de la formación técnica y creativa de los bailarines, por lo que contrataron a Xavier Francis y a José Limón para que impartieran cursos de coreografía y teoría de la danza. Limón estrenó en 1951 Tonantzintla, con escenografía y vestuario de Covarrubias. Esta coreografía fue el mayor éxito dancístico de la temporada de 1951. Como titular Covarrubias invitó a los más reconocidos bailarines, pintores, escenógrafos, músicos, escritores y coreógrafos de la época para enriquecer el panorama artístico y la creación de obras nacionalistas. Zapata, coreografía de Guillermo Arriaga con música de José Pablo Moncayo y escenografía y vestuario de Covarrubias. Ésta fue quizá la obra más representativa del nacionalismo de los años cincuenta y una clara muestra de la danza moderna de México. La bailarina de Zapata fue Rocío Sagaón, segunda esposa de Covarrubias, quien ha manifestado en distintas ocasiones que el artista vendía su obra pictórica para mantener vivo al movimiento dancístico nacional. Miguel Covarrubias dejó sus estudios en la Escuela Nacional Preparatoria para dedicarse al dibujo de caricaturas. Recorría los teatros y cafés nocturnos tomando apuntes para desarrollarlos y publicarlos en revistas y periódicos. A los catorce años, Covarrubias publicó sus primeros dibujos a tinta, junto a una reseña de la primera exposición de Roberto Montenegro, en 1920. Ilustró con gouaches y acuarelas el manual de dibujo producido por la Secretaría de Educación Pública, en 1923, para la enseñanza de esa materia en las escuelas primarias de la República. En ese mismo año se fue a Nueva York; sus dibujos tuvieron éxito y se convirtió en el caricaturista oficial de la revista Vanity Fair, en la cual colaboró hasta 1936; también trabajó para Fortune. La Enciclopedia Británica lo incluyó en su lista de "Maravillas del Lápiz".Su labor como dibujante no se limitó, sin embargo al retrato. Desde 1924, se interesó en la vida de los negros del barrio de Harlem y los retrató en sus actividades cotidianas y, sobre todo, en los salones de baile, y contribuyó con sus Negro Drawings (1929) a la difusión y al éxito del jazz, y creó un estilo de dibujo sintético y con aportaciones del arte moderno (en particular del cubismo y del futurismo), que dejó una fuerte huella en lo que se llamó Art-decó o estilo 1925. En 1932, realizó los viajes con su esposa Rosa Rolando, al sureste asiático (fue becado por la institución Guggenheim, viajó a Java, Bali, India, Vietman, África y Europa). Después de ese viaje, Covarrubias abandonó Nueva York y volvió a México para realizar la labor por el gremio dancístico que hoy día tanta falta hace en Querétaro.

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