martes, 16 de marzo de 2010

La Plaza del recreo

Blas C. Terán

En relación a mi colaboración del día 7, manifiesto:
Cierto es que la gente que ama el baile y frecuenta los días jueves y domingos el Jardín Zenea no es responsable de cómo anuncien lo que ofrecen a nuestros sentidos.
Cierto es que el señor don Sergio Vázquez Bacconier es un artista con trayectoria, producto de su habilidad y sensibilidad en la ejecución de instrumentos de teclado.
Espero que lo dicho anteriormente sea una satisfacción para aquellos que se hayan sentido ofendidos.

La Plaza del Recreo

Encontré a don Juan, a don Juan Romero, sentado en una de las bancas que rodea la fuente de la diosa Hebe. Son las nueve de la mañana y don Juan viene ya de hacer trámites en algún establecimiento.
Después del saludo y de agradecerle que me regalara unos calendarios donde 17 fotografías dan fe del Querétaro que ya se fue, la exigencia es inevitable: “Don Juan, platíqueme algo de sus vivencias en el jardín”.
Escucho de don Juan que este jardín primero se llamó Plaza del Recreo, que es la segunda vez que lo nombran Zenea, Benito Santos Zenea, y entre estás dos ocasiones, Obregón.
Don Juan recuerda que, en su juventud, los domingos en el jardín también se daba serenata a cargo de la Banda del Estado: los hombres caminaban por los pasillos laterales del jardín en el sentido inverso a las manecillas del reloj y las mujeres a la derecha. Ellas se retiraban a las nueve de la noche, a más tardar, para resguardar el honor de la familia.
Me habla del cine Goya, de los Billares Blanco, de la mordida que ofreció a dos policías, de ese tiempo, quede claro, por la acusación de estar cometiendo faltas a la moral y sólo tenía su mano posada en el hombro de la muchacha.
No es mucho el tiempo de charla, don Juan está inquieto. Se levanta de la banca y me dice: “Ven, mira. ¿Qué notas en la diosa Hebe? Observa su mano izquierda ¿Notas la jarra de su mano derecha? De esa jarra caía un chorro de agua a una copa, la que le falta de la mano izquierda”.
Don Juan se despidió con la promesa de otra charla en la plaza de arriba o en esta, la de abajo.

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