Diversidad de rutas y cruce de caminos
Por Ana Cecilia Figueroa
Hasta hace un lustro, las mujeres del mundo popular eran invisibles para las feministas del medio universitario; había una discordancia, por una parte, entre lo que sucedía con las mujeres en el movimiento urbano-popular, en el movimiento sindical, en el movimiento campesino y, por la otra, con lo que estaban escribiendo las feministas del medio urbano. Esto sucedía porque no nos habíamos percatado de las vertientes del feminismo en México, pues hay mujeres que luchan por demandas prácticas de género, o sea, por las necesidades más inmediatas; y otras que son las que luchan por los intereses estratégicos de género.
Pero las acciones de las mujeres del medio popular y campesino también eran luchas feministas al generar cambios en sus labores cotidianas que, no obstante, desde el feminismo académico y urbano no eran advertidos. Estas mujeres relegadas al inframundo por las feministas universitarias también estaban participando en procesos con un contenido claramente subversivo y feminista, al cuestionarse el papel de subordinación de las mujeres, la situación desventajosa, la exclusión, la opresión, y aún así seguían siendo invisibles, incluso para las feministas que siempre hemos dicho que somos invisibles.
Con el propósito de mostrar esta diversidad interna del movimiento feminista, y hacer visibles a las más invisibles, la antropóloga y militante feminista Gisela Espinosa Damián escribió el libro Cuatro vertientes del feminismo en México. Diversidad de rutas y cruce de caminos, editado en 2009 por la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco, institución donde la autora se desempeña como profesora-investigadora.
Los movimientos feministas son de izquierda
Otro punto que se aborda en la obra, dice la autora, es el vínculo con la izquierda, porque los movimientos feministas son de izquierda, pues por su naturaleza son movimientos emancipadores, y sus aliados potenciales están en la izquierda. “Yo no concibo al feminismo como un movimiento conservador o de derecha”. Pero las alianzas con los partidos y organizaciones políticas de izquierda han sido siempre conflictivas, porque la izquierda casi siempre ha sido reticente a las reivindicaciones feministas. O sea, hay un sexismo de izquierda y uno de derecha.
Feminismo e Iglesia
En cuanto a la relación que a partir de la década de los setenta se empezó a gestar con la Iglesia al construirse proyectos feministas desde las comunidades eclesiales de base y desde la teología de la liberación, Gisela Espinosa es muy clara al señalar que, “la alianza entre el feminismo y la Iglesia tiene un límite: el punto donde las mujeres intentan apropiarse del cuerpo, reivindicar sus derechos reproductivos y temas relacionados con la diversidad sexual, y por supuesto con el aborto; ahí no hay manera de conciliar posturas”.
Las universitarias de la Autónoma de Querétaro y militantes en los movimientos feministas celebraron el Día Internacional de la Mujer dando a conocer estas Cuatro vertientes del feminismo: la histórica, la popular, la civil y la indígena. Las comentaristas aportaron cuatro lecturas diferentes de la obra que presentaron por sus formaciones propias: Rosario González Arias de la Facultad de Derecho, Patricia Aguilar Medina de la Facultad de Psicología; así como Lydia González Meza y Gómez Farías y Yolanda Correa Castro del Área de Antropología de la Facultad de Filosofía.
Desde la perspectiva de Rosario González, la apuesta de la autora es vislumbrar “un mundo feminista en el que quepan muchos mundos”, lo que nos llevaría desde la academia a romper con el etnocentrismo que sigue invisibilizando a las mujeres indígenas, que olvida a las olvidadas, hablando en nombre de todas como si entre nosotras no fuéramos diferentes y no reprodujéramos esquemas del capitalismo, del colonialismo, del racismo y del patriarcado. Sociedad capitalista que educa para que una madre y una escuela transmitan valores de patriarca macho y burgués; sociedad patriarcal que pone cada cosa en su lugar: “mamá amasa la masa, papá lee el periódico”; “Ema asea la mesa, papá arma su pipa”.
Y en esta lucha se trata de plantear feminismos con diferentes agendas, como diría Amelia Valcárcel del feminismo en el mundo global, feminismos de múltiples velocidades (“la agenda feminista está abierta por páginas diferentes en cada lugar del mundo”): porque los interesantísimos estudios de Judith Buttler sobre la cultura queer y que responden a un contexto urbano, occidental, primermundista, “académico”, en nada cambian la vida de una mujer, anciana, indígena, pobre, que sale de su aldea a recoger leña porque ni gas tiene, y es violada y asesinada por varios militares, y después el Estado vuelve a matarla, ahora mediante una muerte civil y política despojada de los más mínimos derechos como ciudadana de este país, declarando oficialmente su muerte por gastritis. O para la vida entre rejas de Jacinta, Teresa y Alberta y su hijita de un año, nacida en prisión, por el sólo hecho de ser mujeres, indígenas y pobres. Ni tampoco el trabajo de tantas mujeres desde trincheras indigenistas aporta soluciones a la situación de mujeres musulmanas mutiladas sexualmente, lapidadas en público o encerradas bajo un burka, ejemplificó Rosario González.
Desde una visión antropológica, Lydia González Meza destacó que el libro también relata los desencuentros, exclusión, estrellismo, tentaciones imperiales, trampas del sistema de financiamientos nacional e internacional, que sólo fomentan la fragmentación y debilitamiento del movimiento feminista. Pero claro que también ha habido momentos de unión, avances, dialogo; cierto impacto en la cultura, la política y en diversos grados en las vidas de las mujeres. Aunque en ocasiones sea más fácil hacer el recuento de los fracasos y proyectos no completados, porque una visión que promueva la armonía completa en el marco de procesos de democratización de la multiculturalidad y la equidad de género, será siempre conservadora. Pues los procesos de cambio, dialogo y organización, van acompañados de conflictos, lágrimas, pasiones, emociones, separaciones, posicionamientos diversos, reencuentros y renacimientos, que como un rayo de sol al amanecer, después de lo más oscuro de la noche, nos recuerdan que debemos seguir adelante.
Pero, desde la visión de la psicóloga y activista consolidada en las filas del feminismo, Patricia Aguilar Medina, esta lucha del feminismo ha fluido en lo últimos años por el sendero de la ley y la ciencia, al considerar que hay que usar las estructuras y los instrumentos ya creados para que las reivindicaciones feministas sean una realidad; pues las preguntas sobre la desigualdad, la discriminación, la violencia, la marginación o la exclusión, colocan a la categoría “poder” en el centro.
martes, 16 de marzo de 2010
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