martes, 23 de febrero de 2010

Lirio Garduño, entre la palabra y la línea


Lirio Garduño, entre la palabra y la línea
Entrevista con la ganadora del Premio Nicolás Guillén 2009

Por Margarita Ladron de Guevara

La poeta y pintora Lirio Garduño tiene una especial relación con Querétaro: aquí se inició en las artes plásticas de la manode Julio Castillo y gerardo Esquivel, con quienes viajó a Europa a mediados de los años 80 para encontrase consigo misma y con sus amigos, cada quien en un viaje colectivo a la vez que íntimo. Una selección de su pintura se exhibió recientemente en el centro educativo y cultural Manuel Gómez Morín como parte de la colectiva La Ruptura en Querétaro.

Lirio Garduño transita entonces entre la plástica, con un estilo definido y muy femenino, a las letras. La inspiración para usar el pincel o el lápiz la lleva a usar las dos disciplinas sin tener una preferencia, pero es la poesía la que recientemente le gratificó por su dedicación: ganóel premio de poesía “Nicolás Guillén”, por el poemario Memorias de la Ropa y otros Desechos para lavar en casa, una serie de poemas dedicados a la ropa. “La ropa es un tema muy importante para mí, es todo un lenguaje y lo he explorado tanto en la pintura como en la poesía” dice la autora “En esos poemas hablo de cómo la ropa nos define y cómo es parte de nuestra vida: la ropa limpia, la ropa sucia, la ropa que tiramos, la ropa que lucimos...”. En entrevista nos habla sobre el momento que vive y su proceso entre la pintura y la escritura, entre la palabra y la línea.

¿Qué sigifica el Premio Nicolás Guillén en tu trabajo como poeta?

Este premio llegó en un momento de gran desaliento; el 2009 fue un año particularmente desagradable para mí. Así que, cuando el 15 de diciembre, día del cumpleaños de mi hija, me llegó la noticia, una puerta se abrió y desde entonces no han dejado de pasarme cosas buenas: invitaciones, lecturas, conciertos con mi amiga pianista Ana Cervantes, publicaciones...

Creo que los premios literarios siempre representan un enorme estímulo para los creadores, porque aparte de que abren muchas posibilidades, nos aportan el elemento financiero. En mi caso (como trabajadora freelance) el premio me aportó la seguridad de pasar algunos meses en la creación, despreocupándome de tener que salir a ganar dinero.

Tu trabajo se extiende también a la plástica ¿cómo combinas ambas disciplinas? ¿dónde se divide la inspiración para transitar de la poesía a la plástica?

Según las épocas me inclino más por uno o por otro. Cuando viví en Francia trabajé mucho en la pintura y en la ilustración, quizá porque era más difícil publicar poesía en mi idioma y las comunicaciones no se hacían tan fácilmente como ahora. Regresando a México seguí pintando, pero me sentí de nuevo muy inclinada hacia la escritura. Con mi trabajo como promotora de lectura, tuve que escribir muchísimo sobre mis experiencias con niños y jóvenes. También trabajé mucho con la imagen en mis talleres con chicos del Tutelar para menores. A los adolescentes les fascinan las imágenes, quizá por eso nos adentramos tanto en los libros de arte. Bueno, la verdad es que tanto texto como imagen me fascinan y paso de uno a otro con mucho placer.

¿Cómo se diferencia tu proceso creativo entre una y otra discplina?

Pues así, saltando, jugando entre la palabra y el pincel. Ahora estoy trabajando en álbumes para chicos; el proceso es un juego muy divertido: a veces dibujo algo y de ahí surge un texto. A veces a partir del texto surge una imagen.

¿Qué te ha dejado el trabajo que realizas con niños en tu comunidad?

Muchísimo. Primeramente, una comprensión del proceso de descubrimiento en el ser humano, de la formación del gusto. Soy una gran admiradora de los niños y los adolescentes porque viven en un mundo en el que los adultos ya olvidaron esa edad de la fragilidad y los encuentros. Al olvidar esto, los adultos se creen mejores, juzgan, son sordos a las voces de los niños y los jóvenes. Y los niños y adolescentes, a pesar de todo, poseen una enorme facultad de comprensión, de crítica y de resiliencia...

El ser promotora de lectura me ha ayudado también a entender mejor la relación entre el autor y su público, a encontrarme con creadores extraordinarios y con el mundo de la edición.

Actualmente, Lirio hace un libro ilustrado sobre un jardín francés del siglo XVIII y un poemario sobre los sueños que su amigo el artista plástico Gerardo Esquivel va a ilustrar. Siempre trabaja varios proyectos a la vez, dice, y debe alimentar dos blogs: uno sobre libros y lecturas, el otro sobre mi trabajo personal. “Y claro, aparte de escribir, envío manuscritos a editoriales y promuevo mi trabajo como artista, especialista en procesos lectores y traductora”.
Entre sus proyectos también se cuentan los conciertos-lectura con la pianista Ana Cervantes.

Federic Chopin


Frederic Chopin

Homenaje a un poeta del piano, nacido en 1810.
Miradas de la tradición orientadas hacia el siglo XXI,

Por Francisco Núñez Montes

Estudio Opus 10, N° 12, de Francois Frederic Chopin.

INTRODUCCIÓN Y PREÁMBULO

Primera parte

Emblemático y significativo Estudio, por representar la lucha de un individuo que no pudiendo tomar las armas por su estado de salud, en defensa de su patria, proyectó y elevó su espíritu, más allá de la estratosfera, irradiando de luces multicoloras el universo de la sensibilidad y la espontaneidad sonora, haciendo del virtuosismo en el teclado, la voz del cantabile emocional.

Algunos diletantes de mala sangre dicen, con un toque germanófilo y casi nazistoide; ¡sólo escribió música para piano!...... el asunto es que; ¡la escribió perfecta!

Un elevadísimo porcentaje de los intérpretes, que no recreadores, incurren en errores de prosodia y ortografía musicales, por los vacíos y huecos en los sistemas tradicionales, que imposibilitaron el conjuntar, el todo con las partes, por esa visón reduccionista y fragmentaria, occidental, que no favoreció la integración, contextual y orgánica, provista de todas las herencias, sobre todo, las de la Antigüedad clásica, que fueron vetadas, alteradas y suprimidas por la iglesia, desde la Edad Media. Si bien el proceso evolutivo de la música centroeuropea es muy lento, no deja de estar provisto de estas enormes grietas de las prohibiciones clericales y de los dogmas; mentalidad que aún persiste en muchos. De ahí nacen estos indispensables cuestionamientos y revisiones, en cuyo recorrido, le pido me acompañe y me cuestione. Son loables desde luego, los esfuerzos más recientes, de tres o cuatro teóricos, pero no complementan la visión integral. ¿Por qué? Por esa mutilación y negación interdisciplinaria que se redujo, a preceptos y orientaciones que rechazaban el mundo pagano de la Antigüedad, de donde provienen gran parte de nuestras raíces y orígenes, incluidos los religiosos. Al encontrar que ningún instrumento sinfónico es de extracción y origen europeo, nos remontamos necesariamente al Oriente, sus imperios antiguos y ancestral cultura. La división entre el Imperio romano de Oriente y Occidente, dejó sus huellas y sobre todo la separación y el abandono premeditado.

Lograr acercarnos a las esencias de la organicidad sería el fin último de todo sistema o método de análisis musical, que debe colindar con el método científico y cuyos procesos de investigación, nos permitirán acercamientos de mayor profundidad y claridad, sobre nuestros orígenes y Genética, artístico – musical.

Una obra maestra es un ente con vida propia, de ahí sus vínculos con la ciencia y sobre todo, con la naturaleza; ancestral referente de los investigadores y creadores. Este es el caso de esta pequeña, pero elocuente obra, que nos ilustra y cuestiona. Es indispensable retroalimentar lo aquí expuesto y ampliarlo, para entender el camino y estado actual de la música de nuestro tiempo. No podemos negar el pasado pues somos su herencia viva, pero si debemos tratar de entenderlo y comprenderlo de mejor forma, para corregir lo necesario.

Si no hay principio de articulación, organicidad, gramática, sintaxis y vínculos del lenguaje, no hay, ni existen: el lenguaje en sí, la propuesta u obra y, sería ocioso, su análisis. Hay obras que no resisten el análisis.

Nuestros criterios y posturas parten de los creadores y más que de éstos, de algunas de sus obras que se han convertido en parte-aguas. Tal es el caso de las aportaciones en el Siglo XIX, de Francois Frederic Chopin y Franz Liszt, quienes influyeron en, prácticamente, todos los creadores de su época y de todo el Siglo XX. Concebir a Wagner es mirar hacia Liszt, su generosidad económica y musical, con múltiples materiales musicales y el principio del motivo conductor, que surge del Poema Sinfónico y que fue la base que encontramos en casi todas sus óperas. Literatura y Música, de nueva cuenta, al rescate y propulsión del devenir.

Si bien esta visión acude a sencillas observaciones, encuentro en ellas, el inicio y posibilidad de extrapolarlas en otras aplicaciones, estilos y épocas.
Al intentar huir de la Tonalidad, ampliarla y/o enriquecerla, nos colocamos ante incorporaciones que nos conectarán con los lenguajes del Siglo XX. Debo decirle, que la Tonalidad no existe en la Naturaleza de la Físico- acústica. La escala de escalas lo afirma, como ley física inmutable y es la serie o escala de los armónicos y ésta es, en todo caso, una Dominante eterna o la representación perfecta del Movimiento. Pareciera que Chopin lo enfatiza, comprende y propone en este Estudio.

La obra se inicia en la Dominante y deja, a la supuesta Tónica, al final, como otra Dominante, pues la última sección se desarrolla sobre la Subdominante. Juego de tensiones sui géneris, que nos dan un manejo de los recursos de la tradición, con otra perspectiva y prospectiva, por cierto, muy cercana a los dictados de las leyes exactas.
Chopin fue un visionario e influyó de manera determinante en Franz Liszt, quien dictó todas las tendencias de principios del Siglo XX. A la cabeza, y como línea de conexión de esos aportes, tenemos a: Alexander Scriabin, R. Wagner, César Franck, R. Strauss, seguido de Bartok, Stravinsky, Schöenberg, Messiaen, etc. y los nacionalistas de todo el orbe, abriéndose a la globalización sonora, de la mano de los balbuceos de la tecnología del siglo pasado.

Recuerde usted que Liszt es, quizás, el único creador que utiliza la microtonalidad en el Siglo XIX, afinando ciertas zonas del piano, para generar efectos de color, ambientación y dramatismo, en algunas de sus piezas. Fue el músico más informado de su tiempo.
Encontramos en Chopin, una oportunidad para revisar detenidamente nuestra tradición, con la mira puesta en el Siglo XXI, enriqueciéndola y actualizándola, entre todos, con las aportaciones de hoy. Es una contribución que busca críticas y correctivos, para llegar a una redefinición del pensamiento musical del presente. Resulta curioso que sea una obra tradicional, que pareciera no irradiar en el contexto chopiniano - por su popularidad entre los virtuosos - la que pueda abrir la panorámica. Por distintas vías, arroja la exploración de los lenguajes actuales, más allá de la mal etiquetada, 2ª Escuela de Viena, que se centró en un limitado círculo, cerrándose a otras esenciales aportaciones. Fue precisamente el húngaro, el que restableció y salvó a la música alemana en el Siglo XIX, cuando fue Director musical de la Corte de Weimar, imponiendo a Wagner, entre otros. Los enunciados del propio Schöenberg, se encuentran en los aportes lisztianos e incluso son rebasados.

Cuando se habla en Arte de “modernidad” ruptura o cambio y cuando se descarta la herencia tradicional, obedece en veces, a una parte de la visión o, al desconocimiento de otras realidades no occidentales. Hay formas estereotipadas en las que todos fuimos educados, tradicionalmente. Tenemos una herencia de enseñanzas muy semejante. Correctivos y propuestas de investigadores diversos, han trastocado y enriquecido nuestra concepción primaria.

Ampliaciones e incorporaciones, provenientes de muchas latitudes y de la Antigüedad, serán las que se adhieren a la genética y al discurso musical, con tintes de la Físico – Acústica, como parte de los elementos de este enfoque y análisis, junto a algunos principios filosóficos. Darle permeabilidad a este acercamiento alrededor de Chopin, dirigiéndolo y vinculándolo hacia otras épocas y estilos, en particular hacia los lenguajes de hoy y de ayer; es una de las metas.

Le hablaré, de aportes que no son comunes y ajenos a muchas biografías y trabajos, sobre el más grande poeta del piano, en el Siglo XIX.

En un lugar de la Mancha

En un lugar de La Mancha
Gabriel Vega Real

No te atormentes pensando en lo que quieres decir. Deja que la tinta hable. Es cierto que la pluma sin tu brazo no significa nada; es sólo un artefacto de creación. La pluma es al escritor lo que el pincel a los pintores, lo que el violín al violinista, lo que el ladrillo al albañil.

Ve el papel todavía desnudo, los ojos escondidos atrás de los lentes del cantante ciego. Instálate en tus pensamientos, piensa en lo que sucede sin que suceda y has que lo que no sucede resucite, aunque no esté muerto.

Los tiempos cambiaron. Yo los cambié. Sucedió hace apenas cuatrocientos años que han transcurrido como un zumbido. Mi creador estaba viendo el montón de libros. No sabía qué hacer, pero sabía que algo debería de cambiar a partir de ese momento. Lo vi tal cual ahora lo ven; con su pluma delante de la mirada; de los pensamientos. Lo sentí desesperado, le tuve lástima. Su alma se le salió varias veces por la respiración.

Las ideas le temblaban en los pies. Apiló el montón de libros a un lado del quinqué. Su cara olía a siglos, pero no a siglos pasados; aromaba centurias venideras.

La narración marcaba sus pisadas, pero estaba atorada atrás de su mirada. La hoja estaba seca, la tinta inquieta, la flama del quinqué cabeceaba de aburrida. Los días se asomaban por la ventana y la pluma no pintaba las andanzas. No quería acordarse de los templos de los moros, no quería recordar las abadías. Estaba bien consciente de que debía cambiar la historia.

Decidió quitarle las florituras a las letras. Perdóname, de repente abigarro mis palabras, pero ha pasado tan poco tiempo que para mí es difícil separar el pasado del presente. Tal vez en este momento te encuentres confundido. Aunque no me importa tu impaciencia, trataré de ser claro. Aunque no tan claro como él.

Y bien, empezó escribiendo: En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…después todo fue sencillo. Escribió más que mi historia, su propia historia. Muchas veces sintió que enloquecía. ¿Así está bien? Estoy tratando de ser claro. Platicar de sus andanzas o de las mías es un asunto tan masticado como el pan con que se obesaba mi escudero o las enchiladas y los tamales que acostumbran en tu pueblo. No quiero platicar de sus cosas ni de las mías, ni lo que sucedió antes o después. Me tachó de loco. Eso no me importa. Dijo que me encaramé en los caballeros, en los gigantes, y en no sé qué tantas incoherencias. Escribió lo que sucede y no sucede. Muchas personas me conocen más a mí que a él. Tampoco me importa. Sería entrar en controversias tan cansadas como el quinqué con que se alumbró para escribir mis primeros pasos. Se salió del papel. Aseguró que me traicionaba el intelecto. Pero yo quiero decir algo en mi favor. Soy el personaje más conocido de la historia. Sin ser Dios me dio la vida. Perdón, no quería hablar de esto, pero la querencia me lo saca. Bien, fue una noche tan larga como mi sombra; tan hambrienta como la cuaresma. Varias veces lo tentó la oscuridad, pero no la oscuridad de la noche; lo cogió la soberbia de la sombra de ser grande, tan grande como mis molinos. Otra vez perdón, no quiero hablar de mí. Quiero hablar de lo que sucedió aquella noche.

Estaba enloqueciendo. Los libros le platicaban, la flama le acariciaba la cara. Fue en ese momento que se le vino la idea: un andante loco que vivía lo que sucede y no sucede. Tenía el brazo hirviendo, me inventó de un solo plumazo. Las ideas iban y venían. Por momentos se le desperdigaban. Entonces hizo una faena. Mi personalidad era la de un toro de Creta. Un toro que si no lidiaba con maestría, le daría varios achucones en la arena. Desvió la embestida, lo centró en la plaza. Todavía en sus avatares soplaban los recuerdos del Circo Romano; de los Cides Campeadores. Vio a los poetas escondidos en la floritura de las palabras para esconderse de la inquisición. Sintió que la pluma temblaba los miedos de la hoguera; entonces recurrió al pretexto de la fe. Dijo que no era andante profano de las letras. Que las letras me habían arrancado la razón. Puso al obispo frente a mí.

Muchas veces se puso de pie, caminó marcando el ritmo de mi prosa en sus botines. Se alzó el cuello de su chaquetón, se puso traje de gladiador romano, de lidiador de las islas italianas y continuó escribiendo. Sus trazos se evaporaban en la hoja, frente a sus ojos miraba mi figura con atención. Pretextó todas mis aparentes incongruencias. Pobre Miguel, me quiso ridiculizar, quiso curarse de sus miedos poniéndome al frente de sus desvaríos. En cada letra me daba más fuerza, en cada palabra me ensalzaba, en cada aventura me inmortalizaba. Fue una lucha de poderes: el escritor en contra del personaje. Finalmente los dos triunfamos, pero él está muerto y yo no puedo morirme, es más, no quiero morir. Es más, nunca moriré. Los personajes de papel nunca morimos. No me importa lo que haya dicho de mí, a lo mejor era él, que hablaba de él. Me dio el poder de la inmortalidad en una noche en que las ideas iban y venían como luciérnagas que se desprendían de las flamas del quinqué. En que hubo muchos comienzos, en que muchas hojas de papel alimentaron a las luciérnagas de las llamas, en que en una sola idea se le vinieron los siglos por venir. En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…

No quiero decir si está bien escrito o no, no quiero decir nada. Ya todos lo han dicho, sólo quiero acordarme de la noche en que Miguel estaba enloqueciendo. Por eso te digo Gabriel, no te atormentes pensando en lo que quieres decir. Deja que la tinta hable por sí misma. Pon el libro a un lado de tus sueños, duerme tranquilo. Una novela es al escritor lo que el escritor es a los sueños. Esto que te platico de Miguel, es sólo algo de lo que pienso de él. Se han dicho muchas cosas de aquella noche en que me incubó en el frasco de tinta, pero esta es la verdad; creía que estaba enloqueciendo. Pensó que sin mí no sería nada. Pobre Miguel, murió cuando no quería, y yo tengo el poder de no morirme, es más, no quiero morirme. Mi Querido Gabriel, muchas veces me han dado ganas de escribir, pero no puedo, sólo soy un personaje; un personaje que nació en un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. Un personaje de papel que no puede escribir. Gabriel Vega Real, Querétaro, Querétaro.

Los libros más vendidos de la semana


ARGENTINA

1.- "El símbolo perdido" - Dan Brown
2.- "Los hombres que no amaban a las mujeres" - Stieg Larsson
3.- "La isla bajo el mar" - Isabel Allende
4.- "La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina" - Stieg Larsson
5.- "La reina en el palacio de las corrientes de aire" - Stieg Larsson
6.- "Invisible" - Paul Auster
7.- "Juegos de ingenio" - Johan Katzenbach
8.- "Caín" - José Saramago
9.- "El principito" - Antoine de Saint-Exupery
10.-"El guardián entre el centeno" - J.D. Salinger
(Fuente: Librerías Cúspide)

CHILE
1.- "El símbolo perdido" - Dan Brown
2.- "La isla bajo el mar" - Isabel Allende
3.- "Los Idus de marzo" - Valerio Massimo Manfredi
4.- "La barrera del pudor" - Pablo Simonetti
5.- "Los hombres que no amaban a las mujeres" - Stieg Larsson
6.- "La elegancia del erizo" - Muriel Barbury
7.- "Eclipse" - Stephenie Meyer
8.- "Vendo casa en el barrio alto" - Elizabeth Subercaseaux
9.- "Mil soles espléndidos" - Khaled Hosseini
10.- "Amanecer" - Estephenie Meyer
(Fuente: Diario El Mercurio)

COLOMBIA
1.- "El símbolo perdido" - Dan Brown
2.- "Los hombres que no amaban a las mujeres" - Stieg Larsson
3.- "La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina" - Stieg Larsson
4.- "La reina en el palacio de las corrientes de aire" - Stieg Larsson
5.- "La isla bajo el mar" - Isabel Allende
6.- "Caín" - José Saramago
7.- "La soledad de los números primos" - Paolo Giordano
8.- "El cojo y el loco" Jaime Bayly
9.- "El país de la canela" - William Ospina
10.- "La Cabaña" - Paul Young
(Fuente: Librería Nacional)

ESPAÑA
1.- "Perdona pero quiero casarme contigo" - Federico Moccia
2.- "Venganza en Sevilla" - Matilde Asensi
3.- "El tiempo entre costuras" - María Dueñas
4.- "Sangre derramada" - Asa Larsson
5.- "Lo que esconde tu nombre" - Clara Sánchez
6.- "El símbolo perdido" - Dan Brown
7.- "Los ojos amarillos de los cocodrilos" - Katherine Pancol
8.- "Contra el viento" - Angeles Caso
9.- "La reina en el palacio de las corrientes de aire" - Stieg Larsson
10.- "La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina" - Stieg Larsson
(Fuente: El Corte Inglés)

ESTADOS UNIDOS
1.- "Worst Case" - James Patterson y Michael Ledwidge
2.- "The Help" - Kathryn Stockett
3.- "The Lost Symbol" - Dan Brown
4.- "Winter Garden" - Kristin Hannah
5.- "Flirt" - Laurell K. Hamilton
6.- "Poor Little Bitch Girl" - Jackie Collins
7.- "Brava, Valentine: A Novel" - Adriana Trigiani
8.- "The Postmistress" - Sarah Blake
9.- "Kisser" - Stuart Woods
10.-"The Midnight House" - Alex Berenson
(Fuente: Publishers Weekly)

MEXICO
1.- "Arrebatos carnales" - Francisco Martín Moreno
2.- "El símbolo perdido" - Dan Brown
3.- "Lilus Kikus" - Elena Poniatowska
4.- "Caín" - José Saramago
5.- "El museo de la inocencia" - Orhan Pamuk
6.- "El lector" - Bernhard Schlink
7.- "Casi nunca" - Daniel Sada
8.- "Luna nueva" - Stephenie Meyer
9.- "Eclipse" - Stephenie Meyer
10.- "Amanecer" - Stephenie Meyer
(Fuente: Librerías Gandhi)

URUGUAY
1.- "El símbolo perdido" - Dan Brown
2.- "Madres al límite" - Mónica Bottero
3.- "El peso de la cruz" - Fernando Amado
4.- "Angeles y demonios" - Dan Brown
5.- "Un día en la vida" - Hugo Burel
6.- "El destino del cazador" - Wilbur Smith
7.- "Cuentos completos" - Juan Carlos Onetti
8.- "Viaje a la ficción" - Mario Vargas Llosa
9.- "Escándalo de miel" - Gioconda Belli
10.- "La cabaña" - Paul Young
(Fuente: Librería Papacito)

VENEZUELA
1.- "Los sueños de un Libertador" - Fermín Goñi
2.- "El símbolo perdido" - Dan Brown
3.- "Los hombres que no amaban a las mujeres" - Stieg Larsson
4.- "Días de rojo" - María Elena Lavaud
5.- "Desconocidos" - Mónica Montañés
6.- "Simón Bolívar" - Elías Pino Iturrieta
7.- "El patón Carrasquel" - Gómez y González Figueroa
8.- "Gabriel García Márquez, una vida" - Gerald Martín
9.- "El rapto de la odalisca" - Marianela Balbi
10.- "La reina en el palacio de las corrientes de aire" - Stieg Larsson

Santos Balmori



En la historia del arte mexicano, el artista plástico Santos Balmori Picazo (1899-1992), fue un personaje ilustre de discreta influencia, debido a que durante el periodo del nacionalismo en nuestro país (finales de los treinta, principios de los cincuenta), Balmori realizaba pinturas al estilo europeo de entreguerras; el nacionalismo que fomentaba la Escuela de Mexicana de Pintura, literalmente vetaba toda aquella forma surgida del artista en lo individual que no alentara el espíritu colectivo, por ello su obra no fue reconocida en México, sin embargo, influyó en la siguiente generación de artistas, quienes serían conocidos como la Generación de la ruptura. Carlos Mérida, pintor geometrista y padre de la corógrafa Ana Mérida, lo entendió y defendió, dándole refugio en la docencia, labor que desarrolló durante treinta años, formando a sus alumnos en una total libertad estética y de pensamiento. Algunos de sus alumnos fueron Rodolfo Nieto, Pedro Coronel, Carlos Olachea y Juan Soriano, quienes con José Luis Cuevas, darían contemporaneidad a la voz artística de mediados del siglo XX.

Santos Balmori nació y murió en la Ciudad de México, aunque durante infancia y adolescencia estudió y expuso en Europa. En Madrid entró a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde tuvo de maestros a Moreno Carbonero, Joaquín Sorolla y Julio Romero de Torres, estudió junto a Salvador Dalí, Remedios Varo, Alberti y varios más. Expuso sus obras en París, Bruselas, Estocolmo, Madrid y Ciudad de México. Le propusieron la residencia en Roma, distinción exclusiva para estudiantes españoles destacados, con la condición de renunciar a la nacionalidad mexicana, cosa que no aceptó. Después de cuatro años de estudiar en la Academia de San Fernando y a los veintidós años de edad, dejó Madrid y se fue a París. Allí permaneció durante catorce años, durante los cuales estudió, trabajó, pasó dificultades económicas y obtuvo éxito. Ingresó a estudiar a Académie de la Grande Chaumière, donde trabajó bajo la dirección del escultor Antoine Bourdelle. Hizo diseño textil, carteles publicitarios, grabado, pintura y carteles en contra del fascismo, por los cuales ganó premios internacionales. En París conoció a Juan Gris, Maurice de Vlaminck, Tsuguharu Foujita, al premio Nobel hindú Rabindranath Tagore, Gandhi —quién le posó para un retrato—; colaboró con el periodista y editor Henri Barbusse en lo que hoy es el periódico Le Monde, donde Balmori hacía las ilustraciones y los textos eran de Miguel de Unamuno, Máximo Gorki, Rabindranath Tagore, Albert Einstein y Upton Sinclair, entre otros.

Muy joven se unió en matrimonio con la bailarina francesa Therése Bernard, la cual murió pocos años después afectada por el síndrome de Addison. Se unió por segunda vez con la bailarina sueca Rachel Björnström, con quién vivió en París, época en que expuso en la galería Duncan. Viajó a Suecia, donde igualmente realizó exitosas exposiciones; vivió también en Mallorca y en el norte de África, buscando un clima más cálido, pues su salud también se había visto afectada. En Mallorca tuvo encuentros con artistas e intelectuales y produjo muchas de sus obras. Durante la Guerra Civil Española, fue detenido debido a su propaganda antifascista y su colaboración con García Lorca, Unamuno, y León Felipe, entre otros.

La desgracia le siguió: su madre murió siendo él un niño. Su padre se suicido, siendo él un adolescente. Con su esposa Rachel Björnström tuvo una hija llamada Kore Monica, quien enfermó de poliomielitis cuando niña; su madre se la llevó a Suecia de donde no regresó. Afortunadamente, Balmori se casó nuevamente, con la bailarina y coreógrafa mexicana Helena Jordán, quien lo acompañó por más de cuarenta años. Fue director de la Academia de la Danza, colaborando directamente con Miguel Covarrubias, en crear lo que se llamó la época de oro de la danza en México. Nunca dejó de dibujar, pero sólo retomó la pintura cuando se jubiló como maestro; a la edad de setenta años expuso en múltiples ocasiones, siendo un importante investigador estético y generando obras inéditas que incorporaban nuevas propuestas, investigando sobre el azar, la sección áurea y utilizando nuevos materiales. Dentro de su labor como artista escribió los libros Áurea mesura, que consiste en un estudio de la sección áurea, y El dibujo en la expresión plástica, ambos publicados por la Universidad Nacional Autónoma de México. Del mismo modo, dejó muchos textos, ensayos y poemas.

Durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas del Río, favoreció las gestiones para acoger en México a los niños huérfanos, víctimas de la Guerra Civil Española, que serían conocidos como los Niños de Morelia. A sus noventa años el Museo del Palacio de Bella Artes le hizo un homenaje; del mismo modo, fue homenajeado por el Museo de Bellas Artes de Asturias, en Oviedo, España, donde se realizó una gran exposición retrospectiva, se adquirieron algunas sus piezas más importantes y se confeccionó un catálogo de su obra. La obra de Santos Balmori se puede encontrar en el Museo de Arte Moderno de Toluca, Museo de Universitario de Artes y Ciencias (MUCA), Museo de la Estampa, Museo de Arte Moderno de Madrid y en el Museo de Bellas Artes de Asturias.

A Santos Balmori lo conocimos en el estudio de Sonia Castañeda y Helena Jordán, instalado en Lomas de Chapultepec. La maestra Castañeda se ocupaba de entrenar a los que serían sus bailarines del grupo de danza “Génesis”, después de perder, por crisis de pareja, al grupo “Espacios”: Su esposo Francisco Martínez, se quedó con la titularidad y con la bailarina principal del grupo. La maestra Sonia luchaba con este nuevo grupo para recomponer su valiosa vida profesional y su amiga Helena Jordán, creaba coreografías para la nueva agrupación. Santos Balmori, por consiguiente asistía a ensayos y funciones, con la misma solidaridad y bonhomía que le caracterizó.

La mañana del cinco

La nauyaca



La mañana del cinco

Las calles del centro de la capital amanecieron con la ausencia de sus alienados urbanos. La noche anterior una cerca metálica colocada por militares anuncia la exhibición del miedo.

Piezas modulares pintadas de verde acopladas forman dos largas filas paralelas a lo largo de las calles. Cada pieza hace las veces de puerta, se quita del ensamble un extremo y se permite salir de la zona centro, hay que deshabitarla unas horas. Los que indican son militares. Un grupo de hombres, vestido de oscuro, muestra sus armas discretamente en una esquina.

El comercio está cerrado. Los habitantes de las calles que rodean el teatro no salen de su casa. Para el que salió la expectativa del regreso se cumplirá hasta que termine el acto de conmemoración del constituyente.
La noche del cuatro la calle de Juárez estuvo plagada de uniformes verdes y sonidos metálicos. La mañana del cinco, dos largas filas de cadetes también hacen valla enfundados en uniforme de gala.

A lo largo y a lo ancho del país la fuerza del gobierno se mide con la fuerza de la delincuencia organizada. En el municipio de San Juan del Río han encontrado ejecutados. En la sierra gorda queretana un laboratorio clandestino donde se procesaba droga se desmantela. La capital queretana vive una relativa tranquilidad este día, un brazo de la seguridad nacional resguarda la visita del quien presidirá el acto que conmemora el termino de las sesiones del constituyente del 17 donde se discute y promulga la Constitución Política que rige la nación.

Entonces el desconcierto flota. Tres barreras en movimiento forman cercos concéntricos, el transito vehicular es lento y se congestiona. La misma ciudad es una barricada. Entonces el temor, el estar expectante a cualquier cosa que rompa con lo que en un supuesto está controlado.

Lo cierto es que la mañana de ese día, mientras más cerca del teatro, más ahogo. Desde la esquina del atrio de la iglesia del Carmen, detrás de la cerca, vi la valla de cadetes, miré, a unos metros, muchos hombres de corbata, entre ellos no distinguí al jefe supremo de la nación, no lo vi. Lo cierto es que esa mañana compartimos el miedo.

Desde las palabras pierden su sentido original

Jose Martín Hurtado

Donde las palabras pierden su sentido original / Por José Martín Hurtado Galves
¿Qué hay en las palabras que crean diferentes realidades? ¿Qué hay en ellas que hace desaparecer las barreras entre lo que es y lo que puede ser? ¿Cómo son las palabras? Su sustancia, es efímera; sus contingencias, relativas. Aprehenderlas implica una transposición morfológica del ser. Atraviesan de un campo más o menos conocido y propio, hacia uno totalmente difuso e impuesto. Las palabras nos hacen y deshacen. Insuflan en nosotros un aliento humanamente creador. En ellas aparecemos y desaparecemos. Las palabras son algo más que la realidad.

La realidad necesita de una constante reinvención. No basta con aprehenderla de una vez y para siempre. Se nos iría de las manos después de repetirla varias veces. La repetición siempre termina por hacer desaparecer al sujeto. Sólo queda el acto, la mecanización de la realidad. Obligar a la realidad a ser siempre lo que es, sería un acto suicida. Por eso están las palabras. Ellas recrean la realidad, modifican su sentido primigenio, le arrebatan toda posibilidad ontológica de permanecer en el tiempo. Las palabras son dadoras de vida y de muerte.

Y toda vida y toda muerte es siempre la reconceptuación de la realidad. Se crea realidad a partir de la realidad. Pero la reconceptuación no es consciente; quizá ni siquiera es total. Se hace en lo que podríamos llamar irreflexión. Hay una hermenéutica analógica en la construcción del pensamiento que traspasa los límites de la racionalidad convencional. No es ausencia de reflexión, tampoco negación de ésta; es caminar, simplemente caminar. Hacerlo con las huellas de la voz que nos deja la literatura, es hacerlo con los sonidos que retumban en los pasos que avanzan hacia la metáfora que significa existir. ¿Hacia dónde mirar cuando se tienen ojos casi ciegos? ¿Hacia dónde hacerlo cuando se es un imposibilitado para ver los límites del pensamiento? ¿Cómo vivir en un mundo donde lo difuso es una realidad que la mayoría ignora?

La literatura me acerca a un tipo de realidad, pero no me deja ahí para siempre. Me confronta con las voces que anidan en unas cuantas de mis sensaciones. Y el vuelo es irremediable, sin darme cuenta, la literatura despliega las alas y se convierte en reflexión filosófica; o bien, la filosofía parece congratularse con imágenes literarias. ¿Dónde termina una y dónde empieza otra?
Estoy hecho de costumbres literarias, de caminos filosóficos. Y sin embargo, ninguna luz me es suficiente. Todas terminan por dejarme ciego. Necesito de la oscuridad para poder tentar el cuerpo de la literatura, el rostro de la filosofía. A veces, sus voces me confunden. Se intercambian las máscaras y danzan alrededor mío. Es cierto que hay enunciados que son totalmente filosóficos, como categorías inamovibles; pero, ¿no puede usarse una frase filosófica en un texto literario? ¿Dejaría de ser filosofía si la descontextualizáramos de su orden primigenio? O la literatura, ¿dejaría de tener valor filosófico si fuera un poema? El Poema de Parménides, por ejemplo, ¿es un poema solamente? ¿Es más filosofía que poesía? ¿Dónde están los límites entre la razón y la sensación?
Los caminos modifica al caminante; las palabras, también. Toda palabra es un camino. Todo camino es una voz que se escucha cuando se recorre en el pensamiento. ¿Qué tipo de caminante es el lector de literatura? ¿Acaso no se encuentra con paisajes literarios que le hacen desviar la mirada, haciéndole perder la concentración en una verdad distinta y clara? ¿Puede más una imagen literaria que un silogismo o un imperativo categórico?

Nada es totalmente extraño. Lo difuso es verdaderamente claro: nos enseña a no caer en la trampa de la realidad extrema. Ninguna realidad es extrema, siempre existe un doblez en el que podemos descubrir nervaduras de otro material.
Las palabras no son representaciones de la realidad, ni siquiera son representaciones. Es cierto que refieren realidades, pero sólo eso, las refieren y nada más. Hablan a la vez que callan algo de la realidad. Nunca nos dicen todo, quizá porque ellas mismas están incompletas. ¿Qué palabra está totalmente completa? ¿Cuál de ellas es inmune al tiempo?

Toda realidad es muchas realidades. Muchas realidades puede ser una sola palabra. El sentido de las palabras es difuso, es laberíntico, es humano. Caer en la trampa de la separación de la realidad en pequeños fragmentos es peligroso, conduce a la extinción de la imagen. La imagen es lo que se nos aparece, lo que hacemos que aparezca, lo que se atraviesa cuando estamos pensando. Sin ella estaríamos terriblemente condenados a una racionalidad inhumana. ¿Cómo sería el ser humano sin el uso de la imagen? ¿Con que cubriría su desnudez metafórica?
Nacer implica cambiar. Nadie podría quedarse para siempre con lo que un día fue. No cambiamos del todo, lo difuso nos hace creer que seguimos siendo los mismos. Pero qué ser desde una mismidad inamovible puede tener diferentes pensamientos. Quién puede ver distintas cosas en una misma palabra, si no es a partir de que ha cambiado. Ah, difusa existencia, grisácea forma de ser, ¿cómo reclamar una claridad absoluta cuándo se está en medio de tonalidades existenciarias?

La literatura es un existencialismo impuro. No está hecha de una sola voz, tampoco de una sola mirada. ¿Cómo podría tener un cuerpo único, si está hecha de humanidad? ¿Cómo no confundirla con la filosofía, si la creación no deja de ser racional?
Habitemos un solo mundo, y terminaremos por morir antes de nacer a la palabra. Dejemos que el silencio nunca llegue, y creeremos que no existe. Los extremos no hacen extremos. Son meros acercamientos a la posibilidad del pensamiento. Y toda literatura, lo mismo que la filosofía, es un pensamiento en busca de un camino por donde salir o por dónde entrar. No importa si se va o si se ha llegado, el camino nunca deja de ser camino, el caminante nunca deja de avanzar hacia la muerte. La filosofía es vida, pero también muerte. Con el pensamiento filosófico mueren muchos pensamientos erróneos, falsos, inciertos. Lo mismo sucede con la literatura, con ella se van obtusas formas de entender la realidad.

Lo imperecedero es una quimera. La verdad es imperecedera. Los pensamientos son imperecederos. Los límites son imperecederos. Todo se aleja, incluso lo que se queda. Hasta el más mínimo no movimiento, implica un poder ser. La creación literaria y la reflexión filosófica hacen nido en el lector. Y el hombre nace, crece, sueña y se muere. El ser humano llega para irse. Se va para quedarse. Y ambas cosas (irse o quedarse) es seguir viajando. El hombre es el lugar en donde las palabras pierden su sentido original.

Los espacios de los montajes II


Los espacios de los montajes (Segundo y último)

Retomo la apreciación de los montajes escénicos cuando sus reposiciones están sucediendo en espacios diferentes a los de sus estrenos, aunque en el caso de Edi y Rudy cabe la precisión de que fue estrenada en Caracas, Venezuela. Cuando apunto su estreno aludo al queretano.

Otra vez, honrando una de sus cualidades, sale a relucir ese ubicuo llamado Jean-Paul Carstensen con dos créditos por dirección y otro por actuación.
La reposición de La estación en El Túnel, de la Escuela de Laudería, ha conllevado cambios radicales para su apreciación. En la caja negra del foro del Museo de la Ciudad el escenario rectangular, con más boca que fondo, nos permitía ver el transcurrir de las tramas en el sentido de nuestra lectura, o al menos horizontalmente; las salidas iban precedidas de la desaparición de los intérpretes por alejamiento, los veíamos empequeñecer hasta que dejaba de estar a la vista. Cuando los personajes estaban apremiados por la persecución que ejercían y/o practicaban, había espacio para apreciar tal seguimiento, y angustiarnos o regocijarnos con sus éxitos y/o infortunios. La lluvia podía caer desde una altura infinita, capaz de perderse a la vista. Fufú podía salir disparado --pateado-- para perderse en cualquiera de los puntos cardinales. Entre la oscuridad –negrura-- del espacio y los colores neutros del vestuario, la blancura de los rostros, con su redonda nariz roja, concentra nuestra atención en su expresividad, en los gestos faciales están puestas las mayores posibilidades de intercambio con los espectadores, o por lo menos las primarias.
En el actual escenario, en la calle de Hidalgo, entre Allende y Guerrero, el rectángulo de El Túnel es estrecho –entre ocho o diez sillas en fila lo cierran-- y marcadamente vertical; uno no está frente al rectángulo, sino dentro de él. La blancura es resplandeciente, poco se exagera si se le ve enceguecedora. La bóveda ataja rápidamente la vista. Las salidas de los intérpretes resultan abruptas, casi intempestivas, como si se fueran por la ranura de una gran alcancía o tras las puertas de un oculto elevador. Fufú no vuela por los aires –aunque le estruje secretamente el corazón a una de las bailarinas--, y los aspectos tan capturadores antes apuntados poco resplandecen, o se advierten disminuidos. Hacia el fondo del túnel los actores dan la espalda y se van como cucaracha o roedor en fuga. En el escenario del estreno, después de la contrastación, éste figuraba en el elenco. El actual es un espacio de trabajo donde se busca no naufragar, que éste no se coma la dramatización. Ahora el apoyo de la sonorización se antoja más evidente, con mayor presencia; quizá la acción no alcanza a demandar mi total atención. La armazón de las sencillas tramitas con el tino de la gestualidad, particularmente el tiempo del ritmo, impiden el estancamiento de esta Estación que lamentablemente jueves y domingos no tiene un horario infantil.

En el Teatrito ‘La Carcajada’ casi todo corresponde a parte de su nombre. En la taquillita no me imagino que cupiera alguien de mayor talla que Mafer Monroy, aunque los precios no dejan de ser pequeños en comparación con el espectáculo ofrecido. Edi y Rudy se ven gigantescos, y no porque Carlos Casas y Jean-Paul físicamente lo sean. Con las sillas en el piso no queda más que levantar la vista frente al escenario con un metro de altura, que han dispuesto sobre el posible proscenio, acentuando la dominancia visual de los actores. Parece que estamos ante una carpota guignol. En La Caverna de la Casa de la Cultura, también en la calle de 5 de mayo del Centro Histórico de la ciudad de Querétaro, los personajes literalmente estaban en el piso, apenas encuclillados sobre unos banquitos que les facilitan el movimiento de piernas, como aquel títere llamado Don Facundo que tenía la cabeza de su creador quien con sus brazos hacía las piernas de su personajito. Tras la comparación, ahora aquel estreno queretano en 2009 lo apreciaría como teatro de calle metido a un espacio cerrado, casi, casi la pobreza cebándose en el teatro pobre. Esta percepción también la facilitó, y/o acentuó, la visión de arriba hacia abajo que teníamos el público instalado en los diferentes niveles --así sean tres-- de la pequeñísima platea de ese espacio alternativo.

El espacio, de apariencia de tenderete improvisado, era tan reducido que Rudy acabó incorporando los topes con la pared a su trama como personaje maltratado, moqueteado y baleado por Edi. Con el efecto pantallota de televisión, Edi y Rudy salen muy ganones en este teatrito los martes y miércoles a las 20:00 horas. Falta ver si al Barón Rampante se le ocurre dar un efecto de plasma, al fin que estos teatreros no dejan de acoplarle mangas al chaleco.

El santuario de Perla Krauze

"In memoriam Esther Seligson (1941 - 2010)(+)"

El santuario de Perla Krauze
SUMARIO
Hoy en el marco del XIII aniversario del Museo de la Ciudad



“La poesía es participación
de lo grande en lo pequeño
tanto como de lo pequeño
en lo grande”
Gaston Bachelard. El aire y los sueños.

Calle José Alvarado 24-A, entre Monterrey y Medellín, en la colonia Roma. Una callecita estrecha de viejas casas que aún conservan su estilo original de allá por los años cuarenta-cincuenta del pasado siglo. Es el taller de la artista plástica Perla Krauze (México, D.F. 1953), un edificio de dos pisos que ella ha conservado tal cual, salvo por la parte baja del gran salón de altos ventanales que dan al patio y donde se aloja la mayor parte de su obra.

Escaleras de madera, piso de duela, mosaicos, baños, puertas, laberinto de habitaciones y cuartitos, todo respira en esa casa una atmósfera de recogimiento, de amoroso cuidado, de escrupulosa diligencia. Y conste que no estoy hablando de orden en sentido estricto, pues se trata de un taller de pintura, entre otros oficios manuales que ahí se ejercen, sino de una atmósfera de resonancias en la que voy sumergida, guiada por la voz de la artista.

Todos estos trabajos que ves son para mí instantes del devenir que se detienen artificialmente, forman parte de la memoria de mis caminatas, de mis viajes, mis recorridos. Es darle al fragmento una presencia de Totalidad, una conciencia de ser y estar que me dice algo que quiere dialogar conmigo”, va comentando Perla Krauze.
La obra plástica de Perla Krauze es en primera instancia una reconciliación visual poética entre el espíritu y la materia; solicita un detenerse introspectivo ante lo que nos rodea, un ejercicio de intimidad contemplativa, entrar en un estado de Ser “ensoñante” como el que puede vivir la inocencia infantil en su exploración y descubrimiento del mundo alrededor.

El sentimiento que recibe a quien se adentra en el taller de Perla Krauze, en su cosmos plástico, es el de penetrar en un santuario donde estalla una poética del fragmento, de la pedacería, de una suerte de conjuntos de caos acomodados en el suelo, las paredes, en cajas, en cuadros, fotografías, cartulinas, telas, y que se diría son umbrales que invitan a aproximarse físicamente, a cruzarlos con la imaginación, a tocar los objetos y piezas con los cinco sentidos. Y no es que ese cosmos se haya fragmentado para revelarse, sino que gracias a cada fragmento es como su realidad se revela, se reacomoda, se manifiesta su diversidad, su oculto lenguaje de formas infinitas.

En ese reacomodo, que le da primacía al ojo, no existe una voluntad estética forzada pues los fragmentos hablan por sí solos, están dejados en libertad para expresarse, surgen convocados por el ojo que los descubre, por la mano que los acomodó de una cierta forma (forma y formas que pueden variar y develar otras maneras de Ser, de estar, de suscitarse ese mismo fragmento, esa misma pieza, ese objeto) en una constante alquimia entre el fragmento, el espacio que ocupa y el espectador (y espectador es antes que nadie el propio artista). Más que buscar la belleza de los objetos, de la materia, es exponer su Voz, quitarles su anonimato, celebrarlos, “bautizarlos”.

Piedras de cualquier tamaño, cristales, raíces, tronquitos, ramas, flores, maderas, cajas, telas, papeles, hilos, varillas, insólitos objetos de la cotidianeidad, nimios, precarios, comunes y corrientes, grandes, medianos, pequeños, que son singularizados merced a la intervención de la artista que los retrata, los dibuja, tatúa, pinta –“los intervengo para hacerlos más mío, más cercanos”, dice Perla-, como si extrajera su esencia, su secreto, les despertara el alma. De hecho, sí, los anima, los colma de imaginación: ranuras, grietas, rasguños, abolladuras, pliegues, huellas, en el asfalto, en los muros, los entarimados, patios, calles, aceras. Se trata de rescatar su impronta, la impronta que dejó en ellos el uso cotidiano; se trata de hacer visible lo que no vemos porque no nos parece trascendente y que sin embargo guarda memoria, una memoria susceptible de ser registrada, transparentada, calcándola, reciclándola, reproduciéndola en moldes de otros materiales: fibra de vidrio, resina, barro, porcelana, aluminio, plomo, azúcar inclusive.

La sensación que transmite ese universo donde cada fragmento nos habla de una unidad cósmica, es la de ensimismamiento –y de hecho es esa bachelardiana ensoñación ensimismada la que nos ofrenda ese santuario de plasticidades espaciales-, de intimidad con la Voz callada de la materia, su quietud, su silencio que grita el bullicio de lo que hay dentro del aparente estatismo. Porque, en efecto, en realidad todo está en movimiento, como esas fotografías del cielo, del mar, de la nieve, como nuestros recuerdos: todo es tiempo ensimismado en el recuadro de la foto, del bastidor, de la caja, del molde, la página, la tela, tiempo bidimensional, tridimensional, tiempo holograma, topografías temporoespaciales en diálogo permanente con lo efímero, con lo natural y su necesidad de recreación artificial, ficticia, ilusoria, dado que, parafraseando a Bachelard, le falta a la realidad algo más que la realidad misma.

El espacio en que se despliega la obra plástica de Perla Krauze está habitado por una movilidad que irradia oleaje, acontecer, por geometrías que ondulan sus ángulos y líneas como si anduvieran viajando, por objetos que despiden “fulgores de ensoñación”, por escalas, escaleras y peldaños que ascienden, levitan, vuelan, por habitáculos donde cada objeto encuentra su morada, su albergue íntimo, refugios que concentran el ser poético de ese objeto, ese fragmento, ese cuerpo material, al interior de su límite pero sin encerrarlo, sino, por el contrario, abriéndolo a la mirada y contagiando al espectador con la misma meticulosa avidez de Ver que caracteriza a la artista plástica.

Todos los fragmentos, piezas, objetos, cuerpos que habitan y conforman el santuario poético de Perla Krauze dan rilkeanamente testimonio de su “existir rebosante”, y cada uno de ellos evoca una sorpresiva coexistencia de espacios personales que guardan entre sí su independencia, espacios que no buscan hermanarse, yuxtaponerse o fundirse en una metáfora: sencillamente dialogan, invitan a Mirar desde un abanico de perspectivas caleidoscópicas. Paradójicamente, mientras más ensimismado está el objeto, más abierto se manifiesta, menos cercado, más exacto en su estar ahí, más inmensa es su pequeñez, más íntimo su gran tamaño, más clara es la sensación de su infinitud ilimitada, mejor se revela la consistencia de su voz oculta, su identidad.
Hay algo infantilmente candoroso en ese prurito (¿obsesión?) de Perla Krauze por recoger “cosas” de la calle, de la playa, el campo, la nieve, algo como estar “inaugurando” permanentemente la capacidad de transformación de las formas materiales en una entrega total a la riqueza sensible de la Naturaleza, como si la materia no opusiera resistencia al poder imaginante del ojo y aceptara entregarle su íntima esencia sin agotarla, sin que, al se expuesta por el mirar de la artista, pierda su secreto, su pudor.

Y el ojo de Perla Krauze, su mirar, tiene la capacidad de ver al objeto en tanto material infinito que contiene en su forma, su color, su peso, su volumen, la infinitud del universo. De aquí que el espacio donde la artista despliega su obra tenga esa aura de silenciosa movilidad que vibra y suscita en el espectador mareas de imágenes, sentimientos, remembranzas, ensoñaciones. Bachelard hablaría de “materializar lo imaginario”, dado que “la manera como nos escapamos de lo real, descubre netamente nuestra realidad íntima”…

Patrimonio Artistico Universitario

Diversas miradas del arte plástico queretano

Por Xareni López Serrano

Plasmar la evolución artística queretana desde mediados del siglo XX implica hablar de diferentes estilos y diversas visiones del mundo a través de los ojos de los artistas. Llevar desde la mirada y la sensibilidad, su percepción de la vida hasta sus manos, “consagra, si bien, no una escuela artística sí una valiosa influencia que marca tendencias en la creación del arte” explica el restaurador Roberto González, secretario de Extensión Universitaria de la Universidad Autónoma de Querétaro. Tendencias que innovan, con el tiempo se redefinen o crean parteaguas en la manera de hacer y ver el arte plástico, se convierten desde su naturaleza en testimonios que hablan del desarrollo universitario y socio-cultural del estado de Querétaro “hablar de arte universitario, es hablar del arte queretano” sostiene Roberto González.
Evolución artística, evolución queretana y evolución universitaria, tres conceptos relacionados a través del Patrimonio Universitario expuesto en el Centro de Arte Bernardo Quintana Arrioja, pretende recopilar estos testimonios; “convertirlos en una colección en permanente exposición en este espacio, en la que periódicamente se sumen nuevas obras valiosas que retraten la trayectoria universitaria desde su nacimiento, la obtención de su autonomía y hasta la actualidad” declaró Roberto González.

Los artistas seleccionados a través de su obra son en su mayoría universitarios o que han ganado algún premio convocado por la universidad; ellos son Omar Benítez, Adolfo Blanco, Jordi Boldó, Santiago Carbonell, Ramsés de la Cruz, Gerardo Esquivel, Fernando Garrido, Mariana González, Sergio Koleff, Hartwing Lugo, Aura Moreno, Juan Muñoz, Angélica Noriega, Carmen Parra, Alfredo Ravelo, Luís Sánchez, Luis Selem, Esmeralda Torres, Edgar Vázquez, y Gustavo Villegas. Darlo a conocer y exhibirlo en el Centro de Arte Bernardo Quintana, es un gran paso para la cristalización del futuro Museo Universitario, que pretende vincular las artes dentro y fuera del Alma Máter, “además de otorgarle al arte hecho en Querétaro un espacio fijo de exposición, y arropar en primera instancia a los estudiantes, brindándoles una plataforma para su futuro artístico” afirma la maestra Andrea Avendaño Macedo, coordinadora de dicho Centro.

“Consideramos valiosas las obras que conforman este patrimonio por sus características técnicas que nos hablan a través de esos detalles que el artista otorga a su obra, su sello personal; independientemente de su naturaleza pictórica, escultórica o fotográfica; todos los testimonios que conforman este patrimonio tienen algo que decir”, el acervo incluirá objetos artísticos e históricos representativos de la historia de la UAQ.

“Para otorgarle características dinámicas a este patrimonio, es vital la participación de la comunidad universitaria, principalmente de los estudiantes, y de la sociedad en general” añade Roberto González y resalta la importancia que tiene recuperar y enaltecer las expresiones culturales en el contexto actual, “se busca convivir de manera completamente inclusiva con las demás actividades de entretenimiento, como ir a pasear con los amigos en las grandes plazas de la ciudad; las actividades culturales no tienen por que estar aisladas dentro de la modernidad y los actuales ritmos de vida; pretendemos abrir las puertas de la cultura a la vida cotidiana de las personas, y no convertirla en una actividad elitista, ya que el arte es para que todos lo disfruten”, insta el restaurador.

La colección de pinturas denominada Patrimonio Artístico Universitario se dio a conocer el 12 de febrero a través de su exhibición en su actual sede, el Centro de Artes de Bernardo Quintana Arrioja, acompañado de dos exposiciones temporales “Sin texto ni con-texto” con naturaleza fotográfica del joven autor Pablo J. Hernández y “Talla en madera” conformada por las esculturas de los alumnos del quinto semestre de la Licenciatura en Artes Visuales con especialidad en Artes Plásticas de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Autónoma de Querétaro.

Se aprecia la convivencia de tres grandes exposiciones artísticas; por un lado recopilada ya una parte significativa del patrimonio Artístico Universitario gracias a diferentes donaciones de coleccionistas, de los mismos artistas, y obras que conservaba la misma universidad. A decir de González, un ausente es el artista plástico queretano Julio Castillo (+), representante de un cambio definitivo en la manera de pintar en Querétaro. “Estamos cocientes de que aún falta por incorporar diversas obras” reconoce, la mayoría de ellas creadas entre los años cincuenta y ochenta, “pero en eso se está trabajando, las donaciones ya están hechas”.

“El arte tiene diferentes rostros, por lo cual, en nuestro proyecto de la creación del Museo Universitario, no sólo se espera exponer pinturas o fotografías, sino también artículos que forman parte de la memoria histórica de la universidad, como el pedazo de corbata que le fue cortada por los estudiantes al entonces gobernador Juan C. Gorráez, el día de la obtención de la autonomía” finalizó Roberto González Director de Extensión Universitaria de la Universidad Autónoma de Querétaro.

Miguel Bernal Jiménez

(1910 -1956)

Miguel Bernal Jiménez

Y otros rostros del Nacionalismo

Por Francisco Núñez Montes

Logró interrelacionar técnica y estéticamente, diversos aportes, fusionando alrededor de ellos, su personal y diferente estilo. Integra música de procedencia religiosa, desde el canto gregoriano, la música virreinal novo hispana, la polifonía renacentista y el contrapunto barroco, junto a la música, clásica y romántica, así como la de nuestro pueblo; en especial, la de la etnia purépecha.

El legado de los grandes creadores del Siglo XX, Ponce, Chávez, Revueltas, Debussy, Messiaen, Bartok y Stravinsky, principalmente, forman y conforman su amplia información, visión y conocimiento, plasmado no sólo en obras sino en conceptos y en un pensamiento integral musical único, que lo distingue de todos sus contemporáneos y de destacados teóricos del Siglo XX.

Hay una personal depuración estilística en la corriente del Nacionalismo musical mexicano, alcanzada por este compositor, que logra una de las síntesis más significativas de diversos elementos provenientes del mundo sacro y profano, con esa visión de hombre culto, quasi renacentista. Dicha depuración, sólo es comparable al estilo mozartiano. Sin dominio de los estilos, no hay opinión que se respete y esta autoridad, ha quedado de manifiesto en una de sus obras didáctico-teórico-pedagógicas que rebasan en conceptos, visión y calidad, obras europeas de su tiempo; me refiero a “La Técnica de los Compositores”, enmarcada alrededor de una definición elocuente: El estilo melódico-armónico. Su corta existencia -sólo 46 años- no le permitió el completar la dupla perfecta, con: El estilo melódico-contrapuntístico. Enorme virtuoso en el piano y ganador en Europa de un Concurso de órgano, se destacó por dedicar muchos años y tiempo a la enseñanza, dejando pléyades de grandes músicos, compositores, organistas y directores de coros, principalmente, desde el Conservatorio de las Rosas de Morelia, Michoacán.

Musicólogo y paleógrafo, es pionero en la Investigación y rescate de la música colonial, antes de la creación del CENIDIM (Centro Nacional de Investigación y Documentación Musical Carlos Chávez). Dedicó a ello gran parte de su trabajo. Muy pocos músicos en el mundo tienen o han tenido este perfil. Influyó en todo México a través de las Scholae Cantorum, a través del repertorio coral, para el órgano y la música del ceremonial religioso, en general. Mencionar a esta figura, fuera de las esferas oficiales de la cultura en México, implica, dejar de contemplar, por un buen momento, a la capital del país, como el único reducto que propició un auge y desarrollo artístico musical, en la primera mitad del Siglo XX. Miguel Bernal Jiménez se desenvolvió de forma independiente, imbuido por el medio musical que le vio nacer a la música en su Estado natal, Michoacán; en la antigua Valladolid, hoy Morelia. Cabe señalar que el Conservatorio de las Rosas de Morelia, es más antiguo que el Conservatorio de Madrid, España y el primero de toda América (1743), dato altamente significativo, en tratándose de la provincia mexicana y de la más alta consideración a nivel internacional. Envuelto alrededor de la guerra cristera y rodeado en los momentos y tiempos del más acendrado nacionalismo, se destaca y sobresale de forma especial por encima de su generación, precedido por Ponce, Chávez, Revueltas, Huizar, Carrillo y Hernández Moncada, principalmente. Sandi, Jiménez Mabarak, Moncayo, Daniel Ayala, Contreras, Galindo y Rolón serán sus contemporáneos. Como antecedentes de la realidad nacional, es necesario apuntalar, para propios y extraños que antes que el Taller de Composición de Carlos Chávez fuese creado, en el Conservatorio Nacional de Música en 1960, existieron los maestros del Conservatorio Nacional de Música, con todos los herederos del Siglo XIX, cuyas influencias son italianas, después de la Independencia. Otras de nuestras influencias fueron las austro-húngaras (polkas, valses, opereta vienesa y las bandas de todo nuestro país) que trajo Maximiliano, y las chopiniano-lisztianas, a la cabeza de todas. Muchos de estos músicos austriacos se fusionaron con la Sociedad Filarmónica Franz Liszt que desde mediados de los años treintas del Siglo XIX, había conformado el ilustre michoacano, Don Mariano Elízaga, quienes fundaron en 1866, el Conservatorio Nacional de Música. A partir de Don Porfirio Díaz, las influencias serán francesas, mismas que reflejarán: Ricardo Castro, José Rolón, Felipe Villanueva, Ernesto Elorduy y el propio Manuel M. Ponce, padre del nacionalismo musical mexicano. Casi todos habían estudiado en Francia, pues París era la capital de la cultura europea en esa segunda mitad del Siglo XIX. México tenía en ese Siglo XIX, más compositores de ópera que Inglaterra, Alemania, España y la misma Francia; Italia por supuesto, siempre estuvo a la cabeza.

Miguel Bernal Jiménez, educado íntegramente, desde su niñez alrededor de los coros, en un ambiente de las Scholae Cantorum, aprendió los manejos del canto gregoriano, el piano, la dirección coral y el órgano. Su talento y capacidades le permitieron que fuese enviado a estudiar a Roma al Instituto Pontificio de Música Sacra, cuando tenía dieciocho años, lo cual le permitió adentrarse de forma muy amplia en los manejos de las técnicas clásicas y románticas y desde luego, en todas las herencias de la música clásica y religiosa, en especial la polifónica y el canto gregoriano, aplicando todo ello a la composición. La mejor ópera que se ha creado en México es su “Tata Vasco” que refleja además de un estilo depurado de síntesis un dominio de las formas musicales. Creador de música para ballet, cine y una producción sinfónica notable, entre lo que se destacan: Sinfonía Hidalgo, Tres Cartas a México, Noche en Morelia, Tingambato, El Chueco, Los tres galanes de Juana, Michoacán, Noche mexicana, entre una producción de 251 obras musicales de todos los géneros: de cámara, para ensambles, corales, música para piano, guitarra, órgano, violín, cuartetos de cuerdas, oratorios y obras religiosas de la mejor manufactura que abarca todos los aspectos. Aportó trabajos bibliográficos cercano a los 200 títulos, entre los que se destacan: obras para la enseñanza de la dirección coral, el órgano, el manejo del pedalier, la registración y desde luego sus trabajos en la composición y todas las herramientas del oficio armónico, melódico, contrapuntístico, el análisis y la Filosofía de la música y los estilos. Creó la revista Schola Cantorum.

Su relación con Manuel María Ponce fue muy cercana quien fue su padrino de bodas y su guía en la composición.

En Roma conoció a Cirilo Conejo Roldán, músico queretano destacado y mantuvo una estrecha relación con José Guadalupe Velázquez y Agustín Gonzáles que se encontraban ligados a la Schola Cantorum, hoy Conservatorio de nuestra ciudad capital. Recriminó el tradicionalismo en la música religiosa, situación que puso en evidencia los atrasos de todas las Scholae Cantorum de México, que le valieron acres críticas, pero su obra y sabiduría, hizo enmudecer a todos los disidentes.

Dirigió en Madrid, España en 1948, el Concierto para violín y orquesta de Manuel M. Ponce, con Henryk Schering como solista, justamente en la fecha de la muerte del padre del nacionalismo, y estrenó en la madre patria ese mismo año, su opera Tata Vasco. Ha sido uno de los escasos músicos que tuvo a su cargo la Dirección de la Facultad de Música y la enseñanza de la Teoría y de la Composición en una Universidad extranjera; la Loyola en Nueva Orleáns, en los Estados Unidos. Es sorprendente que un músico de su talla, acudiera a dar clases a León, a Guanajuato, y a los poblados y ranchos cercanos a Morelia, pues lo numeroso de su familia -padre de once hijos-, le obligaba a buscar el complemento, dentro de una generosa y genuina vocación hacia la enseñanza; por ello produjo excelentes músicos, superando todo lo hecho en la provincia mexicana hasta ese entonces y dejando una huella que Chávez desarrollará, hasta 1960 en su afamado Taller de Composición, en el Conservatorio Nacional de Música.

Romano Picutti, maestro de los niños cantores de Viena fue parte de su equipo de trabajo, siendo director del Conservatorio de las Rosas. Gerhard Muench, el más destacado músico extranjero que vino a México y que vivió en Tacámbaro Michoacán, enriqueció ese universo de Miguel Bernal Jiménez, privilegio que tuvimos los músicos michoacanos, cuando nuestro México tuvo la única infraestructura de formación musical que desapareció en 1960 y que provenía desde la Colonia.

Honrar a Don Miguel Bernal Jiménez y a los nuestros, es obligación de todo organismo subvencionando por el Estado. La Cultura y las leyes de nuestro país deben señalarlo. Cuando Carlos Chávez creó la Orquesta Sinfónica de México, la actual Sinfónica Nacional, tuvo como objetivo mayúsculo, el que se estrenaran y tocaran por encima de todos los músicos del planeta, las de los músicos y compositores mexicanos. Este 2010, es una oportunidad para hacernos eco de esos formidables ejemplos que nos permitan acrecentar, rescatar y fortalecer nuestra identidad de mexicanos y el orgullo de nuestro patrimonio de creación musical, entre otros aportes del patrimonio de Arte.

Soy músico, gracias a ese único y maravilloso ambiente musical que Bernal Jiménez desarrollo en mi estado natal, pues desde los tres años de edad, me impactaron los coros infantiles y el repertorio polifónico y las grandes obras del órgano desde: Messiaen, Mendelshonn, César Franck, Gabriel Pierné, Charles Marie Widor, Liszt, Buxtehude, Bach y Mozart, entre otros, que desde pequeño escuchaba. Ya, a los once años, pude fungir como maestro de capilla en Uruapan, tocando parte de este repertorio ¡Gracias Don Miguel Bernal Jiménez! por su legado, entrega y amor a la música.

De sus enseñanzas y Teorías, en la página del CENCREM, aparecen ya, algunas de las derivaciones que conforman el núcleo medular de mi pensar y sentir como músico, en tres iniciales artículos. Es una extensión y desarrollo de esa semilla que desde niño recibí en mi Estado natal.

VII Encuentro de diversidades: los revolucionarios de hoy

Por Margarita Ladrón de Guevara

Desde hace siete años, el activista y psicólogo Aníbal Gámez Morales organiza en Querétaro el Encuentro de Diversidades Sexuales, en el cual pretende abordar las diferentes temáticas que en torno a la sexualidad existen, no necesariamente centradas en la orientación o preferencias. Desde la primera edición, el Encuentro se enfoca en un tema eje y este año será enmarcado en el centenario de la Revolución y bicentenario de la lucha por la independencia, para definir quiénes serían los revolucionario y los que generan el movimiento independentista hoy en día.

En entrevista, Gámez afirma que su conclusión fue “son las personas que hacemos revolución social, con temas de equidad y género, discriminación, libre acceso, diversidad sexual y sensibilización”. Este año el encuentro será nuevamente en el Museo de la Ciudad en el mes de marzo y la convocatoria está abierta para recibir propuestas de performances, exposiciones, talleres o conferencias.

Este año también se enfocará en una postura antropológica e histórica, ya no sólo psicológica. “Estamos haciendo una lista de académicos, estudiantes, artistas, activistas y la distinción por la cual nos caracterizamos es en lo radical, por un lado, y propositito por otro: esa es la tendencia, quiénes queremos trabajar y proponer, o quiénes se portan radicales. A nosotros nos gusta trabajar con propuestas. Eso es lo que define a los revolucionarios y a los que luchan por independencias” apunta Gámez.

¿Cuál es la lucha de ustedes?

Nuestra lucha es armada de información, conocimiento y propuesta; para nosotros debe ser a partir de la reflexión, del diálogo y de las propuestas artísticas y culturales, esas son nuestras armas, que son nobles y tienen que ver con la sensibilidad de la sociedad, para que se integre la gente, no para hacer guerra sino para ser integrales.

¿Cuáles serían las novedades que trae esta edición del Encuentro de Diversidades Sexuales, más allá del tema de este año?

Hay movimientos que funcionan como punta de lanza, por ejemplo: en el tema de equidad y género, serían las mujeres las que tendrían más que decir pero la realidad es que son las personas transgénero las que más participan, y proponen cuestiones de equidad de una manera muy cotidiana. También está el movimiento de masculinidades, integrado por hombres que tienen conciencia y sensibilidad en asuntos como la paternidad, la equidad, pareja, etc.

¿Por qué ligar la diversidad sexual con las artes?

Hemos visto que el arte es lo más sensible y amable para convocarnos y poder hablar de lo que sea; y en particular, la sexualidad nos involucra a todos, pues todos venimos de un acto sexual cualquiera que sea su contexto.

¿Qué otros encuentros hay en México similares a este?

Pues está la marcha del Orgullo Gay, pero la diferencia con nosotros es que queremos más diversificación, nuestra postura es la sexualidad, en todas sus preferencias y orientaciones, por lo cual puedo decir que en México nuestra propuesta es única.

¿Cómo evalúas la reacción de la sociedad queretana en estos seis años?

Ha tenido sus momentos, porque hay procesos en los cuales la sociedad se vuelve abierta y otros en los cuales se cierra, y esto es natural dependiendo de diversos factores, ya sean políticos, económicos, etc. Puedo decir que los primeros años fue más abierta, se cerró los siguientes y ahora se está abriendo. Lo noto por la participación de las instituciones y la diversidad de las personas, ahora participa mucho la tercera edad –desde el año pasado- y me llama la atención cómo ancianos están interesados en temas sexuales. Confío mucho en que, gracias al trabajo que hagamos organizaciones y personas, que el trabajo se vaya enriqueciendo y creciendo más. Definitivamente que las instituciones gubernamentales continúen apoyando porque es la forma más efectiva de trabajar, y quiero recalcar que el Encuentro es una medicina social, es dar nuestra aportación de quienes hacemos estos movimientos de conciencia, para que disminuyan problemas de violencia, drogadicción, suicidios, etc.

¿Cuál es tu interés?

Soy un idealista con los pies en la tierra, sí quiero cambiar mi mundo, y al decir mi mundo me refiero a las personas que me rodean en mi trabajo, familia y amigos, cada quien puede cambiar su mundo inmediato porque quizás no podemos cambiar el planeta. Presido una organización llamada Círculo de Diversidades Sexuales, que es la que organiza el encuentro y convivimos con otras, como la Comisión de Derechos Humanos, el IQCA, Culturas populares e Indígenas, IMC, UAQ, etc.

¿Qué escenario vislumbras a siete años del primer Encuentro?

Mucho se concentra en lo económico, es decir, a partir de cómo se encuentre la economía la sociedad cambia. Cuando hay una crisis económica, la sociedad evoluciona; por ejemplo, en cuanto a equidad y género, hombres y mujeres deben compartir responsabilidades, son más respetuosos y tolerantes. Una crisis nos hace crecer como personas en varias formas.

“Yo pronostico que habrá una evolución social en los siguientes dos años, en estos temas. Se ha visto cómo a nivel México van cambiando las políticas”.
¿Qué relación tiene lo que se hace actualmente a favor de la diversidad con la situación que se vivía en la época revolucionaria o independentista?

Uno de los factores por lo que se hizo la Revolución fue porque había muchas razas: indígenas, europeos, negros, esclavos, italianos, mestizos, entonces la Revolución buscaba un proyecto de nación en el cual se democratizara la sociedad, era un proyecto de nación igualitaria para todos. Lo que yo hago sobre la diversidad ya se había hecho en la Revolución y esto es algo que queremos justiciar: por qué la revolución y conocer ahorita cuál sería nuestra revolución, claro, no bélicamente, sino con otras armas, quizás intelectuales.

“Por otro lado, por supuesto que hay que enmarcar nuestro trabajo en el bicentenario, porque hay que aprovechar el tema para que cada quien desde la trinchera en la cual está, haga un análisis de cómo era hace doscientos años y cómo es ahora. No nada más vamos a festejar por el gusto, hay que reflexionar sobre las razones que llevaron a la lucha hace doscientos y cien años, y ver qué estamos haciendo ahora como actores sociales sobre la situación actual”.

Por los caminos del sur

Por los caminos del sur

Gabriel Vega Real

Al finalizar noviembre de 2007, después de un fin de semana apacible, me encontré con una sorpresa. Aproveché los días de reflexión para visitar a mis muertos, ir a la iglesia y pedirles que no me abandonen por completo. Platiqué con mi padre, que hace años falleció; él encabezó la lista de mis difuntos. Al salir de la iglesia sentí que me había reconciliado con mis parientes y amigos que ya andan por otros espacios. Soy mucho de tomar el auto y salir hasta donde termine la gasolina.

Me encanta el aire, la carretera y las comidas en los paraderos. Iba con la idea de saborear un plato de cecina acompañado de frijoles hervidos con epazote, o un par de sopes recién salidos del fogón con un huevo estrellado. En la noche, cuando preparé mi maleta, pensaba en el olor a ocote, y en la carretera como si el pavimento fuera un pensamiento muy extendido. Antes de salir de mi casa me asaltó un presentimiento, recordé que uno de mis amigos, antes de salir a cualquier viaje, le encarga su perro a la vecina y le pide al cartero que no deje la correspondencia en la puerta. Dejar las cartas en la entrada de la casa es como decir a los hampones: Está sola la casa, entra y llévate lo que quieras, al cabo que voy a tardar un buen rato en regresar. Sentí que debía tomar mis precauciones —nunca se sabe– caminé con decisión a la puerta de mi vecina. Pensaba en las precauciones de mi amigo. Le pediría que... me acordé que no tenía perro y que me acababa de cambiar de casa. Toda mi correspondencia llegaba a la casa que dejé. Regresé apenado. Los seres humanos traemos esa cosa que se llama vergüenza a flor del pensamiento. Nos preocupa lo que pensaran de nosotros aunque nadie nos mire, aunque nadie se dé cuenta de nuestras vergüenzas.

Salí muy temprano. Aventé la maleta en la cajuela y le pedí a Dios que me llevara a donde Él lo quisiera. Me llevó a la iglesia; a la misa de seis. Únicamente estaba el sacerdote, tres ancianas, el olor de los cirios, un par de dolientes que acaban de sepultar a sus muertos, los monaguillos y yo. La iglesia todavía sonaba a la conmemoración de Los Fieles Difuntos. Empecé a sentir la extrañeza que se siente cuando se sepulta a los muertos. Ahí, entre las ancianas, los dolientes y el olor de los cirios, inicié la reconciliación con mis muertos. Sentí que al tomar la carretera, siempre iba a buscarlos. Cuando el camino se miraba más extendido, más se extendían mis pensamientos. No estaba consciente de ello, lo supe en el momento en que Dios me llevó a una iglesia casi vacía. Salí mucho después que las ancianas, que los dolientes y de que el olor a cirio se terminó de deshacer entre los muros. Manejé rumbo al sur. Hice parada en un pueblo donde todavía se respira comida hirviendo con leña. Caminé entre algunos puestos que presagiaban Navidad. Viajé por pueblos paralíticos; disfruté el aire de la carretera que se resbalaba de los cerros y daba la impresión de que caía del cielo. Después de contagiarme de tanta reconciliación escuché las noticias; las noticias que me niego a ver y oír en la televisión. Una parte de México se estaba ahogando muy cerca de Chiapas. Las presas reventaron, la gente iba a atender sus asuntos a nado o en lanchas. Los supervivientes dormían en poblaciones rodeadas de agua. Al escuchar las noticias en el radio de mi carro, me dio la impresión de que eran hombres lagarto. Ancianas escapando de sus casas por las azoteas, niños viviendo en el último piso de algún edificio.

México estaba triste; ese México maravilloso que a principios de noviembre festejó la muerte, en Chiapas luchaba contra ella. Ese es el contraste de mi tierra, millones se congregaron para orar por los paisanos chiapanecos, por los que vivían en las riberas de los ríos y se quedaron sin maíz y sin agua para beber, por incongruente que parezca. Un México maravilloso hizo fila para enviar comida, medicina y oración por la gente atrapada en esos pueblos de agua. Tabasco y Chiapas se estaban muriendo de agua. Fue una guerra en contra del agua: la guerra más bella de todas las guerras. Eso sucedió en México, el México del hombre, el México de todos los tiempos. Una guerra que se ganó con oraciones, como debieran de ganarse todas las guerras. Este es el pueblo mexicano que tanto amo, este es el pueblo de mis muertos, de mis padres, de mis amigos, de mis hijos y de mis hermanos. El pueblo de la mujer que amé tanto tiempo, de la mujer que amo. El México de la guerra de todos los tiempos.
Hoy, en Haití hay otra guerra, una guerra que sacrificó a una mujer queretana. No hay más qué decir.

Para escapar del mundo enciendo la televisión, abro las ventanas y recorro las cortinas para escapar del miedo que causa la vida real; la que se asoma todos lo días en los noticieros. Enciendo la televisión en el Canal 5, el canal de las caricaturas, me como una manzana, un jugo de soya y dos galletas integrales, para escapar del mundo, sacudo las cobijas de mi cama, enciendo el calentador de agua, me tomo un té de hojas de limón del árbol que cuelga del otro lado de mi casa, para escapar del mundo, dejo de tender la cama y me siento a ver a Los Pitufos, a Don Gato y a las Chicas Superpodrosas; para escapar del mundo. Para no saber que hoy, igual que aquel noviembre de perdón y reconciliación, hay otro puñado de personas pidiendo agua para beber, mientras se ahogan de agua, por incongruente que parezca. Para no saber el miedo que causan las noticias, dejo de sacudir mi cama y me siento a ver Tom y Jerry en el Canal 5.

Cuando agonizaba el noviembre de aquel 2007 y el Chiapas de la mujer que tanto amo se estaba ahogando en las tierras del sur, el Dios de todos los hombres me llevó a una iglesia casi vacía, donde un par de dolientes acababan de sepultar a sus muertos. Al salir de la iglesia me reconcilié con mis difuntos. Manejé rumbo al sur, iba con la idea de saborear un trozo de cecina, un plato de frijoles perfumados con epazote o un par de sopes con un huevo estrellado. En el camino cambié de opinión. Almorcé barbacoa de carnero en el Parador Santiago. No sabía que a mi regreso iba a escuchar las noticias de que un pedazo del sur se estaba muriendo de agua.
Al regresar a mi casa quise tener un perro para encargarlo con mi vecina, cuando sintiera otra vez la necesidad de ver esos pensamientos extendidos de la carretera, pero no tengo perro... todavía. Me acompaño de los suspiritos azules de los Pitufos, de las Chicas Superpoderosas y de Pinky y Cerebro cuando tratan de conquistar el mundo. Gabriel Vega Real, Querétaro, Querétaro.

El espectador

Los espacios de los montajes

Oscar Salas

Tres obras en cartelera han ocupado diferentes espacios. ¿Qué apreciaciones caben frente a estas diferencias? Por orden de estreno empezaré con Mia, de Amaranta Leyva, presentada por Arteatral, Compañía Universitaria de Teatro.
La trashumancia que le he conocido a Mía empezó, en 2008, en el Auditorio de la Casa de la Cultura ‘Dr. Ignacio Mena’ donde me quedé con la impresión que los personajes se reencuentran en un ático o tilichero, un lugar secreto conocido y compartido por ellos desde donde podían espiar a los adultos de la casa escondidos de su vista. El apretujamiento y la escasa iluminación contribuían a la sugerencia de la secrecía. La puerta de escape sugería la fuga final de los personajes por su ocultamiento durante la escenificación y por la luminosidad que penetra al espacio al momento de su cobertura.
En el Mesón de los Cómicos de la Legua, en 2009, se presentó al medio día. La secrecía que sugería la oscuridad desapareció; las dimensiones del espacio no apoyaron la privacidad de quienes se encuentran en un lugar que han sabido reservar para ellos. Los tamborazos que dan cuenta de los adultos empleitados me subrayan consoladoramente que presencio más una puesta en escena que una narración biográfica.
La puerta por donde se fugarán, aunque pequeña y alejada, está a la vista durante la escenificación, anulando la sorpresa. No hay oscuridad con la cual avisar la finalización de la representación. Apareció una simpática sombrilla sin tela, tan solo la armazón, sin ninguna utilidad, pero que estorbaba sino reforzaba el universo infantil propuesto por la autora. Mía repite los medio días dominicales del 2010 ahora en Teatro Esperanza Cabrera. La formalidad de la puerta posterior por donde Mía silenciosamente, más que sigilosamente, como si ahí fuera remitida explícita o implícitamente por la rutina familiar, le diluye a esa pieza la condición de escondite infantil. Si bien la media luz crea la condición de aislado, el espacio parece demasiado grande para la intimidad infantil de los personajes. ¿Alguien recuerda cuando nos íbamos de campamento debajo de la mesa del comedor, y una colchota guardaba el acceso a la tienda de los excursionistas en que estábamos convertidos? El proscenio se interpone entre los juguetes y el público. El foro tan no termina por convertirse en espacio infantil que cuando Sinforoso responde al llamado de Mía para la fuga, el brinco no deja de ser a las entrañas del escenario, sobre todo porque no es a través de un hueco o puerta que corresponda a la arquitectura del cuarto. Extrañé la destartalada sombrillita. En ninguno de los tres escenarios he entendido la presencia del perchero con el sombrero, ni por referencia forma parte del accionar infantil. Ha sido en el primer escenario cuando más me ha parecido que espacio y montaje han ido de la mano.

Regreso a la Casa de la Cultura, concretamente al Mundo Hobbit, inventado con el estreno de Pedro y el capitán por parte de Hernando Somoza. Ahí también se estrenó en 2009 75 puñaladas. Entonces el público quedábamos contra las dos paredes de aquel larguísimo rectángulo. La escenificación ocurría a lo largo de un pasillo central quizá de un metro de ancho. Las salidas eran más del escenario que de la escena. Desde los extremos algo teníamos que suponer o adivinar en el otro, por la lejanía, o quedarnos de espaldas uno de los dos personajes. Caso similar cuando la actuación nos quedaba exactamente enfrente, pues desde ahí el personaje se dirigía hacia su contraparte, quedándonos totalmente de perfil. Por momentos quedábamos encarados con el espectador de enfrente, así no resulta tan fácil reírse, como si para ello existiera un protocolo: la urbanidad restringe el comportamiento despatarrado; estaba desposeído del anonimato de la masa. El personaje podía encararme, máxime si el intérprete me conoce, como que tomaba ventaja para tomarme mal parado –de por sí--, sobre todo porque me encontraba frente a lo desconocido, y él sí sabe qué sigue. Ante la extrañeza del montaje, estaba en el seguimiento, persecución, de la acción, y perdía la palabra, máxime con la acelerada dicción de Carlos Casas. El bajísimo techo imponía la fijación de la mirada hacia el frente, sin espacio para divagar.

El Barón Rampante ha repuesto esta parodia detectivesca en La Caverna del mismo centro cultural, colocando un breve graderío enfrente de un reducidísimo escenario, físicamente aislado del espectador. Hay actuación que se oye pero no se ve. Las salidas, y sus graciosísimos y oportunos intentos, son parte de la actuación. La acción aparece más centrada en la corporalidad y la gestualidad que ‘hablan’ al tiempo de los parlamentos que goza y festeja uno sin la ‘intromisión’ de los espectadores que tenemos de espaldas, o a los lados. Me faltó ver el estreno desde un extremo opuesto para acabarlo de apreciar. Las pérdidas y ganancias entre uno y otro montaje no facilitan una elección. 75 puñaladas en una hora me resultan demasiadas, no obstante la prodigalidad criminal que nos rodea.
(Continuaré)

Sextante

Desde Altazor, la caída es de palabras

Por José Martín Hurtado Galves

Hay que escuchar el eco que se convierte en pensamiento. Mirar para crear, aún en el abismo. Oír, hablar y mirar como forma de ser y de estar siendo. Insistir en el sentido del semen muerto de Babel. Unir los pasos con el camino. Ser y desaparecer como forma de conocimiento inacabado. ¿Hasta cuándo comprender que todo desaparece, que hasta la más pura existencia está llena de muerte? Todo es cuestión de entender que sólo estamos de viaje.

El viaje empieza en la mente. No sale de ahí. Círculo infinito que es quimera al desplegarse como imagen. Leo Altazor (Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1974) una vez más: me quedo con el canto al viaje que es asombro de palabras. Subida a la caída del pensar desde un mirar que no deja de ser poema. Rituales de palabras que se enredan en un pensamiento fragmentado. Insistir en el todo como la suma de sus partes; aunque ese todo y esas partes no sean sino pequeñas formas de decir. ¿Dónde está Heráclito para recordar los ríos que atravesamos en la vida? ¿Dónde Parménides para negar la posibilidad del no-ser como realidad? De luces y fragmentos de oscuridad persiste la mirada en acodarse en recovecos, cuando la univocidad nos tiende y aprisiona en una red ontológica de verdades.

El viaje es fatal. Nada se interpone, sólo pequeñas afirmaciones del viajero que pretende ser sin el no ser. Y el hombre sigue cayendo, sigue mirando a su alrededor. Dándose cuenta de que hay un mundo de palabras por decir. El paracaídas es la vida, el constante frenar la caída de golpe hacia la muerte. Todo va quedando atrás. Sólo las palabras pervierten la pérdida y traen de nuevo los objetos hasta la conciencia. Todo llega entonces de nuevo, la conciencia de la muerte es una forma de vivir en la perversidad del pensamiento. Autodestrucción irreparable. Necesidad inequívoca de aparecer en la caída.

¿Qué caída no es ascenso? ¿Cómo distinguir la línea que divide el absoluto? ¿Invocar a Heráclito para advertir que es inútil una total separación? Todo contrario es complemento a la existencia; todo complemento es contrario a cualquier inexistencia. ¿A dónde voltear desde un paracaídas que reinventa el lenguaje como caída? ¿Unirse a la mirada? ¿Deshacerse de ella? ¿Montar sólo uno de los caballos del poema de Parménides para evadir el viaje? La palabra se queda callada; la mirada alza la voz. La voz es el cuerpo del pensamiento que es objeto en la caída. ¿Insistir en la presencia a través de un yo poético? Quizá sea mejor amarrarse una piedra y lanzarse sin paracaídas por la conciencia que es pensar. Dios mío ¿cómo podríamos vivir sin paracaídas?

La identidad está en juego. Hay quien entierra la dignidad por ser reconocido. Fatal perversidad cuando todos descubren la farsa. Por más que se grite, la caída es irremediable. Se fragmenta lo fragmentario, desaparece lo que nunca había aparecido más allá de los gemidos de quien cae. El viaje cambia y nos cambia.
Una verdad puede ser contundente para negar la realidad. El capricho es un látigo que lacera la propia mirada. Altazor, Altazor, cuántos muertos te siguen en tu caída. Sólo la intensidad del golpe hará despertar al viajero. Sólo el último significado del viaje hará que despierte de sus sueños. Nadie está a salvo de mirar como conciencia. Nadie puede fingir para siempre. Hay visiones que destrozan el sueño de la eternidad.

Debajo de las palabras están las palabras, y debajo de éstas están otras palabras que tal vez sean las primeras. Todo es un constante decir, para regresar de nuevo a la mirada como pensamiento. ¿Un nuevo lenguaje? ¿Una nueva realidad? La mirada se multiplica, todo cae durante el viaje. Lo nuevo se vuelve mohoso. Al final de todo, los muertos deben sepultarse… las miradas también; la voz que calla es una buena fosa.

¿Qué palabra puede estar a salvo de ser también silencio? Todo es cuestión de la profundidad de la impresión. ¿Hasta dónde llega la palabra viaje? ¿Hasta dónde se extiende el camino cuando vivimos o cuando morimos? Traducir lo inexpugnable, esfuerzo inquieto de una conciencia átona. ¿Aniquilamiento? La existencia se extiende desde la palabra. ¿Cómo puede aniquilarse una conciencia que sigue latiendo, aún desde el silencio? La realidad es infinitamente imaginaria. Los sonidos del pensamiento no siempre son necesarios. Hay ecos que enturbian la apariencia existenciaria. Entonces todo parece irse en fuga. Estructura de embudo que termina en la fatalidad de la nada.

El viajero se ha lanzado al vacío. La vida le espera. El ascenso es caída; la caída es ascenso. El lenguaje como representación de la conciencia es un poema existenciario. La mirada se vuelve poema; poiesis que afirma la creación consciente del que viaja.

Entonces todo se va acomodando: los muertos regresan a la tumba, los objetos a la conciencia, los recuerdos a la imaginación, la voz a la mirada que señala. Nada queda estático. Los recovecos muestran el movimiento de lo conocido. Lo desconocido estalla en una nueva mirada. La perspectiva lingüística se hace existencia y tiempo. No hay nada que hacer, el viento hace su trabajo. El paracaídas ha girado bruscamente, una silueta aparece en el camino; pero el viaje no puede detenerse, la caída continúa. Las imágenes son parte del camino; el hombre que es lenguaje, también.

Va de cuanto Cronico

En el taller se corrige la coma, el punto. Se suspende la idea y se abre al universo...
Hora un autor invitado, Jorge Marroquín, compañero del taller de literatura “La letra es curable”. Lo costumbrista con tufo de tragedia hasta meterse en los laberintos de lo patético. Una muestra con final feliz.

Un pequeño instante

Jorge Marroquín Narváez.

La tarde cae bajo el toldo de Jacarandas que da marco al rostro cuaresmario de la plaza llena de corupos. La ventana escurrida de negros barrotes del salón de la danza del instituto cultural emana su congoja. Los muchachos desesperados salen agitados del recinto sombrío en busca de la ayuda médica.

Los nervios desesperantes se ciernen sobre los rostros de los lugareños, paseantes y alumnos del taller de narrativa esperan se abra el salón de clase. El silencio arrecia y un llorido espanta pájaros. Los rostros todos se tornan hacia las ventanas parduzcas que lanzan zapateados de todos colores.

La expectación continúa hasta que varios se apersonan en el portón severo. Algunas mujeres, muchachos y niños se asoman. Comentan que fue instantáneo y tan rápido como extraño... ha caído un bailarín.

Llegan más personas, los paramédicos, la directora, policías, una ambulancia, un fotoperiodista y los papás contritos. La densa tarde se hace oscura y la monja prodiga la celestial resignación.

Los talleristas a la expectativa. No se encuentra si continuar resignados con el curso en la banca verde limón. Después de un rato el maestro lee un cuento para analizarlo. Todos opinan y emiten un juicio. A pesar de la lectura, no terminan de aguzar la oreja con el movimiento de la gente que tiene los ojos bien abiertos. La ansiosa ambulancia se mete hasta el jardín y trata de encaramarse hasta el portón severo.

El cura en carácter sale con su claro hábito del instituto cultural tras de la última bendición, y diligente atraviesa el techo de jacarandas y llega al edificio de las tres campanas; al día siguiente, la misa dolosa está por comenzar y el pequeño cuerpo hace sentir que ya no es necesaria.

Cronicas desde el gran cafe del portal

Organización musical

Por: Silvia Lira León

Nada como una apacible tarde sentada en una banca de la Plaza de Armas, a la sombra, aunque haga frío, porque resulta molesto para los ojos el poco sol. Hasta aquí llegan los sonidos de la música típica de bar, música de relleno, pero cada vez a más alto volumen. Ahora ya hay más competencia entre los músicos de los restaurantes porque ya otros más. Al parecer tiene acuerdos de no tocar todos al mismo tiempo, pero por el tipo de música no sé qué será peor.

Distraigo mi atención entre las hojas de los árboles, entre las piedras de los edificios para escuchar lo menos posible; hoy ni siquiera está puesta el agua de la fuente. Mientras batallo con el sonsonete del pianito eléctrico y su infernal caja de sonidos que tengo frente a mí, algo cautivó mi atención; de repente, por ahí se oyó una guitarra acústica al estilo folk y una voz suave que cantaba serenamente The long and winding road. El silencio fue inmediato, ningún ruido se percibió alrededor.
Sólo la guitarra y esa voz masculina y sutil que fraseaba en inglés esa canción inolvidable. Yo me hundí en la banca metálica a disfrutar de aquellos sonidos maravillosos, provenientes de no sé dónde, pero que trajeron un momento de quietud y de gozo en esa tarde fresca, activando el ánimo para continuar con lo que sigue.
Una de las tradiciones de arraigo popular es la música callejera.

Desde tiempos muy antiguos, la música popular ha sido compañía y complemento de alegrías y sufrimientos. Ha sido el medio para mantener vivas las glorias épicas, las tragedias y las victorias personales, los nombres y las fechas de los acontecimientos trascendentes y hasta los intrascendentes. Los músicos populares se han encargado de llevar noticias, de hacer compañía, de crear un momento grato. Pero en esta vida moderna llena de aparatos, de inventos y de leyes de civilidad y justicia parece que ya no son necesarios.

En tiempos actuales, donde la convivencia social se hace cada vez más difícil, no es tan sencillo pararse en una esquina con una guitarra y cantar una canción sin que vengan a pedirle el permiso correspondiente para trabajar en la vía pública. Y luego que si se junta gente otros aprovechan para robar, y que si alteran el orden público, que dan mal aspecto, y que si los derechos de autor y que si no sé qué. Total que aquellas glorias de la música callejera y popular ya no tienen cabida en el orden moderno. A esto, y a otras actitudes represivas, incluso a la cárcel, se enfrentan muchos músicos callejeros que no tienen otro medio de subsistencia más que su arte, aunque muchos no lo consideren así.

El Colectivo Juglar Urbano es una organización de músicos callejeros que se han unido para defender su derecho al trabajo y hacer de su actividad una profesión digna y respetable. Ellos han entendido que organizándose es como se puede negociar con las autoridades. La música es un bien necesario, proporciona bienestar y hay público para todos los gustos. Ellos son independientes, su trabajo es callejero y popular, y no porque no sean músicos de bar, de banda o de orquesta sindical, estén condenados a morirse de hambre. Ni que fueran escritores.

cronistadelportal@gmail.com