martes, 23 de febrero de 2010

Miguel Bernal Jiménez

(1910 -1956)

Miguel Bernal Jiménez

Y otros rostros del Nacionalismo

Por Francisco Núñez Montes

Logró interrelacionar técnica y estéticamente, diversos aportes, fusionando alrededor de ellos, su personal y diferente estilo. Integra música de procedencia religiosa, desde el canto gregoriano, la música virreinal novo hispana, la polifonía renacentista y el contrapunto barroco, junto a la música, clásica y romántica, así como la de nuestro pueblo; en especial, la de la etnia purépecha.

El legado de los grandes creadores del Siglo XX, Ponce, Chávez, Revueltas, Debussy, Messiaen, Bartok y Stravinsky, principalmente, forman y conforman su amplia información, visión y conocimiento, plasmado no sólo en obras sino en conceptos y en un pensamiento integral musical único, que lo distingue de todos sus contemporáneos y de destacados teóricos del Siglo XX.

Hay una personal depuración estilística en la corriente del Nacionalismo musical mexicano, alcanzada por este compositor, que logra una de las síntesis más significativas de diversos elementos provenientes del mundo sacro y profano, con esa visión de hombre culto, quasi renacentista. Dicha depuración, sólo es comparable al estilo mozartiano. Sin dominio de los estilos, no hay opinión que se respete y esta autoridad, ha quedado de manifiesto en una de sus obras didáctico-teórico-pedagógicas que rebasan en conceptos, visión y calidad, obras europeas de su tiempo; me refiero a “La Técnica de los Compositores”, enmarcada alrededor de una definición elocuente: El estilo melódico-armónico. Su corta existencia -sólo 46 años- no le permitió el completar la dupla perfecta, con: El estilo melódico-contrapuntístico. Enorme virtuoso en el piano y ganador en Europa de un Concurso de órgano, se destacó por dedicar muchos años y tiempo a la enseñanza, dejando pléyades de grandes músicos, compositores, organistas y directores de coros, principalmente, desde el Conservatorio de las Rosas de Morelia, Michoacán.

Musicólogo y paleógrafo, es pionero en la Investigación y rescate de la música colonial, antes de la creación del CENIDIM (Centro Nacional de Investigación y Documentación Musical Carlos Chávez). Dedicó a ello gran parte de su trabajo. Muy pocos músicos en el mundo tienen o han tenido este perfil. Influyó en todo México a través de las Scholae Cantorum, a través del repertorio coral, para el órgano y la música del ceremonial religioso, en general. Mencionar a esta figura, fuera de las esferas oficiales de la cultura en México, implica, dejar de contemplar, por un buen momento, a la capital del país, como el único reducto que propició un auge y desarrollo artístico musical, en la primera mitad del Siglo XX. Miguel Bernal Jiménez se desenvolvió de forma independiente, imbuido por el medio musical que le vio nacer a la música en su Estado natal, Michoacán; en la antigua Valladolid, hoy Morelia. Cabe señalar que el Conservatorio de las Rosas de Morelia, es más antiguo que el Conservatorio de Madrid, España y el primero de toda América (1743), dato altamente significativo, en tratándose de la provincia mexicana y de la más alta consideración a nivel internacional. Envuelto alrededor de la guerra cristera y rodeado en los momentos y tiempos del más acendrado nacionalismo, se destaca y sobresale de forma especial por encima de su generación, precedido por Ponce, Chávez, Revueltas, Huizar, Carrillo y Hernández Moncada, principalmente. Sandi, Jiménez Mabarak, Moncayo, Daniel Ayala, Contreras, Galindo y Rolón serán sus contemporáneos. Como antecedentes de la realidad nacional, es necesario apuntalar, para propios y extraños que antes que el Taller de Composición de Carlos Chávez fuese creado, en el Conservatorio Nacional de Música en 1960, existieron los maestros del Conservatorio Nacional de Música, con todos los herederos del Siglo XIX, cuyas influencias son italianas, después de la Independencia. Otras de nuestras influencias fueron las austro-húngaras (polkas, valses, opereta vienesa y las bandas de todo nuestro país) que trajo Maximiliano, y las chopiniano-lisztianas, a la cabeza de todas. Muchos de estos músicos austriacos se fusionaron con la Sociedad Filarmónica Franz Liszt que desde mediados de los años treintas del Siglo XIX, había conformado el ilustre michoacano, Don Mariano Elízaga, quienes fundaron en 1866, el Conservatorio Nacional de Música. A partir de Don Porfirio Díaz, las influencias serán francesas, mismas que reflejarán: Ricardo Castro, José Rolón, Felipe Villanueva, Ernesto Elorduy y el propio Manuel M. Ponce, padre del nacionalismo musical mexicano. Casi todos habían estudiado en Francia, pues París era la capital de la cultura europea en esa segunda mitad del Siglo XIX. México tenía en ese Siglo XIX, más compositores de ópera que Inglaterra, Alemania, España y la misma Francia; Italia por supuesto, siempre estuvo a la cabeza.

Miguel Bernal Jiménez, educado íntegramente, desde su niñez alrededor de los coros, en un ambiente de las Scholae Cantorum, aprendió los manejos del canto gregoriano, el piano, la dirección coral y el órgano. Su talento y capacidades le permitieron que fuese enviado a estudiar a Roma al Instituto Pontificio de Música Sacra, cuando tenía dieciocho años, lo cual le permitió adentrarse de forma muy amplia en los manejos de las técnicas clásicas y románticas y desde luego, en todas las herencias de la música clásica y religiosa, en especial la polifónica y el canto gregoriano, aplicando todo ello a la composición. La mejor ópera que se ha creado en México es su “Tata Vasco” que refleja además de un estilo depurado de síntesis un dominio de las formas musicales. Creador de música para ballet, cine y una producción sinfónica notable, entre lo que se destacan: Sinfonía Hidalgo, Tres Cartas a México, Noche en Morelia, Tingambato, El Chueco, Los tres galanes de Juana, Michoacán, Noche mexicana, entre una producción de 251 obras musicales de todos los géneros: de cámara, para ensambles, corales, música para piano, guitarra, órgano, violín, cuartetos de cuerdas, oratorios y obras religiosas de la mejor manufactura que abarca todos los aspectos. Aportó trabajos bibliográficos cercano a los 200 títulos, entre los que se destacan: obras para la enseñanza de la dirección coral, el órgano, el manejo del pedalier, la registración y desde luego sus trabajos en la composición y todas las herramientas del oficio armónico, melódico, contrapuntístico, el análisis y la Filosofía de la música y los estilos. Creó la revista Schola Cantorum.

Su relación con Manuel María Ponce fue muy cercana quien fue su padrino de bodas y su guía en la composición.

En Roma conoció a Cirilo Conejo Roldán, músico queretano destacado y mantuvo una estrecha relación con José Guadalupe Velázquez y Agustín Gonzáles que se encontraban ligados a la Schola Cantorum, hoy Conservatorio de nuestra ciudad capital. Recriminó el tradicionalismo en la música religiosa, situación que puso en evidencia los atrasos de todas las Scholae Cantorum de México, que le valieron acres críticas, pero su obra y sabiduría, hizo enmudecer a todos los disidentes.

Dirigió en Madrid, España en 1948, el Concierto para violín y orquesta de Manuel M. Ponce, con Henryk Schering como solista, justamente en la fecha de la muerte del padre del nacionalismo, y estrenó en la madre patria ese mismo año, su opera Tata Vasco. Ha sido uno de los escasos músicos que tuvo a su cargo la Dirección de la Facultad de Música y la enseñanza de la Teoría y de la Composición en una Universidad extranjera; la Loyola en Nueva Orleáns, en los Estados Unidos. Es sorprendente que un músico de su talla, acudiera a dar clases a León, a Guanajuato, y a los poblados y ranchos cercanos a Morelia, pues lo numeroso de su familia -padre de once hijos-, le obligaba a buscar el complemento, dentro de una generosa y genuina vocación hacia la enseñanza; por ello produjo excelentes músicos, superando todo lo hecho en la provincia mexicana hasta ese entonces y dejando una huella que Chávez desarrollará, hasta 1960 en su afamado Taller de Composición, en el Conservatorio Nacional de Música.

Romano Picutti, maestro de los niños cantores de Viena fue parte de su equipo de trabajo, siendo director del Conservatorio de las Rosas. Gerhard Muench, el más destacado músico extranjero que vino a México y que vivió en Tacámbaro Michoacán, enriqueció ese universo de Miguel Bernal Jiménez, privilegio que tuvimos los músicos michoacanos, cuando nuestro México tuvo la única infraestructura de formación musical que desapareció en 1960 y que provenía desde la Colonia.

Honrar a Don Miguel Bernal Jiménez y a los nuestros, es obligación de todo organismo subvencionando por el Estado. La Cultura y las leyes de nuestro país deben señalarlo. Cuando Carlos Chávez creó la Orquesta Sinfónica de México, la actual Sinfónica Nacional, tuvo como objetivo mayúsculo, el que se estrenaran y tocaran por encima de todos los músicos del planeta, las de los músicos y compositores mexicanos. Este 2010, es una oportunidad para hacernos eco de esos formidables ejemplos que nos permitan acrecentar, rescatar y fortalecer nuestra identidad de mexicanos y el orgullo de nuestro patrimonio de creación musical, entre otros aportes del patrimonio de Arte.

Soy músico, gracias a ese único y maravilloso ambiente musical que Bernal Jiménez desarrollo en mi estado natal, pues desde los tres años de edad, me impactaron los coros infantiles y el repertorio polifónico y las grandes obras del órgano desde: Messiaen, Mendelshonn, César Franck, Gabriel Pierné, Charles Marie Widor, Liszt, Buxtehude, Bach y Mozart, entre otros, que desde pequeño escuchaba. Ya, a los once años, pude fungir como maestro de capilla en Uruapan, tocando parte de este repertorio ¡Gracias Don Miguel Bernal Jiménez! por su legado, entrega y amor a la música.

De sus enseñanzas y Teorías, en la página del CENCREM, aparecen ya, algunas de las derivaciones que conforman el núcleo medular de mi pensar y sentir como músico, en tres iniciales artículos. Es una extensión y desarrollo de esa semilla que desde niño recibí en mi Estado natal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario