La obra de Marja Godoy, en el Centro de Arte Bernardo Quintana
Por Gerardo Esquivel
En el Centro Cultural Bernardo Quintana Arrioja de la Universidad Autónoma de Querétaro, se exhibe desde el pasado viernes 21 de mayo de este 2011, el trabajo de Marja Godoy.
Es una exposición por el término de sus estudios de licenciatura en artes visuales. Generalmente las muestras de próximos egresados de un centro de formación profesional no tienen otro fin que el de cumplir lo mejor posible con las expectativas académicas que de ellos tienen los profesores y la institución que los licencia.
No es el caso de esta muestra.
Además de reconocer en algunos trabajos ese momento de egreso, la obra va más allá. El diálogo de la autora es con los maestros y las tradiciones que habitan sus preocupaciones académicas y artísticas no sólo en la Facultad y el aula, sino en el diálogo universal de las artes. Ella demuestra el oficio adquirido y los conocimientos académicos, pero su trabajo es propositito; va más allá de la demostración escolar. La autora se arriesga a mostrarnos los asuntos más personales que tiene con el arte y además nos propone sus soluciones. Es así una muestra, una exposición artística.
Lo es también ya que su preocupación no es el reproducir los encuentros que otros tuvieron con las artes; no es reiterar las propuestas de alguna corriente o escuela artística, de un autor o de alguna tradición; es la preocupación personalísima de enterarnos de sus encuentros auténticos, propios, con las artes.
Así su trabajo escapa a la retórica de la academia, pero también del lugar común, muy actual, de ver en las artes una industria del entretenimiento, vulgarizando la experiencia espiritual de buscar lo otro. La de Marja, es una obra que busca la poética, en el sentido amplio que maneja en El Arco y la Lira, Octavio Paz; que dignifica las artes proponiendo ante todo ese cuestionamiento fértil del autor con las tradiciones, los autores; el lenguaje que las artes y los artistas se forjan lejanos al interés oportuno y pueril de la moda, el buen gusto o el mercado.
También es una obra genuina, auténtica, ya que en ese diálogo personal no se pierde en la copia de otros. Se adivina su conocimiento de autores, escuelas, etc., pero su punto de vista no se confunde con el de otros que son su objeto de estudio y de crítica.
También es una obra original, por los temas, los materiales, el discurso, las soluciones y las propuestas.
Son una serie de ensambles, no encuentro otra mejor manera de llamarlos, que nos propone en formatos diversos, no aparatosos ni grandilocuentes. Son objetos de dimensiones breves, pero son propuestas que muestran caminos diversos para las artes. Desde el objeto, hasta la solución de espacios arquitectónicos, escénicos o escultóricos.
Nos recibe con una obra resuelta en resina epóxica que son 3 gelatinas en un plato, una cuchara y una moneda. No se trata de un ready made como los que Duchamp nos brindara con el fin de atrapar al mirón. La preocupación de Duchamp no era hacer de sus críticas hilarantes y metairónicas, un objeto a reverenciar, ni un culto, ni concepto incomprensible. Era el juego de un artista por atrapar al mirón y evidenciar al arte retiniano.
Tampoco es un homenaje a Beuys que recupera el espíritu de Duchamp en los años ochenta, de atrapar al mirón, él lo hace más hiriente, teatral y absurdo; en una sociedad envuelta en la agonía absurda de la modernidad. O el de Gabriel Orozco que nos hace reflexionar sobre lo realmente absurdo de la modernidad y sus creaciones. Este primer trabajo de Marja nos propone un regreso, un repensar la experiencia cotidiana y sus cosas, sin tratar de evidenciar su realidad hilarante, es una mirada mas reflexiva, íntima e intelectual.
También nos recibe su “lata de sardinas”, que sigue otra tradición, otra preocupación, la de los ensambles, objetos sacros y los retablos en la cual son maestros Gironella y Enrique Hernández, los dos ya fallecidos y uno, Enrique, era el azote de los pintores de la generación llamada de “Fin de siglo”. Ambos liberaron con su obra al retablo y el objeto sacro de su utilidad, de la misma manera que Miquel Barceló lo hace en sus bellísimos murales-retablos de la catedral de Mallorca, haciéndolos sacrílegos y artísticos nuevamente. Ese pequeño objeto, suficiente en sí mismo, muestra el camino que conduce al retablo como forma de arte. Las obras que Marja logre por ese camino, serán maravillosas.
Hay otro trabajo que nos muestra 2 dibujos con grafito sobre papel estraza, de un toro, mismo que está propuesto entre ambos dibujos, toro colgado, tensado por hilos que lo sujetan y tienen pendiente de un espacio imaginario que creamos entre esa tensión cautiva e intelectual que dibujamos, sin remedio. Es una propuesta de instalación que va más allá y se convierte en espacio escultórico. Lo imagino resuelto en dimensiones y materiales contundentes. Escapa a las soluciones de Orozco, o a los refritos que sobre él se hacen tanto y tan tardíamente en la metrópoli y las aldeas, o las aldeas metropolitanas.
Un siguiente trabajo es una pequeña caja de madera con un grupo de corchos apilados, una serie de etiquetas con el nombre de personalidades que pueden ser las preocupaciones intelectuales de la autora o una simple elección por azar; y un pequeño autobús de juguete, anegado en la caja. Es un trabajo que sigue el más puro espíritu surreal, sin caer en su onirismo provocado, sino buscando en la tradición de las ferias mexicanas esa realidad poética; esa experiencia libertaria.
De ahí pasamos a “hilando fino”, que es una delicia de trabajo, un espacio que Marja crea entre dos aros de costura con tela y una serie de hilos que bajan o suben de un aro al otro y nos brindan un espacio escultórico, arquitectónico o escenográfico. Ésta es una obra emparentada con Alexander Calder y su maravillosos circos que realizó en su estancia en París y fueron el fundamento de su asombrosa obra posterior. También eran de pequeño formato como las obras de Marja. Este espacio propuesto por Marja es una obra en sí misma, pero puede convertirse en otra obra muy diferente al cambiar sus dimensiones y su propuesta.
Continuamos con una pequeñita cámara oscura que es una trampa para el mirón y nos muestra una escena que el placer de los juegos de feria, “jugar por jugar”, nos conmocionaba; que lo pone a salvo de la evocación de aquel ensamble de Duchamp en el que por una mirilla en una puerta envejecida, nos asomamos y descubrimos la escena de una mujer desnuda en un paisaje con una lámpara de gas en la mano. “Dados, la lámpara de gas…”
Seguimos con una pequeña cajita entre dos cristales que podemos tomar entre las manos, y que es de un lado un laberinto personal resuelto con clavos y de la otra cara un juego personal, también solucionado en clavos; un destino entre ambos, como la lectura de la palma de la mano; cintas de medir, etc. Es otra cita a la tradición de la fiesta, de la feria, muy afortunada y que me lleva también a pensarla en otras dimensiones y propuestas.
Llegamos a otra caja que nos narra los instrumentos de Faetón, como una caja de costurera, de teixidor, que en sus cajones dispuestos en la parte inferior, nos muestra esos instrumentos que con el paso de los años se vuelen cicatrices de un destino; sobre estos cajones una representación de un mapa cósmico medido, que es recorrido ritualmente por los caballos dorados de Apolo dibujando el recorrido del sol y que algún día, en un momento de arrojo juvenil y temerario, Faetón se atreviera a conducir el carro divino. Como obra intelectual, es una recreación de un mito de conocimiento personal y del mundo. Es una referencia a Sor Juana y su “Primero Sueño”. Como obra artística, me recordó a Calder, a algunos asuntos del arte conceptual sin la pretensión de arte total, a la tradición de las ferias, a algunas pocas buenas obras de Adolfo Patiño; pero escapa otra vez a todos y consigue una obra personalísima que puede funcionar como escenografía o como espacio escultórico, de juego y vivencial.
Hay algo en toda su muestra que me recuerda a Julio Castillo en sus trabajos con objetos, instalaciones, fiestas y “Numeritos”, como él los bautizó. También me lo recuerda esa alegría de trabajar y realizar objetos que cuestionan al observador, trampas para el mirón, espacios de reflexión, para comulgar. Ese gusto por la fiesta como fenómeno artístico donde se reúnen las artes, de las ferias y el azar; que son momentos donde el arte puede recuperar su espacio propio, sus significaciones y contenidos.
Pero también escapa de Castillo, a quien conoció y que después de ver un Quetzatcoatl resuelto en papel engomado que marjta en ese entonces, a sus 15 años, realizara me dijo con la mano en la cintura a pesar de su avanzada enfermedad, “¡Uy compadre!, esta niñita si te va a chingar tu carita”.
Las preocupaciones de Castillo eran por asombrar, por irritar, ese era su plan; lo conseguía y de paso encantaba. Marja su asunto es mas íntimo, intelectual. No quiere destazar para redibujar el mundo y firmarlo; tampoco quitar a alguien para ponerse ella; su método es sutil, personal, discreto, juguetón, profundamente intelectual. No es una fiera sino un domador.
Los dos Castillo y Marja, abren caminos novedosos entre la tradición y la modernidad. Solo que Marja tiene mas claro el horizonte en esta agonía moderna y es parte de lo que seguirá a la modernidad y le tocará a ella y muchos mas, nombrar.
Me pregunto si tantos encuentros de la autora, tan joven, son sólo coincidencia. No, no es así. Nos dan fe de una personalidad muy enterada, con gran noticia de diferentes cosas, con una curiosidad viva, un talento especial, una capacidad de realización muy versátil y una formación basada en la libertad.
Un momento así lo viví otra vez hace muchos años, en el 76, cuando Julio Castillo llegó al taller de nuestro maestro a mostrarnos sus trabajos personales, que eran una compilación de lo que sería su obra y sus preocupaciones por el resto de su vida; ese momento en el cual se asumió como artista, en el que por primera vez se exhibía tal cual era, en el que nos decía “este soy yo”.
Tengo una gran alegría de vivir esto dos veces, ahora con Marja Godoy. Su obra es objeto de gran optimismo porque el diálogo en las artes continúe; porque con todos los años en que desarrolle su obra nos logre contar la manera en que somos, vivificar las tradiciones artísticas que nos pueblan y darles un idioma, una traducción de ahora.
Felicidades a Marja por sus encuentros, que son los nuestros también; felicidades a todos por ver nacer un talento original, universal en esta aldea; felicidades a sus maestros porque de alguna manera la han dejado crecer en la libertad y brindarnos estos “mecanismos de apropiación”.
lunes, 31 de mayo de 2010
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