lunes, 31 de mayo de 2010

La fiesta de San Ildefonso, un santo muy consentido

Por Eréndira Lumbreras González y Margarita Ladrón de Guevara

Nicacia Santiago, de 51 años, está muy contenta porque acaba de regresar su hijo de Estados Unidos. Hacía cinco años que no venía. Pero eso no cambia sus actividades del día. Ella, como todas las mujeres de San Ildefonso Tultepec, desde muy temprano se levanta, se persiga, termina junto a sus hijas algunos quehaceres de la casa y camina hacia su siembra para, según la temporada del año, recoger o sembrar, maíz, fríjol y trigo. Ella cuida también de su casa, hecha de piedra, tabique y tejas; el suelo es de cemento, no de tierra, y su casa se divide en varios cuartos con un gran patio al centro desde donde se puede ver el valle y los árboles, sobrevivientes de los amplios bosques que antes colmaban la región.
Para Nicacia como para su hija Felipa, de 28 años, sin duda el evento en el que más atención pone es la fiesta de su santo patrono, San Idelfonso, que a decir de Felipa, de 28 años, cuando los pobladores le construían su templo en un valle, éste se aparecía como diciendo: no me gusta el lugar. También cuenta la leyenda que mientras construían ese templo, llovió torrencialmente formándose el cauce de un río que los pobladores habían olvidado, justo donde estaba la iglesia. Sea por que por ahí pasaba un río o porque al zanto no le gustó el lugar, la iglesia no fue terminada. Sin embargo, el pueblo tiene dos iglesias: los restos de la llamada “iglesia viejita”, construida, según una inscripción en una de sus puertas, en 1616 y cuyos restos se mantienen casi intactos; y la iglesia del Barrio Centro, que se empezó a construir en 1711 y se terminó hasta 1817.
Como en la mayoría de nuestros pueblos, el calendario festivo está asociado con el ciclo agrícola; la fiesta más importante de San Ildefonso Tultepec se lleva acabo del 22 al 24 de enero de cada año, vísperas de la Candelaria que es cuando incia el ciclo agrícola festivo; el ciclo de fiestas temina con el día de muertos, en noviembre. La celebración mayor está dividida en tres grandes sucesos: la primera llamada Víspera, donde toda la gente del pueblo hace cantos y rezos dentro del templo y hasta se puede escuchar al rezandero, don Chilo, rezar en latín; en la noche, se disfruta de los juegos pirotécnicos elaborados por los artesanos del lugar. La segunda, llamada Fiesta, conmemoración del santo patrono, en la que se hace una misa y al término de ésta se hacen bautizos o primeras comuniones; y la tercera, la Tornafiesta, el día 24, se hace una misa y la procesión del Santísimo. Destaca por supuesto el intercambio de suculentos platillos.
Antes de la procesión, los Moros, hombres a caballo que portan un gorro puntiagudo con espejos en forma de triangulo, son los encargados de representar un sacrificio. Nicacia lo cuenta así “los moros escogen entre la gente a la persona que se va a sacrificar; la persona elegida sale corriendo entre la gente hasta y el Moro la alcanza, una vez que la alcanzó la pone en el suelo, sobre una manta y la mata. Cuando terminan de matarla, avientan hartos cacahuates, ¡que esas son las tripas del difunto! o sea con un cuchillo de esos de palo o de la misma caña, pareciera que abren el estómago para después aventar las tripas: los cacahuates. Después se lo llevan cargando dando vueltas alrededor del templo hasta introducirse en él. Una vez dentro, lo ponen en el suelo, y al Moro se le cobra una multa por el difunto. Se vuelve, así, como si fuera una obra de teatro; del que mata, lo corretean y lo persiguen y lo encarcelan… tú lo mataste, tú lo levantas, tú lo cargas”.
Nicasia y Felipa afirman que esta escenificación es un sacrificio que se le hace a San Idelfonso cada año, entre las muchas que hay en el año. El Una semana antes del miércoles de ceniza, después de la fiesta del Santo Patrón, es que se hace el Carnaval, en el cual se decide, vía votación, en el caso de los Fiscales, encargados de representar a la Iglesia, los nuevos puestos o cargos dentro de las festividades religiosas. El día domingo del Carnaval quedan de acuerdo quiénes serán los cargueros, el mayordomo y el fiscal, y es hasta el lunes que reunidos en la iglesia, se reparte el pan, el cual simboliza el compromiso que tienen tanto con la comunidad y la iglesia; el pan llamado Gancho es símbolo de intercambio; los cargueros y mayordomos anteriores deben de ir con su pan para entregarlo a los nuevos cargos.
En el caso de las mujeres Cargueras, su encomienda es poner flores típicas del lugar como alcatraz, gladiolas, azucenas o crisantemos a la Virgen de Guadalupe, a San Isidro, a San Idelfonso, a las Benditas Ánimas, a la Santísima Trinidad, al Santo Entierro y/o la Virgen María, depende quién les toque; los hombres, los cargueros, son quienes quitan los jarrones del Altar.
Al cierre e inicio de los nuevos cargos los encomendados se intercambian comida “cuando se hace el cambio de puestos o cargos, el Mayordomo o carguero viejo debe de dar al mayordomo o carguero nuevo una ofrenda así como el nuevo al viejo, es decir comida, tortillas, arroz, mole, guajolote, su refresco o su cerveza… como uno pueda, ora, si usted puede menos, pus da menos y si uste puede más, usted dele más a su cambio” explica puntualmente Nicacia, quien es bilingüe y habla la lengua de sus antepasados: otomí, al aigual que Felipa.
Aunque sus costumbres están muy llenas de creencias, misticismo, fe, festividad; la cotidianidad no deja de estar cerca de la naturaleza. La comunidad, da cuenta, desde sus tradiciones, de gran solidaridad y compromiso con sus costumbres. Por eso los que migran siempre regresan, como el hijo de Nicacia.

1 comentario:

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