lunes, 12 de abril de 2010

Ironia bicentenaria

Ironía bicentenaria

No Franz, no te estamos remedando, ni enmendando la plana, ni serás el marshal –ése trabaja en Disneyworld, aunque las diferencias a veces parezcan imperceptibles— que entierre al Mal Humor, ni coronarás al Rey Feo; el carnaval ya terminó, al menos el de brincoteos, bamboleo de boludeces, y amanerados maquilladas como máscaras de fantasía; no te fintes con nuestra cohetería, es la alegría bicentenaria, el síndrome de la Chimoltrufia sin recato ni pudor.

En el marzo postcarnavalesco terminado hace once días presencié algunos de los extremos de nuestra inquietante y contradictoria realidad cultural, cada vez más rica en cimas y simas, incluso de simas en las cimas. Llegó a mi buzón cibernético un cartel de Aletheia anunciando tres funciones finesemaneras en La Fábrica, centro cultural desprendido del círculo artístico capitalino; el impreso lució logotipos de patrocinadores; él que pareció más ajeno al diseño gráfico fue el del Centro Nacional de Danza Contemporánea, sobre todo por su forzada ubicación central. La víspera del estreno de la temporada “Visitantes” conocimos una entrevista de Margarita Ladrón de Guevara, editora cultural de Diario de Querétaro, a Bárbara Alvarado, directora del Cuerpo escénico de México, ésta declaró que el grupo artístico que dirige presentaba el citado programa sin el apoyo de la institución nacida en Querétaro casi veinte años atrás. Conocí una de las seis funciones el sábado 6, advertí una exquisitez, una elegancia, una delicadeza que sin ser nuevas resultaban más perceptibles, más obviadas, pero no derivadas de una intencionalidad, sino de una evolución, de una compenetración e identificación creativa colectiva. Hubo un agregado plástico en la escenografía, seguramente involuntario: la ladrillada vista de la pared luciendo la instalación eléctrica. Imposible no hacer un apartado para el potencial proyectivo de Irma Monterrubio en un dueto, Si sigues la tortuga se vuela, de Ricardo Flores, con una trama poco complicada en la que cabe preguntarse ¿funcionaría como trabajo unipersonal? Hay personalidades escénicas con temperamentos que reclaman actuaciones solistas, y el de Monterrubio cada vez más resplandece como un caso obvio y claro; faltaría el coreógrafo que le fuera a la par. De Caminantes del polvo blanco ya me ocupé en ciclorama.com.mx. Frente a esta solvencia artística, consistente, incluso creciente desde su nacimiento en el CeNaDaC, casi cinco años atrás, mayor azoro me provocó una ausencia de público como poquísimas veces había visto. Me dijeron que el viernes de estreno no había sido mejor.
Un fin de semana después, Ciudad Interior, otro ensamble dancístico hospedado también en el CeNaDaC, ofreció la temporada “Levedad” en el espacio que lleva el nombre del proyecto que debería existir desde hace seis años en el Museo de la Ciudad: El Foro Múltiple. Todo lo vi estreno, porque hace un año el CeNaDaC prohibió la entrada con cámara fotográfica a las funciones del 21 al 26 de abril. En el programa de mano aparecen los logotipos del ‘dueño’ de la casa, de las dos dependencias superiores, y la propagandística del actual gobierno estatal. Entre siete colaboradores de la compañía está apuntada Guillermina Bravo. Asistí a la segunda de tres funciones con las gradas ocupadas mínimo en tres cuartas partes. Abstrayéndome que estoy sentado en una ancha viga forrada con una esponja cubierta por una desleída tela más sucia que negra, ambas cubiertas amarradas con mecate, y haciéndome el distraído para no ver el entramado al que están amarrados unos fanales de diferentes formas y calidades, me siento trasladado el primer mundo tras la tercera llamada. Alguna referencia, por lo menos en el subconsciente, me ha de quedar del Palacio de Bellas Artes de Montreal; del Radio City Hall, en Nueva York, de la ópera negra “Porgy and Bess” en la correspondiente calle neoyorkina; del Palacio Municipal de Florencia, con el Bolshoi y Marcel Marceau; del Théâtre au Châtelet, con aquella operette western “Les mousquetaires”, de Francis Lopez, en Paris; del palacio medieval en Brujas con un espectáculo fluvial nocturno; de una arena etrusca en Fiesole con “Sueño de una noche de verano” a la spaghétti western; de un teatro madrileño, recién iniciado el destape postfranquista –a veinte años de ingresar al primomundo-- para conocer el despelote de la ópera rock “Hair”, tan exitosa en Londres.
Levedad habría que verla también en el sentido de su diagonal, incluso con esa ‘rampa’ no abajo, sino arriba del plano del escenario, la espectacularidad se antoja más imponente. Solamente buscándole mangas al chaleco resulta concebible poner a bailar a cuatro bailarinas amarradas precisamente de los pies, tres de ellas en un espacio comparable al de un elevador, y además que verdaderamente lo hagan. Mucho contribuye a la percepción de movimiento las agitadas cabelleras. También Alejandro Chávez logra el lucimiento de otro temperamento escénico particularmente diferenciado: le viene bien la ferocidad a Mariajosé Medellín. Esa combinación de elasticidad y movimientos de extrema rapidez en una talla notable, aunado a una expresividad muy respaldada por la gestualidad, hacen de sus interpretaciones algo especial, y Animalx no es excepción. En entrevista promocional radiofónica –Radio UAQ-- el director de la compañía consideró a Homoloidal una composición superior a Triángulo, con la cual ganó en 2008 el premio del VII Certamen Internacional de Coreografía Burgos-New York, sin embargo, por la emotividad in crescendo y la sorpresa temática final, además de la significación protagónica de la escenografía mi preferencia se queda con la premiada. El estreno incluido en “Levedad” lo vi como un súmmum de lucimiento de actuación dancística: coros en transitar quieto mientras se suceden vertiginosas interpretaciones solistas, duetos y tercetos; escenografía construida con y/o desde el elaborado diseño del vestuario. No deja de sugerir una mofa a nuestra precaria ilustración --aquello etiquetado como cultura general-- el darle los créditos de la escenografía a El hades.

¿No te parece kafkiano Franz, tanta verdad artística, y nuestro Centro Nacional de Danza Contemporánea –institución que forma artistas y produciría arte-- carente de un ensamble que lo represente formalmente? Desaparecido el Ballet Nacional de México, ¿ahora Centro y Colegio son la misma cosa; sobra una estructura burocrática? No debo estar haciendo las preguntas correctas. Mientras tanto un enajenado, entre cadáveres de todos los bandos, reclama se hable bien del país que dice gobernar (sic) al tiempo que a quienes sí lo hacen lucir les reduce las posibilidades de subsistencia. Si el CeNaDaC ha dejado de apoyar la producción de cualquier grupo, ¿quién ha dejado de apoyar al CeNaDaC?

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