lunes, 12 de abril de 2010

Basura radiofonica

Basura radiofónica

Radio Universidad, como emisora que se reclama a sí misma “un espacio para la cultura” batalla por cultivar un auditorio pensante. El experimentado panel de productores hace milagros con los escasos recursos con que cuenta la emisora universitaria y la dolorosa pérdida de cualquiera de ellos, como acaba de suceder con la prematura muerte de Gustavo Warnhotlz, sacude el ritmo productivo. Radio UAQ es una ejemplar congregación de estilos y proyectos distintos cuya diversidad da riqueza a la programación. Saludamos a Mister Paco Lucas, a Tere Ortiz, a Ricardo Chapa, Raúl Ram, Arturo Vallejo, Raúl Rodríguez Lucio, Mayra Trejo, Fernando Corzantes, Celia Maya, Pedro Martínez, Augusto Cervántes, Lety Jaramillo, Héctor Larios y Alejandra Barrientos; José Luis Roca, al maestro Rafael Blengio, a Vicente López Velarde; por supuesto a Liz González y a muchos otros valiosos colaboradores, todos ellos íntegros intelectuales interesados en que sus propuestas abonen la conciencia del radioescucha en pos de un Querétaro superior. Este esfuerzo colectivo, que la sociedad reconoce en los diversos programas musicales y de diálogo, se empaña cuando en el horario nocturno, Radio UAQ nos castiga con una basura firmada por “Némesis”, cuyo programa es una cosa que mezcla una mala radionovela, por la miseria del guión, con una malísima lectura radiofónica, débil en producción. El tiempo que “Némesis” le quitó a otra realización, lo utilizó para narrar una muy burda historieta al estilo “gore”, con sangre de niñas bonitas y su mucho sufrimiento al ser torturadas durante 16 horas durante las cuales el muchacho galán (claro) que previamente había hecho un pacto satánico para merecer la juventud eterna, (original ¿he?) las mutilaba dedo por dedo con tijeras de jardinero para luego aniquilarlas a punta de llamaradas de soplete, no sin antes engraparles los párpados a la frente para que miraran cómo cocinaba y aderezaba opíparamente sus deditos, los cuales se comía el muy golozo”. En fin, una feria de plagios del imaginario “gore” que “Némesis” ha mirado, seguramente cautivado, rodeado de morbosos psicópatas.

Pero no perdamos más el tiempo con nuestros “nuevos valores de la literatura mexicana”. Mejor tratemos de situar el fenómeno “gore” en la historia del cine, que en la literatura ya Stephen King se encargó de cimentar con sus novelas de terror. Como de terror artístico es mi favorita “Psicosis” de Hitchcock, cinta a la que no se le puede considerar “gore”, en tanto en las escena famosa, cuando el asesino apuñala a la chica en la bañera, nunca vemos el cuchillo penetrando la carne de la mujer; en el cine “gore”, veríamos hasta las entrañas sanguinolientas. El buen cine de terror, se vale de juegos de cámaras, de sonidos, música; en vez de mostrar al mal, vemos el rostro aterrado del actor. Los clásicos de terror se centran en la imaginación del espectador. El cine tipo B actual (así como sus imitadores), subestima al público, y le da todo explícitamente, nada es dejado a la imaginación, y no hay miedo, hay perturbación, asco, inquietud por toparnos con psicópatas, pero no terror. El cine japonés, paradójicamente, está alcanzando sensaciones de miedo en sus cintas “gore” e incluso “animés”, gracias a su recuperación de la imaginación.
La historia del cine es muy parca cuando habla de la inauguración del género “gore”. Durante la década de los sesentas del siglo XX, el género imperante era la comedia que glorificaba el “American way of life” y las cintas musicales, verdaderas bofetadas al ciudadano de un mundo urgido de cambios. “Blood Feast” (1963) es la pionera en este campo. Herschell Gordon Lewis fungió como director y realizador de efectos especiales. La primera muerte que ofrece la cinta, es la de una muchacha en su bañera, con una sangre roja más allá de lo normal, sospechosamente parecida a la Catsup que venden por galón, y unos descuartizamientos de carnicero de rancho. La trama aborda una serie de asesinatos sucedidos en una ciudad, donde muchas jóvenes de buen ver han sido mutiladas por un psicópata, que se lleva de recuerdo miembros del cuerpo muerto. Las investigaciones de un audaz policía le llevan hasta la tienda de un exótico egipcio, que realiza sacrificios para su Diosa y luego vende las partes de los cuerpos.

Se acerca el cumpleaños de una chica, con lo que los servicios del egipcio son solicitados, pero él pretende acabar con la cumpleañera, como sacrificio definitivo. Lewis no tenía mucha idea de narrativa cinematográfica, hoy sería una película corta y pesada, con malos encuadres, muchos diálogos y un guión fallido. Pero a los espectadores de los sesentas les interesaba ver otro cine, distinto al que Hollywood producía, y la alternativa vibrante fueron los asesinatos violentos, bañados en sangre de salsa catsup y desmembramientos nunca vistos.
Un respetuoso saludo a quienes trabajan con honestidad e imaginación en Radio Universidad Autónoma de Querétaro.

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