lunes, 26 de abril de 2010

"Foto de Aguila"

Gente con menús en mano se acerca a los transeúntes y repiten de memoria lo ordenado por los dueños de los restaurantes ante la mirada metálica de la independentista. Temprano comienza la monserga cualquier día de la semana, incluyendo los festivos, para quien por necesidad laboral o por la sencilla razón del paseo camina por el ahora andador 16 de septiembre o sentarse en una de las bancas de la plaza.
Lucas camina con la vista fija entre la memoria y la nueva imagen del jardín. Donde se vendía caballa, las Jarcerías, ahora hay una pantalla de plasma trasmitiendo imágenes de artistas Pop o deportes extraños para México y mesas rodeadas de sillas. Imposible transitar entre la pared de las construcciones y las jardineras, ahora el espacio público es propiedad comercial privada. De la música en vivo y estridente que se escucha ahí por la noche mejor ni hablar.
Lucas es un cincuentón queretano, nacido en Querétaro, y ha visto cómo le han cambiado el panorama al centro histórico de la ciudad. El jardín Corregidora es su mayor coraje.
Lucas y su “palomilla”, así nombraban a la “banda”, grupo de “cuates” pues, acostumbraban, al salir de la escuela, ir al jardín a espantar Águilas, las metálicas que rodean el monumento en homenaje a la mujer independentista. En ese tiempo, la asistencia a la primaria, es diferente, el horario también cambió, la entrada a la escuela es a las nueve de la mañana, salir a las doce, regresar a las tres y volver a salir a las cinco de la tarde. Las vacaciones eran más largas y en otra estación climática, invierno.
El paso por el jardín Corregidora es obligado al salir de la escuela, a medio día o por la tarde, para Lucas y sus amigos.
Lucas es el líder natural. Siempre hay muchachos que desean incluirse en esa “palomilla”: los que espantan Águilas.
Los elegidos para integrase a los “cuates” deben pasar el noviciado que dura semanas: fusilamiento a “ligazos” en la pared del patio de atrás de la escuela a la hora del recreo, sacarle punta al lápiz del Líder, compartir la torta si era de mantequilla o mermelada, cargar el porta libros a la hora de la salida, ceder el juguete que por presumir llevarán a la escuela, dejarse copiar en las tareas, liarse a golpes a escondidas de los maestros y la dirección con algún alumno de grado superior a la hora de la salida, verle los calzones a la niña guapa y lo que a la mente de la “palomilla” se le antojara.
La cima del noviciado es ir al jardín corregidora, el día es especial y nadie fuera del grupo puede asistir, si alguien, compañeros de la misma clase, a hurtadillas presencia el evento, es castigado ferozmente en el recreo en un día inesperado.
El aspirante a espanta Águilas debe espantar Águilas. Dos filas en línea paralelas de niños hacen valla, el aspirante se obliga a pasar entre ellas: una “pamba” a puño cerrado cae sobre la cabeza y la espalda encorvada. Al llegar a una de las Águilas de bronce debe golpear a zapatazos el suelo y gritar para que el ave vuele, en cada fallo, hasta cuatro, cuatro son las Águilas de bronce, el aspirante debe repetir el acto, pasar nuevamente entre la valla, recibir la “pamba”, golpear el piso a saltos, aplaudir con fuerza y gritar.
Superado el castigo y burla de los cuates, la foto, despeinado y adolorido. El aspirante a espanta Águilas también debió juntar monedas para pagar la foto sin retoque, la de “aguilita”, que se sacaba con alguno de los fotógrafos con cámara de caja sobre tripie de madera para la credencial de legitimación que nunca existió.

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