Por Leonardo Kosta
El viernes 5 de marzo estrenamos Sensacional de Maricones, una comedia de Legom (Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio). Sensacional de Maricones también es un comic. Con más precisión: es el comic que protagoniza la comedia.
De la misma manera que Don Quijote de la Mancha sigue al pie de la letra las aventuras que narran las novelas de caballerías, tal como Madame Bobary vive los amoríos que se describen en las novelas románticas de folletín que ella lee, Jaimito, el jotito de rancho de la comedia, persigue las venturas que cuenta el comic de todos los jueves, venturas que se transforman en desventuras porque así es la vida.
“Sensacional de Maricones es la historia amorosa más dolorosamente rosa (salió en verso sin esfuerzo) que fusiona aquello de… los sueños, sueños son de Calderón de la Barca con… a qué le tiras cuando sueñas mexicano de Chava Flores”, para decirlo en palabras de Sotero Castrejón, el actor que interpreta al Jaimito de la comedia. Por su parte, Julieta Márquez, la señora de la casa en el reparto, piensa que “Es una reflexión sobre la pérdida de la inocencia -en este caso representada por Jaimito- que es golpeada por una realidad adversa que se mueve en un horizonte que es distinto al suyo”. Pero hay algo más.
Merde es la primera palabra que se pronuncia en Ubú Rey de Alfred Jarry. Merde es la palabra que a finales del siglo XIX catapultó el teatro contemporáneo. Mierda es la palabra con la que termina la comedia de Legom.
En el drama La Muerte de un Viajante de Arthur Miller, Willy Loman cree ser parte de la empresa para la que trabaja, o mejor dicho, cree que la empresa es parte de su vida, y lo es en la medida que no se da cuenta que para la empresa su vida es desechable. Vive para trabajar y trabaja para pagar el crédito de la casa que habita, casa que terminará de pagar precisamente el día de su muerte.
En Sensacional de Maricones, don Juan Eleudoro, el galán otoñal, vive gracias al crédito bancario y gracias a la buena fe de los sorteos que le han dado prácticamente todo. Por su parte, los vecinos viven gracias a la indignidad de sus trabajos. El Sensacional de Maricones extiende un velo ante los ojos de Jaimito. Dicho velo descorrerá sus tules cuando Jaimito se de con la piedra de la realidad en los dientes.
La comedia destaca un momento germinal del teatro, según lo ha dicho el propio Legom. Ese momento es aquel en el cual el actor primitivo (tal vez griego) volteó a ver a su compañero de escena (tal vez un músico), le comentó la historia y comenzó a dialogar con él.
“Para mí, es la práctica del distanciamiento como lo teorizó Bertold Brecht”, comentó Benjamín Cortés en uno de los ensayos, mientras se preparaba para representar a don Juan Eleudoro Castro y Castro. En cambio para mí es un paso gigantesco en el camino que trazó Oswaldo Dragún en los años setentas del siglo pasado. Es la concreción de lo que hemos dado en llamar Narraturgia.
Pero la comedia no solamente tiene referentes teatrales. Cuando doña Mariana Bribiesca intenta seducir al jotito, estamos frente a una paráfrasis de El Graduado, la película que protagonizara Dustin Hoffman. Cerca del desenlace, Jaimito se ve en la mano de don Juan Eleudoro, tal como vimos a la huera que hiciera en blanco y negro la película de King Kong, y la escena final es un largo camino trazado en cualquiera de los finales de las películas mudas de Charles Chaplin. Huelga decir que en toda la comedia se hace presente el cine y las fotonovelas de la época de Mauricio Garcés (el mismo autor lo dice).
En los parlamentos que pronuncian los actores, es decir, en la palabra teatral de Legom hay resonancias de Henry Miller, el escritor norteamericano de La Crucifixión Rosada; hay ecos de Bukovsky, el viejo asqueroso de la poesía norteamericana contemporánea, y en la estructura y las circunstancias hay huellas de Mamet y otros dramaturgos gringos.
En las líneas precedentes no estamos afirmando que la comedia sea excepcional sino que Legom es excepcional. Lo afirmamos porque tememos que la cotidianidad no nos deje ver esa característica que sí se ve en Europa, o en el D.F. para no ir tan lejos. Acostumbrados a ver a Legom sacando sus perros a mear en el atrio de Santo Domingo, acostumbrados a escuchar el sonido de su voz que organiza su lengua de doble filo, corremos el riesgo de no valorarlo con justicia, por eso nos atrevemos a pensar que es más grande de lo que sospechamos, y preferimos pecar de entusiastas a mostrar las tonterías de la envidia o el rencor. Pero si el entusiasmo no aportara razones suficientes, ahí están las carcajadas del respetable que ha disfrutado nuestras funciones en el Museo de la Ciudad.
lunes, 22 de marzo de 2010
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