martes, 9 de marzo de 2010
Mujeres en la Dramaturgia
Mujeres en la dramaturgia de Hartasánchez, Legom y Santillán, un equilibrio de fuerzas
Por Margarita Ladrón de Guevara
Las mujeres retratadas en la dramaturgia contemporánea mexicana reflejan los roles que éstas tienen en la sociedad, rompen estereotipos y trasgreden ciertas conciencias. Tenemos madres neuróticas, niñas suicidas, las que hablan como hombres o las que pisotean a los demás con tal de lograr sus objetivos; todo cabe en la hoja en blanco de los dramaturgos. Sin embargo el proceso de delinear un personaje no se define por su género sino por la historia, coinciden los dramaturgos Mariana Hartasáncez (Canción de Gershwin), Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio (Las chicas del 3/2 floppies) y Luis Santillán (Autopsia a un copo de nieve), quienes con distintas motivaciones han dado voz a mujeres bien definidas y no encasillables.
En un monólogo a tres voces Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio, Mariana Hartasánchez y Luis Santillán hablan sobre los personajes femeninos. Vigentes más que nunca, en Querétaro los tres están en cartelera: Hartasánchez estrenó ayer en el VII Encuentro de Dramaturgia Contemporánea regio la lectura de Dos muertos y un banjo (ganadora del premio Manuel Herrera 2009); de Legom se presentan Edi y Rudy en la Casa de Cultura Ignacio Mena, y Sensacional de maricones en el Museo de la Ciudad; y La historia ridícula del oso polar celebra 125 representaciones en el Museo de la Ciudad.
Llamados feministas, misóginos, andróginos y machistas –Santillán incluso de autodefine como misándrico- por su obra, los dramaturgos defienden su postura de creadores en tanto construyen historias que inevitablemente tienen personajes, pero no por el hecho de su género, tienden a favorecerlos, al contrario. “El personaje se delinea por la situación en la que está, el marco referencial al que responde y la dinámica de relación que establece con el estado de cosas en que existe, en tanto que estos mutan constantemente según el texto del que se trate”, dice Luis Santillán, único dramaturgo –a decir de Legom- que dedica toda su producción a personajes femeninos (De Autopsia a un copo de nieve se suman Historia ridícula de un oso polar, Malinche y La fortaleza de la soledad, todas sobre mujeres). “A mí no me interesa tanto la mujer por el hecho de ser mujer” dice Legom, sino por su condición de ser humano, y eso la iguala al hombre –y viceversa- en el proceso de construcción de un personaje.
Para Hartasánchez “La mujer es una interrogante abierta en nuestro país, los autores que han descubierto esa pregunta aún no resuelta y se han sentido atraídos por dilucidar al respecto, han hablado de la mujer y le han dado la posibilidad de hablar a través de la ficción escénica. Quienes no están interesados en el tema, no lo tocan. No creo que haya lugares especiales y lugares comunes. Depende de la perspectiva y el interés del autor”. Sin embargo, acepta que las mujeres “no hemos podido contruir un discruso de género consistente” a través de luchas feministas recalcitrantes, por un lado, o rigores atávicos que aún arrastramos por el otro.
Legom afirma que para contar una historia parte “de modelos prenaturalistas del personaje, en los que éste intenta ser una metáfora, algo abstracto, y no la representación de un individuo, sólo me interesa que sean mujeres cuando esta condición me sirve de vehículo para la construcción de una metáfora” y pone de ejemplo el caso de Las chicas 3.5 floppies, en donde la construcción se basa en una “premisa simple: el uso del lenguaje. Dos mujeres que hablan como hombres. Qué pasa si al universo femenino lo cruzo con un lenguaje vulgar y soez más propio de ciertos ámbitos masculinos.”.
El drama, dice Legom, se trata de cruzar contrarios, y estos contrarios a veces los encontramos en conceptos tan elementales como hombre y mujer. Hartasánchez amplía el concepto al afirmar que ha explorado ciertas perspectivas del discurso femenino latinoamericano a través de sus obras, “pero espero tener la posibilidad de que cada personaje pueda tener una identidad propia cifrada en el devenir de su historia y no en preconcepciones autorales”.
Las mujeres de estos autores parten de una situación extrema, como en el caso de Santillán y Autopsia a un copo de nieve; arquetípica, como la neurótica de Canción de Gershwin de Hartasánchez, o decadente, como Las chicas del 3.5 floppies. Ante los paradigmas, Hartasánchez argumenta “le toca a la sociedad en conjunto aceptar que la mujer tiene una historia paralela a la de los hombres, y que hay que empezar a escribir un capítulo nuevo, en el que la escritura producida por mujeres tenga un lugar en el imaginario colectivo; aceptando que las mujeres no somos seres desvalidos que requieren de la condescendencia ni la misericordia para poder hablar”.
Luis Santillán recurre al ejemplo de su personaje principal en Malinche “yo veo a una adolescente que descubre el poder de su cuerpo, de su voz, en ese sentido rechazo el estereotipo. Las mujeres son muy complejas, muy complicadas, todo eso múltiple que tienen alimentan la escena y sería una barbarie crear personajes unidireccionales”.
Luis Santillán reconoce que le es más fácil escribir sobre mujeres “escribir sólo con personajes femeninos es complicado, para hacerlo necesito un grado de esquizofrenia elevada ya que el ideal está en que el público –el femenino sobretodo- no sienta que hay una falsedad en el personaje, eso es bastante placentero, es un poco como seguir a Alicia por la madriguera del Conejo, es decir, es tirarte de cabeza sin paracaídas por un precipicio donde no sabes que habrá al final, si es que hay final. Además creo que existe un estereotipo sobre los personajes femeninos al que me opongo, creo que hay muchas posibilidades del drama si colocas un par de mujeres porque el hecho en sí es provocador. Visitar los personajes femeninos me permite revalorar la visión del mundo de y sobre las mujeres”.
Donde sí hay diferencia, dice, es en las actrices: los mejores actores de México tienen tetas, dice Legom. “A diferencia de los papeles masculinos, en los femeninos siempre tengo en la cabeza una actriz que me gustaría que lo interpretara. Casi nunca se me ha dado que se me cumpla ver un papel representado por la actriz que imaginé, salvo ahora que trabajo con la Universidad Veracruzana que tiene excelentes actrices para las que he escrito algunos papeles. Si por gusto fuera, solo escribiría para mujeres, en nuestro teatro es garantía”.
Luis Santillán mira el lado práctico: en las escuelas de actuación la población de estudiantes femeninas es mayos y eso le garantiza al joven escritor que siempre tendrá trabajo. ¿Qué espera de sus personajes femeninos? “Me gusta pensar que montar una obra de alguna manera modifica tu vida, aunque sea un poco, de no ser así creo que no tuvo caso la experiencia, así que esperaría alcanzar ese grado en el que un personaje generado en mis textos toque de manera permanente a la actriz”.
“Me gusta explorar y explotar las posibilidades de las figuras míticas, arquetípicas y estereotípicas de la mujer para a través de ellas, decir algo más” finaliza Mariana Hartasánchez.
Ellas en el teatro: Mujeres; presas del mundo masculino.
Eréndira Lumbreras González
Con el interés de provocar conciencia e impresión en los espectadores, el dramaturgo y crítico literario Guillermo Schmindhuber y el director Román García traen para Cómicos de La Legua la puesta en escena La Secreta Amistad entre Sor Juana y Dorotea, que, a través del guion y dirección refuerzan la idea e incorporan la premisa de que la mujer vive en una sociedad hecha por y para hombres.
La obra que se estrenó en Agosto del 2009 e inició temporada el 29 de Enero del presente año se estará presentando los viernes y los sábados a las 21:00 horas durante el Mes de Marzo en el mesón de Cómicos de la Legua, con las actuaciones de Deborah Elizabeth Cepeda, Penélope Corral Campuzano, Víctor Manuel Mendoza y Franco Vega Fernández .
A voz de uno de los personajes “las mujeres son como las hacen los hombres”, el dramaturgo Guillermo Shmindhuber, ganador del Premio Nacional de ensayo “Alfonso Reyes” plasma y refiere que en la actualidad el papel de la mujer es complicado y ambiguo, “es cómo preguntar si existe la felicidad”.
Sin embargo el director Román García, director de las puestas en escena El jardín de las delicias, El Tesoro perdido planteó que la situación de la mujer, en la dramaturgia, en vez de ir progresando va en retrospectiva, y sobre todo en un estado como el de Querétaro, tan conservador.
El discurso de la obra teatral plasma la problemática de la mujer inmersa en un mundo patriarcal donde la represión social y la censura son los protagonistas. Aunque, son mujeres que no se conocieron y cada una pertenece a épocas distintas, Sor Juana siglo XVII y Dorothy Shons Siglo XX, ésta ultima, crítica literaria y primera mujer norteamericana en estudiar la obra de Sor Juana Inés de la Cruz.
La amistad que entabla Dorotea con Sor Juana es producto de su imaginación; desde su mundo subjetivo es que los personajes históricos cobran vida; la fantasía la trasporta a las sendas de un pasado donde el comportamiento de ambas mujeres nos contextualiza en cada uno de los tiempos en los que les toco vivir.
La búsqueda de la realización personal de la mujer, sin embargo, no ha estado fuera de contexto; si bien, ellas se encuentran en períodos antagónicos disímiles la fuerza y la debilidad son aspectos que cumplen factores principales en la ejecución de sus cometidos, tanto personales, profesionales, intelectuales y demás.
La puesta en escena nos deja clara la noción, en esos tiempos, de que la mujer es “débil” y fracasa en la búsqueda de emanciparse, pero sin embargo el ímpetu por emprender las familiariza. Sin que las mujeres lograran por completo su afán, las dos consiguieron ser mujeres emblemáticas, intelectuales y trascendentes.
Esta problemática hoy en día es aún un aspecto complicado, aunque las cosas han ido cambiando dentro del escenario social, la marginación hacia la mujer es todavía una realidad.
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