lunes, 29 de marzo de 2010

La nauyaca

Blas C. Terán

Tiempo para leer

En esta época, el nuevo milenio, leer demanda organizar el tiempo, el de nosotros. Entre la exigencia por la economía y las relaciones familiares, la distancia a recorrer para cumplir deberes y el bombardeo mediático, el espacio de tiempo para la lectura es mínimo.
En general se lee con prisa, poniendo mínima atención a la escritura y no escuchamos el ritmo en la palabra y la palabra misma en exacto.
Cuando leemos escuchamos con el pensamiento. La palabra crea imágenes, olores, sabores, sonidos y texturas; si leemos con rapidez, los detalles en el texto pasan inadvertidos, no disfrutamos el golpeteo cadencioso en la ordenación de las palabras, no percibimos los giros inesperados ni las frases que impactan nuestra razón y que en el texto son el fragmento necesario para su comprensión.
Leer, sin embargo también se lee con los cuatro sentidos que restan, es colocar y desplazar la vista en la palabra escrita, reunir vocales y consonantes en el pensamiento, para formar palabras que naveguen en la memoria hasta llegar a lo simbólico.
Entonces leer es cambiar el ritmo, crear un espacio, avivado por la palabra escrita, en que coincidan la razón, todos sentidos y las emociones. La cadencia misma de la intención de la letra nos obliga al cambio, a respirar acorde con la lectura, a expandir la visión hasta nuestro ser y a escuchar todo con el pensamiento.
Las imágenes y situaciones provocadas, por la palabra escrita, excluyen temporalmente de lo concreto, recreamos el universo del autor y lo particularizamos con los datos de nuestra memoria, ahí el encanto, eso nos permite discutir la perspectiva de quien escribe, en cualquiera que sea el tema, a partir de nuestro razonamiento. Leer también provoca sentir lo rugoso en la corteza de un árbol, el dolor de una catástrofe, o la emoción de circundar la tierra a bordo de una nave. Al leer enriquecemos nuestro archivo histórico. Mientras más lectura, más alta la razón. Abrir un libro es vislumbrar destellos que maravillan.
El agotamiento físico y mental, provocado por la cotidianidad, requiere de un espacio en el tiempo donde se fortalezca la energía, la distancia entre este espacio y el de las exigencias concretas es muy estrecho. No hay momento para leer.
Crear un espacio en el tiempo para la lectura es cuestión de voluntad.

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