Cuando la nada llega, nosotros aparecemos
Por José Martín Hurtado Galves
El sujeto literario es hermenéutico analógico. Su pensamiento no lo reduce a la racionalidad cartesiana. La nada que podría consumirlo y aniquilarlo, lo sitúa en la otredad que podría haberlo negado. Pensar también es cosa de cerrar los ojos.
Cuando la nada llegue, la conciencia se hará más libre. Nada desaparecerá. Todo será posible. Será cuestión más de una posibilidad que de una seguridad. La palabra es siempre posibilidad existenciaria. Dejar de andar por el camino, para ser camino.
No reducir el pensamiento a nuestro pensamiento. No insistir en que no hay más realidad que la nuestra: eso ha sido suicida. Hemos aniquilado al no ser que pudimos haber sido en aras de la existencia del ser unívoco. Pero nada es para siempre. Quiero decir, que la nada siempre está, lo demás perece. La posibilidad de no ser se reproduce. Ora con mayor fuerza, ora con menor interpretación.
Dicen que la nada no existe, pero todo es cuestión de comparar diferentes nadas para darse cuenta de su existencia, amagada por la temblorosa interpretación. ¿Qué existe menos, tu nada o mi nada? ¿Tu conciencia o la mía? ¿El dejar de ser en ti o en mí? ¿Acaso podríamos rasar todas las nadas por igual? ¿Qué pasaría con la nada que se refiere al tiempo, al no ser temporal; a esa atemporalidad con respecto a la nada existencial; a esa nada que se refiere al vacío que produce la razón existenciaria? ¿Dónde podríamos ubicar a la nada que hace mella en el olvido, que surge como un pensamiento olvidado? ¿Podría salvar la historia el olvido en el que nos hemos convertimos? No para siempre. Y en ese no lograrlo se presenta de nuevo la nada, una nada transformada, llena de un nuevo discurso existenciario.
Desde la nada el ser se hace ser. No desde lo que es, sino desde lo que no es. La posibilidad de ser, está en relación con lo que no es. La nada nos hace aparecer a un mundo hermenéutico analógico, donde lo borroso es luz. Donde la total luminosidad enceguece y hace desaparecer al hombre. El todo es insufrible porque aniquila. La nada es placenta porque permite el nacimiento de un ser con posibilidad de seguir siendo. Y en ese seguir siendo está el no ser de la nada.
Estamos hechos a imagen y semejanza de una idea que partió de la nada. Del vacío que nos sostiene en el eterno limbo. En esa caída constante que no acaba de sucederse. Estar y no estar en la tentación de existir. La nada es una tentación que nos sujeta a la realidad múltiple. Dios mío, no nos permitas caer en la tentación de creer que somos más realidad que otros. Perderse en el pensamiento absoluto es fácil. Inquirir por los vericuetos, por la analogicidad de la metáfora, no siempre es posible.
Si después de ser sujetos reales no nos es suficiente, es necesario pensarnos como sujetos literarios. Sujetos que están en la palabra como silencio a gritos. Perdiéndose y encontrándose entre los días que se construyen desde la no-realidad. Lejos de la piadosa forma de construirnos perfectiblemente. Fuera de la racionalidad cartesiana, está el sujeto literario. Dentro de la posibilidad que hace a la palabra ser, aparece la nada.
La nada es explosiva, detona miles de realidades que no pasan de ser meras formas de hacer aparecer al sujeto literario. La nada no nos absuelve de la mortalidad, pero permite miles de nacimientos con sus respectivas muertes. Acercarnos a la nada, es tentación constante. Huir de ella, es obligación existencial. Pero no sólo somos temporalidad inasequible. Somos temporariamente incendiarios. Nuestra realidad está más allá de las cenizas que reducen al sujeto en humo. Somos la mirada de ese humo, aún cuando ya no se ve. La literatura es nuestro asidero, nuestro refugio para salvarnos de dejar de existir cuando ya no estamos en la palabra de carne mortal.
Toda materialidad es cuestión de ser algo. Pensar la realidad desde la realidad es cuestión monótona que desdibuja a quien la piensa. La no realidad, la no materialidad, el no pensamiento claro y distinto es lo que verdaderamente nos trae hasta la aparición de la inmaterialidad que también somos. ¡Aquí estamos! Desde la el grito soterrado de la no presencia, desde el aliento que trae nuestro pensamiento mortal. Desde la posibilidad de no ser y ser al mismo tiempo.
La nada está aquí, surgió de la innecesidad de existir. El pensamiento la parió. En ella estamos los que podemos atravesar el umbral de la racionalidad. Retornar a la realidad después de haber estado en la idea de la nada no es común. La nada no existe desde una sola manera, está llena de nuestras formas de decirla y desdecirla. Es más fácil que creamos que no existe a dejarnos consumir por su piel de palabras difusas.
¿Por qué esa insistencia en la luz? ¿Por qué la realidad sólo desde la materialidad que provoca una racionalidad castrante? La posibilidad de ser y no ser van da la mano. La nada está hecha de nosotros, de esa constante existencia efímera que nos convierte en idea y olvido. ¿A dónde ir después de la nada? Cuando la nada se hace solamente con palabras de los otros, tomamos conciencia de su existencia. Pero nos quedamos ahí, impávidos, agazapados, esperando que la realidad venga a salvarnos de ese pensamiento efímero. ¿Por qué huir de ese tipo de nada? ¿Por qué no esperar a que el polvo nos haga materia, y esa materia nos regrese al estado fértil de la nada? Ah, si tan sólo pudiéramos deshacernos de la realidad que nos ha convertido en apariencias; si tan sólo pudiéramos ser un poco de nada.
martes, 9 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario