martes, 9 de marzo de 2010

Ni concierto ni piano en el Zenea


Ni concierto ni piano en el Zenea

(Melómanos: favor de no estorbar)


Blas C. Terán

Cuando fui niño de verdad, mis padres me llevaron muchos domingos a medio día al jardín Obregón, hoy Zenea, para escuchar a la Banda del estado. Eso fue antes de la era del Hipismo.

Esos domingos nos levantábamos temprano. Mientras mi madre preparaba el desayuno, mi padre se dedicaba a lavar la combi familiar y nosotros a ponernos la ropa de domingo. A media mañana toda la familia al jardín, al paseo: mi padre a comparar cigarros con “Pifas” para después sentarse, junto a mi madre, en una banca metálica y nosotros a jugar, acompañados del ritmo de la tuba y los golpes en los instrumentos de percusión, matizados por los clarinetes, trompetas y demás artefactos musicales, y a nuestra vista, el movimiento de la batuta del director, que a decir verdad, también bailaba.

Ahora esta banda ameniza la reunión ya tradicional de un grupo de bailarines los domingos por la noche. Por favor, melómanos, favor de no estorbar.

Los amantes de la música de viento ahora deben ceder el espacio que circunda el kiosco, para que la exhibición de las evoluciones de los bailadores sea el espectáculo principal, la maestría o limitaciones en la digitación de los ejecutantes pasa inadvertida; eso ya no importa.

En no más de una ocasión he pensado que eso de la reunión de bailadores me gusta, pero eso de que se adueñen del espacio que rodea el kiosco, no. Me he propuesto sugerir, claro, sólo para mi pensamiento, que las autoridades deberían sonorizar todo el jardín para que los bailadores se repartan por todos los pasillos. Imagino que eso sería un acierto y una mejora en su divertimento, con lo que regresaría el respeto para los que sólo desean escuchar música.

Lo otro es la gran mentira, la de la mampara que anuncia debajo del escudo que reza:


Secretaría de Educación

Concierto de piano

Maestro Sergio Vázquez Bacconnier

Y ni concierto ni piano. No dudo que el ejecutante tenga la capacidad para ofrecer conciertos, lo que tampoco es notorio. Toda su música está secuenciada, es decir, con pistas grabadas que sostienen los discursos melódicos de un teclado, de esos que utilizan las agrupaciones musicales comerciales para amenizar fiestas de bodas, quince años o graduaciones. Les acompaña bien.

Sí pues, así la cosa, así de sencilla, ahora el jardín Zenea está convertido en un gran salón de baile. Lleve ánimos y serpentinas; los globos y garapiñados ahí los venden.

bcteranp@hotmail.com

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