El nuevo siglo y la lectura
Silvia Lira León
De muchas maneras se ha vaticinado la catastrófica desaparición del libro como objeto útil. Lo hemos escuchado desde que las computadoras y el internet hicieron su arribo en la sociedad y se instalaron cómodamente para quedarse. De todos es sabido que en la red se puede acceder a cualquier tipo de lectura, en cantidades incalculables; sin embargo, sigue siendo un problema el tener que depender de un aparato eléctrico (y a veces incómodo) para reproducirla.
Seguramente, los que hemos nacido después de la mitad del siglo pasado, seguimos pensando y sosteniendo la teoría de que el libro impreso es lo mejor, que no hay nada mejor que ese placer de tener el objeto entre las manos, disfrutar el sonido que hacen las páginas al pasarlas, la reconfortante sensación que produce traerlo consigo y sacarlo en el momento preciso para su gozo. El regodeo de pasar nuestra vista sobre las líneas, sobre la tipografía legible, sobre los espacios en blanco apropiados para el descanso de la vista, y el paladeo de cada palabra, cada frase, cada párrafo, cada capítulo, merodeando en nuestra memoria.
Seguramente, a aquellos jóvenes de la segunda mitad del siglo pasado nos parecía inconcebible que nuestros abuelos hayan podido divertirse sin el cine a color, sin sonido ni efectos especiales. Que la hayan pasado bien sin televisión en la recámara, sin videos, sin DVD. Y recordamos la gran maravilla que fue para nosotros el que se hayan inventado los casetes y las caseteras portátiles. Entonces era posible llevar nuestra música favorita en el coche, en el walkman, y era posible llevar mucha música a las fiestas sin tener que cargar con todo el tambache de discos LP. Entonces se popularizaron los audiolibros, y los bibliófilos pegaron el grito en el cielo porque eso era un atentado contra la lectura y contra los libros. A final de cuentas, ni los libros desaparecieron ni los lectores dejaron de serlo.
Actualmente, con el arribo de las minicomputadoras, es posible tener acceso a la Red y llevar en una máquina los archivos favoritos de texto y música para disfrutarlos en cualquier parte. La tecnología nos permite seguir disfrutando de nuestros placeres y nos sigue sorprendiendo con aparatos tan cómodos que casi es imposible negarse a su incorporación. Tal es el caso del ipad o también conocida como “la tabla”.
El ipad de Apple es un aparato que está dando paso a un nuevo mercado para la industria editorial, los libros electrónicos. Las más prestigiosas editoriales ya están comercializando productos para esta nueva tecnología, tan simple y sencilla de transportar como un libro, pero con la diferencia de que se pueden llevar todos los títulos favoritos, toda la música, fotos, videos, y es posible acceder a internet para leer los periódicos. Todo en un aparatito mucho más liviano que una revista.
En el ipad solo hay que tocar la pantalla para que aparezcan los menús, por lo que no requiere de botones. El teclado virtual se dibuja en la pantalla para escribir. Su posición puede ser vertical u horizontal, y para cambiar de formato basta con girar el aparato, no hay que hacer más. Su batería tiene 10 horas de duración. Gracias a su tamaño y ligereza es posible llevarlo a todas partes. Si alguien tiene por costumbre leer en la cama, en el baño, en el transporte público, en el embotellamiento, o hasta para tomar apuntes en la escuela, es ideal.
La convivencia entre los libros impresos y la tecnología puede ser posible. Quien quiera disfrutar del placer tradicional de tener el libro entre sus manos y hacer de esa complicidad un idilio sensual estará en lo correcto, pero también existe la posibilidad de disfrutar de muchos libros sin tener que cargar una maleta extra. Cada cosa tiene un momento y una utilidad, el chiste es saberlo equilibrar.
cronistadelportal@gmail.com
lunes, 29 de marzo de 2010
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