Por Cristian M. Padilla Veg
Entre 1906 y 1907 Sigmund Freud hace un estudio sobre la novela de W. Jensen La Gradiva, que se conoce como El delirio y los sueños. Este trabajo lo realizó el padre del psicoanálisis a petición de, su entonces pretendiente discípulo, Karl Jung. En este texto, recuperado en la edición de Amorrortu de las obras completas de Freud en el tomo IX, el autor aseveró que los escritores, particularmente los poetas, se adelantan a su época.
Este sería el caso del poeta inglés William Blake que en palabras de Roberto Díaz, escritor, traductor y poeta argentino, quien prologa la obra Cantos de la experiencia (1794) en la editorial Astri, aduce “Blake como los grandes visionarios del siglo XVIII…Peleó contra todas las manifestaciones del statu quo: la autocracia, vigente en la Inglaterra de entonces, el feudalismo y las supersticiones”.
Roberto Díaz retoma a Alfred Kazin (1915-1998), escritor estudioso de la obra de Blake, para apuntalar al poeta inglés como un visionario que plasmó en su obra, no sólo un lenguaje imprecatorio lleno de majestuosidad y belleza, sino la visión denostadora de un clima represor, por una monarquía que se negaba a morir, así como una iglesia negada a dejar atrás sus privilegios y abusos, a pesar de la Revolución Francesa (1789). Así, Díaz cita a Kazin que sin empacho dice: “no solamente fue un confederado de Diderot y Voltaire, de Jefferson y de Tomás Paine sino un heraldo de esa vitalidad heroica de Nietzsche, Lawrence y Dostoievski”.
Esta visión es un enfoque solamente, de los muchos que existen, para estudiar la literatura o hacer crítica de la misma, desde el contexto social y cultural; existen también los estudios meramente lingüísticos de una obra y hasta los enfoques psicoanalíticos de un texto. Sin embargo, en el ejercicio de la lectura meramente hedonista, William Blake no deja de sorprender al lector con la música de su poesía, así como con el poder de sus palabras, a las cuales nos podemos avocar en este tipo de ediciones bilingües, donde por un lado podemos apreciar la belleza sonora del poema en su idioma original, así como el sentido y fuerza que le da a la poesía una buena traducción.
A reserva de que usted lector, seguro haría una mejor selección de versos, permítame mostrarle los que modestamente elegí para ejemplificar lo arriba expuesto.
El deshollinador
(Fragmento)
Y como soy feliz y canto y bailo,
Ellos piensan que no me hicieron ningún
Daño
Y se han ido a alabar, al Rey, a Dios y a su
Obispo,
Que fabrican un paraíso con nuestra
Miseria.
The chimney sweeper
And because i am happy & dance & sing,
They think they have done no me injury
And are gone to praise God & his priest &
King
Who make up a heaven of our misery.
lunes, 22 de marzo de 2010
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