
"Pérgolas de los años 30s, que albergaron a la Librería de Cristal, en su sucursal de la Alameda."
Teatro principal derrumbado para continuar 5 de mayo.
La foto tieNe una leyenda que dice “Teatro nacional, Mex.”
Los mármoles queretanos del Palacio de Bellas Artes
“Los talleres de Santa Julia, propiedad del señor licenciado Huacuja y Ávila, cuentan con las sierras más grandes que hay en el país, lustradoras mecánicas, cortadoras, sierras de disco y otros elementos accesorios que forman una instalación magnífica, perfectamente capacitada para alta producción de trabajos de revestimiento y pavimentación de mármol. Fue en esos talleres admirables donde fueron labrados todos los mármoles de Querétaro empleados en el Palacio de Bellas Artes. Los ingenieros Rodolfo Pérez y Miguel de J. Bernal, contratistas de obras en gran escala…proyectaron y ejecutaron la construcción de los tragaluces en el piso del Gran Hall, construyeron las estructuras de las escaleras al Museo y las lozas de varios de los entrepisos del Gan Hall y de los cubos de los elevadores, tragaluces en el techo del escenario, tragaluces en los entrepisos de los elevadores y en las banquetas del vestíbulo para carruajes, y en el invernadero.” Así rezaba la nota del periódico “El Universal” publicado los años 30’s. La presencia de los mármoles queretanos en tan ilustre sitio, debiera de ser un aliciente para fortalecer nuestro mercado interno, valorando y consumiendo lo propio.
Hasta el siglo XIX, la cabecera de la Alameda Central de la capital del país estuvo ocupada por el convento de Santa Isabel. Solamente un callejón dividía la zona conventual, un trazo urbanístico semejante en nuestro convento de San Francisco del que subsiste ese callejón con el nombre de Andador Libertad. La Paz porfiriana necesitó de nuevos espacios para el entretenimiento, por ello proyectó un nuevo Teatro Nacional, que situado al frente de la Alameda, daría esplendor moderno a esa Ciudad de los Palacios. La guerra detuvo el proyecto pero los herederos de la Revolución acondicionaron la estructura abandonada para inaugurarla en 1934 como sede del Instituto Nacional de Bellas Artes. Durante la edificación del Palacio de Bellas Artes fueron encontradas una piedra de sacrificios esculpida con una serpiente emplumada, que ahora podemos ver en el Museo de Antropología. El convento databa del siglo XVII cuando las monjas del convento de Santa Clara promovieron la creación de una nueva casa. Entre 1676 y 1681 se edificó una iglesia que se localizaba en lo que hoy es la portada oriente del Palacio y parte de la plaza fue convertida en bodega y fábrica de sedas. El convento, una vez fraccionado sirvió como casas de vecindad durante el resto del siglo XIX. El Teatro Principal, inaugurado en 1826 en la calle de Vergara (hoy Bolívar) era el foro más famoso. Ahí se estrenó el Himno Nacional Mexicano y se ofrecieron funciones de teatro, tandas y óperas. El Teatro Principal fue demolido en 1901 para abrir la calle de Cinco de mayo hasta llegar a Santa Isabel, donde se construiría un gran Teatro de Opera. Derrumbe similar sufrió nuestro Cine Goya en Querétaro, cuando sucumbió para abrir paso a la calle 16 de Septiembre, a la altura de Avenida Juárez. Volviendo al Palacio de Bellas Artes; el proyecto más sobresaliente fue presentado por el arquiteco italiano Adamo Boari (Ferrrara 1863-Roma 1928), quien había trabajado en Brasil, Chicago y Nueva York, estableciéndose en México para la realización de su proyecto para el Palacio de Correos de la Ciudad de México. La fachada del Palacio lo dividió en tres cuerpos. En el central destaca el magnífico pórtico con su columnata de mármol de Carrara. En la parte superior se halla un gran tímpano, en el que destaca el conjunto escultórico del italiano Leonardo Bistolfi (1859-1933) con una figura central femenina que representa La Armonía, rodeada de los estados del alma musical: dolor, ira, alegría, paz y amor. En el resto de la composición destacan los remates ondulantes de Boari cuya concepción Art Nouveau, se observó en la Pérgola que estuvo a un costado del Teatro, dentro de la Alameda que albergó un mercado de flores y la Librería de Cristal hasta 1973. En los cubos que rematan el escenario Boari proyectó colocar cuatro Pegasos que realizó el catalán Agustín Querol (m. en Madrid en 1909). Los pegasos fueron instalados en el Zócalo, pero regresaron con nuevos pedestales al frente del Palacio para enmarcar el cuadrángulo de la plaza. Para 1929 se reiniciaron los trabajos hasta su culminación siendo el responsable del proyecto el arquitecto Federico Mariscal (1881- 1971), quien edificó el Teatro Esperanza Iris. En esta ocasión el estilo del edificio respondería también a un interés moderno traducido en las formas geometrizantes del Art Decó. Este cambio de estilo explica la sensación indefinida que el espectador percibe al cruzar las puertas de hierro e ingresar al mundo marmóreo, donde se combina el rojo queretano de las columnas con el negro de la escalinata central y el granito noruego de las laterales. La sensación de lujo de la sala del Teatro lo ofrece el gran telón de cristales opalescentes en los que se dibujan los volcanes mexicanos encerrados en miles de piezas. Este telón fue diseñado por Gerardo Murillo (1875-1964) y realizado por la casa Tiffany de Nueva York para servir de cortina incombustible. Ese telón de vidrios es artísticamente iluminado antes de las funciones del Ballet Folklórico de Amalia Hernández, para semejar desde el amanecer hasta el anochecer del Valle de México.
En los costados y columnas también brillan los mármoles acremados de Yautepec y verdosos de Oaxaca que enmarcan el finísimo arco del proscenio proyectado y realizado en Budapest en los talleres de Géza Maróti. En él se describe la evolución del arte teatral. Siguiendo su línea ascendente la vista pasa por los arcos estructurales del centro de la sala y llega hasta el plafón de la Galería, también obra de los húngaros, donde las musas rodean a Apolo para formar un vitral de luz variable. Durante su inauguración, en 1934 se representó La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón, poco después fue el escenario donde Carlos Chávez desplegó sus matinés dominicales y alojó a la Sinfónica de México, temporadas de ballet y de ópera, siendo la Unidad Cultural del Bosque, y el vecino Teatro Hidalgo, los escenarios para teatro. Detrás del cortinaje se encuentra toda una maquinaria teatral que involucra a cientos de personas para ofrecer funciones operísticas y musicales. A cien años de proyectado, el interior del Teatro podrá parecer pequeño con su aforo de cerca de dos mil espectadores, pero para los artistas, presentarse en Bellas Artes es un privilegio casi siempre destinado al mundo de la "alta cultura", aunque en ocasiones también aloja manifestaciones populares.
armandoariaslopez@yahoo.com.mx
"Pérgolas de los años 30s, que albergaron a la Librería de Cristal, en su sucursal de la Alameda."
Teatro principal derrumbado para continuar 5 de mayo.
La foto tieNe una leyenda que dice “Teatro nacional, Mex.”
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