Alfabeto infinito
Por José Martín Hurtado Galves
Alp, alpha, aleph, buey: Inicio del mundo a imagen y semejanza del pensamiento. Buey que jala el arado para abrir la tierra y sembrar la palabra. Buey mítico que abre el surco de la historia y el tiempo hecho de huellas.
Bet, beta, casa: Refugio, necesidad de dejar atrás los sueños infernales que produce la tentación de pensar. Llegar a la casa y perderse en la obstinación de los objetos. Desasirse de las palabras que conducen a la caída, darse cuenta de que nunca podremos ser errantes por completo.
Gami, gimel, gamla, gama, camello, palo arrojadizo: Idea lanzada con el viento que se sostiene de sueños. Y de esos sueños hacer surgir al animal en medio del desierto; avanzar, sobrevivir, recorrer el viaje, arrojándose a los días como viaje interminable.
Dalet, dig, dálet, delta, pez, puerta: Abrir el recinto sagrado donde habita el ser humano que intenta ser un pequeño dios. No quedarse en el quicio del pensamiento, ni irse entre los murmullos de los muertos, dejar atrás la palabra que se queda detrás de la puerta: ser la metamorfosis de un pez que no es pez más allá de la palabra.
Haw, ventana, hil, jubilación, ho, he, épsilon: Eterno aliento que insufla la palabra en un constante eco. Las palabras atraviesan la ventana, su eco va por entre los marcos y los vidrios, llegan hasta los cementerios del pensamiento, sólo para resucitar sensaciones llenas de recuerdos. Empezar es inevitable, terminar es un empiezo.
Waw, gancho, wo, uña: Resistirse a tocar solamente. Atrapar la realidad con las uñas, con las manos, con los pensamientos. No quedarse en la apariencia, lo que aparece es para todos, pero ahora es mío. Ha quedado en mis palabras, en mis silencios que no dejan de decir algo. Todo lo que existe puede estar en los sueños.
Zen, arma, ziqq, grilletes, zayin, zeta: Ira que detiene el filo de la palabra al punto de aprehender el objeto. Sentir implica pensar, pensar es sentir con los cinco sentidos.
Et, hilo, valla, eta: Un nuevo eco, más profundo, más desgarrador, donde el alma se vuelve a sí misma y se arrastra hasta el vacío de la cotidianidad.
Et, rueda, tet, theta: Susurro que sugiere la existencia en el umbral de la decisión inasequible.
Yad, brazo, yod, yota: Quedarse a la espera de un nuevo aliento para alzar la voz hasta donde están los dioses de la imaginación. Extenderse hasta donde la imaginación haga nido.
Kap, mano, palma, kapa: Extremo por demás humano, índice de la maldición o la divinidad que puede representar el pensamiento inacabado.
Lamd, pica, lámed, látigo, lamda: Arma que atraviesa al objeto de cualquier representación humana. Yaga producida por la ira que es pensar. Flagelo nocturno en cada amanecer fortuito.
Mem, agua, mi: Útero a donde regresamos constantemente, visión inacabada del origen que mantiene abierta la posibilidad a la caída. Mar de escombros que es querer ser dios. Abismo de olas que nos envuelven para hacernos más mortales.
Nan, serpiente, nun, pez, ni: Movimiento que crea la sombra que señala la creación, constante posibilidad de poder hablar; espacio que nace al extender la imaginación más allá de los objetos que podemos habitar. Todo es movimiento porque es palabra.
Samek, apoyo, samka, xi: ¿Cómo negar el vacío si necesitamos de apoyarnos para no caer? Un infinito nos acecha, está en cualquier palabra, en cualquier silencio, en cualquier acto humano.
Ain, ojo, ayin, ómicron: Necesidad de la brevedad para exhalar un poco de vida, la muerte debe esperar cuando el camino se ha hecho largo.
Pu, boca, pit, esquina, pe, hora, pein, pi: Abrir la voz para que en ella también habiten los rescoldos que hacen puerto en el viaje que es pensar. El tiempo está aquí, royéndonos cada vez que nos damos cuenta que existe.
Ras, qaph, cabeza, rasa, res, resh, ra, ro: ¿Imagen o imaginación? ¿Espejo o realidad? ¿Qué hay en la cabeza del ser humano? Dios en nosotros, nosotros en Dios.
Sin, diente, sims, sol, sin, shin, sigma: Inicio y medio de la creación. Perfecta sucesión de realidades que no acaban de pervertir la realidad. Ahí estoy yo.
Taw, huella, señal, to, taf, tau: Rastro que conduce hacia la humanidad, posibilidad infinita de regresar mil veces al mismo lugar. Insistir en el viaje que es derrotero: alpha y omega. Vía crucis existenciaria por seguir viviendo más allá de la realidad que asfixia.
Hípsilon: Abrir de nuevo la herida, irse al lado de los ríos que hace el silencio. No sumergirse, ahogarse sólo con la mirada en las líneas sugerentes que hacen la espuma.
Fí: Soplo humano, aliento que carcome la posibilidad de morir sin haber vivido desde la palabra.
Ji: No regresar, hurgar en el miedo para ver el sonido que hace huella.
Psi: Voltear para ver si el rastro no nos es extraño.
Omega: Terminar en un largo aliento, agotarse en una existencia imaginaria, ser palabra, alfabeto infinito que es pensar que aún estamos vivos.
lunes, 1 de marzo de 2010
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