Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio
Un dramaturgo en Querétaro
Por Leonardo Kosta
PROEMIO
Este es un proemio (así de mamón) porque el presente artículo fue publicado en la revista “Paso de gato”, números 16 – 17 de abril –junio 2004. Para entonces las nuevas obras de Luis Enrique o no habían sido escritas o el del teclado no las conocía. Con el paso del tiempo Las chicas del tres y medio floppies subió a escena y ganó premios en Europa, Edi y Rudy* han cumplido varias temporadas en esta ciudad, Civilización volvió a ganar uno de los premios Manuel Herrera y nosotros, ahora, con la producción de ÁBACO -el proyecto cultural de la Facultad de Contaduría y Administración- estamos a punto de estrenar Sensacional de maricones. Sobra decir que todas estas obras se han montado con notable éxito en el DF, en otras ciudades del país y en Europa.
En las primeras tres obras mencionadas los personajes son voces en cuyas resonancias se escuchan las palabras absurdas, cínicas, en algunos casos ingenuas y desesperadas de nosotros, los espectadores. En las parejas del reparto de Edy y Rudi, o en Civilización las voces corresponden a los personajes porque no hay de otra, pero en Sensacional de maricones las voces son de los personajes nombrados, de otros que están ahí porque Legom es grande, y del o de los narradores que conducen la historia. Esas voces, en una amalgama afortunada, son del autor, de los personajes y de los espectadores. Son voces gruexas porque en algunas situaciones anímicas y sociales así hablamos, y de eso no hay que escandalizarse.
Las voces de los sin nombre, las voces sin nombres propios son una conquista del teatro contemporáneo, terreno en el cual Legom se mueve como pez en el agua. Este quizás sea el único motivo por el cual se reproduce el viejo artículo con el proemio, y también la única razón por la que nos hemos dado a la tarea de poner en escena Sensacional de maricones.
Empezamos.
EL ARTÍCULO
En una de las últimas obras de Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio, De bestias, criaturas y perras, los personajes son un él y ella que ni siquiera tienen derecho al pronombre personal. En el papel son una marca que señala la voz que en ese momento habla. La obra misma está señalada como una “pieza para cuatro manos”. Sin señas particulares, los personajes no tienen ni historia ni esperanzas. No vienen de ninguna parte ni van hacia ningún lado. Simplemente están en algún lugar. El hombre gana dinero escuchando a otro que le cuenta historias, o al menos eso es lo que dice el personaje; la mujer parece que se prostituye y es posible que termine trabajando en una maquiladora. La criatura, entre la bestia y la perra, en la primera escena se llama Alberto y en la última Sebastián, aunque el hombre prefiera llamarla Producto, y aunque siempre está ausente de la escena está presente con su acción –fruto del humor negro del autor-: meterse el dedo en el culo a todas horas. Con este acto pareciera determinar el deterioro del comportamiento de la pareja.
Los personajes de Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio –Legom de aquí en adelante, para economizar espacio- solamente viven para maltratarse unos a otros, así forman parte de las situaciones en las cuales los coloca el autor. En De bestias, criaturas y perras no hay acotaciones y la anécdota es débil, tanto como lo es en una de sus primeras obras Sólo un día de trabajo, ganadora del Premio Iberoamericano de Teatro “José Peón Contreras” en Mérida, Yucatán. Cuatro personajes extravagantes son retratados en un día cualquiera de trabajo, dos de ellos ven ángeles en los videos, otro es alcohólico, otro apostador, la jefa de todos ellos es malhablada y lesbiana, y todos –eso sí- se dedican a dar cursos de superación personal.
Los contrastes y las circunstancias extremas son el esqueleto del humor negro con el que Legom construye sus obras, y es probable que del mismo humor negro salga la negación de la anécdota, aunque tiene algunas obras en las que sí cuenta una historia.
En Los restos de la nectarina, Premio “Manuel Herrera” 2000 un trío de gordas se dedica a engordar y provocar a la hermana flaca para que perdiendo al novio también se ponga a engordar. A su debido tiempo la flaca les llevará un novio gordo y asqueroso y la madre gorda aprenderá una de las pocas lecciones explícitas que aparecen en las obras de Legom.
En Diatriba rústica para faraones muertos, Premio “Manuel Herrera” 2001, una pequeña familia de fracasados vive en un camper abandonado a las afueras de Ciudad Juárez. El marido huevón pasa el tiempo soñando en negocios torpes, y su amigo Edy Torquemada engatusando a todo aquel que se deje. La obra es la historia del emputecimiento de Lerita, la hija tonta de quien se aprovechan capataces y compañeros de una fábrica. Al colocar a la hija en un prostíbulo, el padre realiza el primer buen negocio de su vida. El detonante del proceso es un tal Beto Canario, vendedor de joyas falsas que son verdaderas.
Las anécdotas que imagina Legom deben ser tomadas con pinzas, pues siendo extrañas, extravagantes, insólitas, son espejos deformantes que nos hacen ver anchos, flacos, enanos o gigantes; de esa manera el dramaturgo se coloca en las antípodas del realismo socialista, y desde esa posición levanta el discurso de la crítica, no como un predicador sino como un hombre que juega a esgrimir un látigo virtual para zaherir la monstruosidad de las personas reales. Juega, pero el látigo es de ortigas y saca ronchas.
En Si una noche o algo así, un fulano de tal arma el tinglado de los celos con un prostituto, y cuando llega la hora de encarar a la mengana la pelea es por el tamaño del pene de Beny, a quien ella denomina Pepe. De noviembre de 2003 hasta marzo de 2004 esta pequeña obra estuvo en cartelera en el espectáculo “Legom, la historia de tres historias inconexcas”. En el cartel del mismo espectáculo había un letrero que rezaba: “¡Atención! Uso de lenguaje muy explícito”. Es que Legom no tiene pelos en la lengua y al escuchar sus textos uno se queda con la duda de no saber si en la vida real, detrás de las cortinas de nuestras casas, no hablaremos igual o peor que los personajes del dramaturgo. En todo caso Legom es un poeta del maltrato.
En Deus ex pórquina, una pareja ha tenido un hijo lechoncito y están a punto de venderlo cuando llega Dios ha reclamar a su hijo. Aquí el maltrato entre los personajes, y del autor hacia sus creaturas, llega con la mano en la cintura a la blasfemia que horroriza a las buenas conciencias.
De una muestra de siete obras –pues el autor es tan prolífico que guarda en sus archivos más de 40 obras- la que más deja ver la indignación social de Legom es Cualquiera que duele y nada. Tres niños indígenas –Ullito, Xobé y Tomás- hambrientos, con frío y presos, cuentan historias para espantar el miedo. En esas historias ellos mismos se han prohibido mencionar la muerte, el llanto y la memoria de otro niño muerto. Al otro lado de la prisión se adivina el paisaje chiapaneco y las circunstancias, sin lugar a dudas, son las de la matanza de Acteal. Las voces de los niños son auténticas y destilan ternura. Cualquiera que duele y nada es quizás la única obra en la cual los personajes no se maltratan, y aunque hablan con su propia voz, es la indignación del autor lo que se escucha. Además, en otras obras el autor disimuladamente aparece de cuerpo entero entre los textos. El hombre de De bestias, criaturas y perras va a diálisis, como el autor; y en algún rincón que ahora se me escapa aparece un Luis Enrique, nombre propio de Legom. Las voces de encuentro y desencuentro son de los personajes, son nuestras y del autor.
Legom prefiere en sus obras la palabra por encima de la acción, y en algunas, incluso, como en el caso de A la vuelta del día, el monólogo interior llega a instalarse en la narración. El teatro de Legom, en consecuencia, es teatro de palabras que nos retratan de cuerpo entero.
Para finalizar, aquí están sus propias palabras:
“Mi teatro no es naturalista, no responde a aquello de ‘personaje es a la ficción lo que persona es a la sociedad’. Mis personajes son construcciones retóricas ancladas a una realidad lumpenizada a través de rasgos muy humanos. Mis personajes no son encarnaciones de una persona; son como el actor, una construcción formal”.
lunes, 1 de marzo de 2010
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