lunes, 10 de mayo de 2010

Un festejo por el contenedor de ideas

Miguel Ángel Herrera Oceguera
autorfx@gmail.com



“(…) lo que da vida al arte es más el proceso en curso que el producto expuesto.” George Yúdice.

“¿Puede negarse que la educación de la gente común es la manera más eficaz de proteger a las personas y la propiedad?. Lord Macualay.

“(…) los mejores libros son los que nos dicen lo que ya sabemos.”
George Orwell en voz de Winston Smith.



¿Qué es el libro y qué espacio ocupa en lo social? Es la pregunta que se detona luego del reciente festejo del Día Mundial del Libro y los Derechos de Autor celebrado el 23 de abril, Festejo declarado desde 1995 por la Comisión para la Educación la Ciencia y la Cultura de la ONU (UNESCO por sus siglas en inglés). En este texto no es mi interés generar una respuesta a la pregunta, una tesis o disertación, lo que sí expongo algunos nodos culturales que me parecen relevantes donde convergen temas como la misma noción de “libro”, la política cultural y la formación cultural. Planteo específicamente dos fragmentos del todo: a) explorar la noción “libro” y, b) el libro como tecnología para la construcción ciudadana.
Desde que le hombre comienza a plasmar símbolos en distintas superficies exteriorizando ese instinto primigenio por fijar las ideas -las más antiguas que conocemos dadas sus características (roca, cuevas, lugares cubiertos) son las pinturas rupestres y los petrogravados- aparecen dos elementos esenciales que componen un libro: un o unos símbolos y una o unas superficies. Los primeros plasmados-fijados-contenidos en las segundas. Símbolos en superficies. Desde este origen y esencia del libro distintas maneras de laborar y producir cultura han explorado esa noción abierta de “libro”.
El libro es objeto y es idea. El objeto es ese libro que casi siempre es de papel y que se vende en las librerías, objeto que por cierto a algunas personas apasiona y/o obsesiona. La idea es esa noción de contenedor y unidad de símbolos, como por ejemplo lo es el libro electrónico (algo intangible, que se reduce a símbolos binarios convertidos a letras en una pantalla), o el audio libro (un libro sin hojas), el libro en Braille (un lenguaje plástico que se basa en realizar perforaciones en la superficie del papel que con las yemas de los dedos se interpreta), incluido el llamado “libro de artista”. Como noción ampliada de “libro” es interesante examinar el “libro de artista”: una exploración desde el arte que rescata la idea de contenedor de símbolos. El “libro de artista” puede existir en internet o materializarse conteniendo obra escrita, pintura, foto, video, etc., distintas maneras de arte. Un bello quehacer es “En la calle”, un libro de artista colectivo en el cual participaron artistas de muchas y diversas nacionalidades, incluidos artistas de Querétaro, el cual utilizó el tema discursivo “En la calle” para convocar (http://librodeartistacolectivoenlacalle.blogspot.com). En ese libro los artistas enviaron obra por correo desde todos los continentes, fue convocado mediante el internet por los Talleres Gráficos La Utopía Ambulante con sede en Topoztlán y que, de entra varias presentaciones, fue presentado en el efímero espacio para el arte contemporáneo llamado El Horno, Laboratorio de Artes y Ciencias al interior del Museo de la Ciudad en 2009.
Si el libro es una unidad de medida o un contenedor, la biblioteca es el almacén o el espacio que permite el acceso a los símbolos, y la librería y el internet (entre otros) el mercado.
¿Es válido hablar de libro si no es de hojas encuadernadas? ¿Qué otras formas puede cobrar un libro? ¿Deben las políticas públicas de cultura considerar la diversidad de nociones de libro y no centrarse únicamente a la más usual, que entiende que un libro es un objeto que tiene tinta en hojas encuadernadas?
El libro ha tenido distintos usos; para controlar, para liberar, para alienar, para distraer, para disfrutar, para entender, para hacer estimular los sueños… “El que controla el pasado –decía el eslogan del Partido- controla también el futuro. El que controla el presente controla el pasado.” George Orwell. Las prácticas de la narración del pasado (La Historia) en la política educativa o la llamada “formación cultural” en la política cultural, son industrias políticas que producen ciudadanía. Es interesante observar en el periodo posterior a la Revolución Mexicana cómo la política pública educativa y cultural de la mano de las industrias culturales (radio, editorial, prensa, música, cine y TV) se dieron a la tarea de “forjar” La Patria, unir ideas entorno a la clara identidad construida de “lo mexicano”, del Estado-Nación. Los medios de comunicación son fundamentales en la difusión de la producción simbólica que puede apuntar a la identidad Nacional, desde este punto de vista, no es difícil entender que en Francia desde los cuarenta el sector de las comunicaciones esté en el Ministerio de Cultura y Comunicación. Mirando de este modo al libro y tal y como se puede observar en la experiencia de las políticas culturales propias y ajenas y en distintos momentos históricos, podemos asegurar que este se constituye como un elemento fundamental para la construcción de ciudadanía. Los administradores de la cultura median entre la formación, la producción, los productores y los públicos culturales. Lo que en gran medida logra la política cultural es una educación sentimental que proporciona recursos cognitivos al individuo que le permiten entender y reforzar los lazos sociales, favoreciendo la gobernabilidad.
¿Qué estéticas son las que se impulsarán mediante la política cultural? Dependerá de la educación, ideología, y creencias de los políticos y los administradores de cultura. Como lo explica George Yúdice y Toby Miller en su libro Política cultural: “El valor proyectado por la hegemonía estética se basa, en definitiva, en una serie de exclusiones, claramente reconocidas como tales por quienes siempre salen perdiendo.” Y en ocasiones “(…) cuando se percibe que (ciertas) prácticas artísticas no contribuyen al orden prevaleciente, los actores hegemónicos se valen de la ley para invalidarlas.” La tesis contenida en el párrafo anterior se puede observar claramente en la película “Rock Pirates” dirigida por Richard Curtis en la que se muestra la historia de un grupo de locutores y periodistas en un barco pesquero acondicionado para que operara una radio pirata que solo programaba rock, contextualizada en una Inglaterra de los años sesenta, donde el rock no tenía espacios para difundirse pero donde todas las personas deseaban escucharlo. En la cúpula de poder inglés se llega a la conclusión de que esa nueva música fomenta el vicio, el libertinaje y otras formas de vida no deseadas para los ciudadanos, por eso el Ministerio de Comunicaciones diseña una ley que criminaliza las radios pirata con lo que las logran desaparecer.
¿Qué contenidos de qué libros han de ser impulsados desde la política cultural, en un verdadero impulso al desarrollo, que permita crear una sociedad crítica y multicultural como emergencia ante las crisis múltiples que vive México?

No hay comentarios:

Publicar un comentario