lunes, 10 de mayo de 2010

Cruzados por el teatro

Cruzados por el teatro
El emprendimiento de la Cruzada Central por el Teatro en febrero de 2010, inevitablemente me trajo la imagen del cruzado caballeresco puesto a recorrer la Europa más recorrida en los siglos del XI al XIII hasta las ignotas y fantaseadas tierras del Medio Oriente para rescatar el Santo Sepulcro de las impías manos de los infieles. (Los musulmanes denominaban paganos a los bárbaros que no tenían a Alá como único dios verdadero, y a Mahoma como su profeta.)
Puesto en el Museo de la Ciudad, precisamente de la capital queretana cívicamente cobijada por el redomado Santiago descabezador de infieles, me vinieron preguntas esenciales: ¿Qué teatreros enarbolaban qué causa, reforma, o rebelión?, o ¿los caminos de quiénes se encontrarían en intersección? Con el pesimismo y la incredulidad animados por la experiencia de la desquiciante Semana Santa, con los pres y posts feriados que se le inventan, más los permisos con y sin goce de sueldo, etc., la andadura de cuatro meses me parecía muy ambiciosa, cuando no fantasiosa.
Tras La excepción y la regla, de Bertolt Brecht, intuí la seriedad de esta Cruzada escénica por la que decidí tomar nota del comienzo, qué tal que si llegan al final. Como la intersección sería entre grupos teatrales de Aguascalientes y Querétaro, cuando los primeros aquí estuvieron me dejaron expresiones que en su oportunidad utilizaré.
El inicio cabaretero por parte del “Teatro del Ombligo” con la obra del dramaturgo alemán me impresionó más que por el género, pues el autor tiene en su haber la famosísima Ópera de los tres centavos –aunque la celebrada música pertenezca a Kurt Weil--, por la producción y la plantilla de personal: ¿Cómo financian la presentación de diez artistas en el escenario con tal vistosidad de vestuario, además del grupo musical “La Bubba”, cuya plantilla no le va a la zaga? Superado este irresoluto asombro, la dirección de Marcela Morán se atiene esencialmente a la confrontación de la bondad y la maldad. Ésta lo es tanto que nos la presenta torva, oscura y cruel, negada para cualquier entendimiento de la más nimia generosidad, y por tanto cargada de fetichismo gótico, vestimenta entallada, altísimas botas con gruesa plataforma, ojos desorbitados, ojeras marcadísimas, cráneo rapado. La primera lo es tanto que raya en la ingenuidad y la mansedumbre, la inadvertencia del sobajamiento y el abuso alevoso. Si con la exageración de los extremos, la fundadora de esta troupe aguascalentense se ha propuesto exasperarnos, tal propósito queda cumplido, pero con tal extremosidad arriesga la verosimilitud de su propuesta, que acaba diluyéndose en la contagiosa pachanga musical que brechtianamente desdibuja la diferenciación entre artistas y espectadores. La didáctica intención brechtiana por la reflexión más que por la provocación de la emoción, sino resulta contrariada u olvidada por lo menos aparece muy minimizada. La crítica brechtiana a las estructuras sociales de dominación palidece en el enfrentamiento mecánico de buenos y malos.
Fueron tres fines de semana de febrero –sábados y domingos- con nueve funciones a un ritmo aguascalentense que se antojaba insostenible, más con la participación unipersonal de M. Morán con La huída del girasol, de su autoría, y del grupo “Bocón” con Mundo Nocturno y Al agua patos.
Después conocí Mundo nocturno, de Teresa Valenzuela, nos ofrece una simpática crítica del quehacer artístico confrontado con el mundo de la farándula; el estudio, la preparación, y la dedicación frente al facilismo de la apariencia y la vacuidad temática, además de quienes sacan ventaja de los deslumbrados incautos que aspiran a encumbrarse sin esforzarse en ascender. También está presente la conformación –resignación—determinista, que sería una invitación a la valoración de los propios recursos. En el caso de la joven abeja, aburrida de su rutinaria vida diurna, y deseosa de la emoción de la vida nocturna, se tropieza con la realidad de no estar diseñada y construida para la oscuridad y la ausencia solar. Los cantos estuvieron muy acordes con el tema y su trama y la música los hizo muy contagiosos a la frecuentemente numerosa asistencia infantil.
Después de estas dos representaciones el encantamiento del público ya no lo vi tan fresco, la animosidad se acercó a una expectante condescendencia. Así aprecié el caso de La huída del girasol, que ante todo y más que nada suscita un profundísimo respeto por la honestidad y sinceridad escénica de Marcela Morán. Si de algo convence a cabalidad la artista es de la entrega de la vida, así fuera nada más la de un girasol –su girasol--, en cincuenta minutos de intensidad escénica. Morán deja en escena una contundente lección de que para convencer a un público, el intérprete tiene que comenzar por sí mismo, sin tratarse de empecinada autosugestión, mucho menos engreimiento. Muy pocos espectadores acompañamos el encanto de este esmeradísimo montaje unipersonal que ocupó tres viernes de febrero.
Con el juguetón título de Al agua patos, de Sandra Karina Romo Guerra, la provocación del “Grupo de Teatro Bocón” hacia la diversión resultaba encantador, sin embargo el discurso a favor del cuidado del agua y el señalamiento de su importancia apareció muy recitativo y reiterativo de argumentaciones en abundancia expuestas más por formulismo que con convencimiento. La sensibilidad infantil acusó esta característica. Entre los pocos espectadores que hubimos el sábado 20, fuimos más los adultos, algunos de los cuales retuvieron a los pequeños a lo largo de 45 minutos en el foro del Museo de la Ciudad. Tanto se le veían los trucos al mago que el engaño no sucedía.
La intersección queretana empezó en marzo y ha estado a cargo de “Atabal, grupo teatral” que dio nueve funciones con Noticias del imperio, adaptación puesta por Mauricio Jiménez de la novela de Fernando del Paso, a la que le vi un momento muy feliz y afortunado el viernes 23 de noviembre de 2007, en el Museo del Municipio de Guadalupe, Zacatecas. La muy adusta y especializada crítica de la XXVIII Muestra Nacional de Teatro aplaudió largamente y de pie las actuaciones de Ana Bertha Cruces, Carlota, y Ricardo Leal Velasco, guardavías. La profundidad que aquel espacio alternativo propició, mucho favoreció ese montaje que estrenaba, parcialmente, producción: la reproducción de la sala ferroviaria apareció encantadora. La misma a la que no le vi el mismo encanto en el Museo de la Ciudad. En el espacio zacatecano la visión quedaba largamente encañonada o entubada, sensación que esta vez no se reprodujo. La diversidad de intervenciones chuscas encargadas a R. Leal nos las brinda con un colorido y una chispa muy gozables, no obstante que su fisonomía –prolongada nariz puntiaguda, blancura de nórdico mexicano-- en nada le permiten caracterizar al presidente Benito Juárez. Las intervenciones musicales, tanto instrumentales, como cantadas, no amenizan sino hacen suceder parte de las tramas históricas que viven los personajes, pues incluso las trasladan para su reflexión en el s XXI. Que no haya ínfulas de realeza en esta Carlota poco o nada impide que conozcamos los altibajos emocionales de un personaje que históricamente se desvanece en la demencia y se extingue con el paso del tiempo. La mexicanización final de la princesa belga mediante el desfogamiento sentimental cantado resulta un muy disfrutable ahogamiento etílico de dolor popular.
Los estrenos de “Atabal” difícilmente harán historia, mejor les irá con el pronto olvido. El oso, de Anton Chejov, tiene la enorme dificultad de ser una obra muy puesta, mi memorable montaje referencial tuvo en la dirección a Manuel Puente Villa, con asistencia de Andrea Herrera, y en el reparto a Paulina O. Pérez, Hernando Somoza y Nahum Rodríguez, o sea, una plantilla muy solvente. En la función de estreno, Grigori Stiepánovich Smirnov no estuvo a la altura del enardecimiento que inspiraría Elena Popovna. Los aspavientos del Oso no proyectaron la exaltación que se sobrepusiera al barullo de los adolescentes llevados al Museo de la Ciudad a cumplir con Estéticas. Para galantear a la deseable dama la trama impone más que un romántico abrazo y pegado beso. Las amaneradas incomodidades de Luka, el atildado y modoso mayordomo, salpicaron de humor y simpatía un desarrollo en el cual la pareja en trance de renegado enamoramiento no logra capturar la atención que captura el sirviente. Cabe esperar la superación en el transcurso de la temporada que incluye los viernes de mayo.
Han sido las tres horas más largas de mi vida. Qué manera más pin… de perder $50.00, fueron algunas expresiones de los estudiantes llevados al estreno de Querido Diego te abraza Quiela. En las gradas del foro del Museo de la Ciudad fueron apretujados, pues el diseño del escenario anula la utilidad de los extremos de la gradería. Aún en el escenario, el texto de Elena Poniatowska, adaptado por Mauricio Jiménez, conserva mucho su carácter narrativo, la expresión epistolar de una remembranza, y los sentimientos suscitados por ésta. Vi una personaje encarnada por dos intérpretes disímiles. No vi ni entendí la motivación de la doble encarnación, ni algún propósito para la disimilitud. En algún momento se dice que la personaje que da título a la obra es pequeña y blanca, características que corresponden únicamente a una de las intérpretes. En otro momento es referida la gran talla que en realidad caracterizó al pintor guanajuatense Diego Rivera, condición que no corresponde a quien le da vida en este escenario, incluso no supera a una de las intérpretes. La calidad distractora de estas incongruencias es muy fuerte para apreciar la sobriedad de la atmósfera que acertadamente envuelve la remembranza sentimental y lastimera de los personajes. Como exposición/ilustración de un paisaje biográfico ficticio, el propósito queda cumplido, pero la discrepancia de presencias podría tener indeseables consecuencias, sobre todo porque nada aporta a la representación.
Estos cruzados se acercan al final de su andadura mejor recargados que aquellos peregrinos, apenas con una victoria en ocho muy sangrientos y calamitosos intentos que más dieron para la gloria de las letras y la imaginería que la celestial.

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