lunes, 10 de mayo de 2010

María de Guadalupe : La Imagen

MARÍA DE GUADALUPE. LA IMAGEN

El acontecimiento guadalupano ocurrió durante el invierno del año 1531, en el cerro del Tepeyac, ubicado al norte del valle de México. La prueba de esta prodigiosa aparición fue la impresión de la efigie de la Madre de Dios en la sencilla tilma de un indio mexicano llamado Juan Diego.
Esta Imagen mariana reúne dos cualidades sobrenaturales que le han proporcionado una enorme fuerza espiritual. La primera es su origen acheropoieta (que no intervino mano humana en su realización) y la segunda es su poder taumatúrgico (la facultad de realizar prodigios o milagros).
La iconografía Guadalupana es de ascendencia apocalíptica. Según el capítulo XII del Libro de las Revelaciones: “Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta...”
Obras como la del pintor Antonio Vallejo, realizada a mediados del siglo XVIII, dan muestra del fenómeno de la vera efigie o “copia fiel” del Sagrado Original. Imágenes como ésta buscan repetir, de manera casi exacta, los elementos formales del arquetipo (rayos, estrellas, flores, color, tamaño). Esta modalidad sigue la tradición de los íconos religiosos, donde la invariabilidad del objeto se asocia a su forma primitiva como seña de antigüedad y conservación de sus características milagrosas.
La transmisión oral de las apariciones guadalupanas, que aún se mantiene viva, es la forma más exitosa con la que se ha propagado la devoción. Sin embargo, la fuerza de las construcciones visuales –pintura, escultura, grabado– siempre ha sido de gran importancia para la enseñanza, reforzamiento y difusión del culto.
De manera casi unánime se ha aceptado representar el milagro del Tepeyac en cuatro escenas (tetraepisódico). Las apariciones se ubican, tradicionalmente, en los ángulos de las pinturas, o en lienzos formando una serie temática.
En este núcleo se presenta una composición en la que se puede apreciar a la Virgen de Guadalupe al centro, rodeada por las cuatro apariciones. También se exhibe el libro Felicidad de México (1685), la narración escrita más detallada del milagro, y cuyos grabados, realizados por el sevillano Matías de Arteaga, sirvieron como modelo para la mayoría de las reproducciones consecuentes, desde el periodo virreinal hasta nuestros días.

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