lunes, 10 de mayo de 2010

La virgen mexicana. Construccion teológica.

La Virgen del Tepeyac posee el título y advocación de Guadalupe de México, pero no debe olvidarse que esta efigie es un retrato de María, así pues, desempeña el papel que le asignan los textos canónicos y la tradición. La Imagen Guadalupana combina dos conceptos marianos: la Inmaculada Concepción y la Virgen Apocalíptica.
La cuestión inmaculista inició como una creencia piadosa, se convirtió en un Misterio de la religión católica y fue declarado Dogma de fe hasta 1854. En éste se ha establecido que Dios creó, antes de todos los tiempos, a la Virgen María en alma y cuerpo (en idea y en materia) liberándola del pecado original para poder realizar, a través de Ella, el plan de Salvación.
En el grabado italiano que aquí se presenta se puede ver a san Joaquín y santa Ana, padres de María, con un par de varas brotando de su pecho, mismas que florecen en una azucena sobre la cual se posa la Virgen; tras de ella se muestra su alma siendo creada por la Trinidad. Es de resaltar que el alma de la Virgen se ha representado como la Imagen aparecida en el Tepeyac.
Este núcleo incluye una imagen de la Virgen acompañada por los cuatro evangelistas colocados en las esquinas del lienzo, inclusión que busca dar una justificación escrituraria a la aparición mexicana. En otra composición san Francisco de Asís aparece como atlante de la Virgen de Guadalupe, quien va a ser coronada por la Trinidad, acompañada de santos como Duns Scoto (defensor de la doctrina inmaculista) y Juan el evangelista (quien redactara el Libro de las Revelaciones o Apocalipsis).
El origen divino de la Imagen fue aceptado, pero surgió la inquietud de establecer la autoría del milagro. Para explicar lo anterior, los intelectuales y pintores criollos, se valieron del recurso emblemático del Deus pictor: en la pintura de formato oval se puede apreciar una compleja y singular construcción visual novohispana: los ángeles sostienen la tela en donde Dios Padre, pincel y paleta en mano, traza y colorea la efigie mariana. Además de reforzar el origen sagrado del lienzo, se realiza una defensa social del arte de la pintura. Los artistas del pincel de la Nueva España utilizaron este tipo de imágenes para expresar que su trabajo era digno de reconocimiento, que la pintura se encontraba al nivel de las grandes artes liberales y que era necesario su reconocimiento como actividad intelectual.

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