Cómo alfabetizar a nuestros políticos?
En fechas recientes, los queretanos percibimos la fetidez que es capaz de emanar nuestra clase política. Que nuestros representantes políticos, aquellos a quienes mantenemos con el pago de nuestros impuestos y elegimos a través de nuestro voto, sean personas carentes de moral nos agravia y genera natural desconfianza. El caso del ex diputado del PRD, sorprendido mientras robaba, nos obliga a pensar que si hoy es capaz de tales bajezas, ¿de qué fue capaz mientras disfrutó de fuero? Los numerosos militantes del PAN que oportunistamente se cambian al PRI, nos podrán dar mil argumentos, pero el cambio de color desdice mucho los elementales principios que les debieran caracterizar como profesionales en la política.
El movimiento nacional en contra de la existencia de los diputados plurinominales, por considerárseles una carga más a la ciudadanía; el amplio número de votantes que prefirieron ignorar al sistema de partidos con su voto blanco; la común expresión desfavorable del ciudadano hacia los políticos como Elba Esther Gordillo, como el “gober precioso” incluso la misma tacha al presidente Calderón, son muestras de una ganada censura al sistema político mexicano.
En el ámbito cultural se exhorta, veinticuatro horas de los trescientos sesenta y cinco días del año, a que los gobernantes atiendan al sector educativo como un área vital en la formación de buenos ciudadanos. El olvido en que nuestros gobernantes han dejado a nuestras escuelas ha dado como resultado el surgimiento de pillos de toda índole y ciudadanos del peor nivel cultural, al grado que no es posible distinguir a simple vista a un estudiante de la mejor universidad mexicana de un miembro destacado de los “zetas”: hablan, visten y se comportan igual, sólo que uno es rico y el otro vive de lo que le dan sus papás.
La educación en México es un fracaso medido y publicado por instituciones internacionales y esto se debe al mal papel de los políticos. ¿Cómo alfabetizar a nuestros políticos en el terreno de la cultura? ¿Cómo hacerles ver que el buen desempeño cultural de México es algo que a todos conviene, incluyéndolos a ellos? ¿Cómo lograr que emitan y cumplan leyes para todos los mexicanos y no solamente para los mexicanos pudientes?
Pero siendo objetivos, hay que agradecer que existen políticos que hacen bien lo que pueden. Nuestro gobernador, José Calzada, ya ha dado muestras de buen trabajo y la sociedad queretana debemos apoyarlo en sus futuros planes, y es que cada persona, según su educación posee un componente individual ético.
Distinguir al político que actúa de acuerdo con una determinada escala de valores, no importa si adquiridos en su partido o en las aulas, pero que busca el poder para ejercerlo para el bien de acuerdo con sus convicciones morales, de aquel otro político que no ve en el poder más que un medio para la consecución de sus intereses egoístas, debiera de ser una norma, que hoy no existe.
Por supuesto que distinguir a los buenos de los malos sería excelente, pero ¿quién sería el juez que aplicaría esta norma ética a los políticos? ¿La sociedad?
Junto a la ética individual que debiera de normar a cada político, coexiste la ética social, que consiste en los valores predominantes en nuestra sociedad mexicana, mediante los cuales actuamos la mayor parte de los hombres y mujeres llamados mexicanos. La vigencia de estos valores está condicionada por la historia y la cultura dominante, ambos seriamente disminuidos por las persistentes carencias educativas. Esto da como resultado una sociedad mexicana que no califica para normar al político en lo individual. La frase popular de que “cada pueblo tiene a los gobernantes que se merece”, es hoy día más contundente que nunca, debido a nuestra ignorancia para ubicar la luz del guía que nos saque de la situación de pobreza y violencia en la cual hemos caído.
Si bien es verdad que los políticos fallidos, al provenir de una sociedad carente de valores, reflejan coherentemente lo fallido de la ética social que segregamos cotidianamente, también es verdad que toca a ellos, en tanto que dirigentes de la sociedad, ser quienes impregnen a la colectividad de valoraciones éticas que estén en consonancia con los conceptos de justicia y equidad, a que tanto aspiramos. Educación y cultura, generarán una sociedad más crítica y civilizada, capaz de normar la ética de políticos capaces, a su vez, de gobernar mejor.
armandoariaslopez@yahoo.com.mx
http://armandoariasfotografo.blogspot.com
lunes, 10 de mayo de 2010
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