lunes, 10 de mayo de 2010

Al lado de la verdad, viéndola con reserva

La nauyaca
Blas C. Terán

El arte y la violencia

Basta poner atención a nuestro alrededor para descubrir lo que siempre ha estado frente a nuestra vista: una ventana con vidrios rotos, una portón de madera de manufactura antigua, una ciudad que pareciera inmóvil y que en estruendo se mueve.
Las cosas y los sucesos se esconden en la cotidianeidad y cuando aparecen ya no sorprenden de tan repetidos: narcotráfico, indígenas segregados, balaceras donde muere gente honesta que su mala suerte las pone justo en medio de la violencia, secuestros en todas sus modalidades, trafico y venta de registros personales en CD piratas al alcance de todos, robo organizado de vías férreas, las de don Porfirio para comunicar el país, por ex-representantes populares en cámaras de gobierno, fraudes, robos, asaltos, el cuerpo sin vida de una infante escondida bajo un colchón por días y días que expertos no descubren, pifias garrafales en la impartición de la justicia. Enlistar será interminable.
Tal vez la guerra contra la delincuencia no deba ser armada, tal vez las autoridades deben voltear hacia la formación en las artes. No alcanza con mostrar, sólo por distraer, espectáculos masivos con artistas verdaderamente baladíes, o donde se muestren las tradiciones, usos y costumbres, con el sólo fin de exhibirlas como divertimento. Poner atención en la formación de seres para evidenciar la sensibilidad es necesario.
Identidad es la palabra clave. La contemporánea estructura social y urbana muestra una progresiva pérdida de identidad que se refleja en una vida totalmente irracional y carente de sentido donde los valores se pierden.
No basta con estar informado, es necesario razonar la información a partir de los valores que nos conforman.
El que un escritor aparezca, en primera plana de los diarios o en la hora de mayor audiencia en televisión, presentando su obra, no es cotidiano y si se da, entonces sí sorprende y tal vez ofrezca datos históricos, territoriales y socioculturales comunes, que en forma individual, se razonen para acercarnos a una interrelación que integre un mundo sin provocaciones a la violencia.
Utópica la idea, poner atención a la formación de artistas para erradicar la delincuencia; dejar a un lado las exhibiciones intrascendentes y comerciales en plazas, jardines y auditorios, con el solo fin de divertir. Su costo en dinero es caro y que se paga con el erario público,
Provocar que la gente vire a formarse en las artes en estos tiempos es vital para que se integre la cultura contemporánea y se readquiera el sentido de pertenecía.
(…) estás harto de ese sonsonete estás harto de alternativas / sin sentido / pero hace bien salir te dices / recibir rayos de sol invernal que te calienten / los huesos / aunque sepas que lo que buscas no está en la ciudad / porque ella sólo quiere tu sangre y tu energía / para su sostenimiento y desperdicio. (Ricardo Castillo)

No hay comentarios:

Publicar un comentario