Un torrente de asombro
Blas C. Terán
Jaime Sabines, poeta que nace en Tuxtla Gutiérrez en 1926 y muere en 1999, es de los autores necesarios para entender el cómo, por medio de la palabra escrita, la cotidianidad irrumpe en torrentes de asombro manifestando escenas de vida más allá de un acto estético, nombrando sin retórica y sin artificios, con el ritmo adherente a la poesía, un desencadenar de imágenes que descubren coincidencias universales en el momento de su lectura.
El acierto de Sabines está sustentado en la realidad. El poeta establece una relación con el presente en el que la experiencia es el encuentro de lo particular, construyendo el universo poético donde el hombre es el punto de partida y su entorno el trayecto interminable.
El hombre y sus cuestiones, en la obra de Sabines, irrumpe con un lenguaje coloquial, ahí coincidiremos con su palabra, con sus sueños, con su angustia, con su presencia en el tiempo, con las urgencias del deseo y también con la inevitable muerte, conjurando la nostalgia con la música del verso.
La palabra de Jaime Sabines se reconoce en el otro provocando la ubicuidad que dimensiona su obra, la experiencia particular la universaliza con sarcasmo, rasgo cardinal en él, avivado por el paisaje de los valores sociales.
Comerciante, sin vida literaria, sin colaborar con revistas especializadas, Sabines vierte, en el lenguaje de todos los días, la poesía que resalta el fondo de un ser sin pretensiones doctorales y que deposita los acontecimientos humanos en todos los escenarios donde la vida acontece.
Leer a sabines es señalar, descubrir y deslumbrase con la coincidencia que, en el momento de leerla, toma textura de sorpresa.
Octavio Paz apuntó de sabines: Su humor es un chaparrón de bofetadas, su risa culmina en un aullido, su cólera es acerada y su ternura colérica. Pasa del jardín de la infancia a la sala de operaciones. Para Sabines, todos los días son el primero y el último día del mundo.
La obra de Sabines es abrupta, el ritmo y el lenguaje cautivan. Sabines habla en términos desnudos, tomándonos a menudo por asalto en el viaje al fondo oscuro de las emociones.
Uno nació desnudo, sucio,
en la humedad directa,
y no bebió metáforas de leche,
y no vivió sino en la tierra.
lunes, 1 de marzo de 2010
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