Tras la repelencia: 5 compañías contemporáneas, un movimiento dancístico
Oscar Salas
Intenté producir para ellos y me tomaron como empresario. La diferencia es extrema: quise que vieran el proyecto de reunirse en una función –la titulé “Danzan Contemporáneos”-- como su función y la vieron como la mía. Mis afanes de un mes de trámites entre Protección Civil, allá por Pie de la Cuesta, y la Oficina de Espectáculos, en el Centro Cívico, allá en los inicios de la colindancia con Huimilpan, con puntos intermedios en el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, la Dirección Municipal de Cultura, y la imprenta, culminaron en una diarrea que logré contener para atender la taquilla y entregar el importe de las entradas a los recaudadores de impuestos, municipal y estatal, y pagarle un emolumento de cuatidad al diseñador de iluminación traído de México. Gracias a la ascendencia de la maestra Eva Pardavé, el día de la función, y a que los tres grupos asistieron puntualmente a las ocho de la mañana para hacer la iluminación, hubo cierta conciencia de grupo, al menos hasta la conclusión del espectáculo.
En ese 2006 instigué un programa que se llamó “1era Temporada Municipal de Danza Contemporánea” que culminaría con una gala que más pareció un gran pastel de quinceañera bajo los rayos del sol, pues el pilar de aquel empeño, la Jefa de Vinculación y Participación Ciudadana, de la Dirección Municipal de Cultura, había partido a México. La licenciada Liliana Veloz creía en los bailarines contemporáneos de Querétaro y tenía particular preferencia por la danza contemporánea. Tampoco el trato distanciado y/o indiferente entre los artistas contribuyó al lucimiento del espectáculo en el Cine-teatro ‘Rosalío Solano’. Nuevamente dejaban de asumirlo como propio, conduciéndose más como participantes de un evento de alguien que no era cada uno de ellos. Además de la satisfacción personal por haber tomado aquella temporada como tema para una exposición fotográfica en el vestíbulo de ese inmueble, pues excedió en cinco semanas el período asignado para su exhibición, me quedó la reafirmación de que solamente un cataclismo llevaría a coreógrafos y bailarines a conducirse como gremio.
Quién sabe si tal fenómeno ya haya ocurrido, o apenas lo estén acusando después de seis años, aproximadamente, de padecerlo, pero desde el miércoles 24 de febrero han iniciado la temporada “No estacionarse, danza en movimiento” en el Museo de la Ciudad con la declaración siguiente: “Porque la danza en Querétaro no se estacione, porque siga generando: Cinco compañías en movimiento”. Así sea por afinidad generacional y formativa, pero esta vez el esfuerzo grupal viene desde quienes están en la creación y la interpretación. A excepción de Desiderio Sánchez, quien en el 2009 apuntara veinte años en la danza contemporánea desde sus antecedentes preliminares a formar parte del elenco de Ballet Nacional de México, los demás han compartido pupitre y duela en el Colegio Nacional de Danza Contemporánea. De cualquier forma, uno es el tronco de la danza que permanece y crece: Guillermina Bravo, a quien este año Oaxaca avisa celebrarle sus 90 años.
Ha iniciado esta temporada Juan Olvera Cordero, uno de los cuatro integrantes de la única promoción de coreógrafos egresada del CNDC. No estrenó nada pero “Anima Mundi” ha llegado al punto de hacernos pensar que esas reposiciones sólo pueden ser interpretadas como ellos lo hacen. En un preámbulo destacaba con el coreógrafo el apenas perceptible llanto en la expresión de la bailarina en Senderos del alma, y que no había advertido en otras funciones. En los ensayos se suelta imparable,… máxime estando Luciana –la hijita de ambos-- de por medio, alimentó me asombró.
Déjal@ ser ya parece que no podría ser sino a través de la emotividad y el sentimiento de Alma Castro, más convencida de su capacidad y posibilidad para tocar a un público, con intensidad y sinceridad, sin aspavientos acrobáticos, ni complicaciones técnicas, o tan bien llevadas, que no lo parecen, transmitiendo con belleza la continuidad y diversidad de un sentimiento. Ojalá y la silla pareciera más salida de la creatividad escenográfica, y no de la primera fila que ocupamos los espectadores, aunque ha pasado de carga sin lugar propio sobre la cabeza de la bailarina, a atrézzo del que se acompaña en la interpretación del íntimo tema. La convicción de “Ánima Mundi” convence con el pulimiento de un lenguaje sencillo más ocupado en decir que en lucir.
La presentación de “Álamo blanco” con Semilla de odio y Las cuatro palabras, que tampoco son estreno, hoy tienen en el coreógrafo, en funciones interpretativas, la mejor piedra en el zapato, o globo en el abdomen, porque estos bailarines bailan sin calzado. La fuerza temática carga con la lastimosa distracción que suscita el descuido corporal. Come muy bien, platica su madre queriendo subrayar cándidamente su buen ánimo. Para Desiderio Sánchez quizá ha llegado el momento de aceptar, por el bien de su propia obra, que para estar en el escenario su presencia es prescindible. Las posibilidades de la convicción tienen un límite para convencer.
Aunque no están todos los que son, la temporada “No estacionarse, danza en movimiento” continuará los miércoles y jueves en el Museo de la Ciudad hasta el 18 de marzo cuando actuará “Ciudad interior” con tres danzas que ya han llamado nuestra atención, una de ellas con la actuación del coreógrafo, Alejandro Chávez Zavala y esa capacidad de abarcabilidad, así se trate de un trabajo unipersonal aparentemente instalado en un punto del escenario.
martes, 9 de marzo de 2010
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