Entrevista con el cantautor en su paso por Querétaro
Por: Sara María Arana Figueroa.
Luis Eduardo Aute, “un caso único en España” como lo denominan sus más acuciosos biógrafos está entre nosotros. Acude a una cita pendiente con el público de Querétaro y en una entrevista íntima .Casi téte a téte nos habló de sus tópicos recurrentes en más de cuatro décadas de carrera como autor, intérprete y compositor. Se refirió también a su actual relación con Dios y a ese espejismo llamado libertad sin olvidar una visita a la canción de autor en la Francia de los años 60. “El amor, la muerte, el misticismo y la vida son temas eternos que a todos los artistas de todos los tiempos han despertado la curiosidad. Puede ser que yo le haya dedicado un poco más de tiempo al amor, a la muerte y a Dios. Son motivos que cada vez me merecen mayor reflexión, en el sentido de que ya voy teniendo una edad, unos años y me va quedando menos vida. Entonces me interesa saber por qué estamos aquí, por qué vine aquí, qué es lo que tenía que hacer, qué es lo que tenemos que hacer todos, preguntar un poco por la razón de vida, de ser y del amor y de qué se trata todo esto. Es para mí fundamental reflexionar sobre estos temas y también de cuando en cuando, alguna frivolidad”. Luis Eduardo Aute, inició con sus primeros temas a mediados de los 60 y por aquellos años algunos monstruos de la canción de autor calaron hondo en él: Jacques Brel, Georges Bressans, Léo Ferré, sobre todo. “Eran los primeros autores-intérpretes en Europa. Consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, la época de los existencialistas y por ahí en las cuevas aparecieron una serie de poetas que además eran músicos y cantantes. Fue el primer contacto que tuve con otra manera de entender la canción. Había intencionalidad poética y de contenido en las canciones. La canción podía ser tan bonita, tener tanta dignidad como un buen poema. Me despertó la curiosidad por conocer más artistas en esa onda”.
En este tour verbal Luis Eduardo trae a Los Folcloristas, Atahualpa Yupanqui y Violeta Parra. “Empecé a escuchar sus canciones para ver cómo se expresaban personas de distintas culturas intentando convertir a la canción en expresión poética y además sensible a la realidad que estaban viviendo. En Estados Unidos ya tiempo después llegó Bob Dylan (The times, they are a changing), entre otros poetas muy comprometidos con la situación política de su momento. De ahí surge un poco esa canción poética que deviene en canción de denuncia para expresar la disconformidad de situaciones complejas y represivas. En España también ocurría lo mismo. No había libertad de expresión y únicamente a través de las canciones uno podía convocar a la gente para juntar voluntades. Esencialmente no era la política lo que me acercaba sino el poder convertir el fenómeno canción en una disciplina de tanta categoría como el teatro, la novela o la poesía, porque se le consideraba un subgénero, la hermana pobre de las artes y a los que la escribían ni muy poetas ni muy músicos y eso es un tremendo error. En mi opinión escribir una canción es casi lo más difícil porque en poco tiempo hay que contar bien una historia, con vuelo poético, respetar la métrica y que a quien la escuche le parezca algo normal y sencillo. Creo que de las Bellas Artes, la canción es probablemente la más relevante al contrario de lo que históricamente se le ha considerado”.
Aute ha sido un artista que no realizó giras, ni dio conciertos no obstante grabar discos porque esa condición impuso a la discográfica de su país ya que se dedicaba de lleno a realizar exposiciones de su obra pictográfica. Ahora queremos conocer su sentir respecto de su tan anhelada visita a nuestro país:” Me parece fascinante de verdad. Tuve ocasión de venir a México muchos años atrás cuando escribí Rosas en el mar que se hizo muy popular y Aleluya No.1 no cantadas por mí sino por Massiel. Me proponían venir a dar conciertos en América Latina en general y a México en particular, pero no vine porque me limitaba a trabajar en mi estudio. Lo de hacer canciones era algo que hacía como de segunda mano, grababa discos pero no daba conciertos y así muchos años. La primera vez que salía a un escenario fue en el año 78 y esta canción Rosas en el Mar es del 66. Cuando por fin vine a México fue al Teatro de la Ciudad y me sorprendió ver que hubiera tanta gente que conociera mis canciones, porque no salieron muchos de mis discos, sin sonar en la radio y cuando he ido dando conciertos el primer sorprendido soy yo. Me parece que los milagros existen y ésta es la comprobación”.
Es el momento ahora de hablar de la libertad, de esa que el cantó como un derecho de la humanidad: “Venimos al planeta tierra sin que nadie nos haya consultado. Aquí estás. Yo no he venido libremente. Te puedes ir libremente, eso sí (risas). Es la única potencialidad que Dios Todopoderoso no puede hacer: suicidarse. Ese espejismo que llamamos libertad no deja de ser una utopía y evidentemente el ser humano nunca será libre plenamente. Creo que muchas motivaciones para seguir viviendo y una de ellas es ese espejismo de intentar luchar por la libertad. Rosas en el mar es una canción muy simple, muy ingenua y muy abierta de conceptos”.
Ahora nos refiere Luis Eduardo que el inglés es su lengua materna, “hace ya años que edité el disco Invisible y además se metían conmigo: ¿porqué cantas en la lengua del Imperio?”; yo dije: bueno una cosa es que lamentablemente la hable Bush pero también la hablaba Shakespeare y hay una pequeña diferencia. Estás colonizao ya, me reiteraron” Y luego de las risas, nos acordamos de la musiquita visitante (All I have to do is dream), en su canción Slowly que él bautizó en francés como Doucement y a propósito de la lengua gala añade: “he escrito un par de canciones nada más una de ellas dedicada a los surrealistas en A día de hoy.”
Por fin podré saber si aquel pequeño Aute vive hoy sin Dios, a la solemnidad de mi pregunta: ¿Cómo es su relación con Dios?, me contesta imperturbable al tiempo que nos estalla en carcajadas: “Había que preguntárselo a Él”. Todavía mortificada por la respuesta suplico: Solo que si lo hago ya no lo podría publicar. Entonces inicia una disertación tan fascinante como prohibida: “Podríamos estar hablando de eso el día entero y no llegaríamos a ninguna conclusión. Pero soy creyente. Soy creyente. No en el Dios… soy totalmente anticlerical. Creo que el peor enemigo de Dios es la Iglesia. Una cosa es el concepto de Dios y otra cosa las iglesias en general que son la administración, el negocio, la institución. Eso no tiene nada que ver con lo que yo entiendo que debe ser eso que llamamos Dios. Desde mi punto de vista no difiere mucho del concepto del Yo. Eso se me ocurrió ahora -susurra-“ y reímos. Al punto recupera el ánimo “no soy ateo, no soy ateo”. ¿Ya no es ateo? Porque en su biografía dice qu…”
“¡Sí, fui ateo pero era muy pequeño! Me hacía preguntas sobre la existencia de Dios y las trasladaba a los curas de mi colegio y si era conflictiva me desarmaban y me enviaban a hacer ejercicios espirituales para arrepentirme de mis dudas y mis preguntas. Dije entonces que no vuelvo a ir a la iglesia en mi vida, ¡nunca más en mi vida! Y ahí sí me descargué de cualquier tipo de fe. Hasta que muchos años después, ya con una serie de experiencias, retomé esas dudas otra vez y de una forma no entiendo quién pueda mantener una teoría atea de la realidad, porque la propia palabra teoría lleva implícita “theos” ¡y no me piques porque ya andamos y no acabamos!”
Aute nos deja reflexionando sobre su develación del misterio de La Trinidad y nos advierte: “pero eso no lo pongan porque van a decir: éste está loco”. Pero continúa: “sin el Yo nada existe porque cada uno de nosotros cuando nace crea el universo”. Nos despedimos de Luis Eduardo totalmente “autistas” a la espera de escuchar una selección de canciones y al preguntar, casi exigir Rosas en el mar como parte del repertorio para Querétaro repone: “Rosas en el mar pues… supongo que no… ¡que no puede faltar! ¡gracias! Espero y haré todo lo posible por estar a la altura de vuestro aprecio”.
N. de la R. Con mi gratitud a Margarita, Liz, Erika y Marco.
lunes, 22 de marzo de 2010
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