martes, 9 de marzo de 2010

La palabra que hizo conciencia, Carlos Montemayor

La palabra que hizo conciencia
Carlos Montemayor

Por Francisco Núñez Montes

Una voz irremplazable y una pluma de verticales trazos, provista y engalanada con la firmeza de convicciones. Calidad humana que está desapareciendo. Dejas una de las pocas huellas de la dignidad y honorabilidad intelectual de nuestros últimos años, de ese México que se nos fue. Siempre te pronunciaste en defensa de nuestra soberanía e integridad, compartiendo tus ideas y conceptos, exponiéndolos por todos los medios: en tus libros, la prensa, en conferencias magistrales, en tu poesía y sobre todo en casa, al calor de la amistad. Alrededor del canto, nos conectamos de por vida. Formaste parte de nuestra familia desde el nacimiento de nuestra hija Tamara. Siempre serás de los nuestros.

Gracias por compartir tu vida, tus experiencias y visión del mundo, con quienes tuvimos la oportunidad de esa convivencia, más allá de la amistad, que nos seguirá enriqueciendo. Gran emoción recibimos quienes compartimos tu discurso e ingreso a La Academia Mexicana de la Lengua.

Vivirás siempre en nuestras memorias, compadre Carlos Montemayor, has sembrado con tu ejemplo la semilla de la emancipación libertaria que como país, no hemos logrado y de una Independencia, que sólo se escucha en las declaraciones de los gobernantes, pero que no forma parte de la cruda realidad. Eres la voz de la conciencia nacional que muy pocos escritores e intelectuales han esgrimido, sucumbiendo ante la lisonja y la búsqueda de prebendas, premios y reconocimientos diversos. Este martes 2 de marzo, La Jornada publica tu último artículo para ese prestigiado diario de la conciencia nacional: “La violencia de Estado en México” contenido que te dibuja y plasma.

Luchador infatigable, supiste establecer esa dimensión del aura, traducida en irradiación. Acrecentar y no perder esa dignidad y honorabilidad será recordarte con y en la entraña. Con esa visión ilustrada y documentada te manifestaste con genuina lealtad hacia nuestro país, sacudido desde hace muchos años por los embates de los imperios y sus disfraces encubiertos y solapados por nuestros gobernantes; es otra de tus lecciones y una de tus mayores herencias y aportes a los valores mexicanos. Estas situaciones las fuiste señalando de distintas maneras tanto en tus libros y trabajos de investigación, rememorando distintos momentos de tu propia historia, con antecedentes en Maderas, Chihuahua. Así como la firmeza de tus convicciones quedó plasmada en toda tu obra, tus compañeros de ese esencial movimiento, fueron reivindicados con tus trabajos, opiniones y análisis de la panorámica, político-social y económica. La lucha sigue. Superaste y rebasaste con creces la meta.

Cantor del alma, como decías: a la menor provocación nos ponemos a cantar, y seguiremos cantando contigo, exaltando en la cotidianeidad, esa sensibilidad en la que departimos por varios años, la fuerza del espíritu y el amor a la vida, hecha voz, hecha poesía y hecha música.

Maestro de la palabra, la dejaste depositada en: “Guerra en el paraíso” en las traducciones del griego de la poetisa Safo y esa páginas de “Las minas del retorno” “Amor en piedra o “Las llaves de Urgell” en “Finisterra” “Abril y otros poemas” y en esos últimos trabajos entre los que se destacan: “El petróleo que fue de México” “Las armas del alba” entre otros, que te dibujan y proyectan.
Nos enorgullece que te hayan distinguido con el Premio Nacional de las Artes como literato, traductor y poeta, este pasado 2009, galardón que se te debió otorgar desde hace varios años. Para quienes te hemos siempre reconocido, nos corresponde honrar tu memoria y difundir tu obra.

Como dije antes, fue el canto y la ópera lo que nos unió, desde hace más de treinta años, pues por conducto de Daniel Catán y alrededor de tu libreto “Encuentro en el ocaso” me tocó estrenar esa ópera, como Director de Orquesta, en el Teatro de la Ciudad y en el Festival Internacional Cervantino. A partir de ahí nuestras innumerables tertulias, alrededor de la técnica vocal y del repertorio, nunca cesaron. Tuvimos varios escenarios-teatros: en Río Verde, S. L. P., y con el enorme amor al canto de mi suegro, el Prof. Heberto Alcázar Montenegro, nuestras sesiones de canto, rebasaban siempre las cuatro horas, mínimo. Juriquilla era la otra extensión o también, la ciudad de México en San Jerónimo, en casa de mi suegra doña Alicia Leyva, o en tu casa; puntos codiciados y siempre anhelantes, para el encuentro familiar, siempre alrededor de las voces. El postre era, el análisis de toda suerte de tópicos de las realidades, departiendo la mesa y un buen vino.
Una de las experiencias formidables que compartimos con varios personajes brillantes de México sobre el Arte, fueron esas innumerables sesiones de nuestro grupo “Procesos creativos”, reuniones por cierto, quasi renacentistas, por lo elevado de su abordaje y los niveles de sus miembros. Grupo formado por nuestros amigos, los pintores: Arnold Belkin y el venezolano Jacobo Borges. Entre nuestros compañeros se destacan: Enrique Bostelmann, Luis de Tavira, Jazz Amoart, Teresa Morán, Luis Argudín, Enrique Estrada, Fernando Leal, Susana Alcázar, Luz Emilia Aguilar Zinzer, Andrés de Luna, etc. tu cubrías las letras y a mí me tocaban los sonidos. Los Talleres eran, las obras en gestación de cada uno, exponiendo los planteamientos técnico-estéticos del proceso para sujetarlos a la Teoría, el análisis y cotejo con los movimientos actuales del Arte, entre otros. Todos nos enriquecimos y aprendimos de esa reciprocidad y apertura sin igual, con el elemento vivo del creador enfrente.

Trabajamos conjuntamente en varios proyectos: Traducción y transcripción de poesía y rezos mayas, publicado por el Instituto Nacional Indigenista. La Opera, Encuentro en el Ocaso de Daniel Catán, musicalicé y estrené con la OFUNAM, tus poemas “La Piedra y la Rosa” y “Encuentros”. Estrenamos con Encarnación Vázquez en Nueva York, representando a nuestro país: “No vendrán los años” “Plegaria para los cuerpos” y para el Festival Internacional Cervantino, la obra de cámara sobre tu poema “Imprevisible”, entre otros.

El grupo de Bel Canto del CENCREM y todos los amigos con quienes departiste en Querétaro, te recordaremos cantando.

Tus compadres: Susana Alcázar y Francisco Núñez, tus ahijados: Tamara y Sebastián te abrazamos, ¡Hasta siempre, querido Carlos!

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