lunes, 26 de abril de 2010

La lata de sardinas

Por Gerardo Esquivel

Hace unos días he visitado las salas del Museo de la Ciudad en Querétaro México, en lo que esperaba a Manolo Oropeza a quien admiro y aprecio mucho. No hubo sorpresas en mi visita como en otras ocasiones que he asistido a mirar las expos de este recinto. Una sala llena de piedras y objetos reunidos como en un puesto de tianguis, donde habían cosas muy apreciables ocultas entre tanta combinatoria de objetos, que me oculto la intención de tal tendido de cosas. Desalentado pasé a otra sala que exhibía una instalación de vasos relacionados por hilos como en un juego de múltiples terminales del teléfono rudimentario. Luego una expo de un gran amigo con gran talento y pasión, Rafa Ontiveros, con una muestra donde sobresalía un ensamble, un objeto intervenido por él, un excelente trabajo, acompañado por un grupo de trabajos de personajes muy de Rafa con mucho trabajo y bien logrados. Me interrogó la luz siena de las obras y la realización hasta el infinito de sus personajes llenando todo el campo visual. Pensé que Rafa tiene un gran talento y me encantaría verlo frente a un lienzo, habiendo dejado sus personajes en la caja de los juguetes mas queridos de la niñez: verlo con ese talento y pasión sin nada ante un lienzo y asumir otros universos donde hablen los materiales y los actores más primarios de una obra. Seguro nos brindaría obras maravillosas. Por último entré a una sala de una expo sobre la “diversidad”. Un puñado de trabajos que más parecían test proyectivos que nos hablaban de una aparente aceptación personal, pero que ocultaban todo lo contrario. Colección de obras unas de pirataje, de imitación, de copia de otras propuestas fue lo que me dejo como sabor esta visita. Pensé que muy frecuentemente en este y otros Museos y galerías a las que acudo me pasa , veo la repetición de lo ya hecho de lo que nos dio la modernidad, la retórica de lo moderno, la modernidad como entretenimiento y utilidad en su manierismo.
Cierto, algunas muestras son la excepción y son un alivio. También algunos de los trabajos de los jovencísimos artistas que buscan salir de la superficialidad en que se han empantanado las artes.
Sin embargo, la mayoría de lo expuesto nos dice la pobreza espiritual e intelectual de nuestro mundo contemporáneo. Nos asombramos, celebramos y adoramos como algo religioso los deshechos de la modernidad. Nuestra alma contemporánea como el basurero de lo moderno elevado a la categoría de reliquia y objeto sacro en los templos del arte.
Entre todos los objetos de esa muestra, descubrí un pequeño objeto; una lata de sardinas con un secreto, me remontó a Gironella y a Enrique Hernández; a Magrite y a Klosowski; a los relicarios de las monjas y los objetos de un pintor niño de japonesas. La obra es de Marja Godoy y ha hecho que muchas visitas a ese museo hayan valido la pena en muchos años. Salud por nuestros jóvenes autores y en especial por Marja su autenticidad y su “lata de sardinas”.

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