lunes, 12 de abril de 2010

El Cerrito

El Cerrito es el punto central de un patrón de asentamiento semidisperso en el valle, cumpliendo la función de gran centro ceremonial.


El santuario prehispánico El Cerrito se localiza en la parte sur del valle de Querétaro, en el Municipio de Corregidora. Fue fundado sobre una elevación natural de roca que permite tener un control visual del valle. Se encuentra rodeado de suelos propicios para la agricultura los cuales fueron irrigados por el río Pueblito y desvíos realizados en él. Su nombre proviene del aspecto que hasta hace poco tiempo tenía su Basamento Piramidal, resultado de la vegetación que cubría los derrumbes y exposición de su núcleo de piedra y tierra.

El Cerrito es el punto central de un patrón de asentamiento semidisperso en el valle, cumpliendo la función de gran centro ceremonial. En tanto que diversos pueblos fundados en la periferia funcionaron como unidades habitacionales y de producción.

Se sabe con toda seguridad que para fines del período Clásico, hacia el año 600 d.C. El Cerrito recibió una influencia tardía de la cultura Teotihuacana. Esto es evidente en diversas vasijas encontradas en el sitio, las cuales imitan formas y decoraciones teotihuacanas, pero elaboradas con materias primas locales. Se ha propuesto también que materias primas como la obsidiana y la concha que llegaba al valle durante este momento fueron controladas por Teotihuacan, como parte de sus redes de intercambio y comercio. Sin embargo a la fecha no se han encontrado elementos arquitectónicos teotihuacanos.

La siguiente etapa de ocupación y la mejor conocida en el sitio es la tolteca, definida claramente entre los años 900 y 1,200 d.C. en el llamado período Posclásico Temprano. Los tipos cerámicos locales se combinan con cerámicas de fuera del valle, traídas por redes de comercio procedentes de lugares tan lejanos como Tajumulco en Guatemala, la Huasteca en el Golfo de México y Los Altos de Jalisco al norte.
La arquitectura alcanza su mayor esplendor y volumen en el basamento piramidal, pero también en la dimensión alcanzada por sus plazas. En la actualidad sabemos que una condición determinante para la construcción de todo el centro ceremonial es el desnivel presente en el afloramiento de roca de basalto sobre el cual se decidió asentarlo. Sobre de este se construyeron muros para formar terrazas, logrando una primera nivelación en la actual Plaza de las Esculturas. Alrededor de ella se construyeron tres plataformas con sus respectivas escalinatas. El aspecto final es el de una plaza o patio hundido cubierto por un piso de estuco.

Una segunda nivelación permitió la construcción de la Plaza de la Danza, tres metros arriba de la anterior, en la cual también se observan restos de piso estucado. Entre ambas plazas se construyo una casa señorial o palacio, conformada por un muro de piedra y tierra apisonada rodeado de altares y banqueta. Este muro divide el espacio entre ambas plazas, generando una privacidad a cada una de ellas en sus funciones rituales. La fachada hacia cada una de las plazas estuvo formada por un pórtico, esto es un área techada y sostenida por columnas de madera, decorada con coronamientos en piedra y estucos pintados en rojo y azul.

La tercera nivelación artificial se realizó para construir el basamento piramidal, estructura conocida comúnmente como la pirámide. Para esto se formó una plataforma cuadrangular de 118 metros por lado y hasta seis metros de altura en su parte más alta.

Dejando un remetimiento de 8 metros inicia el basamento piramidal formado por trece pequeños cuerpos escalonados en talud. Estos muros fueron recubiertos con piedras careadas de basalto y sillares de arenisca roja, para finalmente darles un recubrimiento de estuco el cual se pinto de colores rojos y ocres. Han sido descubiertas escalinatas en sus caras oriente y sur, lo que hace suponer la existencia de escalinatas en todas sus caras.

Regresando a la plataforma, es en ella donde se identifican todas las épocas constructivas del sitio. Sucesivos muros elaborados con materiales diferentes son evidencia de una primera etapa constructiva del período Epiclásico, entre el 650 y 900 d.C., Posclásico Temprano, entre el 900 y 1,200 d.C. y una ultima remodelación con agregados de altares y escalinatas para el Posclásico Tardío.
Particularmente en el período tolteca la arquitectura es ornamentada con escultura en piedra. La intención es expresar a través de un arte público, observable por todo aquel que visitara El Cerrito, la propaganda del sistema político y orden cosmogónico tolteca.

Se utilizaron placas de piedra con grabados para decorar muros, altares y banquetas. El contenido simbólico incluye representaciones de personajes históricos y míticos, gestas guerreras, glifos calendáricos, símbolos y numerosos atributos terrenales, astrales y acuaticos a la deidad Quetzalcoatl. La materia prima utilizada son placas de tobas blandas, grabadas en alto y bajo relieve, en el acabado final se usaron pigmentos minerales en colores azul, rojo, amarillos, blanco, negro y en otros casos estuco.

La escultura también fue utilizada en coronamientos o remates de fachadas, encontrándose hasta cinco tipos diferentes. Con base en su función ornamental y el lugar en que fueron encontrados, han sido interpretados como emblemas del palacio al que pertenecen, en tanto en lo colectivo hacen referencia a la cosmovisión tolteca.
Un tercer tipo de escultura, es la llamada de bulto o exenta, formada por representaciones de atlantes, chac mooles, portaestandartes y estelas. También de carácter público, era colocada en plazas, frente a altares y al pié de escalinatas, íntimamente relacionadas con la recepción de ofrendas.

La cerámica de este período incluye formas y decoración locales de ollas, molcajetes, tecomates, sahumadores y braseros. Pero también se han encontrado tipos del grupo tollan de Tula. Entre estos cajetes Manuelito café, Jara anaranjado, Ira anaranjado sellado, sillón inciso, incensarios de sarten, ollitas Tláloc y grandes braseros con forma de reloj de arena.

Durante el Posclásico Tardío solamente fue incrementado el volumen de la plataforma, agregando un muro inclinado de piedra laja, sobre el cual se construyeron altares y escalinatas, reciclando materiales de épocas anteriores. Para entonces abundan las ofrendas de objetos como puntas de proyectil, hachas de garganta y malacates de barro. Posiblemente el sitio ya no fue utilizado en su totalidad pero se mantuvo abierto al culto a una deidad o deidades prehispánicas hasta entrado el siglo XVII. Pues como quedó consignado en algunos documentos históricos, en 1632 fue necesario colocar una imagen de María por los franciscanos para acabar con el uso sagrado dado por la población indígena del valle.

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