lunes, 29 de marzo de 2010

Plástica femenina, un universo en expansión Exhibe el Museo de Arte “Universos femeninos”


Por Margarita Ladrón de Guevara

Durante gran parte de la historia del arte occidental la mujer fue —ante todo— musa, modelo e inspiración de los artistas: a veces como ejemplo de la belleza virtuosa, otras como heroína admirable o mártir abnegada, y otras como poseedora del poder sojuzgante y terrible de la seducción. Pero habría que esperar mucho para el pleno posicionamiento de la mujer misma como creadora. Aunque hubo algunos ejemplos destacables ya desde el manierismo y el primer barroco —como Artemisia Gentileschi o Lavinia Fontana— el reconocimiento de la mujer artista como creadora por propio derecho es algo más bien tardío.

La lenta y ardua lucha de las mujeres por la reivindicación de sus derechos desembocó en el siglo XX con una necesaria revisión y cuestionamiento —por parte de las sociedades modernas— de los tradicionales roles sociales y relaciones de poder que habían regido el comportamiento y acción de los géneros. Se impuso la necesidad de trascender las diferencias biológicas y culturales, así como los estereotipos y prejuicios sociales, para valorar y ponderar justamente los derechos, capacidades y talentos tanto de hombres como mujeres.

Esta lucha tuvo su necesaria influencia en el desarrollo del arte moderno y contemporáneo en nuestro país. Los nombres de Frida Kahlo, María Izquierdo, Leonora Carrington, Remedios Varo y Nahui Ollin nos hablan de la punta de lanza de ese proceso de reivindicación de las artistas en México. Sus obras sentaron el precedente y la base para la explosión de toda una pléyade de creadoras en la segunda mitad del siglo XX y los inicios del presente.

Las artistas contemporáneas no sólo se han logrado posicionar y ser reconocidas como creadoras de alta calidad —a la par de los hombres, que detentaron largo tiempo la primacía del genio y el talento— sino que incluso han logrado demostrar una amplia perspectiva en el manejo de temáticas y técnicas. Desde la dureza y el peso del hierro forjado —tradicionalmente masculino— hasta la delicadeza de las técnicas pictóricas, y desde los temas clásicamente nacionalistas hasta la más lúdica abstracción —no sin pasar por la necesaria alusión a la condición femenina, el amor y la sensualidad—, las artistas han demostrado que su arte no está limitado por la visión de género, sino que ha alcanzado justamente un enfoque universal y omniabarcante; que se ha afianzado como lo que es simple y llanamente: Arte.

Así, la presente muestra es testimonio patente e indiscutible de esta autoafirmación y recoge grandes nombres y obras de nuestro arte contemporáneo.

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