lunes, 22 de marzo de 2010

La mejor manera de celebrar es cambiar la historia oficial: Eugenio Aguirre

Presenta su libro Hidalgo; entre la virtud y el vicio

Por Margarita Ladrón de Guevara


“Hidalgo es un personaje totalmente desconocido porque la historia oficial se ha encargado de convertirlo en una estampita o en billete”, así describe el novelista Eugenio Aguirre a don miguel Hidalgo y Costilla antes de hablar de su nuevo libro, Hidalgo, entre la virtud y el vicio, publicado por editorial planeta y donde describe a un hombre muy culto, amante de la vida y sus placeres; “la historia oficial no da mayor noticia de Hidalgo, que no es el viejito tierno que presentan sino que tenía una parte oscura muy reconocida inclusive por él”, afirma. Y la polémica es parte del festejo, advierte.
Novelista, cuentista y ensayista, Aguirre inició en el periodismo del Excélsior en los años 70, junto a Miguel Ángel Granados Chapa y bajo la mira de Eduardo Deschamps; pero la tinta le viene de herencia: es nieto de Jacobo Dalevuelta (Fernando Ramírez de Aguilar), un periodista famoso de El Universal Gráfico a principios del siglo XX. De oficio narrador, Eugenio Aguirre estuvo en Querétaro con su libro bajo el brazo, dispuesto a generar polémica contagiando el interés por aprender más del llamado Padre de la Patria. “Si un pueblo festeja sus efemérides se refuerza el orgullo de pertenencia a este maravilloso país, estamos en una época muy lamentable para nuestra autoestima como mexicanos, por eso debemos celebrarnos”.
Blasfemo, jugador, mujeriego y parrandero, pero también culto e ilustrado, músico, dramaturgo y hasta torero… el retrato de un hombre que estuvo destinado a cambiar la historia ¿ese es Hidalgo?
“Hay que ver al personaje en su contexto, hay que entender qué lo rodeo y cómo se formó”, responde Aguirre. Según los documentos que consultó el autor, Hidalgo se destacó dentro de la curia desde joven, estudió con los Jesuitas hasta que éstos fueron expulsados en 1767, lector y traductor de los dramaturgos franceses como Mólière e incluso interpretó El Tartufo, misma que montó en sus casas parroquiales, en Dolores.
“Era un seductor nato, social y amatorio, todo el mundo lo admiraba y con su gran agudeza intelectual llegaba a ser filoso en sus comentarios, sus contemporáneos le temían al momento de contender ideológicamente” abunda Aguirre “es un hombre fascinante que entre más lo vas conociendo, más lo quieres, admiras y respetas, puedes entonces entender por qué este hombre congregaba a tanta gente, desde la aristocracia novohispana hasta las castas: Hidalgo aprendió náhuatl o purépecha, para poder confesar a la gente y para poder comunicarse con ella, sobre todo”.
La noche del 15 de septiembre de 1810, ¿lo seguían a él o a la imagen de la virgen de Guadalupe?
“El haber tomado el estandarte de la virgen de Guadalupe es el primer acto de mercadotecnia que se da en este país; él sabía que la imagen de la guadalupana asociada con Tonatzin, congregaría a miles de personas. Por otro lado, él se sabía vender muy bien, pero de hecho, Hidalgo nunca buscó la conspiración: él era muy feliz en los palenques y plazas de toros, pero fue Allende quien lo invitó sabiendo lo brillante que era y por sus ideas progresistas”.
Aguirre afirma que Hidalgo estaba conciente de que había que promover un cambio social y que los franceses habían invadido España, en 1808. “Es la conspiración la que convenció a Hidalgo, por su capacidad de convocatoria”.
Al analizar el contexto internacional, observamos que la independencia en Estados Unidos y la Revolución Francesa, inspiraron las ideas de los conspiradores, aunque tenían diferentes objetivos “Hidalgo quería independizarse de los franceses –que habían impuesto a José Bonaparte-, no de los españoles –con el reinado de Fernando VII- y luchar en contra de la imposición de Napoleón; fue Guadalupe Victoria el único insurgente que tenía la noción de tener una nación independiente; Morelos ya hablaba también de independizarnos de la corona española”.
¿Cuál es el principal mito a vencer en torno a Hidalgo?
“La estratificación; no era un nombre hecho de una pieza, tenía varios matices: era brillante como ideólogo, detestable como enemigo luchando en la guerra, él permitió asesinatos, saqueos y los reconoce, no permitió que hicieran juicios a sus prisioneros, al contrario, los toreaban y los mataban con el estoque, la tropa violaba a las mujeres y todo eso lo sabía Hidalgo y lo permitía”.
“Entre el hombre virtuoso, culto y más brillantes de su época, y el cómplice de crímenes, está el hombre gozoso, que crea industrias con un sentido social fuerte, formó en Morelia Valladolid talleres de cerámica, etc. hay que ver todo esto”.
Los finales del siglo XVIII son momentos luminosos pues empieza a surgir la ciencia mexicana. Antonio León y Gama descubrió la Piedra del Sol –conocida como Calendario Azteca- en 1790 y Alejandro Von Humboldt visitó Pachuca, Guanajuato y Veracruz en 1803-1804, la minería era muy poderosa y la ciudad de México era la ciudad de los palacios; con ello nacieron los antecedentes de la arqueología y antropología mexicana. Si bien en el libro la historia está novelada y hay ciertos pasajes que no pudieron haber sucedido, por ejemplo que Hidalgo viera el cuadro de Goya Los fusilamientos de mayo –de 1914-, sí hay coincidencia de personajes y de eventos mundiales que sin duda influyeron en la mete de los conspiradores, como hombres de su tiempo. “Tan importantes son Ignacio Allende y Morelos, quien en el más importante de la Guerra de Independencia; Napoleón decía: denme diez Morelos y conquisto el mundo” y cuestiona “y ¿quién es la madre de la patria? Hay varias, Josefa Ortiz, Leona Vicario y todas las esposas y las mujeres que estaban al lado de estos hombres”.

HISTORIA VERSUS NOVELA

El libro tiene más de 87 fuentes documentales, defiende el autor. “Doy sustento histórico a la novela”.
¿Está peleada la novela con la historia apegada a los documentos?
“No, para nada; los historiadores de la academia han visto con envidia y despectivamente a la novela histórica, pero no tiene porqué estar peleados. Hay trabajos brillantes de novela histórica, que de una manera amena describen la historia”.
Menciona como ejemplo a Miguel León Portilla, Enrique Florescano, entre otros. “Los historiadores han aprendido de los novelistas a escribir amenamente porque sus trabajos solían ser muy crípticos y eso ha cambiado”. Y considera un error que algunos historiadores no lean novela histórica.
¿Novelar la vida de un personaje como Hidalgo no desdibuja la realidad?
“En primer lugar, la historia real no existe, siempre está interpretada y es sujeta a la mano del historiador. No hay una verdad histórica absoluta, por ejemplo: muchos valores que se acuñaron en un momento, con el paso de los siglos, la investigación y el conocimiento, cambiaron”.
El ejemplo que ofrece es Mariano Abasolo, que desconoció la Insurgencia, lloró y juró lealtad al rey, con eso salva la vida aunque muere enanas mazmorras en España.
¿Ya será hora de cambiar la historia oficial?
“La historia oficial es caprichosa, interpretativa y subjetiva; por supuesto que hay que cambiarla, una de las formas de celebrar este bicentenario y centenario es reflexionando sobre lo que sabemos y tener la capacidad crítica a través de libros como Hidalgo, entre la virtud y el vicio, y otros, para cuestionar que lo que nos dijeron en la escuela no es tan cierto. Hay muchos fenómenos de la historia oficial que no se entienden si no lo bajamos del pedestal”.
Por ejemplo, el hecho de que Hidalgo no haya tomado la Ciudad de México obedece a que sus huestes desertaron porque era época de cosecha. “Hidalgo merece un conocimiento cabal de todos los mexicanos, es vergonzoso cómo no conocemos nuestra historia, empezando por la cúpula política que no rebuzna porque no da el tono” sostiene.
¿Qué obtendrá el lector después de leer Hidalgo, entre la virtud y el vicio?
Primero, yo pretendo que lo goce como una obra literaria; después que se informe, que aprenda y si quiere saber más, ahí está la bibliografía. Que lo goce, que se comprometa y que cuando acabe de leer el libro diga: yo hubiera querido conocer a Miguel Hidalgo porque era a toda madre”.

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